"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

domingo, 6 de octubre de 2013

Enfrentamiento por la sanidad

Por:  Premio Nobel de Economia

Hace una década, en la introducción de mi colección de ensayos El gran engaño, sostenía que el Partido Republicano moderno era un “poder revolucionario” en el sentido que una vez definió nada menos que Henry Kissinger: un poder que ya no aceptaba ninguna de las normas habituales de la política y que estaba dispuesto no solo a adoptar posturas radicales sino a actuar de una forma que perjudicase a todo el sistema de gobierno que la gente creía que entendía.  

Obama
En aquel entonces, me dieron mucho la vara por ser tan “hiriente”. Lo que se estilaba era criticar a ambos partidos por igual, equilibrar cada columna en la que se decían cosas malas de los republicanos con otra en la que se atacaba a los demócratas e insistir en que cualquier señal de un sistema político disfuncional era producto de un mismo grado de intransigencia en ambos partidos.  
Así que ahora nos enfrentamos a la paralización del Gobierno y una suspensión de pagos del Estado en EE UU porque los republicanos se niegan a aceptar la idea de que se debe permitir que la legislación debidamente promulgada entre en vigor y de que solo se debería derogar mediante medios constitucionales.  
Ah, y la causa por la cual la gran mayoría de los republicanos están dispuestos a amenazar con el caos es el noble empeño de asegurarse de que decenas de millones de estadounidenses sigan careciendo de una atención sanitaria básica. 
Vaya, a lo mejor yo tenía razón. No, qué va. Puede que la locura del Partido Republicano sea evidente ahora, pero si uno la reconoce demasiado pronto le siguen tachando de poco fidedigno y de partidista.

Es cierto que la situación ha cambiado un tanto desde 2003. Por aquel entonces, los republicanos eran radicales pero sensatos: para que se aprobase lo que querían, como las bajadas de impuestos y una guerra basada en pretextos falsos, los partidarios de Bush explotaban el rechazo de aquellos que apoyaban la opinión generalmente aceptada para reconocer la nueva asimetría en la política estadounidense. 
Hoy día los líderes republicanos son débiles y se encuentran aparentemente indefensos ante los jacobinos estúpidos que piensan que sabotear al Gobierno puede hacer que el presidente se eche atrás en su mayor logro, la Ley de Atención Sanitaria Asequible.      
Pero la cuestión fundamental es que ahora estamos en el terreno de la locura política. Los expertos se lanzaron al asunto de Siria con un evidente suspiro de alivio; esa clase de cosa, con todas las monsergas sobre el liderazgo presidencial y demás, era un territorio cómodo. Pero, al menos para EE UU, era en gran parte una cuestión secundaria; el enfrentamiento político, que ahora parece que casi con toda seguridad dará pie a al menos unas semanas de caos, es lo fundamental.     
Traducción de News Clips.
© 2013 The New York Times.

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