"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

lunes, 2 de julio de 2012

Vivimos el colapso del capitalismo, no una crisis económica

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Sin embargo, las decisiones que se han tomado sólo persiguen apuntalar sus ruinas


Crisis del sistema. Fuente: cherada.comEl rechazo a enfrentar el colapso del capitalismo desde un punto de vista científico conlleva la búsqueda de soluciones que no encaran el fondo del problema. El poder no renuncia a la globalización, hija de la modernidad finalizada y cuyo modelo se ha incinerado a lo largo del siglo XX. El intento de demorar los efectos catastróficos de este proceso a través de un discurso único, que sólo pretende la continuidad en el poder, nos lleva a la implantación de un totalismo como sistema de gobierno.

Por Oscar Scopa (*).

Durante estos últimos 35 años fatídicos, la frase preferida de censura de políticos, sociólogos, economistas, ha sido "traiga soluciones, no problemas". Lo que se desprende de esta censura de festejantes suicidas es el desprecio por cualquier tipo de planteamiento científico (ya sea éste moderno o precartesiano).

Sin embargo, si no hubiera habido seres humanos que plantearan problemas, no habría habido soluciones y tampoco habría habido ciencia. Tanto la una como las otras se logran soportando que el problema no coincida en el tiempo y el espacio con la solución. Es un algo que pide el objeto.

Como consecuencia, y sabiendo que la solución puede no hallarse jamás y de allí desprenderse una condena académica o sistémica, las "soluciones" que se han dado en realidad no son más que coincidencias forzadas, con el fin de aprobar anquilosadamente la proyección del poder en movimiento continuo.

La solución es recrear el territorio. "Pero eso está prohibido". Sólo en el territorio se pueden crear superficies que, en el mismo problema que plantean, manifiestan la solución. El problema –y, por lo tanto, la solución al colapso– es, pues, superficial. Ése es el riesgo al que nos enfrentamos, el verdadero riesgo: plantear problemas al poder desde la ciencia (episteme). Lo demás es la «actitud» que pide el poder en cir-culación continua para ser plenamente aceptado en sus filas. Primera condición: no renunciar a la globalización; es lo que exige el total (1).

El triunfo de la tesis de la sociedad de consumo

La estructura que la modernidad otorgó al vínculo entre mercancía, población, moneda y trabajo solemos llamarla capitalismo (de Estado, de mercado, mixto).

Como los otros elementos que compusieron el paradigma moderno (pedagogía, grandes ciudades, ideología, libertad, crítica, democracias ilustradas, burguesía, moda, cul-tura, estética…), el capitalismo padece la desintegración que el paradigma avisó como fatiga y agravio al final de la Segunda Guerra Mundial: la bomba atómica (devastación de Newton, los campos de concentración nacionalsocialistas o desmantelamiento de Descartes).

En ese momento, triunfa la tesis económica de la sociedad adquisitiva o de consumo, lanzada en los años veinte del siglo pasado, suficientemente criticada por autores de diferentes procedencias científicas y sin respuesta válida alguna del sistema. Sólo retórica lexicocrática.

Desde el final de esa guerra, la modernidad finalizada ha asistido a los diferentes colapsos que acabaron o redujeron a cenizas los distintos rostros del modelo moderno: la Razón. Sobre esos colapsos también se ha escrito suficientemente a lo largo de estos últimos 60 años, por ser restrictivos, sin encontrar el eco suficiente, si es que se produjo el mismo, en los vínculos sociales que se desencadenaron a lo largo de los últimos 35 años.

El capitalismo padece una doble vertiente de colapso. En un lugar (ubi), el co-lapso de lo económico, en su relación con la economía. En otro lugar (situ), el colapso entre la economía y las ciencias a las que hicieron auxiliares matrimoniales. Esa doblez no logra ser entendida como pliegue catastrófico.

Como la teología hizo arcilla de las demás ciencias, con el fin de eternizarse acríticamente como sistema modélico de la planetarización de sus discordias acumuladoras, el capitalismo aún no se ha enfrentado con un Concilio de Trento impuesto por un decidido Carlos V.
Apuntalar no es la solución. Fuente: photaki.es
Apuntalar no es la solución. Fuente: photaki.es
No es una crisis más

¿Por qué no es una crisis lo que estamos padeciendo? En primer lugar, porque, como ya dijimos, si es una crisis, podemos esperar lo peor: el traslado del colapso a costa de los pueblos y las generaciones que encontrarán nuestra sucesión.

Sobre todo, no es una crisis porque ésta implica toma de decisiones para confirmar una continuidad a la que se le otorga una capacidad de pervivencia. La negación del inminente derrumbe, a pesar del apuntalamiento, no es la solución.

"No sabemos lo que puede pasar después de esta crisis a nivel social", comenta un economista serio. No saben, justamente, porque no hay crisis. En una crisis se toman decisiones distinguidas (de grado) para elegir el destino en referencia a lo que produjo tal o cual crisis de un determinado paradigma.

Alguien podría decir, con criterio, que estamos frente a otra de las crisis estructurales que presenta el capitalismo, desde hace dos siglos. Es cierto. Hay retracción del consumo, de la expansión, de las fuerzas productivas y de los medios de producción. Hay congelación de la masa monetaria y se habla de nuevo modelo económico.

El modelo de competencia está puesto en duda, así como el lugar que ocupa la empresa. Aparece un nuevo desequilibrio ente los países llamados centrales y los que se consideran periferia, y se ha vuelto evidente el deterioro en el comercio. Estas apariciones de la reiteración de la crisis estructural del capitalismo pueden hacernos creer que es una más. Y a esperar.

Sin embargo, desde el propio discurso de los apologetas del capitalismo, aparece un hecho novedoso: la desafectación de los objetos en su relación con la industria. Es como si el capitalismo se hubiese quedado sin motor o, por el contrario, hubiese sido devorado por la misma inercia de su movimiento totalista al tensar las elasticidades canónicas. Esto no significa "el fin de todo". El encubrimiento puede cumplir el efecto de traslado del problema de lo económico en su relación con la economía.

La vía de la crisis, forma de saturación paradigmática totalista

Estoy convencido, y así lo demuestran las inundantes medidas tomadas por los Estados, que se ha elegido la vía de la crisis como forma de saturación paradigmática, totalista, como forma de dar cuenta de que los responsables de la política económica no pueden pensar, pausar, cautivados por el cálculo que denigra el número y, lo que es peor aún, la noción fundante de la tecnología moneda.

Para que haya crisis es necesario que haya críticos distinguidos que tomen decisiones. La distinción, contraria a la vigilancia y el control, se caracteriza por la concesión a las personas distinguidas, fuera de mercado, que llevan la Cosa como único destino y allí se dirigen sin condicionantes a resolver un impasse. Lo que resuelvan los distinguidos será lo que haga que el criterio (crisis-crítica) prevalezca o caiga en los gritos dados a remeros esclavos reclutados en el supermercado.

También estoy convencido de que sacarán la economía hacia delante, tan hacia delante que ni podrán reconocerla como economía sino ya sólo como política de inversores ahogando o echando pequeños salvavidas a las democracias. Hasta que ya no les sirvan. Los plazos de ese salto cualitativo de la violencia del capital no pueden aún ser reconocidos por la generalidad de los humanos.

Los avatares que se introduzcan luego de la inundación (masiva) de capital y contabilidad para "reasegurar a los más poderosos" retocarán y trastocarán ese "crecimiento" que buscan y proclaman los distintos miembros de la feneciente trinidad moderna.

Al colapso interno de la economía con sus referentes auxiliares se añaden, en nuestra época de gestores, el problema energético y el medioambiental (2). Desconozco el sabor de ese cóctel y sus consecuencias sobre los humanos.

Otro discurso lleva a la comprensión del final de era

¿Por qué han decidido la crisis y no el colapso? En primer lugar, por un problema lexicográfico. Los escolásticos, posteriores a Tomás de Aquino –padre no querido de las deformaciones, simplificaciones y sofisticaciones universitarias que los alumnos imprimen al pensamiento de quien asignan como maestro–, fueron presa de los juegos lexicográficos durante varios siglos.

Quien más y mejor léxico dominara (produjera dominio, no discurso) era quien ejercía de jefe universitario. Secuela en lugar de escuela. Esta situación fue arrastrada tanto por la peste que arrasó la Edad Media y su modo de vida como por el Concilio de Trento, mientras los protestantes buscaron y lograron definir el colapso, asumiendo un nuevo rumbo dis-cursivo institucional, que echaba por tierra la globalización católica, y, sobre todo, económico: el capitalismo.

Aún hoy la Iglesia católica paga y hace pagar el no haber aceptado a tiempo el colapso lexicográfico de la lengua latina apropiada por sus teólogos y llevarlo adelante bajo la faceta religiosa de la crisis (de fe; de confianza, se diría hoy).

Siempre me cuestiono cuando en una disciplina, o en una obra de tendencia lexicográfica, sus juegos me producen un rechazo estético (por cierto, un rasgo moderno). O bien estoy frente a mis propios prejuicios, o bien allí hay algo repugnante, quizá pornosgraphós.

La lexicocracia de los economistas, sobre todo en los últimos años de la Guerra Fría y su "victoria", me produce esa repugnancia, tanto en mis prejuicios como en mis criterios estéticos. Es inaceptable el pornosgraphó del que hacen gala (3).

No sólo la economía padece la lexicocracia. Otras ciencias y disciplinas también han caído en las trampas del colapso de la división del trabajo productora de fatiga: colapso lexicográfico/voracidad divulgativa. Una voracidad que engulle emitiendo, en este caso y desde hace 30 años, imagen en pantalla; imagen de eternidad del modelo, de la vida urbana apetecible por lo imparable (circulación totalista), de las técnicas aplicadas a la industria como salvación escatológica.

Una de las razones por las cuales deniegan, salvo en los momentos iniciales del crash de 2008, cuando se atrevieron a hablar de colapso, es justamente que la crisis sostiene la creencia en la eternidad del modelo económico y sus efectos en los modos de vida publicitados, como producto de consumo, como sistema político o como modo reproductivo de la cohabitación urbana. Ese reino ilusorio fue sostenido como imaginario de eternidad del modelo imantándole lexicografía unidireccional, en este caso la dirección obligatoria de aceptar este momento de callejón sin salida de los humanos como una crisis (4).

Cuando las instituciones encuentran en la lexicocracia el sostén de su funcionamiento y normalidad, difícilmente pueden ejercer una pausa que les permita romper ese círculo vicioso para poner las cosas en su sitio (lo económico) y comenzar desde allí a cuestionar la cosa misma y el sitio desde donde ésta se observa (5).

En nuestro tema: ¿qué es el trabajo, la moneda, la mercancía? ¿Qué es el agrós y la ciudad? ¿Por qué hay comercio? ¿Qué formas de intercambio pertenecen al orden de lo humano? De estas preguntas se desprenden las tecnologías fundamentales (desde el neolítico), las que no deben ser obturadas por las sofisticaciones de cualquier totalismo lexicocrático (6).

De hecho, el totalismo no se desarrolla por un afán taxonómico sino por la lucha unidireccional para acumular la sumatoria absoluta de los fragmentos de las superficies deterioradas a fortiori.

La pausa, detener la acción del mal, es imprescindible. En efecto, para que aparezca la pausa debe avisar un compromiso ético. La pausa es un acto, no un suceso pasivo. Aún más, al ser un acto no puede ser cualquiera sino un acto de separación.

Si no hay pausa, aparecen las diversas formaciones del pegoteo endogámico y la institución, cualquiera, se satura y colapsa. Aparece lo inseparable como talla a la endogamia para disfrutar de la inmensa felicidad promiscua, acrítica y, en este caso, también, lexicocrática. Una lexicocracia que es siempre fruto de la sofisticación sostenida por ideales institucionalizados.

El elogio lexicocrático indiscutible llamado «cultura de masas» se encargó, por ejemplo, de acabar con la concepción burguesa de intimidad y, sin embargo, no rescató su noción aristocrática, la del rechazo al absolutismo monárquico que pretendía extender sus controles, eso que lo sostenía (7). Los monarcas del despotismo ilustrado del siglo XVIII suponían que aumentando los controles aplacarían cualquier rebelión o revolución contra su poder. Podemos verificarlo en el fracaso de Turgot imponiendo la contención del déficit frente al aumento del lujo.

Política de inversores. Fuente: mx.ibtimes.com
Política de inversores. Fuente: mx.ibtimes.com
En vez de la pausa se ha optado por la prórroga

Entonces, en el lugar de la intimidad apareció el totalismo de la vida superpuesta por imágenes retocadas en pantalla como su versión masiva: la obscenidad, el estar por fuera de cualquier escena que registrara la presencia de los cuerpos y sus poros, atrapados en la dictadura de la imagen obturada en pantalla.

Lo obsceno como la virtualización de los cuerpos arrojados a una vida de diseño cooligan, happy, con el fin de quitar el cuerpo de la relación con otro cuerpo que comprometa la aparición de los poros (8). Los poros, los cuerpos, la presencia o ausencia del otro como verdad de lo concreto. Pausa. Superficie. Pantalla para el amor y la pausa sexual.

La pausa pone en peligro lo obsceno, lo desagrega como función central totalista y sus producciones de confusión en el lazo social. Territorio de la entrega de lo íntimo compartido, se convierte en la peor enemiga de la vida diseñada para la razón de éxito: servir a un amo amable y simpático.

En este sentido, la pausa tiene por cometido hacer cesar el mal, inclusive aquel que logra articularse como argumentación del bien (lo admitido en el resultado/total) a través del pornosgraphós.

Tarde o temprano, nunca en el momento apropiado, si no aparece la pausa, se ter-mina quemando todo, hasta el muerto que se lleva a un sitio lejano; como no funciona la pausa frente al muerto en Mientras yo agonizo, de William Faulkner, y todo acaba ardiendo. Insisto, me refiero a la pausa como autocrítica distinguida: "qué estoy haciendo con mi vida". No como "me tomo una aspirina y sigo".

En cambio, y en este periodo de la historia, aparece la prórroga. El intento por hacer una última jugada de ruego que demore. O sea, prolongar una vez que el tiempo adquirido ha sido superado y se decide suceder los problemas cruciales con el fin de que la circulación totalista continúe sin interrupción, sin territorio.

Se habla de "crisis" o "ralentización económica". Lo cual indica, en ambos casos, una añoranza de la velocidad de llegada a la que se estaba moviendo el capital. Deberíase trabajar, en cambio, en qué indica esta "ralentización crítica". Sin embargo, se la combate con más riesgo para imprimir una vez más la velocidad que necesita la avidez del total.

El colapso del capitalismo, de este modo, no sólo va a profundizarse en las vertientes a las que referimos, sino en el de los otros testigos teóricos y prácticos de la modernidad posdatada; inclusive aquellas formas discursivas que deseamos encuentren su sitio en el nuevo periodo, el cual aún no ha sido hallado ni solicitado, en esa prórroga irresponsable e institucionalmente aterrorizada, su nueva vertiente sintomática, negadora de la caída aún sin definir de aquellos anquilosados ideales modernos.

El automatismo acrítico que el capitalismo eligió como vía totalista, no sólo a par-tir de la segunda posguerra mundial sino, sobre todo, a partir de la crisis del canal de Suez de 1956, cuando el Reino Unido traslada todo el poder al aparato de Estado estadounidense, generó una pérdida difícilmente reparable para el recorrido económico y civilizatorio europeo.

Ese automatismo acrítico se leyó (y aún se lee), a partir de la caída del bloque soviético, como el triunfo imaginario de la concepción ad infinitum de un sistema que pronto tocará el cielo con las manos, tal como sueña. «Hemos derrotado a los malditos soviéticos, por lo tanto el mundo es nuestro para siempre. ¡A reventar de placer!»

La crítica es, justamente, la forma que una de las formas de la pausa, iluminadora, eligió para la modernidad. Desde los años cincuenta del siglo pasado se habla de la muerte o de la crisis de la crítica: literaria, pedagógica, científica, musical, lógica, económica... Esa crítica intentó, como último tramo de pervivencia moderna, des-abastecer el biografismo burgués por la lectura de la estructura de cada obra, de cada modelo o sistema.

¿Cómo se prolongará el capitalismo una vez fenecida la burguesía?

La destrucción de la burguesía prevista por Marx ya se ha dado a sí misma y hace tiempo los argumentos acríticos, encriptados, de su suicidio como clase dominante. Simplemente, ya no le era útil al total del capitalismo. La burguesía, mientras existió como poder, garantizaba aún cierta existencia de la territorialidad, aunque no fuera de otra forma que evidenciando la atribución de la intermediación que heredó del feudalismo.

La burguesía dominó no sólo las industrias y los bancos sino también las distintas vertientes del arte y el pensamiento. De ella salieron tanto grandes fortunas como transformadores e inventores de distintas disciplinas y revoluciones de las que podemos sentirnos tendentes al reconocimiento agradecido. Todas ellas con sus referencias críticas apropiadas y muchas veces convenientes.

Esa caída de la burguesía ha producido un efecto apático en el hecho crítico mismo, volcando hacia la vociferación de la expresión, los avances del oportunismo, la justi-ficación aleatoria del salvajismo competitivo, del todo vale espectacular (9). Al mismo tiempo, hemos «interiorizado» de un modo tan profundamente alienante la censura de la vociferación en pantalla, tan temida, que ya no es necesaria la hoguera del inquisidor. Sin embargo, debemos preguntarnos: ¿puede sobrevivir el capitalismo a la caída de la clase para la que fue creado, la burguesía?

Sin censura, en el sentido de mesura, no hay distribución posible. No hablamos sólo de redistribución. Tampoco funcionaría la distribución de la riqueza entre los ricos. Si esa censura, ese límite, no aparece o es obstruido, la riqueza colapsa. Surge la versión validada del canibalismo. Todo, vale.

Las clases, entre otras, cumplen la función de límite al canibalismo dentro de una misma clase, social en este caso. Uno de los núcleos del colapso en el cual estamos instalados fue la desconfianza de los ricos entre sí como consecuencia de no pertene-cer a clase alguna.

Hace algunos años, le planteé el problema de la caída de la burguesía a Joseph Stiglitz , quien me comentó que él no veía la ausencia de una clase burguesa dominante sino que ese lugar lo ocuparía una especie de burguesía "tecnológica".

Espero que no sea así y tengo la percepción de que ése es el proyecto, lo cual obligará a pensar algunas cuestiones políticas de un modo notablemente diferente. Una diferencia que piense los distintos niveles oclu-sivos que este sector social puede ocasionar en el lazo social. Es justamente la tecnocracia la que para mí todavía es un sector social, la que busca al capataz perfecto de los remeros esclavos, con el fin de que se sientan en libertad por poder insultar al remero que tienen delante con datos biográficamente difamados en pantalla (10). La muerte de las democracias generada por el golpe de Estado de los tecnócratas lexicográficos.

Ya hay signos claros, tanto en la moral cooligan como en el Nuevo Orden tecnocrático y científicamente (doxa) higiénico y prolijo, en la fabricación de guetos supuestamente identitarios, en la corroboración del paso acrítico de un estado al otro atravesados por el aval de la imagen (eidolos), de que ese sector social ha sido entronizado. Los cooligans, esos anuladores de la tragedia del sueño humano.

Su coronación patética no tiene otro fin que la construcción aleatoria de un nuevo modelo de sector social, amante de la autoproclamada "sociedad abierta", que prorrogue la existencia del capitalismo como único superviviente de la modernidad de la corrección permanente.

De ocurrir un intento de dicha sustitución de las democracias por tecnocracias (al principio seguramente encubiertas por las votocracias), se producirá un aumento constante, sin solución, de las contradicciones paradigmáticas. Cualquier praxis y práctica democráticas saldrá enrarecida si se decide dar el paso al abismo de los tec-nócratas en el poder.

De las democracias a las tecnocracias sólo hay un camino segu-ro, la implantación invariable del "discurso único" como obligado camino recorrible para resucitar la conjugación convulsiva entre sistema y modelo del capitalismo. Concretamente, la implantación del totalismo como sistema de gobierno.

De hecho, ¿no han trabajado a lo largo de dos siglos para que eso sucediera en los "Modern times"? La burguesía construyó su suicidio fabricando la locura de la competencia técnica/patente hasta que ésta ya no la necesitó y la dejó caer. Cuando cede, lo que cae se somete a lo peor. ¿No querían omnipotencia "tecnológica" para competir "apalancados"? ¡Ay!, ahí tienen su pagaré totalista.

El problema (sin duda energético, vital) lo tendrán los ciudadanos. El problema (sin duda institucional pero también en el nivel del mito) lo padecerán aquellos que sostuvieron las posibilidades de las democracias por encima de las técnicas aplicadas a la industria del consumo y sus «ingenierías» financieras.

Notas


(1) Sorprende cómo, en todo este tiempo, el nombre de Tobin, premio Nobel de Economía, ha sido borrado de los medios de comunicación masiva, de los políticos, de los comentaristas biempensantes. James Tobin fue tomado como emblema de algunos movimientos antiglobalización de los noventa del siglo pasado como ATTAC, movimiento con el cual Tobin ni tenía ni quería tener nada que ver; por lo tanto, su nombre ha sido borrado. No se puede, está prohibido hablar de tasas a los movimientos de capitales.

Además, la reaparición de Tobin pondría en entredicho el dogma de "nuevo Breton Woods", al que asistimos incrédulos. En realidad, fue Nixon, en 1971, el que enterró
Breton Woods, al eliminar la convertibilidad al oro del patrón dólar, reventando los acuerdos de la segunda posguerra mundial.

Ese mismo año, Tobin sostuvo la necesidad de una tasa a los flujos de capital. Debemos ser comprensivos con los políticos. Si, además de que están triturados por el colapso pasado como crisis, deben aceptar como buenas las propuestas, no sólo de un economista como Tobin, sino de lo que ellos llaman desde hace 20 años "antisistema", su orgullo se vería más que herido. Los políticos pasarían a engrosar las filas de los traumados. Sin embargo, en los últimos tiempos, algunos mandatarios europeos retoman la idea que lanzó Tobin. Tarde, demasiado tarde.

(2)Varios diarios publicaron una información que tomo de El País del 16 de mayo de 2009: "La contaminación atmosférica causa en Europa 350.000 muertes prematuras al año". ¿Será verdad esa información que también publican periódicos de varios países? Si es así, ni
Hitler hubiese soñado una solución final tan dulce y apetecible para todos.

(3) Recuerdo que, hace muchos años, tuve que leer detenida y reiteradamente las memorias del "presidente»"
Schreber para un trabajo editorial. Este libro no hubiese pasado a la historia de la literatura si Freud no lo hubiera tomado para hacer un importante análisis sobre las psicosis. Tanto orden, moderación y verosimilitud escénica me producían esa repugnancia. Sin embargo, no me la produjo (ni produce) la lectura de Antonin Artaud o de Lautremont. Me asquean los dementes que intentan acumular en sí la normalidad diseñada. Leyendo y escuchando durante estos años, que en estas páginas despido, a los economistas, tengo una sensación semejante a la que me produjo la lectura de las excrementarias justificaciones de Schreber: esa normalidad del horror.

(4) Todos (los economistas) estamos acostumbrados a colocarnos algunas veces a un lado de la Luna y otras en el contrario, sin saber qué ruta o trayecto los une, relacionándolos, aparentemente, según nuestro modo de caminar y nuestras vidas soñadoras», aseguraba
J. M. Keynes en la Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero al referirse ¡a la formación de precios! y a las vicisitudes de la "inapelable" ley de la oferta y la demanda.

(5) En 1994, llamé a esa pausa pit-stop, esos segundos urgentes donde los autos de Fórmula 1 dejan aparte la velocidad para detenerse absolutamente. Hoy no basta con el pit-stop. En aquel momento creía que los capitalistas eran un poco más inteligentes.

Asimismo se habla de "formalmente las democracias funcionan", "formalmente este fallo judicial es incuestionable". Cuando lo formal secuestra las instituciones, esta-mos frente a la decadencia de su dinámica vital.

(6) Como ya no saben qué decir ni dónde engalanar el engaño, mientras producía esta investigación se pusieron internacionalmente de acuerdo para comentar que se veían "brotes verdes en la economía". Los primaverales economistas, cuando no logran engañar, traen bajo el brazo imágenes desteñidas y las desparraman como desparraman el dinero para "los más poderosos". Cuando "los brotes verdes" cayeron mustios, comenzaron a decir que decían "la verdad": "Os hundiremos a todos y debéis aceptarlo pasivamente porque decimos la verdad".

(7) Cuéntase que en el siglo XVIII francés una noble recibía a liberales, en todo sentido, en su casa. El rey, preocupado por si en esas reuniones había libertinos con ideas políticas en su contra, envió un par de emisarios a la aristócrata con el fin de averiguar qué tipo de conversaciones había allí y qué "tipo" de cosas se hacían.

La señora fue escueta en su respuesta: "En mi casa hago lo que quiero". Quizá podríamos tomar ese momento como la fundación mítica de la intimidad. Una intimidad que coincidía con los excesos del lujo, producidos por la adquisición de lujo apropiado de mujeres y amantes o queridas.

La burguesía trastornó, en el siglo XIX, la intimidad aristocrática, como resistencia al poder absoluto del monarca, en «secreto de familia», oscureciendo y volviendo represión ese mismo término: nadie fuera de la familia debía saber lo que allí pasaba; ni en términos sexuales, ni económicos ni de delitos.

Sin embargo, la intimidad, en sí misma, fue en realidad un triunfo de las mujeres sobre el orden de vigilancia y control público. Como lo hice en un libro anterior, recomiendo fervientemente la lectura de Lujo y capitalismo, de
Werner Sombart. En él, el autor sostenía que la relación del paso del lujo público, los fastos, al privado, adquisitivo, del siglo XVII y XVIII fue el nudo central del paso al capitalismo en la economía. Del tema del lujo me ocuparé en otro trabajo.

(8) Este es el proyecto, que por supuesto adquiere resistencias difuminadas en el panorama de las vidas de los humanos.

(9) Los noticieros anuncian en todo momento, y con alegría que se pretende contagiante, el aumento permanente del negocio de los videojuegos. Inclusive llegan a decir que éstos no sufrirán la "crisis". Tal como estudian suficientes psicólogos, pedagogos, sociólogos, ese aumento es proporcional a la cantidad de horas que pasan los niños solos en sus casas, mientras sus padres disfrutan o padecen el producir optimismo para el total.

¿Piensan los economistas, una vez más, que esta fricción no terminará colapsando el modelo? Estamos en medio de una guerra sorda, entre lo humano y la economía que rechaza cuestionarse en lo económico.

De hecho, y a través de la publicidad, se desprecia, de forma cooligan, la vejez. Los ancianos no tienen nada que enseñar ni que aportar. Son lo viejo, lo molesto, lo anticuado. No es más que un signo del asalto al poder de los tecnócratas y sus gadgets, intentando dejar "viejo" todo lo que no pertenezca a su órbita de poder cooligan en pantalla aporal; como ya señalé, exhibicionista.

(10) Mientras la burguesía y la clase trabajadora tuvieron, hasta el final, muchos problemas para constituirse como Internacional, muchas veces paralelos, tanto en acumulación, modas, luchas, estética, cultura, este sector social ha conseguido constituirse como internacional sin asumir otra responsabilidad que la de satisfacer el total en pantalla.

La burguesía y la clase trabajadora, viejos y queridos amigos, se ven hoy como "lo viejo" (como pusieron en marcha los Estados Unidos con Europa durante los años cincuenta del siglo xx).

Este nuevo sector social al que se le están transfiriendo todos los poderes aglutina, pegotea, cada vez a más gente que no se responsabilizaba de pertenecer a ninguna de esas dos clases. Ese traspaso indiscriminado acabará con las democracias, instaurando tecnocracias. Sería importante que, a quienes nos interesa vivir en democracia, estuviésemos atentos a este traspaso total de poderes a la internacional tecnocrática.

(*) Oscar Scopa es filósofo y escritor. En la actualidad ejerce como profesor en la Universidad Carlos III de Madrid. Este texto ha sido extraído de su obra El fin del mundo tuvo lugar. (Esto no es una crisis), con el título El Fin. Se reproduce con autorización.

domingo, 1 de julio de 2012

Por qué esta crisis económica no es como las demás

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Por:
Varias personas me han pedido que responda a un editorial publicado por The Wall Street Journal y escrito por Phil Gramm, ex senador estadounidense por Texas, y Glenn Hubbard, decano de la escuela de negocios de la Universidad de Columbia, acerca de la recuperación de Reagan en contraste con la de Obama y por qué demuestra que la economía de derechas es fantástica.Pero ya había respondido. ¿Cuándo? En febrero de 2008, cuando gente como Hubbard y Gramm negaban que hubiese recesión en absoluto. De hecho, Gramm declaraba en una entrevista publicada en The Washington Times el 9 de julio de 2008 que lo único que padecíamos era una “recesión mental” y que Estados Unidos se había convertido en una “nación de llorones”.
Alan Greenspan, anterior presidente de la Reserva Federal.
Así pues, hace más de cuatro años predije una recuperación muy lenta. ¿Por qué? Porque recesiones como las de 1990-1991, 2001 y 2007-2009 tienen orígenes muy distintos a las de 1974-1975 o la recesión doble de 1979-1982. Las viejas recesiones fueron creadas más o menos deliberadamente por la Reserva Federal mediante una restricción monetaria que pretendía controlar la inflación, lo cual significaba una recuperación en V una vez que la reserva decidiera que habíamos sufrido suficiente y soltara las riendas. Todas las nuevas recesiones han reflejado una extralimitación del sector privado, que es mucho más difícil de compensar.
Fíjense en que aunque pronostiqué una recuperación lenta ya entonces, lo ha sido todavía más de lo que esperaba. Pero no tiene ningún misterio; en aquel momento, ni yo ni nadie sabíamos hasta qué punto había sobrepasado sus límites el sector privado, y tampoco esperaba la austeridad fiscal sin precedentes que ha lastrado tanto la recuperación teniendo en cuenta que nos encontramos en una trampa de liquidez.
Y sí, es frustrante que la crisis económica esté redundando en el beneficio político de algunas personas que se han equivocado absolutamente en todo, mientras que gente como yo, que tal vez no hayamos acertado siempre, hemos acumulado un espléndido historial durante los últimos cinco años.

Letonia y el récord de Romney
No es una conexión que cupiera esperar, pero hay algo ahí.
Ha habido algunos toma y daca por el récord de creación de empleo de Mitt Romney como gobernador de Massachusetts. Lo cierto es que los gobernadores no tienen demasiado impacto en esas cosas pero, por si sirve de algo, la creación de empleo en Massachusetts era nefasta. La respuesta de la campaña de Romney ha consistido en citar el bajo índice de desempleo del estado cuando abandonó el cargo; la respuesta a la respuesta es que obedeció a que alguna gente se había ido del estado.
La movilidad laboral no tiene nada de malo, pero reducir la tasa de paro trasladando a gente a otro lugar no es exactamente una receta para la recuperación nacional.
Lo cual nos lleva a Letonia, donde el desempleo, aun siendo muy alto todavía, ha bajado. Pero esto guarda mucha relación con una enorme caída de la población activa, motivada en gran medida por la emigración.
Insisto: la movilidad laboral no tiene nada de malo, pero si Letonia supuestamente ha de ser un modelo a seguir, trasladar toda Europa a otro lugar de Europa no acaba de parecer una propuesta sostenible.
Traducción de News Clips.
(c) 2012  New York Times.

sábado, 30 de junio de 2012

Cómo Europa puede rescatar a Europa

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Por George Soros

En su reunión en Roma el jueves pasado, los gobernantes de las cuatro mayores economías de la eurozona acordaron los pasos hacia una unión bancaria y un modesto paquete de estímulo para complementar el nuevo "pacto fiscal" de la Unión Europea. Lamentablemente, son medidas insuficientes.
La canciller alemana Angela Merkel se resistió a todas las propuestas para dar alivio a España e Italia frente a las excesivas primas de riesgo que enfrentan en la actualidad. Como resultado, la próxima cumbre de la UE podría convertirse en un fiasco que bien puede ser letal, porque equivaldría a dejar el resto de la eurozona sin un cortafuegos financiero lo suficientemente sólido para protegerla de la posibilidad de que Grecia la abandone.
Incluso si se puede evitar una calamidad fatal, la división entre países acreedores y deudores acabará por reforzarse, y los países de la "periferia" no tendrán ninguna oportunidad de recuperar competitividad, porque el campo de juego está sesgado en su contra. Puede que esto beneficie el estrecho interés propio de Alemania, pero creará una Europa muy diferente de la sociedad abierta que encendió la imaginación de la gente e impulsó la integración europea por décadas. Hará de Alemania el centro de un imperio y subordinará permanentemente a la "periferia". No es lo que Merkel ni la inmensa mayoría de los alemanes representan.
Merkel afirma que va en contra de las reglas usar el Banco Central Europeo para resolver los problemas fiscales de los países de la eurozona, y tiene razón. El presidente del BCE, Mario Draghi, ha dicho lo mismo. De hecho, falta un importante punto en los temas a tratar en la próxima cumbre: una Autoridad Fiscal Europea (AFE) que, en colaboración con el BCE, pueda hacer lo que este no puede hacer por su cuenta.
En particular, la AFE podría crear un Fondo de Reducción de la Deuda, una forma modificada del Pacto Europeo de Amortización de la Deuda propuesto por el Consejo de Asesores Económicos de Merkel y respaldado por los socialdemócratas y los verdes alemanes. A cambio de determinadas reformas estructurales en Italia y España, el Fondo adquiriría y poseería una parte significativa de su deuda. Financiaría la compra mediante la emisión de bonos europeos del Tesoro (obligaciones conjuntas y solidarias de los países miembros) y transferiría los beneficios de la financiación barata a los países interesados.
Las autoridades asignarían a los bonos del Tesoro una calificación de riesgo cero  y serían considerados la garantía de más alta calidad para las operaciones de reporto en el BCE. El sistema bancario tiene una necesidad urgente de activos líquidos libres de riesgo. En la actualidad, los bancos poseen más de € 700 mil millones de liquidez excedente en el BCE, ganando sólo una cuarta parte del 1% de interés. Esto asegura un mercado inmediato y de gran tamaño para bonos a 1% o menos.
En caso de que un país participante no cumpla con sus compromisos, la AFE podría imponer una multa u otro tipo de sanción proporcional al incumplimiento, lo que evitaría que su aplicación fuera el equivalente a una "bomba nuclear" imposible de ejercer. Además, esto daría una sólida protección contra el riesgo moral. A un futuro gobierno (por ejemplo, en Italia) le resultaría prácticamente imposible romper los compromisos contraídos por la actual administración del primer ministro Mario Monti. Puesto que prácticamente la mitad de la deuda italiana estaría financiada por bonos europeos del Tesoro (produciendo un efecto similar a una reducción en el plazo promedio de vencimiento de su deuda) tal gobierno sería mucho más sensible a las penas que pudiera imponerle la AFE.
Después de un período adecuado, los países participantes podrían entrar en programas de reducción de la deuda adaptados a la medida de cada uno y de una manera que no ponga en peligro su crecimiento. Sería el preludio a una unión política completa y la introducción de los eurobonos. Por supuesto, la emisión de bonos europeos del Tesoro requeriría la aprobación del Bundestag, pero esto sería de conformidad con el requerimiento del Tribunal Constitucional alemán de que todo compromiso aprobado por el Bundestag tenga limitaciones de tiempo y dimensiones.
No es demasiado tarde para convertir esta propuesta en una declaración política que siga no solo la meta a largo plazo de una unión política, sino también constituya un camino hacia una unión fiscal y bancaria. Guiado por ella, el fondo de rescate financiero de la eurozona, el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEE), podría hacerse cargo inmediatamente de los bonos griegos en poder del BCE, que podría empezar a acumular bonos españoles e italianos, e Italia y España podrían poner en práctica las reformas estructurales necesarias para calificar para el Fondo de Amortización de la Deuda.
Estas medidas significarían un gran alivio para los mercados financieros. Y lo que es igualmente importante: cambiarían la dinámica política de Europa de negativa a positiva.
El principal obstáculo es que los políticos alemanes siguen sumidos en una actitud de "no se puede". Merkel insiste en que la unión política debe preceder a una unión plena en lo fiscal y bancario, pero es eso no es realista ni razonable. Las tres tienen que desarrollarse en simultáneo y paso a paso. No puede haber un tratado o cláusula constitucional que impida la creación de la AFE si lo aprueba el electorado alemán, representado por el Bundestag; de lo contrario, no se podría haber creado el MEE. Si el resto de Europa está unida detrás de esta propuesta y el Bundestag la rechaza, Alemania deberá asumir toda la responsabilidad por las consecuencias financieras y políticas.

viernes, 29 de junio de 2012

China opaca aún más las perspectivas del euro

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Por NICHOLAS HASTINGS

El euro está más que al filo de la navaja.
imageNo solo los líderes europeos están siendo públicamente incapaces de producir incluso un borrador para salvar la moneda única en el corto plazo, sino que ahora China, que durante mucho tiempo ha sido uno de los mayores partidarios de la moneda, podría tener que retirar su respaldo.
Sobre la que será una altamente decepcionante cumbre europea hablaremos después.
Primero, China.
Un informe publicado esta semana en el diario The New York Times, que afirma que los funcionarios chinos estarían falsificando datos para ocultar la tasa de la desaceleración económica, da crédito a lo que muchos temían: China podría estar encarando un aterrizaje forzado después de todo. 
Para Beijing, la desaceleración tendrá importantes implicancias en el crecimiento de las reservas internacionales.
Y para el euro, eso es una mala noticia.
Durante años, mientras crecían las reservas basadas en el dólar de China, el Banco Popular de China ha emprendido una política de diversificación a través de la cual ha vendido dólares para comprar euros.
Si la economía china se está desacelerando incluso más de lo que se admite, todo ese respaldo para el euro podría terminar.
Neil Mellor, estratega de Bank of New York Mellon en Londres, sugiere que Beijing ahora acelerará el ritmo de las reformas hacia una liberalización de la cuenta de capital. En otras palabras, reducirá las intervenciones para limitar cualquier apreciación del yuan. Los flujos de fondos hacia la moneda deberían caer también debido a un descenso de la inversión extranjera directa mientras la economía pierde su brillo, y las importaciones deberían aumentar mientras Beijing apela al consumo interno para reducir su dependencia sobre las exportaciones.
Para el euro, el momento de este cambio de política en China podría ser particularmente perjudicial.
La cumbre de esta semana de líderes europeos, que comienza el jueves en Bruselas, es considerada por muchos como la última oportunidad para salvar al euro.
Sin un plan convincente para llevar a la zona euro a una unión fiscal sustentable, el costo de financiar las deudas de las economías más débiles, como la de España e Italia, continuará creciendo.
Lo que hace esta cumbre diferente de muchas otras es que los deudores están en un riesgo mucho más alto que antes, y que el Banco Central Europeo probablemente no pueda ayudar a calmar los mercados financieros en esta oportunidad.
Aún no se ha implementado en su totalidad un intento por apuntalar los bancos españoles con la inyección de nuevo capital anunciado hace dos semanas, y ahora también los bancos italianos comienzan a enfrentar presiones de financiamiento.
En el pasado, para resolver ese problema, el BCE inyectó dinero en los bancos europeos a través de financiamiento barato.
Pero crece la evidencia de que eso no está funcionando y que el BCE no solo está pateando los problemas para más adelante, sino que está perjudicando su reputación de probidad monetaria.
El problema para el euro es que incluso con la acumulación de esas presiones sobre los mercados financieros, hay pocas señales de que los líderes europeos estén cerca de resolver problemas clave que ayudarían a asegurar el futuro de la moneda única.
Informes publicados a comienzos de esta semana, acerca de que importantes líderes de la Unión Europea pergeñaban un plan para mantener los países miembros bajo control a través del veto de sus presupuestos, alentó brevemente las expectativas de que la región podría estar acercándose a alguna forma de bonos garantizados conjuntamente, lo cual ayudaría a reducir los costos de financiamiento para los gobiernos en problemas.
Como la canciller alemana Angela Merkel supuestamente dijo que eso no va a suceder "en tanto esté viva", las probabilidades son que la cumbre terminará con poco más que las usuales promesas anodinas de acción.
Para el euro, eso muy bien podría ser demasiado poco, demasiado tarde.
Y como a que es posible que al mismo tiempo decaiga el respaldo de China, las perspectivas para la moneda única están aún más sombrías de lo que han sido durante cierto tiempo.

jueves, 28 de junio de 2012

Surge en Cuba la resistencia a las reformas que impulsa el presidente Raúl Castro

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Por Gerardo Arreola
 
En Cuba es apreciable ya la resistencia a las reformas desde diversos sectores de la sociedad, entre ellos desempleados, jubilados, familias pobres y burocracia, los cuales resultan perdedores con el cambio, según un análisis académico que empezó a circular aquí.
Toda reforma lleva ganadores y perdedores, y estos últimos, como es natural, ofrecen resistencia a los cambios, dicen Omar Everleny Pérez y Pável Vidal en una amplia evaluación del plan impulsado por el presidente Raúl Castro.
Mayra Espina sostiene que el proceso tendrá impactos positivos en el empleo y la atención focalizada a sectores vulnerables, pero aumentará la franja de pobreza. Es una reforma incompleta que debería recuperar en el camino un enfoque sistémico e integrador de todas las dimensiones del desarrollo.
En el prólogo de Miradas a la economía cubana: el proceso de actualización (Editorial Caminos), Pérez y Vidal anotan que la eliminación de subsidios y el aumento de precios pueden impactar más a familias necesitadas, mientras se implanta el nuevo sistema de apoyos selectivos. Se requieren nuevas formas de asignar el gasto social para evitar un incremento desproporcionado de la pobreza durante el ajuste.
Además de los citados, la obra reúne ensayos de Ileana Díaz y Ricardo Torres; Dayma Echeverría y Teresa Lara; Luisa Íñiguez, Armando Nova, Camila Piñeiro y Juan Triana, profesores e investigadores de diversos centros académicos, casi todos de la Universidad de La Habana.
Entre las resistencias a la reforma, Pérez y Vidal también apuntan la que proviene de la burocracia, la cual intenta defender su posición a toda costa. En el sistema cubano esto es propicio, dado el gran tamaño del Estado y una institucionalidad con amplios espacios para la discrecionalidad, la ausencia de reglas explícitas y la poca transparencia de las decisiones públicas.
Los autores creen que la reforma tiende a proponer un nuevo pacto social al ampliarse el sector privado, que demandará mayor transparencia y rendición de cuentas al uso de sus impuestos. Señalan ambigüedades o indefiniciones del proceso, que ocurre sin una crítica profunda al modelo soviético que tanto le debe y sin precisarse con claridad las pautas del socialismo que se quiere perfeccionar.
Estiman que uno de los principales dilemas es la velocidad del cambio: el gobierno quiere reformas graduales, pero la octogenaria generación histórica no cuenta con el tiempo suficiente para ese ritmo.
Sin embargo, piensan que hay forma de acelerar sin causar un colapso si se amplía el espacio de la pequeña y mediana empresas y las cooperativas.
Consideran necesaria una reforma institucional de gran calado y mayor apertura a la inversión extranjera directa, en principio en la pequeña empresa privada, la agricultura y las futuras cooperativas urbanas.
Pérez y Vidal concluyen que el gobierno enfrenta el desafío de formar consensos y gestionar las tensiones redistributivas para poder conservar la estabilidad del país sin ceder en los cambios, indispensables para mejorar el nivel de vida de los cubanos, algo imposible de lograr con el modelo actual.

miércoles, 27 de junio de 2012

La historia de éxito no tan exitosa de Estonia

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Por:
Puesto que Estonia se ha convertido de repente en el epítome de los defensores de la austeridad (¡Están en el euro y prosperan!), me pareció que podría ser útil hacernos una idea de qué estamos hablando. A continuación encontrarán un gráfico de Eurostat que muestra el verdadero producto interior bruto.
Evolución del PIB de Estonia.
O sea, una recesión terrible –de la escala de una depresión– seguida de una recuperación importante, pero todavía incompleta.
Obviamente, es mejor que el que no haya ninguna recuperación, pero ¿es esto lo que se hace pasar por un triunfo económico?
Por qué son importantes los países bálticos
Algunos lectores me han pedido que no pierda el tiempo con Letonia, Estonia, etcétera, aduciendo que son demasiado pequeños como para tener alguna importancia. Lo siento, pero no es cierto. Por un lado, todas las economías –incluso las pequeñas– son un “experimento natural” en potencia que nos enseña más sobre el funcionamiento de las economías en general. Al margen de eso, actualmente los países bálticos han cobrado relevancia en la imaginación de los defensores de la austeridad, sobre todo porque Irlanda sigue negándose a cooperar y a convertirse en una historia de prosperidad.
Jörg Asmussen es el hombre de Alemania en el Banco Central Europeo, lo que significa que lo que él diga es importante. Lean su discurso pronunciado en Riga, Letonia, este mes (disponible en ecb.int), en el cual asegura que la experiencia báltica demuestra que la austeridad y la devaluación interna funcionan. Fíjense en que sus pruebas provienen por entero de un año de crecimiento bastante rápido tras una crisis increíble. Por tanto, es importante decir que esto demuestra bien poco.
Ciclos empresariales problemáticos
Por lo visto, mis comedidas observaciones de que una recuperación parcial de una depresión grave no es exactamente un triunfo económico ya están causando ira en Estonia. En su blog, Simon Wren-Lewis,  economista de Oxford, se muestra más cáustico: “Una historia de éxito extraordinaria: tras una caída del 18% en el PIB en 2009 y un PIB estancado en 2010, tenemos un crecimiento del 5,5% en 2011”, escribía Wren-Lewis el 7 de junio. “¿El crecimiento del 5,5% el año pasado no es solo el comienzo, ahora que la economía está logrando un nuevo dinamismo? Asmussen no ofrece ninguna otra prueba de esto, cosa que podría ser inteligente, ya que el FMI pronostica un crecimiento del 2% este año y un 2,5% el que viene. Por tanto, el crecimiento del 5,5% el año pasado es lo único que tenemos”.
Y proseguía: “Este año escribí que cuando regresara el crecimiento, algunos dirían que eso demostraba que los keynesianos pesimistas se equivocaban. Debo reconocer que algunos de los que tenía en mente eran políticos y periodistas, no altos cargos de bancos centrales. Conforme a esta lógica, una estrategia aún mejor es cerrar la economía por completo durante un año. Al año siguiente podríamos conseguir un crecimiento fantástico cuando la economía arrancara de nuevo”.
Ya que estamos, permítanme abordar otra cuestión. Bastante gente dice que es incorrecto –o, como afirman algunos, “deshonesto”– mirar solo el declive desde el pico. A fin de cuentas, ¿no experimentaron los países bálticos un crecimiento muy bueno en los años previos al pico?
Sí, lo hicieron.
Y también lo hizo Estados Unidos antes de la Gran Depresión. El crecimiento a largo plazo y los ciclos empresariales son cosas distintas: un crecimiento a largo plazo representa un aumento del potencial económico y las depresiones un déficit de producción por debajo de ese potencial.
Puesto que el debate acerca de la austeridad y los estímulos trata sobre depresiones y no sobre el crecimiento a largo plazo, hablar de crecimiento antes de la crisis es irrelevante.
En cualquier caso, estoy a favor de la propuesta de Wren-Lewis: derrumbemos la economía durante un año para poder gozar de un gran crecimiento al año siguiente.
Traducción de News Clips.
© 2012 New York Times.

martes, 26 de junio de 2012

Una ley de Florida sobre Cuba genera controversia

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Por ARIAN CAMPO-FLORES
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El gobernador del estado de Florida, Rick Scott, se ha empeñado en fomentar un entorno propicio para los negocios y ha cortejado a empresas internacionales en misiones comerciales en el exterior. Sin embargo, una polémica legislación que firmó en mayo, que apunta a firmas con vínculos empresariales con Cuba, amenaza con complicar esos esfuerzos.
La ley, que entrará en vigor el 1 de julio, prohíbe al estado y gobiernos locales contratar a tales firmas por trabajos de al                                   Gobernador de Florida, Rick Scott, firma la ley el 1 de mayo.
menos US$1 millón. La medida, que se aplicaría sólo a contratos en el futuro, está redactada para que incluso si una subsidiaria estadounidense de una empresa extranjera no tiene negocios directos con Cuba, quedaría dentro del ámbito de alcance de la ley si otra filial de la empresa matriz opera en la isla. 
La legislación ha puesto a Scott, del Partido Republicano, en aprietos, entre la comunidad cubana exiliada, con sus profundos sentimientos anticastristas, por un lado y los intereses empresariales del estado, que en general han encontrado un aliado en el gobernador, por el otro.
Saber si la medida entrará en vigor como está programado depende ahora de un litigio. Este mes, Odebrecht USA, subsidiaria con sede en Coral Gables, Florida, del conglomerado brasileño Odebrecht SA, presentó una demanda contra el estado en una corte distrital de Miami sosteniendo que la ley es inconstitucional porque infringe la autoridad del gobierno federal de formular políticas exteriores. Hoy, un juez federal escuchará argumentos sobre la solicitud del contratista de un requerimiento judicial preliminar.
Odebrecht, que ha realizado varias construcciones de alto perfil en Miami, incluyendo un centro de artes escénicas, fue elegida para un proyecto para levantar un hotel y un completo comercial en el aeropuerto de esa ciudad. No obstante, otra subsidiaria de la empresa matriz está remodelando el Puerto de Mariel en Cuba. Como resultado de esto, la nueva ley podría obligar a Odebrecht a retirarse del proyecto en el aeropuerto.
Si la legislación entra en vigor, muchos temen que pueda manchar la reputación del estado en el exterior.
"Ciertamente no ayuda a Florida a atraer inversión extranjera directa y a empresas foráneas", señala Tony Villamil, decano de la Escuela de Negocios de la Universidad de St. Thomas. "Otros estados pueden sacar provecho de esto".
Las empresas de propiedad extranjera generan más de 236.000 empleos en el estado, según la agencia de desarrollo económico Enterprise Florida. Scott, cuya oficina no respondió llamadas solicitando comentarios, ha intentado elevar la cifra con misiones comerciales a Canadá, España y Brasil, donde se reunió incluso con ejecutivos de Odebrecht. Brasil es el mayor socio comercial de Florida, con US$18.500 millones en bienes intercambiados en 2011, según Enterprise Florida.
Odebrecht no es la única compañía que podría verse afectada por la nueva ley. El español Banco de Sabadell SA, de Barcelona, posee un banco con sede en Miami que tiene permiso del estado de Florida para recibir depósitos del público y también tiene una oficina en Cuba, según un sitio web del gobierno del país caribeño.
Lloyd's of London provee reaseguros en el estado, incluyendo a gobiernos locales, y tiene registrada una oficina en La Habana. Lo mismo sucede con la japonesa Sumitomo Corp., cuya subsidiaria estadounidense ayuda a opera y mantener el sistema de tren ligero del aeropuerto de Miami.
Representantes de Banco de Sabadell y Lloyd's of London no quisieron hacer comentarios. Una vocera de Sumitomo Corp. of America dijo que la empresa "toma el cumplimiento muy seriamente y por esta razón no tenemos relaciones empresariales con Cuba. No sé cuáles son las relaciones entre Sumitomo Corporation y Cuba". Un e-mail a la compañía matriz solicitando comentarios no fue respondido.
Edie Ousley, director de asuntos públicos de la Cámara de Comercio de Florida, que se opone a la ley, señaló que ejecutivos de empresas de Brasil y funcionarios canadienses han llamado con preguntas sobre cómo podrían verse afectadas.

lunes, 25 de junio de 2012

Más allá de las mentalidades y las utopías: reflexiones sustantivas en el contexto del desarrollo cubano

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Por Edel José Fresneda Camacho Historiador y sociólogo. cubhispa@gmail.com.

Quien dice unión económica, dice unión política. El pueblo que compra, manda. El pueblo que vende, sirve. Hay que equilibrar el comercio, para asegurar la libertad. El pueblo que quiere morir, vende a un solo pueblo, y el que quiere salvarse, vende a más de uno. El  influjo excesivo de un país en el comercio de otro, se convierte en influjo político. La política es obra de los hombres, que rinden sus sentimientos al interés, o sacrifican al interés una parte de sus sentimientos. Cuando un pueblo fuerte da de comer a otro, se hace  servir de él. Cuando un pueblo fuerte quiere dar batalla a otro, compele a la alianza y al servicio a los que necesitan de él. […] El pueblo que quiera ser libre, sea libre en negocios. Distribuya sus negocios entre  países  igualmente  fuertes. Si  ha  de  preferir a  alguno,
prefiera al que lo necesite menos, al que lo desdeñe menos…

José Martí

A propósito de las palabras del cubano universal José Martí, pronunciadas en mayo de 18911

–hace 121 años, y pensando en la Cuba de hoy, se escribe este ensayo. Sobre todo, porque en la actualidad se debaten problemas que han sido inherentes al desarrollo en la Isla, reconocidos desde entonces, pero soslayados por distintas coyunturas en el devenir de la mayor de las Antillas.
Cuba es una unidad nacional en el sistema de interacciones globales. Relación matizada como es  conocido  por  conflictos  políticos  e  ideológicos  ya  históricos,  donde  sobresale  la  consabida contradicción con los Estados Unidos de Norteamérica. Con la reinserción al comercio mundial en la cada de 1990 –proceso que Fernando Martínez Heredia describe como reconexión–, se hizo tida la necesidad de superar espeficos procesos en el desenvolvimiento económico como: el desarrollo de  las  fuerzas  productivas,  la  innovación  tecnológica,  la  necesidad  de  una  inversión  productiva generando círculos virtuosos que potenciaran la creación de industrias endógenas –que abarcarían a las empresas  medianas y pequas–, la producción de bienes exportables con un valor agregado, entre muchos otros. Hecho que José Martí comprendió y ambicio superar con el intento de erigir una República con todos y para el bien de todos”, equilibrando el comercio para asegurar la libertad.
El  contexto  actual  de  Cuba  exige  desarrollar  acciones  concretas  dentro  de  la  estructura económica, según la opinión de diversos entendidos en el tema. Sin embargo, no es un cambio de políticas en relación a la acción del Estado-agencia sobre los sistemas de propiedad, ni tampoco exclusivamente  un  cambio  de  “mentalidad”  lo  que  propiciaría  expeditamente  un  crecimiento económico endógeno capaz de sostener orgánicamente –saliendo de las crisis– el desarrollo social alcanzado  durante  todos  estos  años.  Sería  efectivo  más  bien,  un  proceso  de  reorganización socioproductivo,  con  emergentes  mecanismos  de  participación  de  diferentes  actores  sociales (cubanos)  junto  al  Estado  como  agencia  del  desarrollo  y  ampliadas  estructuras  en  la  toma  de decisiones, con especial énfasis en la descentralización organizada por un fin con.
Cuando se habla de productividad, eficiencia, crecimiento, encadenamientos productivos y la tipicidad de cada uno de ellos en el contexto cubano, se es haciendo referencia a un problema más cardinal: cómo potenciar un crecimiento económico que no redunde en la pérdida total o parcial del sistema social equitativo y solidario. Y este, no está de más decirlo, es un problema que trasciende en un sentido histórico al socialismo, dado que, sus bases fundamentales, se establecieron sobre una condición aun no superada: el subdesarrollo.
Aupando  las  siempre  bien  recibidas  y  omnipresentes  palabras  del  ensayista  Julio  César Guanche, el análisis de “lo nuevo y lo viejo” es cardinal para el futuro de lo posible. Aunque en esa imaginacn, no le corresponde sólo a los economistas discutir los pormenores, ni tampoco es válido la transformación pragmática –o la experimentación– sin la definición concreta de sujetos –quienes pueden participar o mejor quienes deberían hacerlo– conceptos, aspectos u objetos del cambio. Sino que  es  un  ejercicio  teórico  y  empírico–  de  muchos  en  aras  de  que  no  sea  el  mercado  el determinante  principal en el sistema de las relaciones sociales. Lo cual tampoco debería ser una utopía.
Darel  Avalus  Zimertan,  otro  ensayista  e  ingeniero  en  telecomunicaciones  según  la  revista Temas, parece coincidir con el primero al afirmar que las “nuevas políticas no han dejado atrás viejas lógicas […] que limitan el proceso de cambio”. Y es que el cambio no es un proceso abstracto. No es la   “mentalidad”  sobre  los  procesos  que  han  ocurrido  en  una  lógica  de  propiedad  social  y centralización en las decisiones la que limita la transformación. Sino aquella que no reconoce como transformación –y valores potenciales del cambio– el salto cualitativo en las relaciones sociales, los individuos que habitan en la Isla y el conocimiento como un proceso de ruptura necesariamente. Aspectos estos últimos, que necesariamente deberían incorporarse a la transformación económica en la squeda de innovación tecnológica y productividad.
Reconocer el sistema de relaciones sociales –con una fuerza de trabajo calificada y con altos niveles de salud y el nivel de conocimiento como un proceso de ruptura cualitativamente superior de la unidad en el espacio de interacción global es una primera condición para la comprensión de “la cosa”2   en Cuba. Sobre todo, porque ello determina el modo en que se ha logrado y explicita las posibles  vías  para  su  sostenimiento  sobre  bases  económicamente  endógenas.  Una  ruptura  con respecto   al   subdesarrollo,   que   evidencia   como   mejor   ventaja:   la   capacidad   intrínseca   del conocimiento y capital humano o recursos cognitivos y capacidad de transformación e innovación por ellos  acumulados. En ese sentido, la noción lógica de que todos” deberíamos ser componentes articulados  de una trama más general se siente incongruente con la percepción del ingeniero de marras, cuando hace referencia a los que considera arfices –cual magos de la transformación: los cuadros.
A modo de propuesta y que nos motiva más a presentar para un debate si se socializaran estas  ideas, consideramos posible mencionar algunas de las cuestiones que entendemos como necesarias en esta época histórica. En el reducido espacio que permiten estas páginas, proponemos repensar aspectos que matizan el subdesarrollo cubano y que son elementos –también– presentes en  la  región   centroamericana  y  caribeña  desde  finales  del  siglo  XIX.  Los  problemas  de  la productividad, la  movilidad social, y el comercio internacional como condiciones que plantean una continuidad en las lides e itinerarios de las naciones que componen la región latinoamericana en los espacios de interacción globales.
La compleja dialéctica que dimana de las relaciones internacionales, evidencia una realidad que ha sobrevivido y que se resume en reiterados y renovados acoplamientos de la región al crecimiento económico de países dominantes. La mentada globalización neoliberal no es más que otro intento en la  prosecución  de la  integración  latinoamericana  a  los procesos  supranacionales  de  crecimiento económico. Regionalmente el alcance de esa globalización evidencia la fractura entre los intereses contenidos  por  la  unidad  nacional  y  que  deberían  proponer  un  desarrollo  social  y  económico endógeno, y los internacionalizados en los espacios más generales de interacción. En un sentido más amplio  esa fisura amplia las brechas entre los intereses “comunes” de bienestar humano y los de ganancia económica. Lo cual es una contradicción teórica aun no superada por las ciencias sociales, ni por la “institucionalidad” predominante en la organización de las sociedades.
En el caso de Cuba inciden de manera particular procesos similares de acuerdo a su evolución socioeconómica. El subdesarrollo que pervive presenta problemas de productividad, recientemente en cuanto a la movilidad social; y su posición en el comercio internacional sigue siendo una condición que  plantea serios retos al desarrollo humano contenido en las políticas públicas.3    Por otra parte,
existe una institucionalidad en la Isla que refleja una separación explícita hasta la fecha de las normas y “esquemas predominantes en las relaciones internacionales. Modelos externos matizados por
una geofagia empresarial y de acuerdo con las secuelas de pobreza, migración y violencia en el subdesarrollo centroamericano y caribeño, una antropofagia de tiempos modernos–, ajustada por el laissez faire neoliberal en la squeda de nuevos mercados y bajos costos de producción. Una de las expresiones  más  tidas  de  cómo  se  generan  conflictos  desde  el  ambiente  global  hacia  esa institucionalidad en la mayor de las Antillas, es el conocido conflicto con los Estados Unidos de Norteamérica.
Desde nuestra óptica se podría definir un subdesarrollo humano socialista caracterizado por la existencia de una concatenación de etapas históricas y estrategias de desarrollo manifestadas en la Isla  hasta nuestros as, donde la simbiosis de subdesarrollo y socialismo es una amalgama no caracterizada aun. El conjunto podría definirse por una fase inicial matizada por lo que Aníbal Quijano puntualiza como “la rearticulación de la colonialidad del poder sobre nuevas bases institucionales”.4
Una segunda donde se reconforma la autonomía sobre la base de la independencia política y el desarrollo social (bienestar) con la instauración del socialismo pero sobre un esquema económico incapacitado  endógenamente  para  esos  objetivos.  Y  una  tercera  donde  el  factor  “dependencia” implícitamente genera la “inestabilidad” del bienestar social como estrategia de desarrollo.
Un pie forzado apropiado para adentrarse en el submundo de contradicciones inherentes a la unidad en el sistema de interacciones global que representa Cuba, sería el criterio sostenido por Celso Furtado de que a un nivel reducido de productividad, el excedente disponible para satisfacer formas diferenciadas de consumo o cubrir inversiones, es extremadamente limitado o prácticamente nulo; siendo  difícil que se produzca, por acción endógena, un proceso de acumulación de capital. nesis del círculo vicioso que tipifica al subdesarrollo actual de la Isla.
De acuerdo a ello, una baja productividad supone un bajo ritmo de acumulación. Cuando la productividad es baja, la satisfacción de las necesidades fundamentales de la población absorbe una proporción elevada de la capacidad productiva. En un contexto de amplios esfuerzos de satisfacción de  las  necesidades  básicas  de  la  población  en  cuanto  a  sus  capacidades  (bajo  un  prisma  de desarrollo humano), la baja productividad es un freno sustancial que provoca la inestabilidad en los procesos de redistribución y de equidad. Sobre todo, porque la capacidad productiva y su incremento, carece de encadenamientos que sirvan como acicate para salir de círculos constreñidos en el orden productivo. Al competir como unidad en los espacios de interacción, el mismo contexto encuentra una desventaja en su crecimiento.
A modo de síntesis se podría afirmar que la Inestabilidad Estructural presente en Cuba se explica por medio de la correlación de elementos internos (heterogeneidad) y exógenos (intercambio desigual en los espacios de interacción globales), siendo la dependencia a los sectores externos un aspecto que plantea una vulnerabilidad en el acoplamiento eficiente de las estrategias de desarrollo en la Isla al ámbito internacional. Cuba ha mantenido una posición periférica hacia el sistema mundial
suavizada por su experiencia de intercambio económico con los países socialistas desde los 70 y hasta finales de los 80–; empero, restablecida en los 90, con la inevitable reinserción al sistema de intercambio mundial.
Por una parte, se expresan rupturas con el subdesarrollo capitalista en relación a deficiencias superadas en los sistemas de relaciones sociales mientras que por otra, una continuidad en los problemas  de  cualidad  económica  mayormente.  En  estos  últimos   aspectos,  sobresalen  las problemáticas a resolver como la productividad, la relación entre los sectores productivos, la fuerza de trabajo, la innovación tecnológica, los ingresos y las características con que se enfrenta Cuba al comercio  internacional.  El  desarrollo  social  como  una  ruptura  con  el  subdesarrollo  capitalista dependiente, evidencia valores como la capacitación de la fuerza laboral, el gasto social y la reserva de conocimientos.
En ese raciocinio se imbrican los aspectos internos y externos que tipifican al subdesarrollo en Cuba: el tipo de heterogeneidad estructural que prevalece. Cuyas particularidades se definen en el tránsito y pervivencia de la dependencia a los sectores externos, como un aspecto de legitimación de la   condición   periférica   y   subdesarrollada.   Ha   de   notarse   sin   embargo,   que   esas   propias características  contienen  cambios  cualitativos  por  el  tipo  de  sistema  social  que  ha  regido  la organización de la sociedad y la economía. Por lo que el desarrollo social y la independencia potica, así como aspectos relacionados con el sistema de propiedad componen un conjunto socioeconómico que requiere de una aproximación cercana a las dinámicas y componentes predominantes.
La  interrelación  entre  los  factores  internos  y  externos  como  particularidades  de  la  unidad nacional que representa Cuba, se manifiesta en concordancia con un nivel reducido de productividad que  no permite un excedente utilizable en la satisfacción de formas diferenciadas de consumo y promover  inversiones.  Ni  un  proceso  de  acumulación  de  capital  idóneo  por  acción  endógena. Estructuralmente, una expresión de ese fenómeno es la presencia de una limitación relativa del consumo porque son los ingresos directos los que están generando procesos de desigualdad socioeconómica, corrupción y limitaciones en la movilidad social. Esa limitación relativa del consumo se refiere a la presencia de ingresos bajos homogéneamente igualitarios debido al exiguo excedente que  permite  la  baja  productividad  y que  afecta  a  una  fuerza  de  trabajo con altas capacidades.
Provocando un agotamiento inherente a la exposición al intercambio internacional desigual mediante
la transferencia al consumo familiar o doméstico de los precios de las mercancías internacionales a través de las importaciones.
Esa exposición se manifiesta de acuerdo a las diferencias (deformaciones estructurales) en la estructura productiva con respecto a otras unidades que concurren al intercambio; que a su vez implica  una  tasa  de  ganancia  insuficiente  para  procesos  universales  de  redistribución.  En  este sentido, los salarios pagados en el socialismo subdesarrollado no cubren las transferencias de valor en la  producción de mercancías de otras unidades estructurales.  Tampoco se originan procesos endógenos capaces de competir en el intercambio. En esencia, la prevalencia de círculos viciosos en la economía cubana manifiesta una cualidad de subdesarrollo sobre la cual podría profundizarse más.
Por otra parte, contrariamente  a lo que ocurre en su contexto regional, la institucionalidad cubana arroja luces sobre prácticas concretas en cuanto al logro de niveles reducidos de violencia, convenciones asentidas (que son aspectos cualitativos de libertad) de equidad racial y de género, alfabetismo, desarrollo tecnológico aunque  sin  encadenamientos  virtuosos de crecimiento  hacia áreas más generales en su econoa– y atención primaria de salud. Aspectos que en la época actual parecen soslayarse en las críticas y proposiciones que auguran (también aguardan según la última propuesta de un lampiño candidato presidencial mexicano a las elecciones del 2012) una transición hacia otro tipo de democracia (¿cuál?).
En la época actual un debate objetivo sobre la Isla, debería centrarse en cómo lograr círculos virtuosos de crecimiento aprovechando las potencialidades con las que cuenta, siendo una de las más  importantes el recurso humano. Con inversiones focalizadas –en el ámbito local y de manera descentralizada– en proyectos productivos que ganen espacio en los servicios, pero inclinando la balanza  a  la  producción  de  bienes  para  el  mercado  interno  y  exportables  de  una  manera concatenada.  Tal  sería  el  caso  por  ejemplo  de  la  superación  de  la  inseguridad  alimentaria,  la biotecnología y producciones farmacéuticas, la ampliación del turismo, y de bienes intermedios de producción, viviendas e infraestructuras viales, comunicaciones, entre otras.
Conexamente, en  un  tema  sico  sería  cómo  crear  mecanismos  de inclusión a  través  de pragmáticos cambios en la visión doméstica e institucional sobre ciudadanía para el logro de esos aspectos, con la participación –además– de los cubanos de la Isla y los emigrados. En un proyecto común y no entendiendo a los migrantes como agentes del desarrollo sino como una parte de un todo más general.
Para entender a Cuba y su correspondencia con el ámbito latinoamericano es necesaria una visión  más  amplia  a  la  que  ha  predominado  en  el  tamiz  político.  Es  necesario  superar  vicios institucionales que emanaron de una época de conflictos políticos y que restringen algunos aspectos de las relaciones sociales y económicas por la centralización de las decisiones.
Por último, sería válido terminar estas reflexiones con la siguiente idea. Los problemas actuales del  desarrollo  cubano  no  son  achacables  al  socialismo  exclusivamente.  Fueron  circunstancias
específicas,   que  reflejaron  los  conflictos  entre  países  centrales  y  no  dominantes,  las  que condicionaron el estado actual de “la cosa en la calurosa isla. Coyunturas, en las que el traspaso de un capitalismo periférico y dependiente ocurrió, sin efectivamente borrar con todas las dinámicas que generaban una dependencia al comercio mundial. Entre las más ponderables después de cincuenta os, podríamos citar, la relación preferencial en el intercambio con el antiguo socialismo real, y el bloqueo injusto de los Estados Unidos sufrido más por las personas comunes.
Cuba,  no  manifiesta  una  unión  económica  con  proyectos  más  amplios  de  crecimiento económico, aunque sí aspectos de dependencia a superar que no le permiten cambiar su posición desventajosa  en  el  comercio  mundial.  No  deciden  otros  países  en  su  proyecto  de  nación.  Los actuales problemas de desarrollo que confronta son el resultado de concatenaciones históricas en las que  el  subdesarrollo  y  la  dependencia  no  fueron  superados.  En  esas  sucesiones,  el  comercio internacional gene secuelas divergentes: con el socialismo real aspectos intermedios de desarrollo económico con procesos de estancamiento relativo en las capacidades endógenas para generar un excedente y círculos virtuosos de crecimiento y más ampliamente social; que con la reinserción al comercio  mundial  en  la  cada  de  los  90,  transcurren  como  elementos  que  provocan  una inestabilidad al desarrollo social. Por ello y a propósito de las palabras de José Martí: Hay que asegurar el comercio para asegurar la libertad”.




























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