"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

viernes, 26 de agosto de 2016

Los pokemones del periodismo: ¿serio, responsable, atractivo?

Por Carlos Luque Zayas Bazán

“¿Con los elementos expuestos anteriormente se puede hablar de periodismo responsable, serio y veraz?”

Aixa Hevia Gonzalez: Los silencios de Ravsverg

Sorprendido in fraganti, y además, en flagrante acto de distorsión periodística, no extraña tanto ya que a Fernando Ravsberg no le quede otro recurso que acudir a una táctica que en el ajedrez sólo le da resultado a los grandes maestros cuando están en peligro de perder la iniciativa: defenderse atacando. Pero a los malos jugadores les suele suceder que empeoran su posición, y acaban inclinando el rey.

El autor, que envía sus “Cartas desde Cuba”, – pero que declara tener el objetivo de ayudar al pueblo cubano mediante el látigo de su “crítica”, aunque “desde”, en buen romance, hace pensar que los destinatarios son principalmente “otros” que los cubanos, o en todo caso, es raro recibir cartas desde la misma casa) – hizo “extractos” de un artículo publicado por el Licenciado en Ciencias Políticas y Doctor en Ciencias Filosóficas, Darío Machado Rodríguez, quien desautorizó la “síntesis”, denunciándolo como un verdadero “refrito”, es decir, un atentado contra la ética de la profesión. 


La “explicación” con la que respondió el periodista Ravsberg a la denuncia de Darío Machado, resultará una joya del periodismo manipulador, digna de estudio en las cátedras de la profesión. El argumento aducido para justificar lo injustificable de una deformación del espíritu y la letra del pensamiento ajeno resultó argumentar que el texto de Darío Machado tenía una “extensión inapropiada para la prensa digital” cuando, en todo caso, ¡esa es una razón que sólo se puede aplicar al espacio limitado de la prensa plana tradicional!, y no al saco profundo que es la nube del ciberespacio.

Pero bueno, lo que no se podía confesar era el verdadero objetivo del “resumen”, que no era otro que entresacar aquello que contribuyera a la imagen que proyecta en todos sus escritos el periodista: arrojar una luz muy peculiar, siempre hipercrítica y sombría sobre la problemática cubana, pero ahora utilizando, con falta de honestidad profesional, la crítica honesta de sus mejores intelectuales, y en eso radicaba toda la óptica “subjetiva” argumentada en el comentario con el que Ravsberg respondía a la requisitoria de Darío Machado por la no autorizada deformación de su texto. Pero no sólo eso: Darío Machado le dejaba bien claro que había otro “desliz” agregado: la “síntesis” no era de Cubaperiodistas, sino del propio Ravsberg, con lo cual, al pecado de manipulación, se sumaba otra “inexactitud” nada ingenua. Y en un periodista que presentaría en su defensa el currículo de ser un avezado discípulo de un curso de 22 años en la BBC, ya eso parecía bastante más raro de digerir.

Pero todo esto ya va siendo parte de la historia que tan agudamente describió Eduardo Galeano, (esa que se pasea con delectación por sobre la más nimia falta cubana, mientras campea, miope, por el abigarrado mundo, a los ojos impasibles de los objetivos periodistas), si no fuera por el más reciente artículo del autor de la “síntesis”.

En “Periodistas, malas noticias y expulsiones“, el autor adopta el tono de la amenaza cuando declara que, de ser expulsado, “continuaríamos informando desde fuera de la isla”, aunque para ello tendría que rebautizar su blog y quién sabe el nuevo título que tendría. Una voluntad de servicio nada despreciable pero que dudosamente es un servicio a Cuba.

Sin embargo, en el nuevo artículo se suman otras joyas. Puede ser un lapsus maltitular la carta que el Che enviara a Carlos Quijano, conocida ahora como “El socialismo y el hombre en Cuba”, y que Ravsberg presenta esta vez como un libro, y encima mal titulado por él, a saber, “El Socialismo y el hombre nuevo”. Puede ser también – ¿otra distorsión? – que el lector del supuesto “libro” del Che al fin y al cabo citara de oídas, y no reparara que allí en puridad el Che se refería a la problemática de la creación artística y literaria, y no directamente al periodismo. Pero eso es lo que “cita” (o resume) el periodista. Con razón Darío Machado advierte el desleal procedimiento seguido con su texto, pues eventualmente muchos lectores, esos que prefieren la brevedad digital y que se solazan con la hipercrítica del momento, después no acuden a comprobar que en aquella carta no es cierto que “el legendario guerrillero alertaba sobre la creación de una prensa parásita del poder”, como afirma, otra vez sorprendentemente, Ravsberg, mal arrimando las brasas de un pensamiento superior a la sartén de sus intenciones. Pero si se hace con tales inexactitudes, mal favor le hace al lector.

Y esos parecen ser detalles para quien “informa” sobre la asistencia a un evento de una persona que no estaba, o acusa de actitud goebbeliana a otra periodista, cuando después acude al expediente del tristemente célebre y nazi personaje, y se aplica al principio de que “si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”, pues nada aparece aquí ahora sobre las mentiras denunciadas por la Vicepresidenta de la UPEC, y ningún análisis sobre la denuncia de Darío Machado, o los análisis de Iroel Sánchez, recientes y pasados, acerca de su quehacer. Nada que no sea más de lo mismo. Pero el lector llano se pregunta qué derecho puede tener un periodista a denunciar las falencias del periodismo cubano, o cualquier otro, cuando él mismo da un ejemplo incontestable de dudosos procederes y, además, lo deja sin esclarecimiento frontal, se ve obligado a una en una lamentable disculpa, y excluye de publicar en lo futuro a un prestigioso académico que lo sorprende en falta.

De cualquier manera, y contra toda la contundencia de las pruebas recientes que no afronta, el periodista afirma que hace “un periodismo responsable, serio, veraz, oportuno, atractivo, crítico y elogioso a la vez”. Ni responsable, ni serio, ni oportuno, y diríase, ni ético ni profesional, es su colección de inexactitudes y manipulaciones recientes, que rayan, hay que admitirlo aunque ya con cierta vergüenza ajena, en la mentira.

Atractivo será para quienes suelen tener los oídos, y los estómagos, dispuestos a enfatizar los lunares y descontextualizar los análisis, los que prefieren leer las breves pincelas tendenciosas que alimentan sus propias visiones, o justifican sus propios desánimos, atractivo para quienes se solazan y alegran en hacer esa labor de zapa denunciada por Raúl, para desanimar y mellar voluntades, y como ya se ha advertido, dar en el blanco que se busca, y no se confiesa, que es el de la Revolución. El blanco del falso látigo martiano de Cartas desde Cuba, no es mejorar nuestra prensa, ni el socialismo, pero eso ya se va haciendo evidente. Es por eso que tiene razón Hevia cuando dice que cada vez son más a los que molesta el periodismo de Ravsberg. No por crítico, sino porque se hace evidente la intención, la superficialidad, la inexactitud, la descontextualización, y unos elogios que pocas veces tienen el nervio de la sinceridad. Lo elogioso, combinado con los frecuentes textos breves, con esas pinceladas sombrías que por cortas pueden quedarse más fácilmente en la mente del proclive lector, es el periodismo de la “atractiva” falta de la profundidad y el rigor. El elogio no es más que aquella combinación que recordaba Emilio Ichikawa entre el clásico procedimiento de la cal y la arena cuando lo proponía para un “premio a la sinuosidad periodística”:

“Ese Ravsberg lo mismo le mete mano a un médico internacionalista que a la falta de libertad… Y cuando parece que lo van a botar de Cuba le pone la difícil a Modig y Carromero o le baja una guataquería a Raúl…”

Fidel lo diría con la valiente sinceridad que le define: “un periodista tendencioso” y, todo parece indicar, proclive a la inexactitud, le hace hoy sinergia a esas oscuras intenciones de las guerras mediáticas.

La orquestación demoníaca, sincopada y constante de una óptica tendenciosa sobre la realidad cubana en los medios que están al servicio de poderosos intereses, influye en las personas, hasta tal punto, como advierte Iroel Sanchez, que gente sencilla, dañada por esos mismos súbditos de los intereses enemigos de su bienestar, se hacen eco y repiten las matrices de opinión sembradas en el imaginario social contra los pueblos, las personas y los gobiernos que se le oponen. Es el resultado de aquel principio de la guerra psicològica, que no es una mera teoría de la conspiración, sino dicho por uno de los creadores de la guerra psicológica: repetir tanto, difamar y mentir, e influir de tal modo en las mentes, hasta hacerles creer que defienden sus propias opiniones e ideas. No hay plan màs artero y sus vìctimas más fáciles son las que permanezcan en la ignorancia. Hoy miles de personas suelen correr tras los pokemones, implantados artificialmente en las realidades. Ya no asombra que existan los pokemones del pensamiento, sus creadores, sus servidores, sus seguidores, y los que calladamente medran a la espera de la oportunidad de desmontar la única esperanza que le queda al socialismo hoy en el planeta. Mal servicio ese.

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