"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

jueves, 10 de noviembre de 2011

LA CRISIS en cuento.

Heidi y Pedro son los propietarios de un bar en Innsbruck, que han comprado con un préstamo bancario. Como es natural Heidi quiere aumentar las ventas y decide permitir que sus clientes, la mayoría de los cuales son alcohólicos en paro, beban hoy y paguen otro día. Va anotando en un cuaderno todo lo que consumen cada uno de sus clientes. Esta es una manera como otra cualquiera de concederles préstamos.
Nota: Pero en realidad, no le entra en caja ningún dinero físico.
Muy pronto, gracias al boca a boca, el bar de Heidi se empieza a llenar de más clientes.
Como sus clientes no tienen que pagar al instante, Heidi decide aumentar los beneficios subiendo el precio de la cerveza y del vino, que son las bebidas que sus clientes consumen en mayor cantidad. El margen de beneficios aumenta vertiginosamente.
Nota: Pero en realidad, es un margen de beneficios virtual, ficticio; la caja sigue estando vacía de ingresos contantes.
 Un empleado del banco más cercano, muy emprendedor, y que trabaja de director en la sección de servicio al cliente, se da cuenta de que las deudas de los clientes del bar son activos de alto valor, y decide aumentar la cantidad del préstamo a Heidi. El empleado del banco no ve ninguna razón para preocuparse, ya que el préstamo bancario tiene como base para su devolución las deudas de los clientes del bar.
Nota: ¿Vais pillando la dimensión del castillo de naipes?
En las oficinas del banco los directivos convierten estos activos bancarios en "bebida-bonos", "alco-bonos" y "vomita-bonos" bancarios. Estos bonos pasan a comercializarse y a cambiar de manos en el mercado financiero internacional. Nadie comprende en realidad qué significan los nombres tan raros de esos bonos; tampoco entienden qué garantía tienen estos bonos, ni siquiera si tienen alguna garantía o no. Pero como los precios siguen subiendo constantemente, el valor de los bonos sube también constantemente.
Nota: El castillo de naipes crece y crece y no para de crecer, pero todo es un camelo; no hay detrás solidez monetaria que lo sustente. Todo son "bonos", es decir, papelitos que "representan" tener valor siempre y cuando el castillo de naipes se sostenga.
Sin embargo, aunque los precios siguen subiendo, un día un asesor de riesgos financieros que trabaja en el mismo banco (asesor al que, por cierto, despiden pronto a causa de su pesimismo) decide que ha llegado el momento de demandar a Heidi el pago de su préstamo bancario; y Heidi, a su vez, exige a sus clientes el pago de las deudas contraídas con el bar.
Pero, claro está, los clientes no pueden pagar las deudas.
Nota: ¡¡¡Porque siguen sin tener ni un céntimo!!! Han podido beber cada día en el bar porque "se comprometían" a pagar sus deudas, pero el dinero físico no existe.
Heidi y Pedro no pueden devolver sus préstamos bancarios y entran en bancarrota.
Nota: Heidi y Pedro pierden el bar.
Los "bebida-bonos" y los "alco-bonos" sufren una caída de un 95% de su valor. Los "vomito-bonos" van ligeramente mejor, ya que sólo caen un 80%.
Las compañías que proveen al bar de Heidi, que le dieron largos plazos para los pagos y que también adquirieron bonos cuando su precio empezó a subir, se encuentran en una situación inédita. El proveedor de vinos entra en bancarrota, y el proveedor de cerveza tiene que vender el negocio a otra compañía de la competencia.
Nota: Porque los proveedores de vinos y cervezas también le fiaban a Heidi, creyendo que estaban seguros de que cobrarían con creces al cabo del tiempo. Como no han podido cobrar dado que el dinero no existe, la deuda de Heidi se los ha comido a ellos.
 El gobierno interviene para salvar al banco, tras conversaciones entre el presidente del gobierno y sus asesores deciden pagar el rescate del banco subiendo los impuestos elevados que pagarán los abstemios.
Nota: Que es lo que de verdad ha pasado. Con los impuestos de los ciudadanos inocentes, los gobiernos han tapado el agujero financiero creado por la estupidez de los bancos........ La avaricia rompe el saco.
¡Por fin! ¡Una explicación de todo este lío!

P.D
Ahí va lo que ese amigo español le agrego a eso….  Falta un personaje... el abuelo de Heidi, que le decía a la pobre niña y todos los del bar que no se preocupasen, que la crisis era un problema de unos países más allá de los Alpes, incluso más allá del oceano, como consecuencia de que había estado gobernado por un señor llamado Bush, y que allí ya no podían beber, pero que en Innsbruck nunca pasaría eso. Todo el mundo pensaba que el abuelo de Heidi había sido pastor, pero resultó que salió del armario diciendo que había tenido engañado a todo el mundo (hasta a la propia Heidi) y que en realidad no era pastor, sino Zapatero. A los abstemios que tendrán que pagar con impuestos todo esto no les había engañado nunca, pero los votos de los borrachos le hicieron manenerse en el poder porque la embriaguez en forma de "panem et circenses" suele funcionar. El mes de noviembre va a ser  un mes clave para la salida de europa de la crisis, no en vano puede ser el mes en el que se materialice el que dejen su cargo Pappandreu, Berlusconni y Zapatero.

HHC: Colaboraciòn de mi hermano Mario Fernàndez

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Triunfan los parásitos y marginan la democracia


Por Fintan O'Toole,
 
¿Has deseado alguna vez, en un instante de tedio, haber podido vivir uno de los grandes momentos de la historia europea? Bueno, ten cuidado con tus deseos. Estamos viviendo uno de esos momentos ahora, y no es muy divertido que digamos.

Los momentos históricos no son cambios repentinos. Son los puntos en los que termina por emerger algo que se ha estado generando hace tiempo, cuando algo turbio se cristaliza hasta ser claro. Sucedió la semana pasada, e Irlanda fue una parte significativa.

Lo que sucedió fue que dos de las grandes fuerzas que configuran Europa occidental, fuerzas que han estado trabajando en tándem durante 300 años, se separaron evidentemente. Una fuerza es el capitalismo; la otra es la democracia. A partir de la Ilustración, fue una verdad aceptada que la democracia y el capitalismo eran por lo menos compatibles. Las cosas que necesitábamos para que se desarrollara el capitalismo – la ruptura del poder aristocrático, el libre movimiento de la mano de obra, un mercado abierto de ideas, parlamentos que funcionan, sistemas legales independientes, Estados que puedan contar con el consenso popular y así apuntalen la estabilidad, tributación para financiar la educación masiva y la infraestructura – eran también condiciones para la democracia política. Puede que no hayan sido suficientes condiciones, pero eran necesarias.

Esto no quiere decir que no haya habido inmensas tensiones en la relación entre capitalismo y democracia, o que no haya habido períodos en los que los poseedores del capital prefirieron regímenes autoritarios o fascista. Tampoco niega que las desigualdades en gran escala inherentes en la mayor parte de las formas de capitalismo han tendido a limitar la práctica de la democracia, mediante el control privado de los medios, el financiamiento de partidos políticos y la capacidad de los muy acaudalados de amenazar e intimidar a gobiernos elegidos. Lo importante es simplemente que las dos fuerzas fueron generalmente compatibles. La baza del capitalismo contra el comunismo fue clara y simple: nosotros tenemos elecciones libres y vosotros no.

Lo que quedó en claro de modo tan dramático esta semana es que esta compatibilidad se acabó. La forma dirigente del capitalismo –el capitalismo financiero que se ha expandido de manera tan monstruosa durante los últimos 30 años– ya no es compatible con la democracia en Europa.

Y cuando digo democracia en este contexto quiero decir solo la forma limitada, básica: sufragio universal y gobiernos soberanos. Y ya es mucho decir.

Considerad las tres cosas que ocurrieron en Grecia e Irlanda la semana pasada. Primero, quedó explícito que la cosa más imprudente, irresponsable y en última instancia impermisible que un gobierno pueda hacer es buscar el consentimiento de su propio pueblo para decisiones que plasmarán su vida. Y, por cierto, incluso si hubiera tenido lugar, el referendo griego habría carecido en gran parte de sentido. Como dijo un parlamentario griego, la pregunta debería haber sido: ¿quiere suicidarse o que lo maten? Segundo, hubo una intervención abierta y desvergonzada por parte de dirigentes europeos (Angela Merkel y Nicolas Sarkozy) en los asuntos internos de otro Estado. Sarkozy saludó la posición “valerosa y responsable” del principal partido de oposición de Grecia – en los hechos fue un llamado a reemplazar al gobierno griego elegido.

La tercera parte de este momento de claridad fue lo que sucedió en Irlanda: el pago de mil millones de dólares a dueños de bonos no garantizados del Anglo Irish Bank. Aparte de esta evidente obscenidad, el aspecto más impactante fue que, por primera vez, hubo un gobierno que realizara una acción que declaró abiertamente que era errónea. Michael Noonan no estaba entregando esas vastas sumas de dinero de una nación en bancarrota a jugadores buitres capitalistas porque pensaba que era una buena idea. Lo había porque le habían puesto una pistola en su cabeza. La amenaza provino del Banco Central Europeo y fue tan burda como brutal: dad a los parásitos vuestro dinero público o derrumbaremos vuestro sistema bancario.

De nuevo, como en Grecia, incluso las formas más básicas de democracia fueron incompatibles con este proceso. No pudo haber un referendo griego porque no hay ninguna pregunta aceptable que pueda ser respondida por una votación democrática. Y no pudo haber un debate en el parlamento irlandés sobre la extorsión de mil millones de dólares porque no había nada que discutir. Los referendos y las votaciones parlamentarias son rituales de consenso público. Pero ahora el tema del consenso no es solo irrelevante. Es imprudente, indignante, categóricamente escandaloso.

Y no se trata solo de que un monstruo Merkozy avasalle a nosotros los pequeños PIGS. Porque en este momento histórico, incluso la canciller alemana es poco más que una cifra. También ha sido atrapada en la crisis democrática. ¿Recordáis cuándo en esta misma época del año pasado Angela Merkel comenzó a hacer ruidos sobre la participación de los dueños de bonos en el dolor de rescatar el sistema bancario? Tuvo que echar rápidamente marcha atrás y dejar en claro que no quería decir los dueños actuales de bonos – no lo quiera Dios. Incluso a la canciller alemana no se le permite que diga ciertas cosas.

Europa, y el resto del mundo occidental, se encuentran por lo tanto ante una encrucijada. Podemos tener la forma de rapaz capitalismo financiero que se ha convertido en la fuerza dominante en nuestras economías y sociedades.

O podemos tener democracia. Pero no podemos tener las dos cosas.
 

martes, 8 de noviembre de 2011

Apuntes sobre la vivienda en Cuba

Con la finalidad de edificar las viviendas en un menor plazo, se estudian e implementan nuevas variantes constructivas más modernas y económicas.Por Omar Perez Everleny
Con la finalidad de edificar las viviendas en un menor plazo, se estudian e implementan nuevas variantes constructivas más modernas y económicas.
Insuficientes inversiones y la falta de una estrategia de participación de la comunidad, agudizaron en 2008 la crisis habitacional.
Cuando el gobierno revolucionario tomó el poder en 1959, el sector de la vivienda estaba gravemente deteriorado, debido al enorme déficit habitacional, las notables diferencias entre el campo y la ciudad, la variabilidad de los materiales usados y la existencia de cordones de pobreza en las principales ciudades, sobre todo en La Habana.
Por esas razones, el gobierno intentó dar prioridad al mejoramiento de las condiciones de vida en el campo y la erradicación de los asentamientos informales en las ciudades; aunque el proceso de deterioro de la vivienda urbana continuó, lo que condujo al incremento del déficit habitacional.
Antes de 1959, las clases menos favorecidas no tenían una vivienda medianamente apropiada. Bajareques, barracones, cuarterías o barriadas llamadas “cuevas del humo”, “barrio de las yaguas”, eran símbolos de la situación social existente.

Algunos antecedentes

En 1802 había en la capital casas con un promedio de 50 personas por vivienda, lo que demostraba un elevado hacinamiento.
El censo realizado en 1899, durante la primera ocupación militar del país por parte de Estados Unidos, arrojó la cifra de 262.724 casas en todo el país para más de un millón y medio de habitantes, lo que significaba 5,3 personas por edificación. Y bajo la denominación de casas se incluían tanto las de una sola pieza o cuarto, como los bohíos en el campo y los barracones de guano y piso de tierra.
Ya en el censo de 1907, se registró un aumento de 500.000 personas, mientras que las moradas solo se incrementaron en 90.000, por lo que subió el promedio a 5,8 personas por vivienda.
En esa época comienza la influencia de Estados Unidos y, por ende, el estilo neocolonial californiano se aplica a palacetes y residencias, y las edificaciones van a ser representativas de la presencia de los monopolios estadounidenses en Cuba.
La Habana inicia su configuración, ambiciosa y fuera de escala respecto a la realidad nacional, con el deseo de competir con el vecino del norte. Un ejemplo evidente fue la construcción del lujoso Capitolio Nacional, imitación estilística del de Washington.
Durante la primera mitad del siglo XX, la arquitectura se fundamenta en la iniciativa de la burguesía cubana, que expresa su poder económico mediante la construcción de edificios públicos y grandes residencias privadas, con el objetivo de multiplicar el capital, ya que esos inmuebles fueron convertidos en espacios para alquilar.
En esa época, 74,5 por ciento de las viviendas de la capital cubana no pertenecía a quienes las habitaban, sino a quienes las ocupaban en calidad de arrendatarios.
A principios de siglo prácticamente no se conocía más que la vivienda monofamiliar. En los primeros 25 años de la pasada centuria empiezan a surgir las casas de dos pisos independientes para dos familias.
A partir de la década del treinta, debido al aumento de las ciudades, especialmente La Habana, y por el creciente desarrollo comercial e industrial, se comienza a registrar una creciente demanda de viviendas.
Paralelamente, al aumentar el costo de los terrenos y el de la construcción, la casa individual empezó a ceder en preferencia al edificio de apartamentos colectivos, cada vez mayor en conjunto y menor en espacio habitable. Aparecen entonces edificios como:
1. Edificio López Serrano, en el Vedado, erigido en 1932, con 10 pisos generales y ocho apartamentos por pisos.
2. Construcción de varios edificios de cuatro y seis pisos por toda la zona del Vedado, fundamentalmente en las calles Línea y Paseo, en la capital.
3. Surgen casas de apartamentos en el reparto Alturas de Miramar.
4. Un edificio muy emblemático fue el María, levantado en 1937 en la Avenida de los Presidentes.
5. A partir de 1940, son construidas innumerables residencias privadas en la playa de Varadero, así como mansiones de alto lujo en los repartos de Miramar, Playa, Habana y Río Almendares, entre otros.
Algunas fuentes señalan que el promedio anual de construcción de viviendas en el período 1946-1953 era de 26.827. Esa cifra aumentó de forma más acelerada entre 1953-1958. No obstante, el déficit habitacional siguió creciendo y la población con más bajos ingresos carecía de vivienda apropiada.
Fueron formuladas diversas políticas de vivienda que buscaban la reducción de los asentamientos informales en los alrededores de La Habana, así como la disminución del déficit habitacional, pero ninguna tuvo el éxito esperado.
Entre 1945 y 1958, período considerado el de mayor actividad constructiva antes de la llegada al poder de Fidel Castro, las viviendas construidas con niveles buenos o aceptables solo pudieron satisfacer un tercio de la demanda por crecimiento demográfico.
Durante todo el siglo XX hasta 1958, el Estado cubano construyó solo dos conjuntos urbanos de importancia en la capital: el de Pogolotti, en Marianao, en 1910, y el Barrio Obrero de Luyanó, a partir de 1945. También debe señalarse la agrupación de viviendas en el reparto Lutgardita, en Boyeros.
Debe analizarse además que el Estado, bajo el programa de Fondos hipotecarios conocidos como FHA, estimuló la construcción de casas individuales en los barrios de Fontanar y Altahabana.
Según la investigación censal realizada en Cuba en 1953, dirigida y coordinada por la Oficina del Censo de Estados Unidos, se reflejaba que solo 13 por ciento de las casas existentes podrían considerarse como buenas.
En Cuba se edificaba donde la rentabilidad fuera la más elevada, por eso 80 por ciento de las construcciones buenas fueron levantadas en La Habana, lo que llevó a un desequilibrio en el desarrollo urbano del país.
Estas desproporciones se repetían dentro de la misma ciudad, ya que por un lado, había un ostentoso litoral, exclusivas urbanizaciones de la burguesía, lujosos edificios de apartamentos y fastuosas residencias y, por otro, enormes zonas espontáneas, de barrios indigentes con condiciones infrahumanas.
En las zonas rurales las condiciones eran más adversas, con los llamados bohíos, la insalubridad e inseguridad.
En 1959, la demanda solo por reposición de viviendas ruinosas o malas era de 700.000 viviendas.
Desde el inicio del proceso revolucionario, se planteó el enorme déficit habitacional que tenía Cuba. Entre las primeras tareas que emprendió el nuevo gobierno estuvieron la erradicación de barrios insalubres; la ley de Reforma Urbana, que rebajó los alquileres hasta 50 por ciento, y se dispuso de considerables solares yermos para la construcción de viviendas.
Los principales barrios insalubres eliminados fueron el Manzana de Gómez, en Santiago de Cuba, donde se creó el reparto 26 de Julio. Del barrio Jesús María, en La Habana fueron trasladadas unas 242 familias a barrios residenciales de la ciudad.
Hasta 1962, el llamado Instituto Nacional de Ahorro y Viviendas (INAV) construyó, a un costo de 50 millones de pesos, 7.859 viviendas. Los conjuntos más representativos (ya que no fueron los únicos) construidos en estos años fueron:
1. La Habana del Este (1959-1961), con edificaciones de cuatro y 12 pisos.
2. Distrito Urbano José Martí, iniciado en 1964 en Santiago de Cuba.
3. Conjunto Alamar, en La Habana, a partir de 1971.
4. Edificios apartamentos en Altahabana.
5. Microdistrito Central, Plaza de la Revolución, con edificios altos, conocidos como de Pastorita, porque posteriormente en la zona se hicieron otros de más de 12 pisos.
6. Reparto Lenin en Holguín.
7. Reparto Caribe en Guantánamo.
8. Nuevo Manzanillo.
9. Los Olivos, en Sancti Spíritus.
10. San Rafael, en Matanzas.
11. Reparto Hermanos Cruz, en Pinar del Río.
En los primeros años después de la llegada al poder del gobierno de Fidel Castro, se construyó más de un centenar de nuevos pueblos con más de 12.000 viviendas rurales. Además, se ejecutó el llamado Plan Escambray, que condujo a la creación de nuevos pueblos.
A comienzos de 1971, el propio Castro señaló que “el asunto de la vivienda es el problema social más urgente que enfrentamos, es un problema que traemos desde antes de la revolución y que ha empeorado”.
Hasta 1971 se habían levantado más de 100.000 viviendas en el campo, lo que significó más de 70 veces las existentes antes de 1959. Y al llegar a 1980, esta cifra superaba las 295.000 moradas.
Ese nivel de construcciones fue posible por la creación del llamado movimiento de microbrigadas, surgido en 1971 en el reparto Alamar, y por el cuantioso plan inversionista realizado en la industria de materiales de la construcción.
En el ritmo de construcción de viviendas del país, debe destacarse siempre el papel desempeñado por la población desde 1980. En ese año fue construido, por esfuerzo propio, 24,1 por ciento del total de viviendas terminadas. En 1984 esa cifra se elevó a 34,59 por ciento.
Una de las características esenciales de las edificaciones realizadas por el Estado fueron los disímiles sistemas de construcción: los conocidos como Gran Panel, soviético; IMS, yugoslavo y Sandino, entre otros.
El ritmo de construcción se fue incrementando y en el quinquenio 1981-1985 se levantaron casi 200.000 viviendas. No obstante, seguía siendo insuficiente, dado el alto déficit acumulado.
Hay diversos cálculos sobre el déficit de viviendas en Cuba. Los más optimistas son los presentados por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) que estima un déficit de más de 700.000, es decir 90 viviendas por cada mil habitantes.
Por su parte, el economista cubano residente en Estados Unidos, Carmelo Mesa Lago, lo ubica en un millón de unidades o 110 por mil habitantes. La mayoría de los autores consultados y las fuentes del gobierno, afirman que el déficit cuantitativo existente previo a la revolución alcanzaba las 500.000 viviendas.
Hasta 1985, en la ciudad de La Habana se erigían menos viviendas per cápita que en todas las provincias del país, una situación inversa con respecto a la década del 50. En ese año se construyeron 1,7 viviendas por cada 1.000 habitantes en la capital. Mientras, las provincias de Matanzas, Sancti Spíritus y Las Tunas tenían niveles constructivos de 6,5; 6,5; y 8,9 viviendas por mil habitantes.
El desmantelamiento del sistema socialista en los países europeos, especialmente en la desaparecida Unión Soviética, impactó la vida nacional y los programas de desarrollo cubano, entre ellos, el de la vivienda.
El gobierno cubano ha mantenido una política de estricto control estatal sobre la construcción, distribución y reparación de las viviendas; aunque a mediados de la década del noventa autorizó a la población a construir sus moradas, e incluso estimuló la participación de capital privado extranjero para la edificación de viviendas u oficinas para personal foráneo.
Pese a las diferentes medidas y acciones tomadas por el Estado, el déficit habitacional ha seguido creciendo y el panorama actual muestra más necesidades de inversión pública. Es necesaria la adopción de nuevas estrategias en el corto plazo, ya que la combinación de lo heredado, más la situación económica adversa, ha empeorado el panorama.
Desde 1997 se produce un desplome en la cantidad de viviendas terminadas. Ese indicador comienza a recuperarse a partir de 2005. A su vez, hay un cambio de tendencia, pues el sector no estatal concluye más viviendas que el estatal.
Desde 2006, el país puso en marcha un programa especial para la construcción, conservación y rehabilitación del fondo habitacional. El fondo para las inversiones en esta área, entre 2006 y 2007, creció en más de 30 por ciento.
Como parte del programa, se determinó la construcción de 100.000 viviendas por año a partir de 2006. Tras un año de la puesta en marcha del plan, se superaron las cifras previstas. Ese resultado estuvo favorecido, fundamentalmente, por la existencia de un elevado fondo habitacional pendiente de pequeñas acciones para la terminación.
En 2007, a pesar de planificarse un plan de 70.000 viviendas, 30.000 menos que en el año precedente, no se logró la cifra deseada. Para 2008 se proyectó la terminación de 50.000 viviendas.
Así, los problemas históricos de la construcción de viviendas en Cuba volvieron a repetirse a partir de 2007 y en 2008 continuarán, si no se atienden los factores que los propician, entre ellos:
1. Baja productividad de la fuerza constructiva, que retrasa los cronogramas ejecutivos.
2. Déficit de fuerza calificada, tanto constructores como electricistas, albañiles y plomeros, entre otros.
3. Mala calidad en la actividad constructiva, incluidas las de urbanización.
4. Mala concepción del aseguramiento logístico del programa. Este aspecto incide directamente en las terminaciones planificadas por esfuerzo propio.
5. Nivel mínimo de mecanización.
6. Indefinición de tecnologías constructivas por aplicar.
7. Incremento del uso de materiales por unidad construida, lo cual encarece el costo de las viviendas.
8. Demoras, trabas y burocratización en los trámites legales necesarios, que entorpecen la gestión.
A principios de 2008, el plan de construcción de viviendas fue nuevamente modificado, previéndose la terminación de 50.000 unidades, cifra más cercana al promedio anual de la década del ochenta.
Sobre la disponibilidad de recursos para acometer las viviendas, debe señalarse que el ciento por ciento de la demanda de madera, cemento, acero, y áridos se satisface a partir de la producción nacional.
Con la finalidad de edificar las viviendas en un menor plazo, se estudian e implementan nuevas variantes constructivas, que resultan, a la vez, más modernas y económicas. En este sentido, se ha llevado a cabo exitosamente la construcción de las llamadas Petrocasas, una tecnología moderna a partir de paneles elaborados con el derivado del petróleo denominado policloruro de vinilo (PVC).
Este es un material que posee varias ventajas, entre ellas, es antiinflamable, no contiene gases tóxicos y cuenta con un aditivo de protección contra los rayos ultravioletas, además de ser confortables, frescas (la temperatura interna puede llegar a ser un grado inferior a la temperatura ambiente), de fácil mantenimiento, y se les atribuye una durabilidad de un siglo.
Empleando esta variante, se erigió, en solo 60 días, la comunidad Simón Bolívar (compuesta por 100 viviendas donadas por Venezuela), en áreas aledañas a la refinería de petróleo de Cienfuegos. La mitad se destinó al personal que labora en la planta, y la otra, a otros centros de trabajo.
Actualmente, se construye el segundo asentamiento de este tipo en Santiago de Cuba y se trabaja en la puesta en marcha de una fábrica de Petrocasas en Cienfuegos, que permitirá la edificación de 14.000 viviendas al año. En esta entidad, se fabricará la mayor parte de los componentes de las casas, desde los paneles hasta las tuberías y accesorios de las instalaciones sanitarias.
La edad de las edificaciones, la indisciplina social y la falta de mantenimientos han provocado cada vez derrumbes más frecuentes, fundamentalmente en la capital. Se ha prestado especial atención a la realización de acciones que permitan alargar la vida útil de las edificaciones con peligro de derrumbe inminente, detener el deterioro y recuperar, en lo posible, las edificaciones.
La tabla anterior recuerda que 76 por ciento del fondo habitacional del país –2,7 millones de viviendas– ha sido construido después de 1959.
En otras regiones, los daños más frecuentes son los provocados por ciclones. Los tres últimos huracanes ocasionaron pérdidas por más de 10.000 millones de dólares en el país, y de ellos una gran parte se debió al derrumbe de las viviendas totales o parciales. Según los estimados, más de 500.000 viviendas sufrieron algún tipo de daño.
Es bueno señalar que del fondo habitacional existente en el momento del Censo de Población y Vivienda de 2002, una parte significativa de las viviendas no tenía calidad por los materiales predominantes en el techo, de acuerdo con las condiciones que se necesitan para enfrentar fenómenos meteorológicos de gran envergadura.
Víctor Ramírez, presidente del Instituto Nacional de la Vivienda (INV), expresaba que si bien el Estado y el gobierno continuarán ofreciendo máxima prioridad a ese programa de construcción, conservación y rehabilitación, su ritmo de avance dependerá de las posibilidades materiales y financieras, influidas por adversos factores externos como el bloqueo.
También dependerá de la incidencia de los eventos climatológicos, pues no puede olvidarse que en los últimos años, la mayoría de los limitados recursos se ha destinado a reponer las casas dañadas total o parcialmente por huracanes e intensas lluvias.
En general, es difícil proponer una única política para el desarrollo del mercado habitacional manteniendo los principios básicos de equidad social. Sin embargo, la participación del Estado, la población y los mismos beneficiarios en el delineamiento de las políticas es un requisito básico para garantizar su éxito posterior.
En Cuba, el Estado tiene que reanalizar su papel de administrador/controlador y director de las políticas urbanas y dejar más espacio para la participación de la población. Sin embargo, este no puede tampoco retirarse de la formulación de políticas que beneficien a las poblaciones más necesitadas y en la regulación del desarrollo urbano, sin descuidar tampoco el cuidado del medio ambiente.
Asimismo, es necesario intensificar o crear mecanismos participativos en la elaboración y formulación de políticas, de forma que la comunidad se mantenga en constante relación con sus representantes y desempeñe un papel central en la toma de decisiones.
La actual crisis habitacional ha producido un impacto múltiple en la sociedad cubana y, aunque en las últimas cinco décadas el Estado cubano ha demostrado resultados en la construcción de viviendas, también se manifiesta cierta incapacidad para reducir el déficit habitacional, incrementar los niveles de inversión en el sector y desarrollar una estrategia de participación financiera de la comunidad.
Tabla 1: Estado de la vivienda en 1953
Estado Por ciento
Buenas13
Aceptable20
Regular21
Malo32
Ruinoso15
Fuente: Oficina del Censo de los Estados Unidos, 1953.
Tabla 2: Viviendas particulares: casas o apartamentos, según periodo de construcción
Antes de 1920:4,9 %
1920-1933:3,4 %
1934-1945:5,0 %
1946-1958:11,4 %
1959-1970:12,0 %
1971-1981:18,9 %
1982-1989:22,8 %
1990- adelante:21,6 %
Fuente: Censo de Población y Viviendas, 2002.
Tabla 3: Casas y apartamentos ocupados con residentes permanentes en el momento censal de 2002
(de acuerdo con los materiales predominantes en el techo)
Total3.198.859
De ellos:
Placa1.576.301
Teja523.178
Fibrocemento791.624
Madera y papel115.848
Guano169.963
Otros27.945
Fuente: Informe Nacional. Censo de Población y Viviendas. 2002. Tabla V.7. La Habana.
Bibliografía:
Lucía Dammert. Políticas de Vivienda en Cuba: Análisis y Perspectivas. Diciembre 1997, tomado de http//www.lousville.cdu.
Betsy Anaya. “Los programas priorizados en Cuba”. Mimeo, Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC), 2008.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Stiglitz: Democracia del 1%, por el 1%, para el 1%


Los estadounidenses han estado observando las protestas contra los regímenes opresivos que concentran la riqueza masiva en manos de unos pocos privilegiados (como ocurre en Libia y Egipto). Sin embargo, en nuestra propia democracia, el 1 por ciento de la gente toma la cuarta parte de los ingresos de la nación llevando a una desigualdad que hasta los más ricos lamentan.

Por Joseph Stiglitz Premio Nobel de Economìa
Es inútil pretender que lo que ha sucedido, no ha ocurrido en realidad. La parte superior del 1 por ciento de los estadounidenses toma la cuarta parte del ingreso de la nación cada año. En términos de riqueza en vez de ingreso, el 1 por ciento más rico controla el 40 por ciento de la riqueza. Su nivel de vida ha mejorado considerablemente. Veinticinco años atrás, las cifras correspondientes eran del 12 por ciento y 33 por ciento. Una respuesta podría ser la de celebrar el ingenio y la unidad que trajo buena suerte a estas personas, dado que sostienen que la marea creciente levanta todos los barcos. Pero esa respuesta sería un error. Mientras el 1 por ciento ha visto cómo sus ingresos aumentan un 18 por ciento en la última década, los del medio han visto disminuir sus ingresos. En los varones con altos grados de capacitación, la caída ha sido precipitada: 12 por ciento sólo en el último cuarto de siglo. Todo el crecimiento en las últimas décadas -y más- se ha ido a los de arriba. En cuanto a la igualdad de ingresos, América va a la zaga de cualquier país en la vieja y anquilosada Europa que el presidente George W. Bush usó para burlarse. Entre nuestros más cercanos homólogos están Rusia, con sus oligarcas, e Irán. Mientras que muchos de los antiguos centros de la desigualdad en América Latina, como Brasil, se han esforzado en los últimos años, con bastante éxito, para mejorar la situación de los pobres y reducir las brechas en el ingreso, Estados Unidos ha permitido que la desigualdad vaya en aumento.

Los economistas hace mucho tiempo tratan de justificar las enormes desigualdades que parecían tan preocupante en los mediados del siglo 19, desigualdades que no son sino una pálida sombra de lo que estamos viendo hoy en Estados Unidos. La justificación que se le ocurrió fue llamada "teoría de la productividad marginal". En pocas palabras, esta teoría señala que los mayores ingresos están asociados con una mayor productividad y una mayor contribución a la sociedad. Es una teoría que siempre ha sido apreciada por los ricos. La evidencia para su validez, sin embargo, sigue siendo débil. Los ejecutivos de las empresas que ayudaron a generar la recesión de los últimos tres años -cuya contribución a nuestra sociedad, y para sus propias empresas, ha sido masivamente negativa- pasó a recibir grandes bonificaciones. En algunos casos, las empresas sufrieron tal vergüenza de llamar a esas recompensas "bonos de desempeño", que se vieron obligadas a cambiar el nombre por "bonos de retención" (incluso si lo único que se conserva fue un mal desempeño). Aquellos que han contribuido con grandes innovaciones positivas para nuestra sociedad, desde los pioneros de la comprensión genética a los pioneros de la era de la información, han recibido una miseria en comparación con los responsables de las innovaciones financieras que llevaron a la economía global al borde de la ruina.

Algunas personas dan un vistazo a la desigualdad de ingresos y se encogen de hombros. ¿Y qué si las ganancias de esta persona y la persona que pierde? Lo que importa, dicen, no es cómo el pastel se divide, sino el tamaño de la torta. Este argumento es fundamentalmente erróneo. Una economía en la que la mayoría de los ciudadanos están pasándolo peor año tras año, una economía como la de Estados Unidos no tiene probabilidades de ir bien en el largo plazo. Y hay varias razones para esto.

En primer lugar, la creciente desigualdad es la otra cara de otra cosa: la oportunidades se reducen. Cada vez que disminuyen la igualdad de oportunidades, significa que no estamos usando algunos de nuestros activos más valiosos de nuestro pueblo, de la manera más productiva posible. En segundo lugar, muchas de las distorsiones que conducen a la desigualdad, tales como los relacionados con el poder de monopolio y el tratamiento fiscal preferencial por los intereses especiales, ayudan a debilitar la eficiencia de la economía. Esta nueva desigualdad va a crear nuevas distorsiones, lo que socava aún más la eficiencia. Para dar sólo un ejemplo, demasiados de nuestros jóvenes con más talento, al ver los beneficios astronómicos del sistema financiero, se han ido a las finanzas en lugar de en los campos que daría lugar a una economía más productiva y saludable.

En tercer lugar, y quizás lo más importante, una economía moderna requiere una "acción colectiva", que necesita el gobierno para invertir en infraestructura, educación y tecnología. Los Estados Unidos y el mundo se han beneficiado enormemente de la investigación patrocinada por el gobierno que llevó a la Internet, a los avances en la salud pública, y así sucesivamente. Pero Estados Unidos ha sufrido durante mucho tiempo una falta de inversión en infraestructura (ver el estado de nuestras carreteras y puentes, los ferrocarriles y aeropuertos), en la investigación básica, y en la educación en todos los niveles. Recortes adicionales en estas áreas quedan por delante.

Nada de esto debería ser una sorpresa, es simplemente lo que sucede cuando la distribución de la riqueza de una sociedad llega a ser desigual. Cuanto más dividida se convierte una sociedad en términos de riqueza, los más reacios son los ricos en gastar dinero en las necesidades comunes. Los ricos no necesitan confiar en el gobierno por los parques o la educación o la atención médica o personal de seguridad, dado que pueden comprar todas estas cosas por sí mismos. En el proceso, se vuelven más distantes de la gente común, perdiendo la empatía que alguna vez pudieron haber tenido. También se preocupan por el gobierno fuerte que podría usar sus poderes para ajustar el balance, tomar parte de su riqueza, e invertir para el bien común. El 1 por ciento puede presentar una queja sobre el tipo de gobierno que tenemos en Estados Unidos, pero en verdad les gusta y les favorece: demasiado paralizado para redistribuir, demasiado dividido como para no hacer otra cosa que bajar los impuestos.

Los economistas no está seguros de cómo explicar plenamente la creciente desigualdad en Estados Unidos. La dinámica normal de la oferta y la demanda sin duda han jugado un papel importante: las tecnologías que ahorran trabajo han reducido la demanda de muchos "buenos" de clase media, trabajos manuales. La globalización ha creado un mercado mundial, enfrentando a cara los trabajadores no calificados en Estados Unidos en contra de los trabajadores no cualificados en el extranjero barato. Los cambios sociales también han desempeñado un papel, por ejemplo, el declive de los sindicatos, que una vez representó un tercio de los trabajadores estadounidenses y ahora representan aproximadamente el 12 por ciento.

Pero una gran parte de la razón de por qué tenemos tanta desigualdad es que el 1 por ciento lo quiere así. El ejemplo más evidente consiste en la política tributaria. La reducción de las tasas de impuestos sobre las ganancias de capital, que es como los ricos reciben una gran parte de sus ingresos, ha hecho a los ricos más ricos. Los monopolios siempre han estado cerca de una fuente de poder económico, desde John D. Rockefeller a principios del siglo pasado a Bill Gates a finales de siglo. La aplicación laxa de las leyes anti-trust, especialmente durante las administraciones republicanas, ha sido una bendición para ese 1 por ciento. Gran parte de la desigualdad de hoy se debe a la manipulación del sistema financiero, posible gracias a los cambios en las reglas que han sido comprados y pagados por la industria financiera en sí misma, sin duda una de las mejores inversiones. El gobierno prestó dinero a las instituciones financieras al 0 por ciento de interés y siempre otorgó generosos rescates en condiciones favorables, cuando todo lo demás fallaba. Mientras los reguladores hacían la vista gorda a la falta de transparencia y los conflictos de intereses.

Cuando nos fijamos en el volumen de riqueza que controla el 1 por ciento en este país, es tentador ver nuestra creciente desigualdad como un logro esencialmente estadounidense, que empezó por detrás de la manada, pero ahora estamos llevando la delantera en la desigualdad mundial. Y parece que vamos a continuar por este camino en los próximos años, porque lo que lo hizo posible se refuerza a sí mismo. Engendra la riqueza de poder, que genera más riqueza. Durante el escándalo de ahorros y préstamos de la década de 1980, un escándalo cuyas dimensiones, según los estándares de hoy, parece casi pintoresco, el banquero Charles Keating fue preguntado por un comité del Congreso si los $1,5 millones que se había extendido entre algunos altos funcionarios electos en realidad podría comprar influencia. "Eso espero", respondió. La Corte Suprema de Justicia, en su reciente caso Citizens United, ha consagrado el derecho de las empresas a comprar el gobierno, mediante la eliminación de limitaciones en los gastos de campaña. Lo personal y lo político están hoy en día en una alineación perfecta. Prácticamente todos los senadores de Estados Unidos, y la mayoría de los representantes en la Cámara, son miembros del 1 por ciento más rico cuando llegan, se mantienen en el cargo cuidando el dinero del 1 por ciento más rico, y saben que si están al servicio del 1 por ciento más rico, serán recompensados ​​por el 1 por ciento cuando salen de la oficina. En general, la clave de la rama ejecutiva de políticas sobre el comercio y políticas económicas también viene del 1 por ciento más rico. No debe ser motivo de asombro que determinadas leyes generadas en el Congreso den abultadas ganancias a empresas como las farmacéuticas, cuando se trata de vender al país, el mayor comprador de drogas. O como una factura de impuestos no puede salir del Congreso, a menos que se pongan en marcha grandes recortes de impuestos para los más ricos. Dado el poder que tiene ese 1 por ciento más alto, es la forma en que se aseguran que el sistema funcione.

La desigualdad de Estados Unidos distorsiona nuestra sociedad en todos los sentidos imaginables. Está, por un lado, bien documentado el efecto del estilo de vida de las personas fuera del 1 por ciento que viven cada vez más allá de sus posibilidades. La economía del chorreo puede ser una quimera, pero el comportamiento de chorreo es muy real. La desigualdad masiva distorsiona nuestra política exterior. El 1 por ciento más rico no suele servir en las fuerzas armadas, la realidad es que en los ejércitos "de voluntarios" no pagan lo suficiente para atraer a los hijos e hijas, y el patriotismo no va más lejos. Además, la clase más adinerada no siente que una pizca de los impuestos de la nación vaya a la guerra: el dinero prestado pagará por todo eso... y con intereses. La política exterior, por definición, se refiere a la ponderación de los intereses nacionales y los recursos nacionales. Con el 1 por ciento a cargo, y que no pagan el precio, la noción de equilibrio y la moderación va por la ventana. No hay límite a las aventuras que pueden llevar a cabo, las empresas y los contratistas están sólo para ganar. Las reglas de la globalización económica están también diseñadas para beneficiar a los ricos: fomentan la competencia entre países para su propio negocio, hacen que bajen los impuestos a las corporaciones, debilitando la salud y la protección al medio ambiente, y socavando lo que solía ser visto como los derechos "fundamentales" del trabajo, que incluyen el derecho a la negociación colectiva. Imagine lo que el mundo podría ser si las reglas que se han diseñado para fomentar la competencia entre países fuera para los trabajadores. Los gobiernos competirían en la prestación de la seguridad económica, en bajos impuestos a los asalariados, en buena educación y en un medio ambiente limpio. Pero el 1 por ciento no necesita esas atenciones.

O, más exactamente, ellos piensan que no. De todos los costos que se imponen en nuestra sociedad para el 1 por ciento, quizás el más grande es el siguiente: la erosión de nuestro sentido de identidad, en el que el juego limpio, igualdad de oportunidades, y un sentido de comunidad son tan importantes. Estados Unidos siempre se ha enorgullecido de ser una sociedad justa, donde todos tengan las mismas posibilidades de salir adelante, pero las estadísticas indican lo contrario: las posibilidades de que un ciudadano pobre, o incluso un ciudadano de clase media, lo que hace a la parte superior en Estados Unidos son menor que en muchos países de Europa. Las cartas están en su contra. Es este sentido de un sistema injusto, sin oportunidad que ha dado lugar a las conflagraciones en el Medio Oriente: el aumento de precios de los alimentos y el desempleo juvenil creciente y persistente, simplemente sirvió como leña. Con el desempleo juvenil en América en torno al 20 por ciento (y en algunos lugares, y entre algunos grupos socio-demográficos, el doble), con uno de cada seis estadounidenses que desean un empleo a tiempo completo no pueden obtener una, con uno de siete estadounidenses en cupones de alimentos (y casi el mismo número que sufren "inseguridad alimentaria") les ha dado todo esto, existe una amplia evidencia de que algo ha bloqueado el famoso "chorreo hacia abajo" desde el 1 por ciento de todos los demás. Todo esto está teniendo el efecto previsible de la creación de la alienación, el número de votantes entre los que en sus 20 años en las últimas elecciones se situó en un 21 por ciento, comparable a la tasa de desempleo.

En las últimas semanas hemos visto a gente salir a las calles por millones para protestar por las condiciones políticas, económicas y sociales en las sociedades opresivas que habitan. Los gobiernos han sido derribados en Egipto y Túnez. Las protestas han surgido en Libia, Yemen y Bahrein. Las familias gobernantes en otras partes de la región miran con nerviosismo pese a su aire acondicionado si ¿seremos el próximo? Ellos tienen razón en preocuparse. Estas son sociedades en las que una fracción minúscula de la población -menos del 1 por ciento de los controles de la parte del león de la riqueza-, donde la riqueza es un determinante principal de energía, donde la corrupción arraigada de un tipo u otro es una forma de vida, y donde los ricos a menudo están activamente en el camino de las políticas que mejoren la vida de las personas en general.

Como podremos observar en el fervor popular en las calles, una pregunta que debemos hacernos a nosotros mismos es la siguiente: ¿Cuándo le tocará a Estados Unidos? De manera importante, nuestro país se ha convertido como uno de esos lugares distantes, con problemas.

Alexis de Tocqueville describió una vez lo que él vio como una parte principal del genio peculiar de la sociedad estadounidense, algo que él llamaba "el interés propio bien entendido." Las dos últimas palabras eran la clave. Todo el mundo tiene interés en un sentido estricto: Yo quiero lo que es bueno para mí ¡ahora mismo! Pero el interés propio "bien entendido" es diferente. Esto significa que la apreciación de prestar atención a todos los demás va en el propio interés, en otras palabras, es el bienestar común. Esto es una condición previa para el final de su propio bienestar. Tocqueville no lo sugiere porque haya un impulso noble e idealista en su punto de vista sobre esto; sino por todo lo contrario. Es una señal del pragmatismo estadounidense. Los estadounidenses astutos entendieron un hecho fundamental: mirar a los otros no sólo es bueno para el alma, sino también para los negocios.

El 1 por ciento tiene las mejores casas, la mejor educación, los mejores médicos, y los mejores estilos de vida, pero hay una cosa que el dinero no parece que haya comprado: la comprensión de que su destino está ligado a cómo los otros 99 por ciento viven. A lo largo de la historia, esto es algo que el 1 por ciento eventualmente puede aprender. Pero puede ser demasiado tarde.
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domingo, 6 de noviembre de 2011

CFK y lo mejor del G20: "Esto es un anarcocapitalismo financiero total donde nadie controla a nadie"

Por Marco Antonio Moreno


En una cumbre que estuvo marcada por la crisis de Italia y Grecia y donde los exabruptos no hicieron más que dar cuenta de las diferencias intestinas entre los países miembros, lo mejor estuvo en las palabras de la presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, quien señaló que para cambiar la situación actual del mundo “es necesario tocar intereses y volver al capitalismo en serio”. dado que a tres años del choque con el iceberg, aún no se detecta cuáles son las falencias del sistema.
La recientemente electa mandataria del país que protagonizó un masivo default el año 2001 bajo la presidencia de Fernando de la Rúa, expresó que “Lo que estamos viviendo actualmente no es capitalismo, sino que es un anarcocapitalismo financiero total donde nadie controla a nadie”. En el marco de un encuentro empresarial sobre seguridad alimentaria, Cristina Fernández (una de las cuatro damas de la cumbre junto a Dilma Rousseff de Brasil, Julia Gillard de Australia y Angela Merkel de Alemania), señaló que “si los que lideran el mundo no dan soluciones reales en materia económica, triunfará la especulación”.
Para la presidenta de Argentina, el mercado financiero es el principal causante de los problemas que hoy enfrenta el mundo y reducir la cuestión a los precios de los commodities “es una visión parcializada”. En su discurso, Cristina recordó que han pasado tres años desde el estallido de la crisis financiera en Estados Unidos y el tratamiento que se ha empleado para superar el trance no ha tenido ninguna efectividad.
“Han pasado más tres años y cuando a un enfermo no le dan la solución cada día se agrava más”, dijo Cristina, señalando que los miles de millones de dólares que se han destinado a apuntalar los problemas derivados del sector financiero, deben volcarse a la economía real, porque sin consumo, no hay posibilidad de crecimiento para la economía y no hay capitalismo. “Propongo que debemos volver al capitalismo en serio, a ese capitalismo que crea empleo”.

Una cumbre en medio de tensiones y fricciones

La cumbre de Cannes, que arrancó prácticamente un día antes debido a la crisis griega, no pudio eludir temas de permanentes fricciones entre Europa, Estados Unidos y los países emergentes, como el impuesto a las transacciones financieras, los paraísos fiscales y la regulación a los mercados de capitales. Sin embargo, la cruda realidad de los hechos actuales llevó a muchos a manifestarse a favor de la Tasa Tobin, como una forma de contener la excesiva volatilidad de los mercados financieros, así como a una persecución más implacable a los paraísos fiscales.
Esta vez, y en clara diferencia de otros años, las notas de tensión no emergieron de los manifestantes congregados en las afueras del Carlton, el Marriot o el Majestic, sino de las crudas realidades de cada país. El llamado a referendum en Grecia y el planteamiento de Yorgos Papandreu para una eventual salida del euro del país heleno, tensionó los ánimos desde el comienzo de la cumbre, aplacando los esfuerzos del anfitrión, Nicolás Sarkozy. Es la primera G20 en la cual las malas palabras estuvieron a la orden del día, provocadas por el nerviosismo de ver el derrumbe de la moneda única.
Al cierre, la intervención económica de Italia por parte del FMI y la UE, fue la otra nota que caldeó las animosidades. El ministro italiano de finanzas, Giulio Tremonti, encaró a Berlusconi y le dijo: “O te marchas ahora, o el lunes se hundirá el mercado”. Esto demuestra que la G20 distó mucho de apaciguar los ánimos con un programa, un calendario y una estrategia clara para superar la crisis.
Como siempre, la reunión terminó con un comunicado plagado de acuerdos vagos, en el cual todos demostraron sus intenciones de atacar la crisis y dar más peso al Fondo Monetario Internacional para potenciar su capacidad de intervención. Pero no pudo concretarse la forma en que se dará este impulso y cuales serán los mecanismos de apoyo a las economías más afectadas para superarla.
Las grandes economías (Estados Unidos, Japón, China, Alemania) se comprometieron a reactivar la demanda a través de obras públicas, investigación y consumo (adoptando las ideas de CFK) para evitar otra recesión.
Dos de estas economías, Estados Unidos y Japón, encabezan las listas de endeudamiento mundial, lo que demuestra claramente que el problema no es la deuda como majaderamente se ha intentado hacer creer, sino el desempleo. Se han convencido que el déficit aumenta más rápido en una economía en declive, que en una economía que lucha por recuperarse. El punto es que ya se chocó con el iceberg y el agua ha inundando gran parte del barco. ¿Alcanzarán a fabricarse los salvavidas que faltan?

sábado, 5 de noviembre de 2011

La globalización de las protestas

Por Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economìa

El movimiento de protesta que nació en enero en Túnez, para luego extenderse a Egipto y de allí a España, ya es global: la marea de protestas llegó a Wall Street y a diversas ciudades de Estados Unidos. La globalización y la tecnología moderna ahora permiten a los movimientos sociales trascender las fronteras tan velozmente como las ideas. Y la protesta social halló en todas partes terreno fértil: hay una sensación de que el “sistema” fracasó, sumada a la convicción de que, incluso en una democracia, el proceso electoral no resuelve las cosas, o por lo menos, no las resuelve si no hay de por medio una fuerte presión en las calles.En mayo visité el escenario de las protestas tunecinas; en julio, hablé con los indignados españoles; de allí partí para reunirme con los jóvenes revolucionarios egipcios en la plaza Tahrir de El Cairo; y hace unas pocas semanas, conversé en Nueva York con los manifestantes del movimiento Ocupar Wall Street. Hay una misma idea que se repite en todos los casos, y que el movimiento OWS expresa en una frase muy sencilla: “Somos el 99%”.

Este eslogan remite al título de un artículo que publiqué hace poco. El artículo se titula " Del 1 %, por el 1 % y para el 1 %"
, y en él describo el enorme aumento de la desigualdad en los Estados Unidos: el 1% de la población controla más del 40% de la riqueza y recibe más del 20% de los ingresos. Y los miembros de este selecto estrato no siempre reciben estas generosas gratificaciones porque hayan contribuido más a la sociedad (esta justificación de la desigualdad quedó totalmente vaciada de sentido a la vista de las bonificaciones y de los rescates); sino que a menudo las reciben porque, hablando mal y pronto, son exitosos (y en ocasiones corruptos) buscadores de rentas.

No voy a negar que dentro de ese 1% hay algunas personas que dieron mucho de sí. De hecho, los beneficios sociales de muchas innovaciones reales (por contraposición a los novedosos “productos” financieros que terminaron provocando un desastre en la economía mundial) suelen superar con creces lo que reciben por ellas sus creadores.

Pero, en todo el mundo, la influencia política y las prácticas anticompetitivas (que a menudo se sostienen gracias a la política) fueron un factor central del aumento de la desigualdad económica. Una tendencia reforzada por sistemas tributarios en los que un multimillonario como Warren Buffett paga menos impuestos que su secretaria (como porcentaje de sus respectivos ingresos) o donde los especuladores que contribuyeron a colapsar la economía global tributan a tasas menores que quienes ganan sus ingresos trabajando.

Se han publicado en estos últimos años diversas investigaciones que muestran lo importantes que son las ideas de justicia y lo arraigadas que están en las personas. Los manifestantes de España y de otros países tienen derecho a estar indignados: tenemos un sistema donde a los banqueros se los rescató, y a sus víctimas se las abandonó para que se las arreglen como puedan. Para peor, los banqueros están otra vez en sus escritorios, ganando bonificaciones que superan lo que la mayoría de los trabajadores esperan ganar en toda una vida, mientras que muchos jóvenes que estudiaron con esfuerzo y respetaron todas las reglas ahora están sin perspectivas de encontrar un empleo gratificante.

El aumento de la desigualdad es producto de una espiral viciosa: los ricos rentistas usan su riqueza para impulsar leyes que protegen y aumentan su riqueza (y su influencia). En la famosa sentencia del caso Citizens United, la Corte Suprema de los Estados Unidos dio a las corporaciones rienda suelta para influir con su dinero en el rumbo de la política. Pero mientras los ricos pueden usar sus fortunas para hacer oír sus opiniones, en la protesta callejera la policía no me dejó usar un megáfono para dirigirme a los manifestantes del OWS.

A nadie se le escapó este contraste: por un lado, una democracia hiperregulada, por el otro, la banca desregulada. Pero los manifestantes son ingeniosos: para que todos pudieran oírme, la multitud repetía lo que yo decía; y para no interrumpir con aplausos este “diálogo”, expresaban su acuerdo haciendo gestos elocuentes con las manos.

Tienen razón los manifestantes cuando dicen que algo está mal en nuestro “sistema”. En todas partes del mundo tenemos recursos subutilizados (personas que desean trabajar, máquinas ociosas, edificios vacíos) y enormes necesidades insatisfechas: combatir la pobreza, fomentar el desarrollo, readaptar la economía para enfrentar el calentamiento global (y esta lista es incompleta). En los Estados Unidos, en los últimos años se ejecutaron más de siete millones de hipotecas, y ahora tenemos hogares vacíos y personas sin hogar.

Una crítica que se les hace a los manifestantes es que no tienen un programa. Pero eso supone olvidar cuál es el sentido de los movimientos de protesta. Son ellos una expresión de frustración con el proceso electoral. Son una alarma.

Las protestas globalifóbicas de 1999 en Seattle, en lo que estaba previsto como la inauguración de una nueva ronda de conversaciones comerciales, llamaron la atención sobre las fallas de la globalización y de las instituciones y los acuerdos internacionales que la gobiernan. Cuando los medios de prensa examinaron los reclamos de los manifestantes, vieron que contenían mucho más que una pizca de verdad. Las negociaciones comerciales subsiguientes fueron diferentes (al menos en principio, se dio por sentado que serían una ronda de desarrollo y que buscarían compensar algunas de las deficiencias señaladas por los manifestantes) y el Fondo Monetario Internacional encaró después de eso algunas reformas significativas.

Es similar a lo que ocurrió en la década de 1960, cuando en Estados Unidos los manifestantes por los derechos civiles llamaron la atención sobre un racismo omnipresente e institucionalizado en la sociedad estadounidense. Aunque todavía no nos hemos librado de esa herencia, la elección del presidente Barack Obama muestra hasta qué punto esas protestas fueron capaces de cambiar a los Estados Unidos.

En un nivel básico, los manifestantes actuales piden muy poco: oportunidades para emplear sus habilidades, el derecho a un trabajo decente a cambio de un salario decente, una economía y una sociedad más justas. Sus esperanzas son evolucionarias, no revolucionarias. Pero en un nivel más amplio, están pidiendo mucho: una democracia donde lo que importe sean las personas en vez del dinero, y un mercado que cumpla con lo que se espera de él.

Ambos objetivos están vinculados: ya hemos visto cómo la desregulación de los mercados lleva a crisis económicas y políticas. Los mercados solo funcionan como es debido cuando lo hacen dentro de un marco adecuado de regulaciones públicas; y ese marco solamente puede construirse en una democracia que refleje los intereses de todos, no los intereses del 1%. El mejor gobierno que el dinero puede comprar ya no es suficiente.

viernes, 4 de noviembre de 2011

¿La historia favorece a China en la carrera de la innovación?

cecon
Por John Bussey

En una reciente cena de negocios, la conversación sobre el robo de propiedad intelectual en China se estaba poniendo interesante cuando un ejecutivo de una gran compañía tecnológica estadounidense dijo con confianza: "Ese no es un problema tan grave para nosotros porque planeamos innovar con nuevos productos más rápido de lo que los chinos pueden robar los antiguos".
Esa es una solución que no se escucha a menudo por parte de las empresas estadounidenses: Estados Unidos derrotará a los chinos haciendo lo que mejor sabe hacer, innovar, debido a que el capitalismo burocrático y gestionado por el estado de China no puede lograrlo con la misma efectividad.
El problema radica en que la historia no respalda a ese argumento, asegura Niall Ferguson, un historiador económico cuyo nuevo libro "Civilization: The West and the Rest," (Civilización: Occidente y el resto) fue publicado esta semana. Ferguson, quien dicta clase en la Escuela de Negocios de Harvard, dice que China y el resto de Asia han asimilado buena parte de lo que hizo exitoso a occidente y ahora lo están haciendo mejor.
"Dejé de creer que hay algún tipo de defecto cultural que hace que los chinos sean incapaces de innovar", afirma. "Ellos van a tener la materia prima de niños mejor educados que a fin de cuentas es lo que impulsa la innovación".
Andrew Liveris, el presidente ejecutivo de Dow Chemical, ha repetido esa advertencia por años, describiendo lo que él ve como un traslado en ingeniería y conocimientos de manufactura de Occidente a Asia. "La innovación ha seguido a la manufactura a China", le dijo a un grupo de la Escuela de Negocios Wharton recientemente.
"Con el tiempo, cuando las compañías decidan dónde construir instalaciones de investigación y desarrollo, tendrá más y más sentido el hacer cosas como soporte para productos, mejoras y diseño de siguiente generación en el mismo lugar en el que se fabrica el producto", dijo. "Esa es una de las razones por las que Dow tiene a 500 científicos chinos trabajando en China, ganando muy buen dinero y quienes ya están generando más patentes por científico que en cualquiera de nuestras otras instalaciones.
Para una mirada estadística de esta tendencia, sólo falta ver el índice de competitividad anual del Foro Económico Mundial, el cual ubica a los países según una gama de criterios económicos. Por tercer año consecutivo, EE.UU. ha cedido terreno y China ha subido. Claro, EE.UU. aún es quinto en el mundo y China está en el puesto 26, pero la brecha se va cerrando lentamente.
Liveris cree que los negocios estadounidenses están llegando a un punto de quiebra para la innovación y la manufactura. Pero Ferguson cree que ese punto ya pasó.
En su libro más reciente, él menciona seis características o instituciones que condujeron al dominio político y económico de Occidente durante los últimos 500 años: la competencia entre los diversos estados nación de occidente, los derechos de propiedad y el imperio de la ley, la sociedad de consumo, la ética de trabajo, la revolución científica y los avances médicos. También ayudó que sus rivales en Asia, por diversas razones, eran débiles.
A lo largo de las últimas décadas, escribe, esos rivales han adaptado las seis características (excepto el imperio de la ley en China "su talón de Aquiles"). Están alcanzando a Occidente y ahora se encuentran por delante en algunas habilidades, como la matemática. Estados Unidos, mientras tanto, se ha llenado de burocracia, demandas y regulación excesiva, argumenta y ya no es el mejor lugar del planeta para hacer negocios.
"China ha incrementado los gastos de investigación y desarrollo por un factor de seis en la última década, ha más que doblado su número de científicos y ahora es segundo después de EE.UU. en su producción anual de estudios científicos", escribe.
Una serie de académicos y hombres de negocios ofrecerían argumentos en contra de las aseveraciones de Ferguson y Liveris. James Bessen ha escrito en Harvard Business Review que la producción de patentes es una medida complicada de innovación debido a que China, alentada por los incentivos del gobierno, presenta muchas patentes marginales.
Adam Segal del Council on Foreign Relations asegura que la naturaleza colaborativa de los negocios y la cultura científica estadounidense aún sigue siendo una gran ventaja para la innovación en ese país, aunque reconoce que los centros de IyD en China están ayudando a transferir estas habilidades. Él ha escrito un libro llamado "Advantage: How American Innovation Can Overcome the Asian Challenge." (Algo como "Ventaja: Cómo la innovación estadounidense puede superar el reto asiático).
El ejecutivo tecnológico que mencioné al principio también tiene su argumento en contra del ascenso chino "La profunda intervención del estado en la economía china no tiende a producir compañías innovadoras", dice.
Por su parte, Ferguson no tiene una prescripción fácil para lo que el ve como el declive estadounidense. El país, dice, debería mejorar su educación, reducir la regulación balancear su presupuesto y mejorar su liderazgo político.
Cuando se le preguntó qué haría si estuviera al mando de una empresa estadounidense dijo "Me mudaría a Hong Kong".

miércoles, 2 de noviembre de 2011

La Soluciòn energetica para Cuba.

Para acelerar desarrollo de energías renovables

Construyen en China planta de energía solar.China inició este miércoles la construcción de una planta de energía solar en la noroccidental Región Autónoma Hui de Ningxia como parte de sus esfuerzos por acelerar el desarrollo de las energías renovables.

En la obra de la nueva granja solar, que generará 92,5 megavatios, el Grupo Hanas New Energy, con sede en Yinchuan, prevé invertir unos 354 millones de dólares.
La construcción de la planta, ubicada en el distrito de Yanchi, se espera finalice en octubre de 2013. Una vez en operación este será el primer proyecto en Asia que emplee el sistema de Integración Solar en Ciclos Combinados (ISCC, por sus siglas en inglés).
Se trata de una tecnología híbrida, que combina todos los beneficios de la energía solar (ES) con los de un ciclo combinado (instalación convencional formada por una turbina de gas, otra de vapor y un recuperador de calor).
La ISCC utiliza la ES como auxiliar, lo cual permitirá incrementar el rendimiento y disminuir las emisiones.
Según expresó Ma Fuqiang, presidente de la citada empresa, la planta será un modelo para la operación comercial de ese tipo de tecnología.
De acuerdo con el XII Plan Quinquenal de Desarrollo Económico y Social (2011-2015), China tendría una capacidad instalada de ES de 10 gigavatios al término de este período.
Cinco millones de kilovatios de capacidad de ES se prevén para el 2015 con proyectos en regiones remotas como Ningxia, Xinjiang, Mongolia Interior y Tíbet.
China es el mayor suministrador de paneles solares del mundo y fabrica el 50 por ciento del total global.
Fuente/Prensa Latina
La construcción de la planta, ubicada en el distrito de Yanchi, se espera finalice en octubre de 2013

El esquivo cuerno de la abundancia

Por Patricia Grogg

Una tonelada de alimentos básicos, como arroz, soja y fríjoles, aumentó su costo de 2010 a 2011 en 47 por ciento
Se calcula que entre 60 y 80 por ciento de los ingresos de una familia promedio en Cuba se gastan en alimentos.
Los cubanos continúan esperando que las modificaciones aplicadas al sector agropecuario se traduzcan en alimentos más baratos, mientras el gobierno ajusta su presupuesto para una factura que por ese concepto podría superar este año los 1.600 millones de dólares previstos.
En entrevista con IPS, Blanca Rosa Pampín, experta en temas agrícolas y consultora de negocios de la Asociación Nacional de Economistas de Cuba (ANEC), reclamó en primer lugar no olvidar que este país no puede escapar al impacto del alza de los precios en el mercado internacional, tanto de los alimentos como de los insumos necesarios para producirlos.
Según sus datos, una tonelada de alimentos básicos, como arroz, soja y fríjoles, aumentó su costo de 2010 a 2011 en 47 por ciento, mientras que el precio de las semillas creció 67 por ciento, el de los fertilizantes 90 por ciento y el de los plaguicidas 50 por ciento en el mismo lapso.
"Por tanto, producir alimentos cuesta ahora mucho más caro que años atrás", recalcó.
Pampín precisó también que la situación se complica aun más por el "bloqueo impuesto por Estados Unidos, que incrementa el gasto en fletes por nuestras compras en mercados lejanos o por el uso de formas de pago más costosas como las letras de cambio". Las prohibiciones de Washington al comercio con esta isla son una variable que impacta sobre toda la economía, afirmó.
A pesar de tales consideraciones, muchas personas en Cuba sienten impaciencia porque "los cambios estructurales y de conceptos" prometidos, y en buena medida aplicados por el presidente Raúl Castro para aumentar las producciones agropecuarias, aún no se traducen en mejores precios al consumidor.
Se calcula que entre 60 y 80 por ciento de los ingresos de una familia promedio en Cuba se gastan en alimentos.
"Yo creo que los mercados agrícolas están bien abastecidos, lo que nos falta ahora es más dinero para comprarlos", comentó a IPS Mercedes López, una profesora de escuela primaria, casada y con dos hijos aún estudiantes.
Al respecto, Pampín consideró que los precios bajarán cuando la producción aumente hasta desbordar los puestos de venta, tanto en carnes como en vegetales, viandas (tubérculos) y frutas. Este comercio minorista en moneda nacional es paralelo a la red de establecimientos en divisas, a los que tiene acceso de una u otra forma alrededor de 60 por ciento de la población de la isla.
El mercado normado o por cartilla de racionamiento asegura a las familias cubanas una canasta básica a muy bajo costo, pero que desde hace años no satisface las necesidades alimenticias.
"Aun así, por esa libreta que tanto criticamos y que al menos garantiza una parte de lo que nos hace falta, pagamos solo 12 por ciento, el resto lo subsidia el Estado", aseguró la especialista.
La economista concordó con quienes consideran lento el ritmo de los cambios en el sector agropecuario, que incluyen la entrega de tierras ociosas en usufructo mediante el decreto 259 de 2008.
Un informe divulgado el sábado 29 de octubre situó en más de 1,2 millones el total de hectáreas cedidas hasta el momento en arrendamiento a personas individuales o cooperativas según esa legislación.
El director general del gubernamental Centro Nacional de Control de la Tierra, Pedro Olivera, indicó al diario oficial Granma que 79,2 por ciento de esas tierras entregadas ya están en explotación y se encuentran "fundamentalmente" a cargo de casi 147.000 usufructuarios individuales, un tercio de los cuales son jóvenes de entre 18 y 35 años de edad.
A juicio de expertos, esa incorporación juvenil, además de las mujeres que ya suman más de 13.000 según Olivera, implica el reto adicional de facilitar capacitación y mayores posibilidades de acceso al crédito, entre otras herramientas de apoyo, pues se puede prever que la mayoría son personas que comienzan de "cero" en la actividad agrícola.
La economista Pampín admitió que el proceso de entrega de tierras fue en sus orígenes "burocrático y con mucho papeleo" causante de demoras innecesarias. "También había falta de insumos para cultivar la tierra, luego los hubo en tiendas especialmente creadas para su venta, pero a precios muy altos, que últimamente se decidió rebajar", añadió.
Ante una consulta de IPS, Rubén Torres, un campesino de la central ciudad de Santa Clara, confirmó que el surtido de esas tiendas resulta insuficiente y poco variado. Entre los implementos deficitarios mencionó el equipamiento para riego, fertilizantes y fungicidas. "El problema es que la agricultura no espera a mañana", afirmó.
El decreto 259 está sujeto a estudio para eventuales modificaciones. Entre los temas de análisis figura extender el tiempo de usufructo, que por ahora es de 10 años prorrogables. También se analiza el problema de la vivienda en los predios arrendados, factor decisivo para asegurar la permanencia de los nuevos arrendatarios en el campo.
Economistas y expertos barajan además distintas opciones para la comercialización, que por ahora se realiza a través de las empresas estatales de acopio. "Creo que podrían crearse para esas tareas cooperativas similares a las que existen en producción y servicios", dijo Pampín.
Si bien se considera la más importante, el arrendamiento de tierras ociosas a quien quiera trabajarlas no es la única medida adoptada en los últimos tres años para revitalizar el sector agrícola con producciones suficientes para asegurar la alimentación de la población de 11,2 millones de personas y sustituir importaciones.
Castro también se ocupó de que a los campesinos se les pagasen adeudos atrasados, se elevaran los precios de la leche y se pusieran en práctica nuevas formas de distribución. A la vez, se decidió descentralizar la toma de decisiones, dando mayores potestades a los delegados municipales de agricultura.
No obstante, el propio mandatario cubano, para quien la producción de alimentos es un asunto de seguridad nacional, reconoció en agosto ante el parlamento que "persisten incumplimientos" en la agricultura (entre otros sectores) "a causa de errores en la planificación y falta de integralidad en la dirección".
El primer semestre de este año finalizó con un crecimiento de siete por ciento en la agricultura y de cuatro por ciento en la ganadería, comparados con igual período del año anterior. No obstante, hubo descensos en la producción de renglones fundamentales como leche y carne vacuna. También quedaron por debajo de las necesidades la carne de ave y otros productos de alta demanda.
En un artículo sobre el tema al que IPS tuvo acceso, el economista Armando Nova prevé que al finalizar el año el crecimiento del sector agropecuario puede situarse entre dos y cinco por ciento, mientras que las importaciones de alimentos, ante el alza de los precios internacionales y la insuficiente producción doméstica, oscilarían entre 1.700 y 1.750 millones de dólares.
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