"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

lunes, 7 de julio de 2014

La seguridad como problema nacional

Por Tania Chappi Docurro

Muy difícil me ha sido esta vez discriminar información, debido al nivel de coherencia e interés de los criterios escuchados en el reciente encuentro organizado por Temas. Incluso el público —más de doscientas personas— felicitó en varias ocasiones a un panel compuesto por Cristina Escobar, periodista del Sistema Informativo de la televisión cubana; el doctor Francisco Rojas Ochoa, profesor de la Escuela Nacional de Salud Pública; María Caridad (Cary) Cruz, investigadora en la Fundación para la Naturaleza y el Hombre Antonio Núñez Jiménez, experta en seguridad alimentaria; Carlos Alzugaray, exdiplomático, especialista en seguridad internacional.

Rafael Hernández, director de la revista y moderador habitual de Último Jueves, invitó a considerar que el término “no significa solo la Seguridad del Estado ni tiene una acepción estrechamente militar, aunque incluye los problemas de la defensa y la soberanía del país; está vinculado con la seguridad en materia alimentaria, la salud pública, el medioambiente, los desastres naturales, las dimensiones relacionadas con la información”.

Su punto de vista recibió el apoyo de Carlos Alzugaray, para quien este es un concepto polisémico “que se empezó a usar en la práctica política antes de que se definiera teóricamente por los académicos. El primero en utilizarlo fue el Estado imperialista de los Estados Unidos, el cual promulgó una Ley de Seguridad Nacional en 1947”. Durante décadas dicha seguridad se entendió de acuerdo con la acepción más reducida; es decir, “existe cuando una o varias naciones gozan de una situación donde la amenaza de guerra no pende sobre ellas”. Sin embargo, las controversias al respecto motivaron que en 1988 el secretario general de Naciones Unidas designara una comisión de representantes de varios países para examinar estudiar el asunto. Aunque la variedad de opiniones persiste, la generalidad de los estudiosos propone aceptar la presencia de “cuatro componentes: el militar, el político, el económico y uno más discutible, la seguridad cultural o identitaria”, puntualizó el disertante.

Dentro de la Seguridad Nacional, María Caridad Cruz colocó necesidades inherentes a la comunidad y la familia. Por ejemplo, “tener techo, alimentos sanos, abrigo, ventilación y calor según sean necesarios, energía, vestidos, vivienda, educación para niños y jóvenes”.

La salud pública es una de las extensiones que ha tenido el concepto, afirmó el doctor Francisco Rojas Ochoa. En ese campo continúa siendo crucial la prevención y contención de las epidemias; una de grandes proporciones pone en crisis la seguridad de un país, debido al alto costo originado por el fallecimiento de personas, la cantidad de enfermos imposibilitados de trabajar, la paralización de los centros productivos. Pero no es el único aspecto relevante, asimismo resulta necesario disponer de agua potable —cada vez hay menos cantidad apta para el consumo humano—, pues cualquier persona muere fácilmente por deshidratación; y garantizar la seguridad alimentaria, “la subalimentación o la malnutrición acaba con poblaciones completas, hoy existen vastos focos de hambre en el mundo, sobre todo en África”.

Según Cristina Escobar, un país disfruta de seguridad cuando “puede acometer acciones para cumplir con sus intereses y objetivos. En el caso de Cuba hay una estrecha relación entre la seguridad nacional y la soberanía”, es imposible olvidar el diferendo con los Estados Unidos, lo cual genera una visión militarizada del problema, y la filosofía de plaza sitiada. Hasta fecha reciente, temas como que los cubanos residentes en la Isla pudieran salir y regresar libremente, tuvieran amplio acceso a Internet, o darle espacio a la crítica en los medios de comunicación de manera sistemática, eran vistos a través del prisma de la seguridad nacional. Tales concepciones han empezado a cambiar. “Tras la reforma migratoria se ha visto que quienes viajan regresan, además, se amplían las libertades, la preparación política, y hay menores niveles de descontento”, comentó la periodista. Y agregó: “La prensa debe tener un papel regulador y contribuir al conocimiento de las prioridades del país; explicar los riesgos con realismo, exactitud, y sin falsas promesas. De lo contrario, no se alcanzará una seguridad nacional real”.
Amplio abanico

Una definición sobre seguridad nacional recogida en un documento del Colegio de Defensa Nacional, en 1997, y leída esa tarde por Rafael Hernández, plantea que en un Estado las inestabilidades en los campos económico, político y social, “afectan tanto la seguridad nacional como la colectiva. Se identifican entre estas amenazas no solo las intervenciones militares y los conflictos fronterizos, sino el narcotráfico, la migración, la corrupción, el subdesarrollo, las perspectivas de crecimiento económico limitadas, el agotamiento inminente de los recursos naturales, la escasez de alimentos, las presiones demográficas y el deterioro del medioambiente, como fenómenos que afectan la paz, la estabilidad y la seguridad en el hemisferio”.

Antes de analizar las dificultades presentes en la Isla, algunos panelistas hablaron de fortalezas. Cristina Escobar resaltó la no proliferación de muertes por armas de fuego. Cary Cruz manifestó: “Hay certezas en la gente, confianza en poder acceder a un sistema de salud, a empleos, a la educación, con todos los problemas e imperfecciones que pueda haber”. El doctor Rojas Ochoa alabó el programa de inmunización mediante vacunas, gracias al cual numerosas enfermedades trasmisibles han sido controladas y no ocasionan epidemias.

La guerra convencional, la invasión directa por parte de los Estados Unidos, no constituye hoy una amenaza inminente para Cuba, opinó Escobar. Pero un problema que afecta la seguridad nacional es que no se comprende con claridad cuáles son las prioridades del Estado cubano, y el futuro del proyecto revolucionario. Si bien “persiste la confianza en los líderes históricos de la Revolución y los cubanos reconocen lo mucho que se ha hecho, también señalan que todavía falta bastante por hacer”.

Resulta imprescindible valorar factores de carácter internacional. “Los riesgos políticos que está viviendo el proyecto revolucionario venezolano tienen una alta incidencia en la economía y la seguridad nacional de Cuba. Las personas necesitan saber cuál es la verdadera situación de Venezuela y su impacto en la Isla. Tampoco podemos soslayar los nuevos tipos de agresión, en varios territorios se han puesto en práctica modelos no convencionales que empiezan con la subversión, el aprovechamiento y la manipulación de problemas internos, la promoción de manifestaciones de descontento, y terminan con la intervención militar”. Por otra parte, el atraso en cuanto a “los nuevos escenarios de la comunicación” no se limita al “bajo nivel de penetración de Internet —por razones materiales y subjetivas—, sino que tenemos zonas de silencio donde no llega la señal de la televisión ni la de los teléfonos celulares. En Cuba hay un millón de teléfonos fijos y once millones de habitantes. El resultado directo de la desinformación y el aislamiento es que los ciudadanos no se involucran en el proyecto social ni en la seguridad de un Estado”.

Aunque la información constituye el primer paso en el enfrentamiento a cualquier epidemia, las autoridades no ofrecen de manera pública datos precisos acerca de la evolución del dengue en la Isla, a pesar del número considerable de enfermos y de que en algunas provincias se comenta que los hospitales ya no tienen capacidad para ingresarlos a todos, reconoció el doctor Francisco Rojas Ochoa. “Quienes dirigen la campaña dicen que no se acaba con el mosquito porque las personas no tienen percepción de riesgo. ¿Cómo van a tenerla si no les han informado sobre el verdadero peligro que corren, la gravedad de la enfermedad, los miles de días/horas que se pierden de trabajo, el costo para el país? La vigilancia epidemiológica es bastante buena, pero deja de tener efecto si no se informa lo detectado. Ahí vemos una falla de seguridad nacional”.

En cuanto a la baja natalidad, el profesor Rojas expresa que “a mis alumnos digo que el homo cubensis es una especie en extinción”, dado el desbalance entre muertes y nacimientos. Aunque el Ministerio de Salud Pública ha desarrollado un programa de fertilización asistida para las mujeres que no pueden concebir, incluso si todas quedaran embarazadas y parieran el próximo año, no aumentaría mucho la población, apenas sería una pequeña ayuda. No recuerdo que un país con una tasa tan baja como la de Cuba se haya recuperado, la solución en tales casos ha sido la inmigración”. Incluso si esa fuera una buena alternativa, o la única posible, la realidad económica cubana impulsa una práctica migratoria en sentido inverso, donde “lo más preocupante es la pérdida de talento joven”.

Sobre la vulnerabilidad en el ámbito de la producción de alimentos reflexionó Cary Cruz. “En Cuba no hay hambrunas, el Estado ha hecho grandes esfuerzos para garantizar la seguridad alimentaria, aunque a costa de elevadas importaciones. Y ahora cada vez posee menos dinero para adquirirlas. En estos momentos existen numerosos proyectos en busca de la soberanía en materia de alimentación, y a la vez muchos problemas: 75% de los suelos degradados por el monocultivo, dificultades para acceder al agua (casi todas las fuentes superficiales están contaminadas); apostamos por la gran escala y despreciamos la pequeña; sin embargo, 30% de la tierra cultivada en el país es la que produce más de 70% de lo que se cosecha”. Otros problemas son el empleo de agroquímicos con incidencia negativa en la salud humana (acumulativos) y la ausencia de información al respecto (por ejemplo, la papa y el arroz).

El cambio climático refuerza tales afectaciones. Se esperan largos períodos de sequía; empero no se divulgan ni se adoptan masivamente medidas preventivas, buena parte de ellas poco costosas, como el empleo de molinos de viento para obtener agua. “No tenemos conciencia real del problema. En el sector turístico se están potenciando infraestructuras que conllevan serias implicaciones para la naturaleza”, por ejemplo, campos de golf, altos consumidores de agua. La investigadora expuso que la industria turística cubana debe respetar la proyección de desarrollo sostenible definida en el país.

También merece mencionarse el problema del envejecimiento de nuestra población y sus consecuencias económicas y sociales, a lo que se une el nivel creciente de adultos mayores, que tienen que continuar trabajando y atender a los más viejos o dejar de trabajar. Es creciente en esto último la afectación a las mujeres y la posible reducción de su papel en la vida productiva y reproductiva.

Por su parte, Carlos Alzugaray retomó, con un enfoque diferente, una observación de Cristina Escobar. “Es cierto que hemos pasado los momentos más críticos de una posible invasión militar directa de los Estados Unidos. No obstante, algunos sectores padecen del síndrome de la fruta madura; y otros, pertenecientes a la comunidad cubanoamericana, ansían montar una provocación contra Cuba. Resulta esencial, entonces, la estrategia de Guerra de Todo el Pueblo, porque es disuasiva. La cercanía geográfica y la asimetría en las relaciones entre ambas naciones, implican actuar siempre con cuidado, cooperar en aspectos como la lucha contra el narcotráfico, y al mismo tiempo dejar señales claras de que ante una agresión la resistencia va a ser muy fuerte y teniendo en cuenta la relación costo-beneficio para los estadounidenses no sería aceptable esa injerencia”.

La mayoría de quienes hablaron a continuación, desde el auditorio, coincidieron con los panelistas acerca de que para garantizar la seguridad nacional es imprescindible enfrentar de manera integral los disímiles problemas del país. Y profundizaron en las causas y consecuencias de la insuficiente producción de alimentos, las dificultades para importarlos, la limitada disponibilidad de agua, el envejecimiento poblacional, la crisis económica, la emigración, la falta de información a los ciudadanos. Además, mencionaron la existencia de un sector que vive bajo el nivel de pobreza y el aumento de la desigualdad social en la Isla.

Ante la afirmación de un asistente acerca del supuesto sobredimensionamiento del ejército cubano, el moderador recordó un dato: al finalizar la guerra en Angola, las Fuerzas Armadas cubanas ascendían a trescientos mil efectivos, y apenas cinco años después se había reducido a setenta mil. Seguidamente, este lanzó la pregunta de rigor: ¿cómo fortalecer la seguridad nacional en Cuba?


La sala permaneció repleta durante las dos horas del encuentro.
Precaver para no lamentar

Es ineludible mantener el programa de inmunización y la vigilancia epidemiológica; así como facilitar la información pública en torno a las enfermedades de carácter epidemiológico. Crear con antelación suficientes reservas de alimentos y medicamentos que serían empleados luego de ocurrir grandes desastres naturales; tener en cuenta la posibilidad de sismos y preparar a todos los cubanos, no solo ante los huracanes, aconsejó el doctor Rojas Ochoa.

Diversificar los ingresos y las alianzas, no seguir dependiendo de las relaciones con Venezuela; elevar el nivel de información sobre las decisiones que se toman y profundizar los cambios en la esfera de la comunicación, sugirió Cristina Escobar. Ella piensa que “no ha habido un momento tan saludable como este para emprender las transformaciones de la prensa cubana”, pues la dirección del país las apoya e impulsa.

“Al margen del aspecto militar, el factor principal de la seguridad nacional está relacionado con la confianza de los ciudadanos en el funcionamiento de sus estructuras de gobierno y la certeza de participar en esas estructuras”, opinó Cary Cruz. Por consiguiente, las estrategias que se emprendan deben estar dirigidas no solo a las instituciones estatales, sino también articular la sociedad civil, toda la ciudadanía. Se impone, igualmente, hacer frente al envejecimiento de la población y a los problemas resultantes; buscar nuevas soluciones, más allá de la atención geriátrica y la Universidad del adulto mayor.

Cuatro puntos conformaron la propuesta de Carlos Alzugaray: propiciar el respeto mutuo entre Cuba y los Estados Unidos y cooperar en diversos temas: migración, medioambiente, actuación ante huracanes, el ya mencionado enfrentamiento al narcotráfico, entre otros. Mediante la labor diplomática contribuir a que no sea invocada contra la Isla la “responsabilidad de proteger la seguridad humana”, frase de moda en el entorno internacional y pretexto de las grandes potencias para intervenir en otros países. En cuanto al uso de Internet, la política tiene que ser de apertura, “mientras más informadas están las personas, mejor preparadas se encuentran frente a la subversión cultural”.

Aunque las intervenciones de los panelistas, no siempre de acuerdo entre sí, fueron las de mayor contenido crítico, resultaron numerosas las de los demás asistentes, catorce de los cuales pidieron la palabra para enriquecer el intercambio de criterios. Entre esas diversas intervenciones, hubo algunas polémicas, como la de que la emigración era más un tema de seguridad nacional hoy que en el pasado. También hubo otras muy particulares, como la recomendación de disolver las fuerzas armadas cubanas —que el panel prefirió pasar por alto, en bien del nivel de la discusión. Antes de concluir el encuentro, el director de Temas comentó que escucharlas todas, de manera ecuánime, resulta una muestra reconfortante de que podemos discutir asuntos complejos sin divagar o hacer catarsis, y que no hay nada tan saludable como un buen debate con ideas frescas y bien dichas.



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