"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

viernes, 25 de mayo de 2012

Cuba, su economía y la Unión Soviética

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José Luis Rodríguez
Asesor. Centro de Investigaciones de la Economía Mundial (CIEM).

El avance de la economía cubana enfrentó múltiples dificultades en los primeros treinta años después del triunfo de la Revolución. A los obstáculos propios de un proceso de desarrollo, se sumaron en el caso de Cuba los efectos del bloqueo de los Estados Unidos, la pobre dotación de recursos naturales y el arrastre de las condiciones de subdesarrollo heredadas de la república neocolonial.
En el complejo escenario de enfrentamiento con el imperialismo norteamericano, un factor de notable importancia que permitió a Cuba sobrevivir y emprender el largo camino de las transformaciones socialistas fue la colaboración económica, financiera y tecnológica recibida de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y de otros países socialistas.1
I
Tal vez el sector externo de la economía cubana sea uno de los factores más complejos que considerar en el diseño de la política de desarrollo. El rasgo más característico de la economía de Cuba hasta 1958 fue, sin dudas, su enorme nivel de dependencia externa: los Estados Unidos eran —sobre todo— el centro para la toma de las decisiones estratégicas de la economía del país.
Después de 1959 la estrategia de desarrollo aplicada por Cuba enfrentaría también el enorme obstáculo de su alta sensibilidad externa, que incluso se incrementaría a partir de los requerimientos propios del proceso de desarrollo. No obstante, la economía cubana obtuvo indudables avances en esos primeros treinta años de la Revolución, y logró una tasa de crecimiento de 4,4% entre 1959 y 1989, lo cual representa un per cápita de 2,9%.2
Las transformaciones operadas en la economía cubana tipificaban a finales de los años 80 del pasado siglo a un país en fase de creación de las condiciones básicas para emprender un proceso gradual de industrialización en el marco de la división internacional socialista del trabajo, una vez resueltos un grupo de problemas infraestructurales indispensables, tanto de tipo económico como social. No obstante, el país debía enfrentar aún el retraso en el desarrollo de su producción agropecuaria, la falta de integración interna de la economía y las dificultades de un modelo de desarrollo extensivo; por lo que se demandaba un aumento acelerado de la productividad del trabajo y un mayor aprovechamiento de la ciencia y la técnica en la producción y los servicios, a lo que se añadía la necesidad de un sistema de dirección económica más eficiente.3
En el proceso de desarrollo cubano el sector externo había desempeñado un papel esencial. La magnitud de su importancia podía apreciarse por el índice de apertura de la economía, el cual —medido a precios constantes— otorgaba un peso de las importaciones en el Producto Interno Bruto (PIB) de 31,7% en 1980-1987.4
El comercio exterior tuvo un crecimiento promedio anual, a precios constantes, de 0,8% en las exportaciones y 2,8% en las importaciones,5 lo que provocó un desbalance comercial entre 1959 y 1989 de 21 588,3 millones de pesos, absorbido, en una proporción superior a 70% por créditos de los países socialistas.6 En esta situación influyó el deterioro de la relación de términos de intercambio que, solo en los años 80, costó 15 000 millones de pesos.7 Por otra parte, la modificación más significativa del comercio exterior cubano estuvo en su orientación geográfica. Así, los países socialistas, que cubrían 1,5% de las exportaciones en 1958, alcanzaron a 83,1% en 1989, mientras las importaciones pasaron de 0,3% a 85,3% en el mismo período.
En cuanto a los flujos financieros externos —aparte de la URSS—, el país recibió unos 1 500 millones de pesos en créditos para el desarrollo, de los países socialistas europeos. Estos cubrieron también déficits comerciales por unos 2 300 millones de dólares entre 1959 y 1989.8 Las economías de mercado, por su parte, brindaron créditos por un monto estimado entre 4 250 y 4 650 millones durante los años 70.9
Adicionalmente, entre 1961 y 1991, el bloqueo norteamericano costó al país cerca de 30 000 millones de dólares, lo que provocó un impacto económico muy negativo y neutralizó, en buena medida, el financiamiento externo recibido.10
Estos flujos financieros provenientes del exterior generaron lógicamente un nivel de endeudamiento en la economía cubana. Así, la deuda estimada con Europa oriental alcanzaba unos 1 360 millones de rublos convertibles —o 1 511 millones de pesos— en 1989. Por su parte, la deuda externa en moneda libremente convertible se situaba, al cierre de ese año, en 6 165,2 millones de pesos.11 En suma, en el contexto de las relaciones económicas con el exterior los vínculos con la URSS desempeñarían un papel determinante.

II
Las relaciones económicas cubano-soviéticas se iniciaron antes de 1959, pero se limitaron a compras de azúcar con un carácter coyuntural, aunque alcanzaron cierta importancia en la década de los 50. En febrero de 1960 se firmó el primer convenio comercial y de pagos entre ambos países. La URSS se comprometía a adquirir 425 000 toneladas métricas (TM) de azúcar, para compensar el cierre del mercado norteamericano.12 Adicionalmente, se pactaron compras por un millón de TM anuales entre 1961 y 1964, a precios del mercado mundial,13 con una proporción de 20% en moneda libremente convertible y se concedió a Cuba el trato de nación más favorecida.
Este acuerdo permitió a la Isla colocar en mercados no tradicionales notables volúmenes de fondos exportables, a precios que, en la práctica, resultaban preferenciales en relación con el mercado mundial.14 Además, se debe destacar las ventajas iniciales que también para la Unión Soviética tenía este suministro azucarero, pues le permitía la utilización máxima de su capacidad para refinar azúcar y la exportación de hasta un millón de toneladas de su propia producción. El precio pagado a Cuba era inferior al costo interno de producción del azúcar de remolacha en la URSS. Por lo demás, se abría un nuevo mercado para equipos y maquinaria soviéticos, de baja competitividad en el mercado mundial.15
Posteriormente, el convenio comercial de enero de 1964 tendría un papel fundamental en la estrategia de desarrollo de la Revolución. Mediante él se aseguró la venta de 24,1 millones de toneladas de azúcar, a un precio fijo de 6,11 centavos la libra. Esto permitiría un ingreso potencial para el desarrollo del país equivalente a 3 201,2 millones de pesos, en cinco años.16 Las entregas de azúcar se apoyaban en el aumento de la producción hasta alcanzar diez millones de toneladas en 1970. Al no lograrse esta cifra, las exportaciones del dulce se afectaron. De tal forma, el convenio se ejecutó al 54%, debido a que el plan de producción se cumplió solo al 76%.17
En 1972 ocurrieron acontecimientos de singular importancia para la Isla. Por un lado, Cuba ingresó al Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), lo que permitiría integrar gradualmente la economía cubana al sistema de división internacional socialista del trabajo, en el que regían condiciones comerciales y financieras más favorables en comparación con el mercado mundial18 y donde se otorgaba un tratamiento especial a los países de menor desarrollo relativo.19
Por otro lado, en diciembre de 1972 se firmaron nuevos e importantes acuerdos comerciales, incluyendo el primer Protocolo de intercambio comercial a mediano plazo (1973-75). En ellos, se elevaban los precios de las exportaciones cubanas, inicialmente, a un equivalente de 12,20 centavos la libra de azúcar y 5 000 dólares la tonelada de níquel. En ambos casos, los nuevos precios estarían vigentes entre 1973 y 1980.
Adicionalmente, en la década precedente Cuba había acumulado un desbalance comercial que llegaba a 2 073,3 millones de pesos, cubiertos con nuevos créditos soviéticos. También se pactó la postergación del pago, en veinticinco años y sin intereses, de los créditos que tuvieran vencimiento entre 1973 y 1985. En las nuevas condiciones convenidas se reflejaba la voluntad soviética de no demandar un comercio equilibrado con Cuba, de forma inflexible. Tal como señalara Carlos Rafael Rodríguez esto
hizo posible a nuestro país no tener que escoger entre la importación de bienes de consumo y materias primas por una parte, y de la otra la importación de equipos para la agricultura, el transporte y la construcción destinados a diversas actividades del desarrollo económico.20
Los precios del azúcar también se elevarían en años posteriores, hasta 19,64 centavos la libra en 1974 y 26,36 en 1975, acordes con las tendencias del mercado. Asimismo, el níquel se pagó entre 5 939 y 5 948 dólares la tonelada en ese período.
A partir de 1975 se empezó a firmar acuerdos de coordinación de planes quinquenales, en los cuales se establecía el intercambio comercial, por años, de los rubros más importantes. Esto se reflejaba en un convenio comercial y con posterioridad se firmaban protocolos anuales, sobre la base del rublo transferible como moneda convenio.21
En el quinquenio 1976-1980 se estableció una fórmula de indización entre los precios de las principales exportaciones cubanas y los de las soviéticas, con el objetivo de mantener fija la relación de términos de intercambio alcanzada entonces, lo que situaba a Cuba en una situación favorable y justa, frente al intercambio desigual imperante en el resto del mundo subdesarrollado.22
Los precios acordados en febrero de 1976 para las importaciones soviéticas tuvieron en cuenta el promedio de los tres años anteriores.23 Los del azúcar partieron del nivel de 30,49 centavos la libra y alcanzaron, en 1980, 47,39 centavos. Adicionalmente, la URSS compró 3,1 millones de toneladas que se pagaron en moneda convertible.24
En el período 1977-1980 se alcanzaron acuerdos para rexportar el petróleo soviético que Cuba fuera capaz de ahorrar, lo que representó una importante fuente de ingresos en divisas convertibles para el país.
Para el quinquenio 1981-1985 se revisó el precio base del azúcar, que pasó de 47,39 a 35,10 centavos la libra, como consecuencia de un ajuste en la fórmula de la relación de términos de intercambio que había brindado ganancias adicionales a la parte cubana por encima de lo pactado en febrero de 1976. Se convino, además, incrementar los precios del níquel y de los cítricos, así como mantener la reexportación de petróleo, que alcanzó 10,2 millones de toneladas en el período. Durante ese lapso, Cuba acumuló un desbalance comercial de 3 462,2 millones de pesos a favor de la URSS, financiado por esta mediante créditos.
En 1985, el precio pagado por el azúcar cubana había alcanzado 51,16 centavos la libra, equivalente a 915 rublos la tonelada, similar al precio minorista interno en la URSS. En consecuencia, se reanalizó el precio base para el quinquenio 1986-1990, y se pactó en 0,429 centavos la libra, u 850 rublos la tonelada, para suministrar 21 millones de toneladas de azúcar en el período.25 La fórmula para mantener constante la relación de términos de intercambio sufrió así un importante ajuste en ese momento, pues se estableció un precio fijo.26 Asimismo, los de las importaciones soviéticas en el quinquenio se fijaron al nivel de los de 1985. Ello llevó a un deterioro de dicha relación, e incidió —junto a los incumplimientos de las exportaciones cubanas previstas— en el crecimiento del desbalance comercial en el quinquenio, hasta 8 471,3 millones de pesos. Por otro lado, muchos suministros no se incrementaron, sino que se mantuvieron como en 1985. Las entregas de petróleo de la URSS, fijadas en torno a 13,3 millones de toneladas por año, hasta 1989, bajaron a 10,2 en 1990 y a 8,1 en 1991, y llegaron solo a 1,8 millones de toneladas en 1992.27 No obstante, se mantuvo la reexportación del combustible ahorrado, que alcanzó 8,7 millones de toneladas, con un valor de 746,9 millones de dólares.
En síntesis, entre 1959 y 1989, el intercambio comercial entre ambos países representó 63% del comercio exterior cubano. Durante treinta años se generó un desbalance comercial de 16 614 millones de pesos, cubierto por créditos otorgados en condiciones ventajosas.28 Las exportaciones cubanas a la URSS crecieron a un ritmo anual de 12,6% entre 1960 y 1989, en tanto que las importaciones aumentaron 15,7% a precios corrientes.
La relación de términos de intercambio muestra un saldo favorable para Cuba con un ingreso superior en 50% a lo que se hubiera logrado comerciando a los precios del mercado mundial.29 Por otro lado, a partir de la evidencia existente, esta relación sufrió un deterioro con posterioridad a 1980 comparado con la fórmula de precios de 1976, que puede ubicarse en alrededor de 21% entre 1980 y 1990.30 Al respecto un alto funcionario soviético declaró que Cuba había pagado precios por encima del mercado mundial, en los casos del petróleo y la maquinaria, equivalentes a 1 900 millones de rublos anuales entre 1986 y 1990, en tanto que los pagados por el azúcar cubano se mantenían fijos.31 A pesar de los deterioros estimados en la última etapa, Cuba se benefició grandemente del intercambio con la URSS si se tienen en cuenta los precios que regían en el mercado mundial a lo largo de los treinta años analizados.
En términos de composición mercantil, las exportaciones cubanas no sufrieron cambios sustanciales en esos años, en lo fundamental por el azúcar y el níquel. En los 80 comenzaron a exportarse partes y piezas de computadoras y aumentó el peso de los cítricos. También la reexportación del petróleo soviético ahorrado por Cuba desde 1977 hasta 1989, le reportó ingresos en divisas estimados en 3 000 millones de pesos.
Un análisis de las relaciones comerciales entre Cuba y la URSS sería unilateral si se ignorasen los beneficios que estas les reportaron también a los soviéticos. En primer lugar, Cuba suministraba 30% del azúcar que consumía la URSS, a precios inferiores a los costos de producción de la de remolacha en ese país.32 En segundo lugar, el suministro cubano de cítricos cubría 40% de la demanda soviética, en tanto que el níquel llegaba a 20% y, en ambos casos, en otros mercados tendrían que importarlos en moneda libremente convertible (cítricos), o sus costos de producción internos los hacían prohibitivos (níquel), con el consecuente incremento de gastos para la parte soviética.33 Por último, a finales de los 80 Cuba comenzó a exportar a la URSS productos de la industria electrónica y se avanzó para hacerlo con la biotecnológica, lo cual liberó recursos en divisas que hubiera tenido que desembolsar la URSS.34
En general, se ha estimado que, a finales de la década de los 80, el costo de oportunidad de las mercancías cubanas exportadas a la URSS se ubicaba entre 2 000 y 2 500 millones de dólares por año. Esto significa básicamente que para la obtención de azúcar crudo, níquel y cítricos —las tres mercancías más importantes que Cuba intercambiaba con la URSS—, los soviéticos hubieran tenido que pagar esas cifras si hubieran comprado dichos productos a los precios vigentes en el mercado mundial.
III
A la par con las comerciales, se desarrollaron las relaciones financieras entre la Unión Soviética y Cuba: los créditos comerciales financiaron alrededor de 22% de las importaciones provenientes de la URSS y se caracterizaron por el pago aplazado de 100% de su importe, la tasa de interés que no superaba 4,5% anual, los plazos de amortización de doce años, y modalidades de pago mediante el suministro de mercancías cubanas.35
Por otra parte, desempeñaron un papel significativo los créditos para el desarrollo, por unos 6 611 millones de pesos hasta 1990.36 Con ellos se obtuvo el pago aplazado de 100% de su importe, tasas de interés de 2% anual, plazos de amortización de veinticinco años y también modalidades de pago mediante el suministro de mercancías.37
Aun cuando en el ámbito financiero las condiciones ventajosas ofrecidas por la URSS resultaron muy favorables, para el gobierno cubano el pago de los adeudos siempre fue una preocupación permanente. Ya en diciembre de 1972 se acordó la prórroga de la amortización para el pago de los créditos suscritos hasta esa fecha, y en 1984 hubo una nueva posposición.38 Hay autores que consideran que los precios preferenciales de la URSS hacia Cuba como una suerte de subsidio.39 Sin embargo, olvidan que este sistema se adoptó con el objetivo de mantener una favorable relación comercial con Cuba y evitar el deterioro de los ingresos por esa vía —como ocurría con el intercambio Norte-Sur—, a partir de las condiciones en que se creaba el valor en un país subdesarrollado; pero eso no lo convertía en una fuente de financiamiento concedida de manera gratuita —fórmula típica de un subsidio—, ya que solo se reconocía justamente el valor creado por la economía cubana y no se producía una transferencia de recursos a los que se pudiera dar un uso alternativo, como una donación.40 Esta interpretación colocaría a Cuba en un plano de dependencia similar a países incapacitados de valerse por sí mismos.
La asistencia financiera proveniente de la URSS generó, como es lógico, un nivel de deuda —tema que ha sido objeto de muchos debates a partir de la desaparición de la URSS. Con cifras no confirmadas oficialmente por Cuba, fuentes soviéticas informaron que la deuda cubana hasta noviembre de 1989 ascendía a 15 490,6 millones de rublos o 17 212 millones de pesos. Posteriormente, otra fuente soviética expresó que había alcanzado 16 400 millones de rublos o 18 222 millones de pesos al cierre de 1990.41
El pago de la deuda —valorada entonces por Rusia en 20 848 millones de rublos transferibles o 23 141,3 millones de pesos— fue en efecto reclamado a Cuba por el nuevo gobierno ruso, de forma inmediata tras la desaparición de la URSS, por lo que, en noviembre de 1992, se creó una comisión intergubernamental para examinar el tema, la cual se reunió varias veces entre 1994 y 1998.42
Al analizar el origen de la deuda debe tomarse en cuenta que solo entre 1980 y 1990 se produjo un deterioro para Cuba en su relación de términos de intercambio con la URSS de alrededor de 21%. Si esos cálculos resultaran correctos, casi 50% de la deuda con la URSS tendría que atribuirse a ese deterioro; fenómeno que contradice el acuerdo firmado —y nunca revocado— por ambos países en febrero de 1976, precisamente para evitarlo. Por otro lado, al pasar la Unión Soviética a efectuar sus operaciones en moneda libremente convertible, y sujetarse a una economía de mercado, tendría que reconsiderarse el monto real de la deuda, tomando en cuenta el valor real del rublo soviético en el mercado financiero internacional.43
Los perjuicios sufridos por Cuba con la desaparición abrupta y sin compensación de todos los lazos económicos con la URSS ha sido objeto de justo reclamo por el gobierno cubano. De tal forma, Cuba presentó a Rusia en 1998 una reclamación por los daños sufridos entre 1991 y 1995, los cuales se elevaron a 36 363 millones de rublos transferibles o 40 363 millones de pesos cubanos.44 Sobre este tema nunca se llegó a un acuerdo y actualmente esta deuda sigue registrada por Rusia en el Club de París, lo que Cuba considera inaceptable.45
La colaboración económica se dirigió sobre todo a apoyar el desarrollo industrial del país. En efecto, las cifras disponibles muestran una concentración en esta esfera entre 75 y 80%. También desempeñó un significativo papel en la calificación y preparación de cuadros cubanos. De los centros docentes creados en Cuba con asistencia soviética, entre 1960 y 1987, egresaron más de 240 000 especialistas, además de brindar instrucción a 15% de los alumnos del sistema de enseñanza técnico-profesional. En ese mismo período se formaron en la URSS cerca de dieciocho mil obreros calificados y especialistas cubanos y aún en 1990 trabajaban en Cuba tres mil técnicos soviéticos.46 El documento que reflejó cabalmente el papel de la asistencia prestada por la Unión Soviética al desarrollo de la Isla fue el «Programa a largo plazo de desarrollo de la colaboración económica y científico-técnica entre la República de Cuba y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas hasta el año 2000», firmado en octubre de 1984.
IV
Los cambios que se produjeron en la política económica soviética después de 1985 tuvieron una repercusión primero indirecta y después directa en las relaciones con Cuba. Las repercusiones indirectas vinieron dadas ante todo, por los resultados de las propias reformas al interior de la URSS. Cuba se vio crecientemente afectada por este fenómeno sobre todo a partir de 1987, cuando en la economía soviética empezaron a reducirse de manera drástica producciones estratégicas con sus correspondientes efectos sobre el comercio exterior.47 No obstante, como ya se expresó, existió siempre la voluntad política por parte del gobierno soviético de cumplir los compromisos asumidos con Cuba, lo cual contribuyó a evitar en buena medida la afectación de estas relaciones.48
La reorganización del sector externo soviético otorgó el derecho a todas las organizaciones económicas para acceder libremente al mercado internacional, a partir de abril de 1989,49 lo que elevó el nivel de complejidad de los procesos de contratación centralmente planificados que mantenía Cuba. Sin embargo, la modificación de mayor trascendencia en la política económica exterior de la URSS se produjo en el verano de 1990, cuando se decidió que, a partir de enero del siguiente año, todas las transacciones comerciales con los países miembros del CAME se realizarían sobre la base de los precios del mercado mundial y en moneda convertible. Por la gravedad de esta decisión, el Comandante Fidel Castro envió el 22 de agosto de 1990 una extensa carta a Mijail Gorbachov, donde exponía los criterios de Cuba sobre esta medida y las graves consecuencias que tendría para la economía cubana.
Las negociaciones para el intercambio comercial de 1990 fueron especialmente complicadas, y se extendieron hasta abril de ese año. Ya el 29 de agosto Cuba se vio obligada a adoptar una serie de medidas de emergencia ante la perspectiva de una situación aún más grave en los abastecimientos soviéticos: había comenzado el Período especial.50
El intercambio comercial para 1991 se pactó en diciembre de 1990, con la introducción de importantes cambios que reflejaban la intención soviética de ir a un proceso de transición en las relaciones económicas entre ambos países basadas en el principio de los beneficios mutuos, en relación con los precios del mercado mundial, y con pagos en dólares. El precio del azúcar se redujo a 0,25 centavos la libra, en tanto que se mantenía un contrato para suministrar diez millones de toneladas de petróleo por su equivalente en azúcar y se preveían créditos para el pago de los saldos deficitarios pendientes a fin de año, los que debían reducirse gradualmente en el futuro.
Por consiguiente, las entregas de mercancías por parte de la URSS empeoraron drásticamente en el primer semestre de 1991 y cayeron a niveles críticos en la segunda mitad del año, sobre todo por el vacío de poder que sobrevino en el gobierno soviético después del intento de golpe de Estado de agosto de 1991.51 Los conflictos de orden político se acrecentaron a partir de entonces con la retirada unilateral de las tropas soviéticas de Cuba en septiembre de ese año.52 El intercambio comercial total en 1991 solo llegó a 4 521,5 millones de pesos, 48% inferior al del año precedente, y con la desaparición de la URSS, el 25 de diciembre de 1991, se redujo a niveles mínimos.
V
En el nuevo contexto, la Federación Rusa se hizo cargo de dar continuidad a los vínculos económicos externos de la Unión Soviética, tanto en lo relativo a sus propios adeudos, que al cierre de 1991 se calculaban en 67 200 millones de dólares, como en lo referido a la deuda de distintos países con el anterior Estado, estimada en unos 95 000 millones de dólares,53 por lo que de forma inmediata se iniciaron las gestiones para reclamar el pago de esa cifra.
Este último elemento pasó a ser un componente esencial en la formulación rusa de las perspectivas económicas con Cuba, a lo que se sumaron las características de la transición al capitalismo en Rusia, donde se aplicó una terapia de choque del más estricto corte neoliberal.
Bajo estas circunstancias, el gobierno de Boris Yeltsin (1991-1999) desarrolló una política que provocó la reducción en 94% del intercambio comercial entre Cuba y Rusia en esos años y aun cuando se firmaron diversos acuerdos, en 1992, 1993 y 1996, para tratar de reanimar las relaciones económicas y culturales, estas se mantuvieron a un nivel muy bajo. A pesar de ello, se mantuvo un saldo comercial positivo para la parte cubana.
A partir del acceso a la presidencia de Vladimir Putin en 2000 y su visita a Cuba en ese año, las relaciones con Rusia mejoraron gradualmente. Con la visita se despejó un grupo de temas pendientes desde 1991 y Cuba identificó las esferas de negocio con posibilidades para Rusia en las nuevas condiciones.54
Durante los últimos años ha habido un progresivo incremento de los vínculos económicos entre los dos países, aun cuando el intercambio comercial se redujo de 520 millones de dólares anuales a 310 millones como promedio, entre 1992 y 1999.55 El saldo de la balanza comercial fue favorable para Cuba hasta 2004 y se ha mantenido deficitario desde 2005.
En septiembre de 2006 se firmó un crédito comercial por 350 millones de dólares para el suministro de mercancías y servicios a Cuba, a pagar en diez años, con muy bajo interés, y se ajustaron los pagos pendientes de la deuda.56 En noviembre de 2008, el presidente ruso Dimitri Medvedev visitó la Isla y en enero de 2009 viajó a Rusia el presidente cubano Raúl Castro, ocasión en la que se firmó un memorándum «Sobre los principios de la colaboración estratégica entre Cuba y Rusia», y se rubricaron otros treinta y cuatro documentos en distintas esferas de la colaboración.
VI
Las relaciones económicas con la URSS representaron para Cuba un elemento esencial en su desarrollo, si bien nunca se concibieron como únicas o excluyentes de otros vínculos con diversos países del mundo. Las complejas circunstancias en que nuestro país debió desempeñarse durante las tres primeras décadas de la Revolución, impusieron la necesidad de fortalecer los vínculos económicos con los soviéticos frente al férreo bloqueo económico de los Estados Unidos y la hostilidad del mundo capitalista.
Sin embargo, la copia, en múltiples ocasiones acrítica, del modelo soviético de los años 60, introdujo problemas —típicos de su agotamiento desde entonces— y propició altos niveles de consumo material; ineficiencia del proceso inversionista; expansión del burocratismo; una limitada concepción de la industrialización del país; baja eficiencia económica y, en general, una visión sesgada de la construcción del socialismo.
No obstante, la búsqueda de una solución a estos problemas de acuerdo con nuestras propias características y concepciones, siempre prevaleció. A diferencia de las soluciones que, por la vía de la expansión del mercado, se buscaban en la política económica que caracterizó la perestroika y la glasnost en la URSS, en Cuba se trató de encontrar un balance que permitiera combinar los métodos de movilización política, consustanciales al socialismo, y la necesaria racionalidad económica en la combinación entre el empleo de la planificación y el mercado.
La resultante de este proceso si bien no produjo soluciones definitivas a los problemas económicos del país, y estuvo signada por nuestras propias insuficiencias, permitió enfrentar de manera satisfactoria las difíciles condiciones que sobrevendrían, con el Período especial, a partir de 1990.
Es preciso tomar en cuenta los resultados de la colaboración económica entre la URSS y Cuba entre 1960 y 1990, reflejados en la proporción de las producciones obtenidas mediante ella en una serie de renglones. Estas proporciones fueron de 100% para laminados, combinadas cañeras, televisores y radios; en acero, 95%; 80% en fertilizantes nitrogenados; y 60% en la producción de estructuras metálicas y en la de hilados y tejidos. En síntesis, las empresas desarrolladas con la cooperación de la URSS creaban 15% de la producción industrial bruta del país a finales de la década de los 80, y Cuba obtenía alrededor de 98% del combustible que consumía, además de un volumen sustancial de alimentos básicos para la población y el financiamiento indispensable para emprender su desarrollo.57
En conclusión, estas relaciones económicas y financieras favorecieron el crecimiento del PIB cubano en los primeros treinta años de Revolución, sin el que Cuba no hubiera podido enfrentar las enormes dificultades del Período especial.
Las relaciones económicas entre Cuba y la URSS fueron modelo entre un país desarrollado y otro en vías de desarrollo, y desempeñaron un papel fundamental en la consecución exitosa del programa de desarrollo alcanzado por Cuba, al tiempo que beneficiaron —en alguna medida— a la economía soviética.
Al desaparecer abruptamente estos vínculos, Cuba sufrió la más terrible crisis económica de su historia revolucionaria, pero continúa hoy empeñada en actualizar su modelo socialista. Por el contrario, en lo que fue la patria de Lenin se frustraron las esperanzas de un mundo mejor y es hoy una triste evidencia del capitalismo neoliberal.


Notas

1. Una primera versión del presente trabajo fue publicada en el Boletín de Información sobre Economía Cubana del CIEM («Las relaciones económicas entre Cuba y la antigua URSS: 1990-1992», n. 7, La Habana, julio de 1992). Otra, más amplia, se publicó con el título «Las relaciones económicas entre Cuba y la antigua URSS: evaluaciones y perspectivas» (Cuadernos del Este, n. 6, Madrid, 1992). La versión actual se enriqueció, amplió y actualizó.
2. El crecimiento está calculado sobre la base de datos del PIB estimados por la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE). Véase Anuario Estadístico de Cuba 1998, ONE, La Habana, 1998.
3. Los esfuerzos realizados en el proceso de rectificación de errores y tendencias negativas emprendido a partir de 1986 se encaminaban en esa dirección, aunque no lograrían culminarse por el advenimiento del Período especial.
4. Andrew Zimbalist y Claes Brundenius, The Cuban Economy, The Johns Hopkins University Press, Baltimore y Londres, 1989.
5. Miguel Figueras, Aspectos estructurales de la economía cubana, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1994.
6. Anuario Estadístico de Cuba. 1989, ONE, La Habana, 1989.
7. Miguel Figueras, Análisis de las políticas de industrialización en Cuba en el período revolucionario y proyecciones futuras, Centro de Investigaciones de la Economía Internacional, La Habana, 1990.
8. Véase Resumen Mensual, IPS, La Habana, junio de 1999, disponible en www.cubaalamano.net.
9. Véase José Luis Rodríguez, «Economic Relations between Western Europe and Cuba since 1959», en Alistair Hennessy y George Lambie, eds., The Fractured Blockade, MacMillan, Londres, 1993.
10. José A. Aguilar y Marcelo Fernández Font, comps., El bloqueo económico a Cuba por los Estados Unidos, INIE, La Habana, 1992; Carlos Batista, El bloqueo y las compensaciones en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, CESEU, 1989; Morris Morley, Imperial State and Revolution, Cambridge University Press, Nueva York, 1987.
11. Según datos del Informe Económico del Banco Nacional de Cuba, editado anualmente desde 1982 hasta 1990 y desde 1995 hasta 2004.
12. Véase Germán Amado-Blanco, «Tres décadas de comercio Cuba-URSS (1960-1990)», Revista Cuba. Comercio Exterior, n. 3, La Habana, 2006.
13. Ya en 1963, la URSS comenzó a pagar el azúcar a 6 centavos la libra.
14. El nivel de preferencialidad en centavos por libra de azúcar fue de 1,34 en 1961, y 1,26 en 1962. Solo en 1963 los precios del mercado mundial superaron los pagados por la URSS.
15. Germán Amado-Blanco, ob. cit.
16. En estos años la tasa de cambio era de un peso igual a un dólar.
17. José Luis Rodríguez, Estrategia de desarrollo económico en Cuba, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1990.
18. El rublo transferible como moneda de cuenta en las relaciones financieras mantenía tasas de cambio estables en relación con las monedas nacionales, a diferencia de lo que ocurría con las restantes divisas en el mercado internacional.
19. Estas condiciones les fueron otorgadas a Mongolia, Cuba y Viet Nam.
20. Carlos Rafael Rodríguez, «La colaboración de la URSS al desarrollo económico de Cuba», El Militante Comunista, La Habana, noviembre de 1977, pp. 6-7.
21. La tasa de cambio del rublo transferible era equivalente a 1,11 dólares o pesos cubanos de entonces.
22. Esta fórmula se estableció a propuesta de Cuba. Véase Fidel Castro, «Discurso pronunciado en la inauguración del IV Congreso del Partido Comunista de Cuba», IV Congreso del Partido Comunista de Cuba. Discursos y documentos, Editora Política, La Habana, 1992.
23. Posteriormente, para cada año, se tomaría como base el precio promedio de los cinco precedentes.
24. Germán Amado-Blanco, ob. cit.
25. Esta cifra no se logró, pero Cuba adquirió azúcar en el mercado mundial para cumplir las entregas con la URSS, que a su vez garantizó financieramente estas operaciones.
26. Los precios del níquel también se modificaron y fueron objeto de largas discusiones. Véase Germán Amado-Blanco, ob. cit.
27. CEPAL, La economía cubana. Reformas estructurales y desempeño en los noventa, CEPAL-ASDI-Fondo de Cultura Económica, México, DF, 2000.
28. Una nueva posposición de pagos se renegociaría para los desembolsos que debían iniciarse en 1986, de acuerdo a la renegociación de 1972.
29. Se refiere a todos los países socialistas, aunque la URSS es determinante en estos resultados. Véase Elena Álvarez, Algunos efectos en la economía cubana de los cambios en la economía internacional, INIE, La Habana, 1991.
30. Datos obtenidos —por el autor— de diversos especialistas cubanos. Otros autores, sobre todo norteamericanos, tienden a sobrevalorar el deterioro de la relación de intercambio en los años 80. Véase Andrew Zimbalist y Claes Brundenius, ob. cit.
31. V. Venediktov, «Azúcar, naranjas y una cucharada de hiel», Bohemia, n. 27, La Habana, 6 de julio de 1990. De ser correctos estos cálculos, Cuba habría pagado 9 500 millones de rublos en exceso, entre 1986 y 1990, solo por estas mercancías. No obstante, esta información debe tomarse con reservas.
32. El costo promedio de la producción azucarera soviética entre 1979 y 1987 fue de 43 centavos la libra, mientras que la URSS pagó a Cuba, en igual período, 41,92 centavos como promedio, según cálculos realizados por la firma Landell Mills Commodities Studies y citados en «Información quincenal sobre Cuba», IPS Economic Press Service, n. 24, 31 de diciembre de 1990. Véase también G. B. Hagelberg, «The Sugar Side of Perestroika», International Sugar and Sweetener Report, v. 122, n. 6, Ratzeburg, Alemania, 8 de febrero de 1990.
33. S. Tarasenko, «Azúcar amargo», Novedades de Moscú, n. 49, Moscú, diciembre de 1989.
34. Se estima que las exportaciones cubanas de este tipo de productos alcanzaron los trescientos millones de pesos entre 1989 y 1990.
35. Informe Económico, Banco Nacional de Cuba, La Habana, agosto de 1982.
36. Según datos de Carmelo Mesa-Lago, estos créditos llegaron a 8 631 millones de dólares (véase «The Economic Effect on Cuba of the Downfall of Socialism in the USSR and Eastern Europe», en Carmelo Mesa-Lago, ed., Cuba After the Cold War, Pittsburgh University Press, Pittsburgh, 1993). Sin embargo, otra fuente informaba, en 1999, que estos créditos llegaban a 5 900 millones de pesos. Véase Resumen Mensual, IPS, ob. cit.
37. A. D. Bekarevich y N. M. Kujarev, La Unión Soviética y Cuba: colaboración económica, Editorial Nauka, Moscú, 1990. Estas condiciones sufrieron algunos cambios posteriormente, pero no se alteró su esencia.
38. Informe Económico, Banco Nacional de Cuba, La Habana, febrero de 1985.
39. Este sistema de precios inyectó al país 39 390 millones de dólares de 1960 a 1990. Véase Carmelo Mesa-Lago y Fernando Gil, «Soviet Economic Relations with Cuba», Working Papers in International Studies, n. 5, Minnesota, 1987; Carmelo Mesa-Lago, «The Economic Effect on Cuba...», ob. cit.; Jorge Pérez-López, «El sector externo de la economía socialista cubana», en Mauricio de Miranda, ed., Cuba. Reestructuración económica y globalización, Centro Editorial Javeriano, Bogotá, 2003.
40. Para conocer otra forma de valorar el nivel de preferencialidad otorgado por la URSS a Cuba, véase Andrew Zimbalist y Claes Brundenius, ob. cit.
41. Datos provenientes del periódico Izvestia, Moscú, 2 de marzo de 1990, y Juan O. Tamayo, «Soviets See Drastic Cuts in Cuba Aid», The Miami Herald, Miami, 26 de septiembre de 1991.
42. «El párrafo infame» (Editorial), Granma Internacional, La Habana, 27 de octubre de 2001, disponible en www.cuba.cu/gobierno/documentos/2001/esp/e271001e.html.
43. Al asumir el cobro de los adeudos a la antigua URSS, Rusia pasó a nominarlos en rublos en lugar del rublo transferible que desapareció también en 1991. La tasa de cambio del rublo sufrió una enorme devaluación en los años 90. Ya en febrero de 1992 se cotizaba a 100 por dólar, con lo que el valor de la deuda cubana en esos momentos en el mercado secundario pudiera estimarse en 164 millones de dólares. En 1997, la cotización alcanzaba 5 785 rublos por dólar; en consecuencia, se redujo mucho más el valor de mercado de los adeudos.
44. Cálculo a la tasa de cambio de 1,11 pesos por rublo transferible vigente cuando desapareció la URSS. Véase «El párrafo infame», ob. cit.
45. Esa deuda se reclama en dólares a pesar de que se contrajo en rublos transferibles. Aun considerándola en rublos soviéticos, el gobierno ruso nunca tuvo en cuenta la devaluación de esta moneda frente al dólar. En mayo de 2010, el Club de París informó que la deuda cubana era de 30 410 millones de dólares, buena parte de los cuales incluye esta deuda espúrea.
46. Y. Riabov, «URSS-Cuba: colaboración exitosa», Comercio Exterior, n. 1, Moscú, 1984; P. Kormilitsin, «Ejemplo de colaboración fraternal», América Latina, n. 1, Moscú, 1984.
47. La producción petrolera pasó de 624 millones de toneladas en 1988 a 570 en 1990, para un descenso de 8,7% en solo dos años. Las entregas a Cuba de petróleo y derivados se afectaron en 243 000 toneladas en 1989 y llegaron a 3,3 millones de toneladas en 1990. Germán Amado-Blanco, ob. cit.
48. Véase Fidel Castro, «Discurso pronunciado en el acto central por el XXXVII aniversario del asalto al cuartel Moncada», Granma, La Habana, 28 de julio de 1990.
49. La puesta en práctica de esta política coincidió con la visita a Cuba de Mijail Gorbachov, pero en las conversaciones no parece haberse abordado este tema. Véase Germán Amado-Blanco, ob. cit.
50. Véase «Información a la población», Granma, La Habana, 29 de agosto y 26 de septiembre de 1990; e «Información a la población sobre medidas adicionales con motivo a la escasez de combustible y otras importaciones», Granma, La Habana, 20 de diciembre de 1991.
51. Fidel Castro, «Discurso pronunciado en la inauguración del IV Congreso...», ob. cit.
52. Véase el editorial «Cuba no aceptará jamás ser entregada ni vendida a Estados Unidos», Granma, La Habana, 14 de septiembre de 1991.
53. Alicia Girón y Svetlana Penkina, «La deuda externa de Rusia en su transformación en una economía de mercado», Comercio Exterior de México, v. 44, n. 7, México, DF, 1994.
54. Un elemento favorable fue la concesión por Putin de un crédito de 50 millones de dólares a Cuba. Véase «El párrafo infame», ob. cit.
55. Datos basados en los Anuarios estadísticos, de la ONE, entre 1996 y 2009.
56. Se trata de adeudos contraídos con Rusia a partir de 1992 por 166 millones de dólares y no se refieren a la deuda con la URSS.
57. Y. Riabov, ob. cit.; Piotr Kormilitsin, ob. cit.; Víctor Álvarez, «Colaboración soviética. Influencia en el desarrollo industrial cubano», Colaboración Económica Internacional, n. 1, Moscú, 1989.


jueves, 24 de mayo de 2012

¿EL SUICIDIO DE LA MIGRACION?

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Dr.Esteban Morales

Durante más de cincuenta años la cuestión migratoria ha sido un instrumento político de las administraciones norteamericanas para desestabilizar a la revolución cubana. Y pienso que puede  seguirlo siendo. Pues no se ha observado en estos años, otra actitud de las administraciones norteamericanas, que no haya sido utilizar el asunto migratorio, como un instrumento de su política agresiva contra Cuba.[1]
La primera canallada cometida por la  primera administración que enfrentó la revolución, la de Eisenhower, fue recibir en los Estados Unidos, prácticamente sin trámites legales, a todos los esbirros, asesinos y ladrones, que se fueron  de Cuba huyéndole  a la justicia revolucionaria.
Posteriormente, hasta hoy,  continúan recibiendo a casi todos los que salen de Cuba, incluso de manera ilegal,  y que van buscando los beneficios e la aplicación de la Ley de Ajuste cubano de 1966. Una ley, que al estimular la emigración ilegal, ha acumulado en su haber una extraordinaria cantidad de muertes¸ especialmente, en el Estrecho de La Florida.
A pesar de los acuerdos firmados por ambos países en 1985, para tratar de normalizar las relaciones migratorias, después del éxodo de los años noventa, ahora tienen suspendidas las conversaciones respecto al tema.[2]

Pero en cincuenta años todo cambia. Cuba ha cambiado mucho, sobre todo en los últimos treinta años  y la emigración también. Hasta el enclave más importante de la emigración cubana en el mundo, el estado de La Florida, también ha cambiado. Presentando matices de comportamiento, en los cuales habría  sido imposible pensar  solo veinte años atrás. Miami, la principal ciudad que ha recibido a los cubanos emigrados, ya no es el enclave homogéneamente contrarrevolucionario, dominado por la extrema derecha cubanoamericana,  como lo fue en los años sesenta hasta los ochenta. Hoy se ponen de manifiesto los intereses de una comunidad  tocada por diferentes fenómenos, entre ellos, los problemas generacionales dentro de la propia emigración,  que han comenzado a tomar sus expresiones políticas.

1-   Un tipo  inicial de emigrado, que habiendo tomado el camino de la emigración con la idea de regresar pronto, ya lleva más de cincuenta años esperando.[3]
2-   Un proceso revolucionario en  Cuba que ha sobrevivido  y de tal manera, obligado a entenderse con la Isla.[4]
3-   Un proceso generacional que ha producido un tipo de emigrado, que no lo hizo por decisión propia,  sino de sus padres  y cuya actitud ya guarda poca relación con sus antepasados  que emigraron. No pocos  viajan  a Cuba, buscando sus raíces.[5]
4-   Un  grupo numeroso de políticos pragmáticos, que considera que la política norteamericana hacia Cuba no ha logrado los propósitos para los cuales fue diseñada, por lo que la ha acuñado  como una política fracasada,  que debe ser cambiada por otra más eficiente, que permita acercarse a Cuba con otros métodos, aunque  para muchos de ellos, con las mismas intenciones y objetivos: retomar el poder en la Isla.[6]
5-   Un sector de izquierda que crece y que siempre ha deseado un cambio de política que permita entenderse con una  Cuba libre,  soberana  y soiclista. Junto a un creciente proceso de solidaridad con Cuba que se abre paso dentro de la sociedad norteamericana.[7]
6-   Un grupo de hombres de negocios, que consideran están perdiendo las oportunidades económicas derivadas de una mejor relación con Cuba.[8]
7-   Una heterogénea masa de emigrados, de diferentes posiciones políticas, pero a los que los vincula  el interés común de relacionarse con su país de origen para ayudar a sus familiares en Cuba. No constituyen un grupo político homogéneo, sino una corriente dentro de la comunidad cubana en el exterior .Este tipo de actitud solidaria  respecto a Cuba, es observable a nivel mundial.
8-   Una minoría de extrema  derecha, recalcitrante, que a pesar de haber perdido las esperanzas de regresar a Cuba como conquistadores, sin embargo, continúan viviendo del negocio de la contrarrevolución.
9-   Un numeroso sector académico, que se opone al bloqueo de las relaciones con Cuba  y que defiende fuertes intereses de establecer vínculos intelectuales, culturales y científicos con Cuba. Lo cual tipifica la  actitud de la inmensa mayoría de la comunidad intelectual y académica  en los Estados Unidos.
10-Un amplio sector religioso que mantiene relaciones con Cuba, incluso de  fuerte solidaridad con las iglesias cubanas.
Aun hay personas que emigran de Cuba por razones políticas, pero se trata ya de cantidades despreciables  y de personas irrecuperables, porque le declararon la guerra a la revolución hace mucho tiempo, hicieron contrarrevolución en Cuba,  e insisten en su interés de hacerle daño  y  al  no conseguirlo, ven la emigración como última solución. Abandonando el país  a la menor oportunidad que se le presenta. Como también existen personas que hoy  han variado su  pensamiento respecto a la forma de relacionarse con Cuba. Entre ellos se encuentran incluso, miembros de la más rancia burguesía, que hasta hace poco, se proponían obstaculizar todo tipo  de relación con Cuba.
Sin embargo, después de los años ochenta, la inmensa mayoría de las personas que emigran de Cuba, lo hacen en busca de mejores oportunidades  para sus vidas. A los cuales, en medio de la situación que vive  Cuba hoy, no  le faltan justificaciones. Permanecen en Cuba, aquellos, por suerte mayoría, que no han perdido las esperanzas de  que la situación económica y social mejore  y otros que por  razones más bien políticas, han decidido permanecerles fieles al proceso que han luchado por construir. Dentro de  esa gran masa,  no obstante, existen  también potenciales emigrantes, que en caso de obtener ciertas flexibilidades, emigraría, aunque tal vez  no para vivir fuera de Cuba de manera permanente.[9]
Durante muchos años, emigrar fue considerado como una traición al proceso revolucionario. Realmente lo fue,  pues en medio de las batallas que librábamos por defender a la revolución, en los años más difíciles,  muchos abandonaban  Cuba  y en su mayoría lo hacían hacia el país  que había decidido  destruir a la revolución. Se trataba de la aguda lucha de clases, el enfrentamiento político-ideológico,  que signó al proceso revolucionario en sus primeros  más de treinta años, podríamos decir.
Pero, ¿podemos continuar mirando la emigración de ese modo? ¿No debiéramos asumir una dosis de realismo y hasta de cierto pragmatismo, ante un fenómeno, que nos hace tanto daño y que no podemos controlar?
La emigración cualesquiera que sean sus causas y direcciones, es un fenómeno inevitable, sobre todo para un país subdesarrollado como Cuba, que no podría nunca competir en igualdad de condiciones con ningún país desarrollado, ni ofrecerle  a la fuerza calificada que se nos va, las condiciones que esta encontraría si emigrara, en cuanto a condiciones  de vida  y de ejercicio profesional. Esto sería así, aun si nos recuperáramos con relativa rapidez  de la situación económica tan difícil que ahora  enfrentamos.
Estados Unidos, siempre tendrá las ventajas de los mecanismos para presionarnos, siendo esta última, como decimos los cubanos “una pelea de león a mono y con el mono amarrado”.
¿De qué modo contrarrestar esa realidad aplastante? Sería un verdadero suicidio tratar de enfrentarla sin una política más inteligente, más pragmática, que se enfocara más hacia los beneficios que podríamos obtener  de la emigración y no se  mantuviera un status de quietud y  parálisis,  que solo serviría para incrementar cada día los daños que nos hace el éxodo de cubanos de la Isla.
De Cuba se han marchado artistas, músicos, deportistas de alto rendimiento, médicos, ingenieros, especialistas de todo tipo, que el país ha hecho un esfuerzo sobrehumano y extraordinariamente inteligente para prepararlos. Son decenas de miles los que emigran cada años, jóvenes sobre todo y calificados, proceso que nos cuesta miles de millones de dólares, sin que podamos nunca resarcirnos de  tales perdidas. ¿Vamos a permitir  que el país continúe vaciándose de esas personas, sin asumir una actitud  más realista que nos pudiera permitir  recuperar,  o al menos compartir los conocimientos o habilidades de esas personas calificadas que  se nos escapan?
Esta cuenta no está sacada aun,  pero si contabilizáramos hasta hoy,  las pérdidas por ese concepto, ellas no estaría muy lejos de las cifras que nos ha costado el criminal bloqueo de Estados Unidos. Hemos luchado contra el bloqueo, a veces con no poco éxito, ¿Por qué no hacerlo contra los lastres negativos que nos deja el proceso migratorio?
Hay que tomar medidas activas, pragmáticas, inteligentes, que  nos permitan aliviar la situación tan desventajosa  que nos está creando  la emigración, sin dejarnos atenazar por criterios obsoletos, viejos ya, que no se corresponden con los tiempos tan difíciles  que vivimos.
En mi opinión, tal vez,  habría que analizar medidas del tipo siguiente:
1-   Analizar seriamente  si vamos a mantener la prohibición de la doble nacionalidad.
2-   Romper las barreras burocráticas que impiden  el flujo y reflujo migratorio. Ejemplo de ello, el que un cubano, nacionalizado en el exterior, tenga que viajar a Cuba con pasaporte cubano. O que un cubano de la Isla no pueda viajar cuando quiera a donde desee.
3-   Facilitar que todo ciudadano que lo desee  viaje a donde quiera  y no tenga límites para regresar cuando  quiera hacerlo.[10]
4-   Liberar los viajes de turismo para todo ciudadano cubanos  que tenga condiciones de hacerlo.
5-   Crear condiciones para que cualquiera que emigre pueda compartir su tiempo de trabajo en el país con el del exterior. Trabajar en Cuba o en el exterior cuando lo desee.
6-   Permitir que todo hijo de cubano en el exterior pueda  obtener  la nacionalidad cubana si así lo desea.
7-   Respetar los bienes que poseen  en Cuba,  aquellos que permanecen por un tiempo determinado en el exterior  o fijan su residencia en el exterior, pero que puedan retornar a Cuba cuando así lo deseen.
8-   Crear las condiciones para una relación más orgánica entre los cubanos que viven en el exterior y que desean tener una mayor relación con su país de origen, que puedan votar en Cuba.  .
9-    Facilitar a todo el que llegue a la edad de la jubilación  y quiera retirarse y vivir en Cuba, lo pueda hacer.
10-Facilitar a todo cubano que vive en el exterior,  que sus hijos estudien y vivan  en Cuba si lo desean.
11-Permitir que todo cubano que tenga capital y quiera invertirlo en Cuba  pueda hacerlo, en bien propio y de la nación.[11]

Podrían  estudiarse muchas otras medidas, pero lo cierto es  que ya  variaron las razones y pasó el tiempo en que Cuba puede dejar vagar a sus emigrantes por el mundo sin ningún vínculo orgánico con su país de origen. El cubano, debe poder ser cubano siempre, donde quiera que haya decidido fijar su residencia, siempre que esté en pleno  goce  de  sus  facultades civiles y políticas.
La población cubana decrece y  envejece, debiéndose  tratar por todos los medios, que nos nazcan ciudadanos también fuera de Cuba, que puedan venir a ella cuando quieran, pasar una parte de su vida o sus últimos años de vida con nosotros. De lo contario, estamos regalándole al mundo, una riqueza que nos pertenece  como nación y que no debiéramos perder ni poner en peligro. Es necesario hacer lo posible para impedir que los que se  marchen  del país no quieran  ni puedan  regresar más nunca y que el emigrante se  desvincule definitivamente de su país de origen.
Debemos invertir los términos de una ecuación, que siempre se soluciona en contra nuestra  y que hasta ahora, solo lo que ha hecho es perjudicar al país, cuando también encierra poténciales  capacidades de beneficiarnos. Hasta un cierto periodo de tiempo, estábamos obligados a pagar el precio por razones de seguridad interna; hoy las cosas han cambiado bastante.
La realidad que hoy vive el país, los retos que debe enfrentar y los problemas que deberán ser resueltos,  exigen una buena dosis de pragmatismo, que sin sacrificar nuestros objetivos, ni nuestra seguridad nacional,  nos permita  avanzar lo más rápido posible por la senda de las soluciones.
Todo este complejo entramado, según creo, forma parte  también del “cambio de mentalidad” a que el Cro. Raúl  Castro nos ha llamado.

Habana, mayo 12 del 2012.


[1]La historia  ha ido larga. Podría consultarse del Autor, “El Impacto del Caso Elián en la Política Hacia Cuba”. Único caso, en el que una administración  norteamericana, la de William Clinton, se vio obligada a facilitar  que Cuba ganara  la batalla.
[2] Para ampliar sobre esta historia, ver: “A 30 años de la Crisis Migratoria de Mariel”. de Elier Ramírez. Donde el autor da una versión  muy interesante y actualizada de este importante  acontecimiento.
[3] Dice Luis Ortega, respecto a estos, que el principal aliado de Cuba frente a ellos, es la “Funeraria Rivero”, pues  todos  van desapareciendo de manera natural.
[4] Se trata de un factor nada despreciable. Ha sido la supervivencia  de la Revolución Cubana, la que en última instancia, va obligando a tener que entenderse con la Cuba revolucionaria.
[5] Se trata de un fenómeno muy interesante, que va generando un nuevo tipo de relación con la emigración.
[6] Estos   señores   creen que con Cuba ahora, podría ocurrir lo que nunca ha tenido
lugar,  tomar ellos el poder en Cuba. Cuando históricamente no  han sido más que segundones de la política norteamericana en Cuba.
[7] El Movimiento Pastores por la Paz”, bajo la dirección del insigne pastor Lucio Walker, desato un trabajo de solidaridad  hacia Cuba,  dentro de los Estados Unidos, que aun continua creciendo y rindiendo sus frutos.
[8] Este grupo también va creciendo.
[9] La  idiosincrasia del cubano,  no se corresponde, en general, con la actitud de abandonar su país de origen, para más nunca regresar.
[10] Ello implica, que al ser gratuita la educación en Cuba. Cada graduado que se marcha, sin haber r realizado el servicio social , deberá garantizar  pagar el costo de la carrera, lo cual podría hacer, dejando un fiador oficial  o  pagarla personalmente, antes de marcharse. Siendo este un  requisito para poder  complementar  sus trámites de viaje. Así el Estado, al menos  recobraría  el costo de la formación profesional. (El Autor).
[11] Solo serian inaplicables tales medidas en aquellos casos en que representasen  un peligro para nuestra seguridad  interna como país. Antiguos criminales de guerra, gente ligada a las organizaciones contrarrevolucionarias etc. O casos tipo Alan Gross.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Fracasa primer pozo de exploración petrolera de Repsol

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Este país prevé perforar cinco pozos de exploración como mínimo, en 2012 y 2013
Este país prevé perforar cinco pozos de exploración como mínimo, en 2012 y 2013 Jorge Luis Baños -
 
La compañía española Repsol echó la semana pasada un jarro de agua fría sobre los cubanos aferrados a las esperanzas de encontrar petróleo en algún rincón del archipiélago. De acuerdo con agencias de información, esa empresa anunció el fracaso del primer pozo de exploración abierto este año en la plataforma marina del norte de Cuba.
Un representante de esa empresa petrolera citado por medios internacionales de prensa informó que “el pozo de Repsol en Cuba no tuvo éxito y que estamos procediendo a taponar y abandonar el pozo”. El portavoz advirtió, sin embargo, que era muy pronto para decir si el proyecto sería cerrado en su totalidad.
La noticia no fue confirmada por medios de prensa nacionales.
Este es el primer intento, en un programa de varios pozos de exploración más. Repsol emprendió la perforación a finales de enero del actual año, a unos 32 kilómetros de la costa norte occidental de la isla, con la plataforma de exploración Scarabeo-9, de construcción china, que arribó a Cuba tras un largo recorrido desde Singapur.
Un funcionario del Ministerio cubano de Minas y Energía informó en abril que, en asociación con compañías extranjeras, este país prevé perforar cinco pozos de exploración como mínimo, en 2012 y 2013, en la Zona Económica Exclusiva (ZEE) de Cuba en el Golfo de México. Esa área de 112.000 kilómetros cuadrados está dividida en 59 bloques, de los cuales 22 ya están contratados por compañías petroleras foráneas.
Repsol laboró en el primer pozo en consorcio con la noruega Statoil y la india ONGC. De acuerdo con otros reportes, la malaya Petronas espera por la Scarabeo-9 para abrir un segundo pozo de exploración en el subsuelo marino cubano, en unión con la rusa Gazprom Neft.
También aguarda por su turno la venezolana PDVSA, mientras el vicepresidente de PetroVietnam, Nguyen Quoc Thap, comentó recientemente que su compañía decidirá en 2013 si perfora frente a las costas cubanas, después de estudiar “los primeros resultados de Repsol y también nuevas perforaciones de nuestros vecinos, Petronas y PDVSA”.
Las compañías CNPC (China), Petrobras (Brasil), y Sonangol (Angola) también han contratado bloques de exploración en esa zona.
Los estudios geológicos cubanos, ratificados en un encuentro internacional de ingenieros celebrado en abril en La Habana, estiman que los recursos petroleros recuperables en la ZEE están entre 10.000 y 20.000 millones de barriles de crudo. Los estadounidenses calibran un volumen más modesto pero también atractivo: alrededkr de 5.000 millones de barriles.
La expansión de la producción de hidrocarburos a partir de los años 90 del pasado siglo, permitió a Cuba ampliar hasta cerca de cuatro millones de toneladas la extracción anual de crudo y gas acompañante. Con esa producción cubre alrededor de la mitad de la energía que consume. El resto, cerca de 100.000 barriles diarios, Cuba lo importa desde Venezuela.

Las políticas de estímulo siguen fracasando

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Por Robert J. Barro

barro
La débil recuperación económica en Estados Unidos y el todavía más débil desempeño en gran parte de Europa han renovado los llamados para poner fin a la austeridad presupuestaria y regresar a mayores déficits fiscales. Curiosamente, ese pedido de mayor expansión fiscal no ofrece ninguna prueba de que los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) que optaron por un mayor estímulo presupuestario hayan tenido mejores resultados que los que se inclinaron por una mayor austeridad. Del mismo modo, en el contexto estadounidense, no hay evidencia de que en los déficits presupuestarios de EE.UU. en el pasado (un promedio de 9% entre 2009 y 2011) hayan ayudado a promover la recuperación económica.
Dos casos europeos interesantes son los de Alemania y Suecia, cada uno de los cuales se movió hacia un equilibrio presupuestario entre 2009 y 2011, al tiempo que mantenían un crecimiento comparativamente fuerte; la tasa promedio del crecimiento anual del PIB real para 2010 y 2011 fue de 3,6% para Alemania y de 4,9% para Suecia. Si la austeridad es tan terrible, ¿cómo es que a estos dos países les ha ido tan bien?Los países de la OCDE más claramente en o cerca de una nueva recesión —Grecia, Portugal, Italia, España y tal vez Irlanda y Holanda— se encuentran entre aquellos con déficits fiscales relativamente grandes. La media de los déficits fiscales para esos seis países en 2010 y 2011 fue de 7,9% del PIB. Por supuesto, parte de ese patrón refleja un efecto positivo del débil crecimiento económico sobre los déficits, en lugar de a la inversa. Sin embargo, no hay nada en los datos de la OCDE desde 2009 en general que apoye la visión keynesiana de que la expansión fiscal haya promovido el crecimiento económico.
Para EE.UU., mi opinión es que los grandes déficits fiscales tuvieron un efecto moderadamente positivo en el crecimiento del PIB en 2009, pero ese efecto se desvaneció rápidamente y lo más probable era que se volviera negativo para 2011 y 2012. Sin embargo, muchos economistas keynesianos observan la débil recuperación estadounidense y concluyen que el problema es que el gobierno carecía de suficiente compromiso con la expansión fiscal; que debería haber sido aún más grande y mantenida durante un período prolongado.
Este punto de vista es peligrosamente inestable. Cada vez que los aumentos de los déficits fiscales no consiguen obtener los resultados deseados, la política aconseja asumir déficits aún mayores. Si, como creo que ocurre, los déficits fiscales sólo tienen un impacto expansivo a corto plazo sobre el crecimiento y luego se vuelven negativos, los resultados de seguir esa política son un crecimiento económico persistentemente bajo y una explosión de la deuda pública en relación con el PIB.
La última conclusión no es sólo académica, porque encaja con el comportamiento de Japón en las últimas dos décadas. De ser un país con una deuda pública relativamente baja, Japón parece que adoptó hace muchos años el mensaje keynesiano. La consecuencia de ello es una relación de 210% entre la deuda gubernamental y el PIB, la más alta del mundo.
Esta vasta expansión fiscal no evitó dos décadas de lento crecimiento económico, cuyo promedio fue de menos de 1% anual entre 1991 y 2011. Sin duda, un keynesiano confeso diría que el crecimiento japonés habría sido incluso menor sin el extraordinario estímulo fiscal, pero sería bueno que hubiera alguna evidencia.
A pesar de la falta de pruebas, es sorprendente el nivel de lealtad que recibe el enfoque keynesiano por parte de los políticos y economistas que trazan los destinos de los países. Creo que es porque el modelo keynesiano aborda importantes cuestiones de política macroeconómica y es pedagógicamente fabuloso, reflejando sin duda el genio de Keynes. El modelo básico —la intervención del gobierno en el gasto cuando otros no lo hacen— puede ser presentado fácilmente a la madre de uno, que es probable que esté de acuerdo con las conclusiones.
La fe de los adoradores de Keynes en este modelo ha sido reforzada en realidad por la Gran Recesión y la crisis financiera asociada. Sin embargo, el soporte empírico en todo esto es asombrosamente tenue. El modelo keynesiano pide a uno poner al sentido común económico de cabeza. Por ejemplo, más ahorro es malo debido a la caída de la demanda de los consumidores, y una mayor productividad es mala debido a que el aumento de la oferta tiende a reducir el nivel de precios, aumentando así el valor real de la deuda. Entretanto, se supone que los pagos de transferencia que subsidian el desempleo para bajar el desempleo, y el mayor gasto del gobierno es bueno incluso si se destina a proyectos derrochadores.
De cara al futuro, no hay mucho que decir en el terreno económico para el fortalecimiento de la austeridad fiscal en los países de la OCDE. Desde una perspectiva política, sin embargo, el movimiento hacia la austeridad puede ser difícil de sostener en algunos países, sobre todo en Francia y Grecia, donde los izquierdistas y otros grupos que se oponen a la austeridad acaban de ganar las elecciones.
En consecuencia, es probable que esté aumentando la diversidad en todos los países en materia de política fiscal, y es probable que esa divergencia haga cada vez más arduo mantener el euro como moneda común. En el lado positivo, las diferentes políticas proporcionarán mejores datos para analizar las consecuencias económicas de la austeridad.
Barro es profesor de economía de la Universidad de Harvard y académico la Hoover Institution de la Universidad de Stanford.

martes, 22 de mayo de 2012

EE. UU. bloquea registros de marcas cubanas

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Observatorio Sudamericano de Patentes


La Cancillería de Cuba informó que 5.000 marcas y patentes de empresas y titulares de los Estados Unidos han sido registrados en la Oficina de Propiedad Industrial (OCPI), permitiendo que “se beneficien y continúen beneficiándose de su registro en el país”.

Sin embargo y a pesar del cumplimiento de la normativa internacional por parte del Estado cubano, la Cancillería mencionó la negativa de la Corte Suprema estadounidense para que la compañía Cubaexport tuviera la posibilidad de defender su derecho de renovar el registro marcario del ron Havana Club ante la Oficina de Marcas y Patentes de los EE UU (USPTO). Dicha negativa fue hecha al amparo de la Sección 211 de la Ley Ómnibus, aprobada por el Congreso de los Estados Unidos a fines de 1998, la cual prohíbe el reconocimiento y renovación de marcas asociadas a propiedades nacionalizadas por el gobierno cubano.

Eso es resultado de las maniobras de la mafia anticubana de Miami y sus aliados dentro del Congreso, en retribución a las contribuciones financieras que reciben de la compañía Bacardí, “la real promotora de estas acciones contra Cubaexport, dirigidas a usurpar las marcas y mercados del ron genuina y legítimamente cubano”, expresa la nota. La Cancillería recordó que desde 1995, Cubaexport, de conjunto con la compañía francesa Pernod Ricard, distribuidora del ron Havana Club, ha defendido su derecho a registrar la reconocida marca.

Esa intención encontró respaldo en la decisión del Panel de Solución de Diferencias de la Organización Mundial del Comercio (OMC) que falló contra Estados Unidos y reclamó la eliminación de dicha Sección considerada ilegal.

Durante el proceso judicial que ahora ha llegado a su final, la OFAC argumentó que no emitiría la licencia que exige la Sección 211, porque el Departamento de Estado había ordenado no hacerlo debido a que ello no se correspondería con la política norteamericana de Estados Unidos hacia Cuba.

Esta acción constituye una grave violación de los compromisos de los Estados Unidos en materia de Propiedad Industrial, que lo obligan a proteger las marcas de las compañías e instituciones cubanas, prosiguió la declaración.

De esa forma, este litigio y otros procesos en curso contra patentes y marcas cubanas en las cortes norteamericanas han puesto en evidencia la complicidad del gobierno de los Estados Unidos en el despojo de los derechos de la isla, expresó la cancillería cubana. La cancillería afirmó además que se ha garantizado que más de cinco mil marcas y patentes norteamericanas “se beneficien y continúen beneficiándose de su registro en el país”.

El Ministerio de Relaciones Exteriores demandó a Washington otorgar de inmediato la licencia que permita a la entidad cubana Cubaexport renovar la marca Havana Club. A pesar del accionar de los Estados Unidos, la Oficina Cubana de Propiedad Industrial participa de todos los tratados internacionales en materia de marcas y patentes auspiciados por Organización Mundial de la propiedad Intelectual (OMPI), otorgando al país del Norte alrededor de 5.000 marcas y patentes en territorio cubano.

Fuente: http://observadorpatentesur.blogspot.com.ar/2012/05/ee-uu-bloquea-registros-de-marcas.html

lunes, 21 de mayo de 2012

¿Qué han hecho los ricos por ustedes?

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Por:
Romney
Romney, durante un acto de campaña en diciembre. / AP
Resulta que un exsocio de Mitt Romney en Bain Capital dice, en un nuevo libro, lo que seguramente cree Romney: que realmente deberíamos estarles agradecidos a los ricos por todas las cosas generosas que hacen.
Y es que, verán, no se gastan toda su riqueza en caserones del tamaño del Taj Mahal; parte de ella la invierten en innovación. "La mayoría de los ciudadanos son consumidores, no inversores", decía Edward Conard, autor de un libro de próxima aparición titulado Unintended Consequences: Why Everything You’ve Been Told About the Economy is Wrong  [Consecuencias imprevistas: por qué todo lo que se les ha dicho sobre la economía es erróneo], al columnista Adam Davidson para un artículo publicado recientemente en The New York Times Magazine. "No reconocen las ventajas para los consumidores que se derivan de la inversión".
En realidad, esto representa una ruptura con la anterior defensa de los ricos. Hasta ahora, la línea oficial ha sido que lo que necesitan son incentivos, que los creadores de empleo no harán su trabajo a menos que agitemos delante de sus narices la zanahoria de una inmensa riqueza.
Se podrían decir muchas cosas sobre esto, pero seguramente una de las primeras es el grado de ignorancia histórica que requiere. Me refiero a que este argumento podría tener alguna verosimilitud a primera vista si la era en que Estados Unidos no tenía una plutocracia tan arrogante -las décadas de los cincuenta y sesenta, cuando el 1% con los ingresos más altos recibía aproximadamente una quinta parte de la proporción de la renta que controla hoy en día- hubiera sido una época de estancamiento económico y poca innovación. De hecho, la generación de la posguerra experimentó el mayor crecimiento económico –y el aumento de la productividad más rápido- que cualquier otra época del siglo pasado.
Pero así están las cosas. Si la derecha sigue consiguiendo avances políticos, lo siguiente que veremos será una reafirmación del principio hereditario.
 Romney promete crear ‘dieciuno’ millones de empleos
Bueno, no exactamente. Pero sí dijo después de que se publicaran las últimas cifras de empleo el 4 de mayo que deberíamos estar creando 500.000 puestos de trabajo al mes -algo que casi nunca sucede- y que el desempleo debería ser del 4%, lo cual está muy por debajo del cálculo que casi todo el mundo hace de la tasa más baja que podemos tener sin acelerar la inflación.
Pero él entiende de economía, ¿no? Por cierto, puesto que propone un retorno completo a la política económica de Bush, sería interesante señalar la tasa media de creación de empleo durante los primeros siete años del presidente George W. Bush en la Casa Blanca, es decir, su récord, aunque pasemos por alto la catástrofe al final.
Y esta tasa mensual media, según la Oficina de Estadísticas Laborales, era…  tachán, tachán… 66.000.
Traducción de News Clips.
© 2012 New York Times.

domingo, 20 de mayo de 2012

Paul Krugman: Esos europeos rebeldes

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Paul Krugman, The New York Times

Los franceses se están rebelando, y los griegos, también. Y ya era hora. Ambos países celebraron unas elecciones el domingo pasado que, en realidad, eran referendos sobre la actual estrategia económica europea, y en ambos países los votantes manifestaron su desaprobación. No está nada claro lo pronto que los votos provocarán cambios en la política actual, pero es evidente que a la estrategia de recuperación mediante la austeridad se le está acabando el tiempo, y eso es algo bueno.

Huelga decir que eso no es lo que han estado señalando los de siempre en el periodo previo a las elecciones. De hecho, tuvo su gracia el ver a los apóstoles de la ortodoxia tratando de describir al prudente y apacible François Hollande como una figura amenazadora. Es “bastante peligroso”, declaraba The Economist, que comentaba que “cree de verdad en la necesidad de crear una sociedad más justa”. ¡Quelle horreur!

Lo que es cierto es que la victoria de Hollande significa el final de Merkozy, el eje franco-alemán que ha impuesto el régimen de austeridad de los dos últimos años. Este sería un acontecimiento “peligroso” si esa estrategia estuviese funcionando, o si tuviese siquiera una posibilidad razonable de funcionar. Pero no está funcionando y tampoco tiene ninguna posibilidad de llegar a hacerlo. Es hora de seguir otro camino. Resulta que los votantes europeos son más sabios que las mejores y más brillantes figuras europeas.

¿Cuál es el error de recetar recortes en el gasto como solución a los males de Europa? Una de las respuestas es que el hada de la confianza no existe, es decir, las afirmaciones de que recortar el gasto gubernamental animará de alguna manera a los consumidores y a las empresas a gastar más han sido rebatidas abrumadoramente por la experiencia de los dos últimos años. Por eso, los recortes en el gasto en una economía deprimida no hacen más que agravar la depresión.

Es más, parece que todo el sufrimiento está reportando pocas mejoras, si es que reporta alguna. Pensemos en el caso de Irlanda, que ha sido un buen alumno en esta crisis y que está imponiendo una austeridad cada vez más dura para tratar de volver a congraciarse con los mercados de bonos. Según la ortodoxia predominante, esto debería funcionar. De hecho, la voluntad de creer es tan fuerte que los miembros de la élite política europea siguen proclamando que la austeridad irlandesa ha funcionado sin lugar a dudas y que la economía irlandesa ha empezado a recuperarse.

Pero no es así. Y aunque nunca lo adivinarían a juzgar por la mayor parte de la información que se ve en la prensa, los costes de endeudamiento irlandeses siguen siendo mucho más elevados que los de España o Italia, por no hablar de los de Alemania. Entonces, ¿cuáles son las alternativas?

Una de las respuestas —una respuesta que tiene más sentido de lo que casi todo el mundo en Europa está dispuesto a admitir— sería disolver el euro, la moneda común europea. Europa no estaría en este aprieto si Grecia todavía tuviese su dracma; España, su peseta; Irlanda, su libra, y así sucesivamente, porque Grecia y España tendrían lo que ahora les falta: una manera rápida de restablecer la competitividad en los costes y de impulsar las exportaciones, es decir, la devaluación.

Como contrapunto a la triste historia de Irlanda, piensen en el caso de Islandia, que quedó arrasada por la crisis financiera, pero que ha sido capaz de reaccionar mediante la devaluación de su moneda, la corona (y que también tuvo el valor de dejar que sus bancos quebraran y suspendieran los pagos de sus deudas). Como era de esperar, Islandia está experimentando la recuperación que se suponía que Irlanda tenía que haber experimentado, pero que no ha experimentado.

Sin embargo, la disolución del euro sería sumamente perjudicial, y también representaría una enorme derrota para el “proyecto europeo”, el esfuerzo a largo plazo para promover la paz y la democracia mediante una integración más estrecha. ¿Existe otra vía? Sí, existe, y los alemanes han demostrado que puede funcionar. Desgraciadamente, no entienden las lecciones de su propia experiencia.

Háblenles a los líderes de opinión alemanes de la crisis del euro, y verán que les gusta señalar que su propia economía estaba estancada en los primeros años de la última década, pero logró recuperarse. Lo que no les gusta reconocer es que esta recuperación estuvo impulsada por la aparición de un enorme superávit comercial alemán con respecto a otros países europeos —concretamente, con respecto a los países que ahora están en crisis— que estaban en auge, y que registraban una inflación superior a la normal, gracias a unos tipos de interés bajos. Los países europeos en crisis podrían ser capaces de emular el éxito de Alemania si se enfrentaran a un entorno comparablemente favorable, es decir, si esta vez fuese el resto de Europa, especialmente Alemania, el que estuviera experimentando una expansión inflacionaria.

Por eso la experiencia alemana no es, como creen los alemanes, un argumento a favor de la austeridad unilateral en el sur de Europa. Es un argumento a favor de unas políticas mucho más expansionistas en otros países, y concretamente a favor de que el Banco Central Europeo disminuya su obsesión por la inflación y se centre en el crecimiento.

Ni que decir tiene que a los alemanes no les gusta esta conclusión, y tampoco a los dirigentes del banco central. Se aferrarán a sus fantasías de prosperidad a través del sufrimiento, e insistirán en que continuar con su estrategia fallida es lo único responsable que se puede hacer. Pero parece que ya no tendrán el apoyo incondicional del Palacio del Elíseo. Y eso, créanlo o no, significa que tanto el euro como el proyecto europeo tienen ahora más posibilidades de sobrevivir de las que tenían hace unos días

sábado, 19 de mayo de 2012

Arroz cubano se quiere casar…

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Por Ariel Terrero
Desde las carreteras de la Isla se observan verdes arrozales en presencia mucho mayor a cinco años atrás
Desde las carreteras de la Isla se observan verdes arrozales en presencia mucho mayor a cinco años atrás Ángel Baldrich . El programa de sustitucion de importaciones ha colocado la produccion arrocera entre las prioridades, con un financiamiento de 450 millones de dólares hasta el 2016.
Un popular dúo Buena Fe dio en el blanco cuando definió al cerdo como mamífero nacional de Cuba, en una canción que interpretaron con Eliades Ochoa. Sin dudas, es el manjar más apetecido en cualquier festejo insular. Pero, en realidad, otro es el alimento hacia el que guardan más fidelidad los cubanos: el arroz. Mientras la carne de puerco puede ausentarse del menú –suele ocurrir por temporadas variables-, una gran parte de las familias siente que no ha almorzado o cenado, si no ve el cereal de marras en el plato de cada día. De poco sirve que la mesa esté bien surtida, si falta el arroz.
Sin embargo, durante décadas el país convivió con una de esas extrañas distorsiones de su economía: el grueso del arroz consumido lo ha importado. En la agricultura, ese grano había encontrado una expansión limitada, a pesar de constituir un puntal básico en la dieta cubana y ser un cultivo tropical.
Aunque los agricultores lo cosechan en Cuba desde hace unos 150 años, las estructuras y deformaciones de la economía favorecieron más la compra en el extranjero que la siembra en suelo propio. Esa tendencia se acentuó, contradictoriamente, con la crisis económica de los años 90. El castigo de sequías se sumó.
Ante una realidad que ha enseñado su cariz más peligroso por el encarecimiento de los alimentos en el mercado mundial, el gobierno hizo de la sustitución de importaciones una meta fundamental en las transformaciones económicas iniciadas hace unos cinco años y puso a los alimentos, y al arroz en particular, en el centro de esa política.
Con un pragmatismo que hacía mucha falta, el nuevo modelo económico considera más sabio y sano sembrar en surcos cubanos los dólares que el gobierno destinaba al pago de productores agrícolas de otros países.
Hasta el 2016 el gobierno prevé invertir unos 450 millones de dólares para desarrollar la producción arrocera, confirmó hace unos días Lázaro Díaz, director general del Grupo Agroindustrial de Granos, del Ministerio de la Agricultura (Minagri). De ese monto, este año ejecutarán 108 millones, para reforzar la maquinaria agrícola, la industria, los secaderos del grano en 152 municipios y financiar otros suministros para los agricultores.
Además de divisas para abonar y extender los arrozales a lo largo de la Isla, Cuba también han recurrido al asesoramiento de técnicos vietnamitas, japoneses y chinos.
El objetivo es llegar a cosechar 538.000 toneladas de arroz dentro de cuatro años, mediante un crecimiento escalonado en ese período.
De acuerdo con reportes parciales del Minagri, ya comenzaron las cosechas del 2012 en los mayores polos arroceros del país: Granma, Sancti Spíritus (Sur del Jíbaro) y Pinar del Río (Los Palacios). También en las provincias de Camagüey, Las Tunas, Ciego de Ávila y Cienfuegos.
El programa arrocero cubano combina la producción de empresas tradicionales y la labor de cientos de pequeños productores de cooperativas extendidos a lo largo del país. Estos últimos aportaron en 2011 alrededor del 72% de la producción nacional y este año se proponen alcanzar el 80%.
Los primeros signos positivos del programa de sustitución de importación de arroz los anticipó en diciembre pasado el ministro de Economía, Adel Yzquierdo, al informar el plan del 2012. El gobierno se propone importar este año 117.000 toneladas de arroz menos debido al incremento de la cosecha nacional.
El volumen más alto de ese cereal Cuba lo importó en el año 2005, algo más de 703.000 toneladas, después de ver declinar bruscamente la cosecha insular durante la violenta sequía 2004-2005. En solo dos años, la producción de arroz cáscara húmedo cayó en casi la mitad, a 367.600 toneladas en 2005, de acuerdo con el Anuario Estadístico de Cuba.
Otro detalle aportado por la Oficina Nacional de Estadística, revelador del alza acelerada de los precios internacionales, es que las 703.000 toneladas importadas en el 2005 le costaron al país unos 246 millones de dólares; hacia el 2010 la compra física disminuyó en más un 41%, a 414.000 de toneladas, pero mantuvo un valor casi similar: 219 millones de dólares.
Por la dispersión de los productores y debilidades de la organización, el programa enfrenta problemas con la contratación, el traslado tardío de la maquinaria para la cosecha y en la comercialización. Pero los productores perciben que la prioridad del programa no es solo de palabra. Los recursos y precios ofrecidos por el Estado les han estimulado a incorporar nuevos terrenos a este cultivo. Desde las carreteras de la Isla se observan verdes arrozales en presencia mucho mayor a cinco años atrás. Al arroz cubano le ha llegado la hora.
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