"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

miércoles, 6 de abril de 2016

Cuba... para los cubanos

Foto: Patricio Zamorano

Un buen amigo chileno, Patricio Zamorano, me acaba de enviar un artículo en el que sintetiza los estudios que viene realizando desde hace años sobre la realidad cubana. Analista político, profesor universitario y trovador chileno, que en cada visita a la isla pasa por la peña de El Caimán Barbudo de los miércoles, y toma la guitarra para ofrecernos sus poéticas canciones. Comparto esa interesante mirada sobre nuestro país, su revolución, y las relaciones con Estados Unidos (el Imperio, digamos).

Por Patricio Zamorano, desde Washington DC
Director Ejecutivo de ¡Bienvenidos a InfoAméricas!

Es extremadamente interesante el choque narrativo en lo político que ha tenido el acercamiento entre Cuba y Estados Unidos estos últimos meses. La voz conservadora oficial de EEUU coincide en un punto central: “Estados Unidos ha cedido una enormidad en este acercamiento”, “Cuba no ha cedido en nada”, etc. Desde el análisis progresista, es obvio el efecto espejo: “Cuba ha demostrado un triunfo diplomático de proporciones”, “ha entrando en negociaciones de igual a igual contra el antiguo agresor”, etc.

No hay sorpresas en la encrucijada de estas ideas. El punto de inflexión “tercerista” me lo dio un amigo argentino, que no quiso ir a ver el izamiento de la bandera este último 20 de julio de 2015 en el histórico inmueble en calle 16 de Washington DC. “Cuba ha cedido demasiado a Estados Unidos. ¿Para qué darle tanta ventaja política a Obama? ¿Qué ha hecho Obama para terminar el embargo y devolver Guantánamo?”, me dijo sombrío. Para él todo este proceso es un regalo innecesario con un precio demasiado barato por todo el daño que EEUU ha provocado en más de 50 años de embargo.

Una foto que sirve a todos

Entonces, la casi onírica foto entre el presidente Raúl Castro y Obama en el Palacio de la Revolución les sirve a ambos. A Raúl, le otorga un enorme triunfo, pues en ese gesto Obama legitimó sólidamente el régimen político e institucional de Cuba, lo validó, lo convirtió en interlocutor, lo saco de la caverna reservada a los “parias” enemigos de Estados Unidos. Y lo dijo el propio Obama en suelo cubano, con todas sus letras: “Cuba no es una amenaza para Estados Unidos”. Por supuesto, todos ya sabíamos eso. Solo el establishment conservador de EEUU con el trasnoche lleno de lagañas de la Guerra Fría aún consideraba a Cuba en un pedestal de “enemigo”. Lo que no decía en público la administración de Obama lo decían sin embargo en privado sus funcionarios en los cafés de networking alrededor de Pensilvania Ave, bordeando la Casa Blanca.

Martí no dejará de ser Martí

Sorprende en todo caso que los cubanos hayan permitido a Obama ir a rendirle honores a Martí en su propio memorial. El mismo héroe legendario, cuya estatua señala dura con su dedo extendido a la Embajada de EEUU en el Malecón, escribió con urgencia clarificadora que “los pueblos de América son más libres y prósperos a medida que más se apartan de los Estados Unidos”. El cálculo de los asesores de Obama es preciso: con ese gesto, con la frase respetuosa que escribió en el libro de visitas del memorial, con haber traído a su esposa y a sus hijas, haberse paseado por la Habana Vieja bajo la lluvia torrentosa de su llegada (¿mensaje esotérico de la historia?), Obama avanza entre los moderados de la isla, se gana las simpatías de millones, no hay duda. Pero este es el presidente que al mismo tiempo deporta a una cifra record de más de 2 millones de indocumentados, pero no al tristemente célebre terrorista Luis Posada Carriles, quien luego de derrumbar un avión lleno de cubanos en 1976 vive una jubilación soñada en Miami (aunque un poco molesto con la cena de los Obama en un paladar de la Habana Vieja).

Y en todo este ruido mediático, vuelven las palabras de Martí cuando señalaba en una carta inconclusa a su amigo Manuel Mercado: “Ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber (…) de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso [en contra] de la anexión de los pueblos de nuestra América, al Norte revuelto y brutal que los desprecia. (…) Viví en el monstruo y le conozco las entrañas”.

Otro punto a favor de Obama es que disfruta de un lugar reservado en la historia, como el presidente que cumplió la promesa hecha en un abismantemente lejos 2007, de visitar Cuba “sin precondiciones”, lo que le causó ácidos ataques de “ingenuidad” de la derecho republicana y… de la propia Hillary Clinton. Y Obama quedó en paz tras estas horas paseando por el Malecón: pudo centrar sus críticas en el tema de los derechos humanos, pudo criticar la democracia cubana, pudo reunirse con la minoría disidente. Misión cumplida.

La izquierda latinoamericana y la Cuba idealizada

Pero hay un cuarto pie del análisis, el tema central de la izquierda más comprometida con la historia de la Revolución Cubana, un grito silencioso que emana directamente de la epopeya de la Sierra Maestra. Esto más allá de la incomodidad de muchos progresistas por la forma en que Obama fue recibido en la Cuba de Fidel (¿incluida la incomodidad del propio Fidel? No hemos escuchado sobre eso). ¿Qué pasará con la Revolución tras las reformas económicas que se lanzaron hace un lustro? Porque hay que analizar la posición de Obama no en lo que dice, sino que en lo que no dice. Nótese su énfasis en los temas políticos. Nótese su énfasis en los temas ideológicos, institucionales, de los derechos cívicos. Pero al mismo tiempo nótese su “ausente” énfasis en el tema económico. Obama no ha reconocido ampliamente el enorme avance de reformas que se parecen felizmente a lo que es EL punto central del “deber ser” estadounidense: el comercio, el emprendimiento empresarial, el consumismo. La numerosísima comitiva que acompañó a Obama está compuesta por muchos empresarios, y previo al mismo Obama no fue el canciller John Kerry u otra autoridad política quien aterrizó en La Habana para avanzar en el reencuentro entre los países en reuniones de alto perfil: fue la Secretaria de Comercio, Penny Pritzker. Es decir, Obama ha abandonado la ruta política para abrazar la ruta comercial y sacar el mayor provecho del contacto “pueblo a pueblo” que provocarán los turistas estadounidenses.

Las verdadera razón de la apertura de EEUU es la económica, no la política

Lo que no se dice, es que todo este acercamiento se debe justamente a las reformas económicas que está implementando Cuba. Son tan importantes, son tan revolucionarias para la propia Revolución, que Obama las ha valorado tanto como para iniciar la reconstrucción de relaciones diplomáticas. El análisis a mi juicio es claro: 50 años de política de agresión no han servido para nada. Lo prueba incluso la increíble odisea (una segunda campaña de la Sierra Maestra), que protagonizó el pueblo cubano durante los noventa, cuando en el periodo especial el hambre lo era todo, junto a las convicciones. Si la caída brutal de la economía solventada por la ex Unión Soviética como cliente gigantesco no doblegó ni al gobierno ni a los cubanos, menos lo iban a hacer las agresiones del embargo estadounidense. Entonces la estrategia ha cambiado radicalmente. Obama pasa ahora a la estrategia económica, intentando aprovechar el espacio que ha creado el propio gobierno cubano. Por eso llenó la comitiva de emprendedores y empresarios, por eso liberalizó las tarjetas de crédito de EEUU, abrió los vuelos comerciales, permitió la semana pasada que las empresas establezcan oficinas directamente en Habana, liberalizó como nunca antes el envío de remesas y donaciones, y amplió hasta lo máximo posible sin llamarlo “turismo”, las licencias de viaje para los ciudadanos estadounidenses.

Reformas revolucionarias post-Revolución

Obama acepta plenamente, entonces, que quienes hablan de falta de cambios o reformas en Cuba están profundamente equivocados. Para recordar lo radical de muchos de estos cambios en progreso: disminución del volumen de trabajadores que dependen de puestos del Estado, para transferirlos al sector privado, de varios cientos de miles; creación de un sistema tributario, sectorial, que recolecte desde la iniciativa privada; unificación de las dos monedas que conviven actualmente en Cuba, y que garantiza un sector amplio subsidiado para los cubamos más pobres; nueva ley de inversión extranjera, que amplía y facilita el flujo de capitales; ampliación de una gran variedad de licencias para el trabajo por “cuenta propia” (los famosos “cuentapropistas”). Obama sabe todo esto.

Los que hemos ido a Cuba estos últimos años sabemos los efectos de estas reformas. Cuando visité la isla en 2013 las cuadras que rodeaban la esquina central de 23 y G en el Vedado eran solitarias. Muy pocos lugares para comer, muy pocos servicios. En el último viaje en 2015 pude ver con sorpresa el nacimiento casi mágico de varios restaurantes, locales de reparación de celulares, pizzerías, bares… Todos matizaban una avenida llena de vida comercial. Los dueños, casi todos jóvenes. Una pareja joven de retornados de Miami me muestran entusiasmados la vieja casona que vi derruida un año antes, y que ahora se viste de modernidad para un bar de estilo.

Turismo: ¿autorizado?

El Departamento de Estado está activamente alentando a instituciones culturales y académicas, deportivas y profesionales, de comenzar en masa el éxodo a Cuba. No lo puede llamar abiertamente “turismo”, pues las leyes del embargo están plenamente vigentes, pero el cambio de política es claro: basta con ir ahora solo, no en delegación, y apelar a una de las múltiples categorías de licencia autorizadas, que cubren casi todo. Lo que la administración de Obama no ha dicho, es que este proceso lleva años activo. En los tres viajes académicos que he hecho a la isla desde 2013, nunca ningún policía de aduanas me ha preguntado absolutamente nada sobre la licencia utilizada para viajar a la isla, mi agenda de actividades, los institutos de la Universidad de la Habana visitados, las clases impartidas. El énfasis fue, el primer año, sobre la presencia o no de habanos o ron en mi equipaje… Y el año pasado se amplió a varios cientos de dólares el margen autorizado de compra de productos cubanos. En rigor, la frontera está normalizada hace mucho tiempo, sin declararlo vox populi, y Obama ha desarrollado magistralmente un acercamiento gradual que rinde ahora sus frutos, cuando puede pisar La Habana sin que el Congreso se lo prohíba, y con los Marco Rubio, los Menéndez, los Cruz y los Trump sin ninguna fuerza política para negarse. En ese sentido, el gobierno de Obama ha escuchado las amplias voces en los pasillos del lobby que insistían con ironía que si los republicanos realmente quisieran cambiar Cuba, deberían eliminar el embargo, y meter cientos de miles de turistas con cámaras automáticas, piel blanca mal quemada por las playas de Varadero, cerveza fácil y cargados de dólares.

La porfía de los republicanos respecto del embargo ha provocado un efecto curioso: Cuba está implementando reformas que crean en lo concreto un sector privado autónomo, sin la presión política ni económica que cientos de miles de estadounidenses podrían hacer incontrolable. El embargo ha sido, por tanto, la mejor protección al ritmo de las reformas.

Al pueblo, lo que es del pueblo

En resumen, ¿ha abandonado Estados Unidos su política de agresión contra el gobierno de Cuba, finalmente legitimando a sus representantes, los Castro? ¿Ha iniciado Cuba aperturas de reforma económica que abrirán un mercado privado interno? Hasta hace poco tiempo la respuesta a estas preguntas era obvia, un gran “no”. Pero en este momento, estas preguntas no tienen sentido.

En los tres viajes que he hecho a la isla acudí, especialmente la primera, con un prejuicio enorme. Realicé sondeos lo más amplios posibles sobre el tema de las reformas económicas. Me entrevisté con periodistas, artistas y profesores. Con gente de la calle, ex ministros, economistas y trovadores. Iba a sondear el disenso, la inconformidad dividida con el cambio en algunas áreas importantes del modelo socialista. Pero no encontré ninguna voz que criticara el avance de las reformas. Ni una.

Claro está, los cubanos desean un mercado interno más dinámico, desean poder ejercer la iniciativa privada, desean poder acumular capital y solidificar iniciativas de pequeña y mediana empresa. Pero no están dispuestos a abandonar áreas clave de lo que el sistema socialista ha sido una bendición: el sistema de salud (orgullo de Cuba, pese a todas las carencias), y la educación, amplia, universal y gratuita. Y, quizás lo más importante, pese a la apertura que viene inexorablemente con la influencia de la potencia del norte, está incrustado en el pueblo cubano un sólido sentimiento de soberanía nacional, contra el entreguismo cultural y político. Da la sensación que tras 50 años de embargo, tras las infamia del “periodo especial”, y tras los problemas del sistema económico estos años, los cubanos no están dispuestos a tirar todo un sacrificio histórico por la borda y bailar al ritmo de Miami. Estos pilares (soberanía, educación universal, salud gratuita) deberán ser los que sostengan la integridad de los valores fundamentales de la Revolución en esta nueva etapa histórica.

Es claro que estas reformas económicas cuentan con el apoyo de los cubanos. No puedo imaginarme una conciliación mayor que esa. Existen otros grupos de intelectuales independientes que, sin identificarse directamente con la disidencia anti-castrista y pro-EEUU, quieren también mayor avance en lo político. Desean cambios en la estructura de representatividad legislativa, y desean iniciar el debate sobre el multipartidismo. Yo diría que es una discusión demasiada cargada de complejidad en el actual contexto. No cabe duda que las reformas económicas devendrán en ajustes del sistema político. ¿En qué grado? Si Cuba quiere esos cambios institucionales, si son funcionales al modelo social que viene luchando por preservar por tantos años, entonces la respuesta es más que obvia: será la propia cubanía, los propios cubanos quienes tomarán esa decisión. El que Estados Unidos pretenda intervenir irá exactamente en contra de la “libertad” que le desea constantemente al pueblo de Cuba. Y es eso un punto fundamental de esta historia, una diferencia de prisma radicalmente distinto entre Estados Unidos y América Latina. EEUU identifica “libertad y democracia” con aquello que emule a su propio sistema político, bajo la ilusión de que es “estándar” para el resto de los pueblos del planeta. Es producto, sin duda, de la distorsión de la doctrina del “excepcionalismo”, que tanto daño ha hecho a tantos países y pueblos, y de la exacerbación de los valores del mercado. En ese sentido “libertad”, en boca de EEUU, no es sólo libertad política. Es también libertad económica, la concepción de ciudadanía sobre la base de la capacidad de consumo, que construye el carácter individual del sujeto social, que lo hace competir en un mercado de las habilidades y del acaparamiento de capital. Cualquier cosa que huela a colectivismo (y el candidato social-demócrata Bernie Sanders lo sabe perfectamente), está condenado al fracaso. Incluso la salud, la educación, la vivienda: bajo las premisas valóricas estadounidenses, todos estos son factores del gran mercado de la competencia, y no derechos fundamentales del ser humano.

La gran paja en el propio ojo

Como señalaba antes, el ajuste del modelo económico en Cuba es el verdadero cambio radical, el área que Obama no reconoce en público, que avanza minuto a minuto en silencio. Nuevamente, el presidente de Estados Unidos mantendrá sus reclamos sobre el tema del cambio institucional, y el de los derechos humanos.

Que EEUU insista en eso, es realmente indefendible.

Es cierto que el gobierno cubano restringe la capacidad de operación de la marginal oposición cubana cercana a Estados Unidos. Y es cierto que arresta a las Damas de Blanco en sus actos de desobediencia civil. Pero un país como Estados Unidos, que gravísimamente ejerce la tortura, que mantiene a presos en Guantánamo sin juicio, sin defensa secreta, sin condenas, pudriéndose en un limbo legal y territorial exasperante; que ha matado a miles de civiles inocentes con los extraterritoriales y letales drones; que ha ayudado a diezmar de la faz de la tierra a miles de dirigentes de izquierda masacrados por dictaduras de derecha afines; que intervino directamente en guerras civiles en El Salvador y Nicaragua, y un largo etcétera, no puede pretender realmente ser serio en denunciar violaciones a los derechos humanos en terceros países. No cuando tiene la mayor población carcelaria del mundo, desproporcionadamente de origen afro-estadounidense. No cuando mueren cada semana jóvenes y adultos negros reprimidos por las fuerzas policiales. Cuando desgarra a miles de familias cada mes a través de deportaciones arbitrarias de inmigrantes. Cuando se niega a ratificar las instancias de derecho internacional que pondrían límite a los crímenes de guerra de sus soldados. Cuando ha invadido o bombardeado ya decenas de países, sin que ni Naciones Unidas ni el Papa ni nadie logren contrarrestar tanta violencia militar. Y con la complicidad de los medios de comunicación que cubren el planeta sin darle urgencia al tema de la brutalidad castrense de las tropas estadounidenses. La verdad, Estados Unidos tiene un récord de derechos humanos aberrante, pero eso no ha frenado que siga vigente el ideario simbólico del “excepcionalismo estadounidense” que tanto gusta en Washington.

Detrás del ruido de la politización del tema de los derechos humanos que ejercerá Estados Unidos de ahora en adelante en el nuevo espacio político abierto voluntariamente por el gobierno cubano en la isla, queda una pregunta esencial. ¿Qué quieren los cubanos? Esa pregunta es para los cubanos. No compete tampoco a la izquierda latinoamericana que sueña con mantener el heroísmo de la revolución en un pedestal congelado y virtuoso (¿quién no añora la genialidad de los héroes?), y cuando la social-democracia se ejerce ampliamente (para bien o para mal) en toda América Latina excepto en Cuba. No compete tampoco a la derecha anticomunista de Estados Unidos, rabiosa por que esta “islita” de 11 millones de habitantes esté comandando una apertura sin responder a amenazas, sin coerción, sin presiones externas.

Aunque Cuba esté implementando reformas económicas que rompan con el modelo comunista puro que ha sobrevivido como una reliquia por más de cinco décadas, lo está haciendo por las necesidades de su población, y porque se le viene en gana. He ahí la derrota del colonialismo incrustado en la denuncia martiana sobre el imperialismo. Después de lustros y lustros de historia desde el fatídico día lluvioso en que Martí vertió su sangre por la independencia de su isla amada, Cuba sigue de pie…

¿Y Cuba, entonces?

El proyecto de Obama para Cuba

Jesús Arboleya • 


LA HABANA. Superada la conmoción mediática generada por la visita a Cuba del presidente Barack Obama, vale la pena que nos detengamos a analizar la sustancia del acontecimiento y sus circunstancias.

¿Cuál es el proyecto de Obama para Cuba?

Responder a esta pregunta requiere que primero nos adentremos en su visión del mundo y la política que considera más conveniente a los intereses de Estados Unidos.

Obama es un firme partidario de la llamada “doctrina del poder inteligente”, la cual plantea el uso racional de la aplicación combinada de todos los recursos de la política exterior norteamericana, dígase la fuerza militar, la diplomacia y la influencia económica, adaptándolos a las condiciones específicas de cada momento y lugar.

En su caso, ello ha implicado dar preferencia a la negociación para la solución de conflictos y, cuando esto no ha dado resultado, recurrir más a la sanción económica u otros recursos de presión política, antes que hacer uso de la violencia militar.

También evitar el involucramiento directo de tropas norteamericanas en los conflictos bélicos locales; promover acuerdos bilaterales y regionales, especialmente en el área económica, y llevar a cabo una política exterior que tenga en cuenta el multilateralismo y el respeto a ciertas reglas del orden internacional.

Todo ello en función de cuidar la imagen de Estados Unidos hacia el resto del mundo y proyectarla mediante la explotación intensiva de los medios de comunicación masiva y las nuevas tecnologías de la información. Algunos dicen que si Kennedy fue el presidente de la televisión, Obama lo ha sido de Internet.

Contrario a esta lógica, están las fuerzas –ahora denominadas neoconservadoras– que opinan que el poderío norteamericano no debe verse restringido por ninguna otra consideración que no sean los intereses imperialistas de ese país.

Desde esta perspectiva, la fuerza militar constituye el principal disuasivo de la política exterior y debe ser utilizada o estar lista para ser utilizada en la solución de aquellos problemas que pudieran afectar el dominio norteamericano.

Para los neoconservadores, el orden mundial debe subordinarse al reconocimiento de la primacía económica, política y militar de Estados Unidos, por lo que el unilateralismo no es más que la consecuencia natural de la asimetría de poderes.

Ambas doctrinas tienen larga data en la historia estadounidense y han consumido los debates respecto a la política exterior del país. A pesar de sus diferencias de forma, tienen el objetivo similar de pretender consolidar la hegemonía estadounidense en el mundo. Lo que se traduce en el propósito de controlar al resto de los países e imponerles, a las buenas o las malas, la política norteamericana.

El origen ideológico de esta proyección de la política exterior hay que buscarlo en la tesis del “destino manifiesto” y la “excepcionalidad del pueblo norteamericano”, aspectos que iluminan la visión política de los dos bandos, y tienen una enorme influencia en la cultura política del pueblo norteamericano.

Como estas corrientes no se han expresado de manera químicamente pura –los presidentes más “inteligentes” han llevado a cabo guerras muy sangrientas, a veces insensatas, y los menos “inteligentes” se han vestido de negociadores, cuando así lo han aconsejado los acontecimientos– resulta complicado establecer periodizaciones rígidas respecto al comportamiento de la política exterior de Estados Unidos. No obstante, es posible intentar aproximarnos a ciertas constantes, para describir los ciclos donde ha prevalecido una u otra de estas corrientes.

Por lo general, las políticas más agresivas están relacionadas con momentos de euforia del sistema, donde prima el expansionismo a toda costa. Los períodos de contención, por el contrario, aparecen más relacionados con el interés de mantener el estatus quo, precisamente cuando fracasan o se agotan las condiciones que aconsejaban las políticas más agresivas.

Aunque el poderío militar también ha sido utilizado como recurso para superar las crisis, lo usual es que los momentos de contención estén relacionados con circunstancias donde la hegemonía norteamericana se ha visto debilitada. Esta dinámica aparece traspasada, y en buena medida determinada, por la compleja situación interna del país y los intereses específicos que compiten por su prevalencia en el terreno doméstico.

Lo que ocurre en la actualidad en Estados Unidos es que no existe un consenso suficientemente extendido en los sectores de poder respecto a la adopción de una u otra variante, ya sea en el plano doméstico o la política exterior, lo que explica la polarización política existente y el peso adquirido por las denominadas “corrientes antisistémicas”, en el proceso electoral que se lleva a cabo.

Obama llegó al poder en medio de una crisis estructural que abarcaba todos los aspectos de la vida nacional y ha tenido que lidiar con una sostenida oposición conservadora, la cual prácticamente le ha impedido avanzar en sus políticas públicas, a pesar de que pudiera ser considerado uno de los presidentes ideológicamente más liberales de la historia del país.

También se han visto cercenados algunos objetivos de su política exterior, como el cierre de la cárcel en Guantánamo. Por otro lado, ya sea por presiones o convencimiento propio, se mantienen inalterados los inmensos planes militaristas, la realización de proyectos subversivos en diversas partes del mundo, especialmente en América Latina, privilegiando a las fuerzas de derecha que supuestamente se oponen a su política, e igual se ha visto implicado en el apoyo a grupos terroristas, especialmente en el Medio Oriente.

Además, se ha involucrado en acciones bélicas tan nefastas para los propios Estados Unidos como la destrucción de Libia y los problemas originados por las guerras indiscriminadas de George W. Bush siguen presentes, incluso se han incrementado, creando un clima de inestabilidad que afecta a todo el mundo.

A su favor cuenta haber reducido significativamente la presencia de tropas norteamericanas en contiendas en el exterior –una necesidad más interna que de política exterior–, ha intentado la solución multilateral de diversos conflictos y ha dado preferencia a la negociación con Estados considerados “adversarios”, lo que ha reportado beneficios a la política internacional de Estados Unidos, a pesar de la oposición de sus adversarios.

En esta lógica se inserta el caso de Cuba. Está claro cuáles son sus objetivos, él mismo los ha reconocido de forma más o menos explícita, pero el cambio de método no es el resultado de la “buena voluntad”, sino un indicativo de factores objetivos relacionados con el deterioro relativo de la hegemonía norteamericana.

Como en ningún otro caso, es en Cuba donde Obama ha podido desplegar todos los atributos de la filosofía que orienta su política exterior y tanto se ajusta a su figura. Para Obama resulta muy convincente el argumento de que la vieja política ha fracasado y ello basta para descalificarla. En definitiva, el “poder inteligente” se define exclusivamente por la justa selección de los métodos a emplear con vista a alcanzar los resultados deseados.

Mucho se habla de los cambios en Cuba como base del presente y el futuro de la nueva política norteamericana, pero poco se comenta de los cambios que han tenido que ocurrir en Estados Unidos, para que Obama haya podido encaminar su nueva política hacia el país. El hecho de que un presidente de Estados Unidos se presentara en la “Isla Roja” en son de paz, evitando, hasta donde pudo, asumir ínfulas imperiales, describe, por sí mismo, las particularidades de la nueva coyuntura.

El mérito de Obama consiste en haber comprendido sus propios límites y actuar en correspondencia, sin que ello implique garantías respecto al futuro, aunque ofrece las pistas que nos permiten acercarnos al análisis de las tendencias que deben prevalecer en el devenir histórico.

Los cubanos también nos enfrentamos a hechos objetivos. No estamos en condiciones de decidir cuál será la política de Estados Unidos hacia el país, pretenderlo sería como tratar de escoger entre un huracán o un terremoto, la ciencia radica en prepararnos para lo que venga y saber aprovechar cada coyuntura, para igual actuar en función de nuestros propios intereses.

En esto consiste la oportunidad que nos brinda lo que me gusta llamar la existencia de un clima de “convivencia entre contrarios”, resultado de una situación política concreta que puede favorecer el desarrollo de la nación y que no es un paso menor en la historia de las relaciones entre los dos países.

Progreso Semanal/ Weekly autoriza la reproducción total o parcial de los artículos de nuestros periodistas siempre y cuando se identifique la fuente y el autor.

Cuba se adhiere a Convención de Municiones en Racimo

Naciones Unidas, 6 abr (PL) Cuba deposita hoy aquí el instrumento de adhesión a la Convención de Municiones en Racimo, norma internacional adoptada en 2008.

Se espera que en la ceremonia participen el embajador de la isla ante la ONU, Rodolfo Reyes, y el jefe de la Oficina para la Sección de Tratados de la organización, Santiago Villalpando.

En septiembre pasado, Cuba condenó en un foro celebrado en Croacia el empleo de las municiones en racimo y apoyó su total eliminación.

La Convención adoptada en 2008 entró en vigor dos años después, mecanismo dirigido a prohibir el uso, desarrollo, producción, almacenamiento y adquisición de los letales artefactos, por el daño que provocan a la población civil.

Alrededor de 120 países forman parte del instrumento internacional.

lam/wmr

martes, 5 de abril de 2016

Voluntariado cubano apoya la inclusión de discapacitados intelectuales

El Grupo de padres, familiares y amigos de las personas con discapacidad intelectual lucha por ser registrado como asociación.



Distintas generaciones reciben atención en el Centro Médico Psicopedagógico La Castellana, en La Habana. Foto: IPS-Cuba

La Habana, 5 abr.- Grupos voluntarios de apoyo e instituciones educativas crean nuevas estrategias para incluir en la sociedad a las personas con discapacidad intelectual, como el proyecto Solo el amor engendra la maravilladel estatal Centro Médico Psicopedagógico La Castellana, de esta capital.

La institución impulsa la inserción de 307 personas mediante esa iniciativa, que mira de otra manera el problema.

“Queremos cambiar la visión del término personas con discapacidad intelectual, pues son discapacitados quienes no las aceptan”, dijo Yaíma González, madre de una adolescente de 14 años beneficiada con el proyecto.

Otra madrede un niño con síndrome de Down, Mayelín Oliva, también defiende y aplica ese enfoque en la iniciativa que coordina, La edad de oro, donde une diferentes experiencias de esta naturaleza para lograr una mejor calidad de vida y eliminar las barreras psicológicas excluyentes a través de la capacitación familiar y social.

Para Oliva, “en un asunto tan complejo, es esencial enseñarles a las familias las herramientas para el acompañamiento que requieran sus hijos”.

A su juicio, la inclusión debe hacerse desde la familia y debe ser intersectorial, es decir, con participación del ramo educativo, sanitario, cultural y deportivo. Y otorga un rol importante en esa meta a los grupos de apoyo.

Esta mujer integra el Grupo de padres, familiares y amigos de las personas con discapacidad intelectual, un colectivo que lucha por ser registrado como asociación para tener un funcionamiento legal.

Mientras tanto, señaló Oliva, “continuaremos trabajando con instituciones y organizaciones que quieran sumarse a actividades y acciones que mejoren la calidad de vida y la inclusión social”.

La Castellana

Emelia Ivar, rectora de La Castellana, con una experiencia profesional de 38 años, explicó que algunas veces las propias familias, en el afán de protegerlos de la sociedad y eventuales burlas, limitan a estos niños y niñas.


Consideró que “creando espacios especiales no vamos a lograr la inclusión social, por ello debemos continuar trabajando con los familiares para ayudar a romper escrúpulos que impiden la participación”.

La Castellana cuenta con personal médico y pedagógico y tiene en su currículo diez programas dirigidos a esferas fundamentales de la vida, desde la autonomía personal hasta la inserción socio laboral en los casos donde sea posible.

“Algunos llegan de meses y tienen su espacio especial. Otros tienen ya más de 60 años”, indicó la experta.

El centro tiene además una escuela para la instrucción y formación pre laboral, que ayuda al desarrollo de habilidades en diferentes labores manuales como artesanía y carpintería, la agricultura y algunos servicios.

Según Yvar, once jóvenes trabajan en la entidad en actividades de servicio, huerto, carpintería y artesanía, por lo que perciben un salario.

“Son personas con capacidades excepcionales porque tienen habilidades, sobre todo en el área de los valores. Todos los días aprendemos de ellos”, contó.

Por esa razón defiende que “la sociedad puede desarrollar los apoyos que se requieren para convivir como personas plenas”.

El propósito fundamental es que estas personas sean felices, participen, sientan y sufran también, “porque eso es parte de la vida”, enumeró la pedagoga. “No podemos crearles un mundo artificial, inexistente. Vivir es reír, tener éxito y decepciones. Debemos prepararlos para superar lo malo y disfrutar lo bueno”, sentenció.

El pasado mes de marzo, el centro acogió el III Encuentro de familias de personas con discapacidad intelectual, que incluyó la presentación de trabajos científicos sobre esa condición, con lenguaje explícito y sencillo asequible a las familias; paneles de madres y padres y experiencias personales; y actividades deportivas y recreativas.(2016)

💃La Habana Magazine -The Dance Issue - April 2016




La Habana Magazine - Cuba's cultural & events guide. Including What's On Havana
Enjoy featured articles features from around Cuba, a detailed Havana events listing as well as our reviews of the best restaurants, bars, clubs, hotels and private accommodation.

Also available in Spanish and French

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The Dance Issue

april 2016

In this Issue

The week that was
Obama came and saw
Rock’n’rolling with The Rolling Stones
“It´s only Rock and Roll, but I Like it”
Dance
21 Festival Internacional de Danza en Paisajes Urbanos: Habana Vieja Ciudad en Movimiento
Isabel Bustos Dancing with Retazos
Havana Queens Party
Miguel Iglesias: swimmer turned dancer
Rumba in Havana’s Cayo Hueso district
Conjunto Folklórico Nacional de Cuba
Ritmo Cuba Salsa Festival: a springtime showcase
Dancing in the Night in Cuba
An Army of Little Girls in long skirts
Irene Rodríguez and her Spanish Dance Company
Dance and the Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso
Alicia Alonso: The Grand Dame of Cuba
Cuban Ballet Dancers go International
Carlos Acosta presents his new company: Acosta Danza
Acosta Danza Premiere Season 
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El sireno Obama en su gran tournée en La Habana

5 de abril de 2016
Andrés Gómez, director de Areítodigital

Miami.- Fui a La Habana a cubrir la visita del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, la cual como muchos sabemos ocurrió entre los días 20 y 23 de marzo pasados. Fue un hecho histórico extraordinario por numerosas e intensas razones. 

Entre estas y en primer lugar, porque por más de medio siglo, 57 años y unos meses exactamente, los gobiernos de Estados Unidos, han mantenido una política de agresión permanente en contra del pueblo y el gobierno revolucionario cubanos, políticas que en nada substancial han sido cambiadas y menos aún abrogadas. No obstante, es muy positivo que los gobiernos de Estados Unidos y Cuba hayan decidido restablecer relaciones diplomáticas a nivel de embajadas; que se estén dando muy cautelosos pasos por parte de Washington, para ir modificando la política genocida de Bloqueo; y que ambos gobiernos en muchos niveles estén conversando importantes asuntos, inclusive se puede entender que estén negociando algunos aspectos de sus diferencias dada sus nuevos vínculos en el proceso de normalización de sus relaciones.

Y en este contexto, más insólito que inusual, se da la visita del presidente Obama a La Habana, donde fue recibido con mucha cordialidad y a la misma vez firmeza. Aunque el cielo, el hermoso cielo cubano, no se mostró amigable con el presidente estadounidense, manteniéndose encapotado y así invisible el refulgente sol de Cuba durante su corta visita, desde el momento que aterrizó el gigantesco avión presidencial donde viaja el mandatario, a las 4:18 de la tarde del domingo 20 de marzo, cuando empezó a lloviznar, hasta casi exactamente a la misma hora de la tarde cuando su avión cogió vuelo el miércoles 23 de marzo.

Todos los interesados, en Cuba, en Estados Unidos y en otros lugares en el mundo, pudieron ver a través de trasmisiones televisivas y en las redes sociales sus comparecencias oficiales y sus discursos sin ningún problema. De manera transparente, como fueron las recientes visitas del Papa Francisco a Cuba y del Patriarca de Moscú y de Toda Rusia, Kirill, a La Habana.

En La Habana, donde ocurrió toda la fanfarria presidencial, la gente estaba interesada en lo que estaba pasando; extrañada sobre lo que todo eso podría significar para las relaciones entre los dos países; esperanzada que lo que se desarrollaba resultara en el fin del Bloqueo que lo asocian a una mejoría notable para sus estándares de vida, que tanto su mantenimiento lo afecta. 

En una nota más ligera, también la gente estaba preocupada en saber cómo les afectaría cómo llegar y regresar del trabajo, dado el número de calles y avenidas cerradas al tráfico vehicular y el desvío de las rutas de las guaguas por razones de seguridad. Resultó no ser una gran incomodidad para la población ya que muchos se convencieron que todo eso quería decir que podían faltar al trabajo y así muchos lo hicieron el lunes 21 y el martes 22 de marzo. En ese mismo sentido se puede decir que la inmensa mayoría de la población está deseosa que Obama, o cualquier otro presidente estadounidense, o el Papa, cualquier Papa, regrese a La Habana, lo antes posible, para que se siga la costumbre gubernamental de arreglar las calles, previo a esas visitas, comenzada con la visita del Papa Juan Pablo II en 1998.

¿A quiénes convenció el presidente Obama con sus cantos de sirena, o de sireno? Supongo que a los cubanos que ya estaban convencidos o los que querían que los convenciera de sus propuestas capitalistas para Cuba. A otros, gente buena, sencilla pero firme, y que en realidad no entendían que hacía ese hombre ahí cuando el Bloqueo sigue en pie, pero mantuvieron una actitud cordial, les lució muy bonitos sus discursos y muy agradables sus gestos y su comportamiento, les lució un hombre educado y respetuoso. A otros, muchos de estos, jóvenes, no les interesó en absoluto, como tampoco les interesa las cuestiones políticas nacionales. Y a otros, las cubanas y cubanos mucho más politizados, comprometidos en el bregar político profundo del proceso revolucionario, les confirma, sin lugar a dudas, que el proceso de la normalización de las relaciones entre ambos países se mantiene siendo un largo, controvertido y áspero proceso. Y que como durante los últimos 57 años, en este proceso, la nación cubana se juega su vida misma.

Sea casualidad o no, el discurso del presidente Obama al gobierno y pueblo cubanos, el 22 de marzo pasado, tuvo lugar en el mismo teatro –entonces llamado Teatro Nacional—en el que diera su discurso durante la sesión inaugural de la VI Conferencia Pan Americana, el 16 de enero de 1928, Calvin Coolidge, el otro presidente estadounidense en funciones que visitara a La Habana.

Con la Enmienda Platt todavía impuesta por Estados Unidos como Apéndice a la Constitución política de la República, con el legado de la otra intervención militar de Estados Unidos en Cuba, la segunda, debida a ese Apéndice constitucional y de las innumerables y escandalosas intromisiones de Washington en la gobernabilidad de Cuba, con el desvergonzado apoyo estadounidense a la sangrienta dictadura de Gerardo Machado entonces en el poder, el presidente Coolidge cínicamente afirmó en su discurso en el que hoy es el Gran Teatro de La Habana: “Hace treinta años Cuba era una posesión extranjera [de España] desgarrada por fuerzas hostiles. Hoy Cuba es soberana. Su pueblo es independiente y libre, próspero, en paz y disfrutando las ventajas de la auto determinación. […] Las cualidades intelectuales del pueblo cubano le ha asegurado un sitio permanente en las ciencias, las artes y la literatura […] Se ha ganado una posición en la estabilidad de su gobierno como genuina expresión de su opinión pública a través de elecciones limpias”.

El canto de sirenas (sireno) del presidente Obama en su gala en el Gran Teatro de La Habana corrobora lo que actualmente está en juego para Cuba dada las intenciones del gobierno de Estados Unidos. La frase ‘canto de sirenas’, “se utiliza para señalar un discurso elaborado con palabras agradables y convincentes, pero que esconden alguna seducción o engaño”.

Señalo a continuación algunas de las afirmaciones del presidente de Estados Unidos ese día: “[…] Muchas personas en ambos lados de este debate se han preguntado, ¿Por qué ahora?, ¿por qué ahora? La respuesta es simple: lo que Estados Unidos estaba haciendo no estaba funcionando. Tenemos el valor de reconocer esa verdad. Una política diseñada para la Guerra Fría tenía poco sentido en el siglo XXI. El embargo sólo estaba perjudicando al pueblo cubano en vez de ayudarlo” […]

“Esto me conduce a una razón mayor y más importante de estos cambios, creo en el pueblo cubano, creo en el pueblo cubano [dramáticamente dicho las dos veces en español]. Esto no es sólo una política de normalización de las relaciones con el gobierno cubano. Estados Unidos de América está normalizando sus relaciones con el pueblo cubano”. […]

“Y hoy, quiero compartir con ustedes mi visión de lo que puede ser nuestro futuro. Quiero que el pueblo cubano –especialmente los jóvenes—entienda por qué creo que ustedes deben ver el futuro con esperanza. En Estados Unidos, tenemos un claro monumento a lo que el pueblo cubano es capaz de construir: se llama Miami”…

Esa antigua atribución imperial de Estados Unidos hacia Cuba, como quedó plasmado en la Enmienda Platt y en la Ley Helms Burton, de arrogarse el derecho de hablar en nombre del pueblo cubano, desconociendo el derecho soberano del pueblo cubano de hablar y dejar manifiesto su condición de libre a través de su gobierno, no solamente lo deja claro el presidente estadounidense en esta ocasión sino que lo expresó también en su declaración pública el 19 de diciembre de 2011, cuando afirmó: “El futuro de Cuba tiene que ser decidido por el pueblo cubano. Esto no ha ocurrido por décadas, y tampoco ocurre hoy. El pueblo de Cuba merece los mismos derechos, libertades y oportunidades, como cualquier otro pueblo. Es por eso que Estados Unidos seguirá apoyando los derechos fundamentales del pueblo cubano.”

El presidente de Estados Unidos, como le corresponde, insiste en un futuro capitalista para el pueblo cubano, como si lo que determinara el proceso revolucionario de Cuba no hubiese sido el capitalismo y su consustancial dependencia y control económico y político por Estados Unidos. Y si algunos mantuvieran que ese capitalismo era el de hace medio siglo y no el de ahora –aunque claro, no hay peor ciego que el que no quiera ver—al preguntársele por un periodista argentino, en la conferencia de prensa en Buenos Aires sostenida por los presidentes de Estados Unidos y Argentina, el 24 de marzo pasado, sobre la labor del presidente argentino en los primeros tres meses de gobierno (que ha dejado desempleados a más de 100,000 trabajadores), Obama afirmó: ¨Quedamos impresionados por el trabajo hecho en estos 100 días, él está fijando un ejemplo para otros países en este hemisferio”. 

Ese es el futuro capitalista que el presidente de Estados Unidos también quiere para el pueblo cubano.//

lunes, 4 de abril de 2016

Intento de golpe en Brasil busca anular resultado electoral

Por Mark Weisbrot 

Este artículo fue publicado en español por Últimas Noticias el 3 de abril de 2016 y en inglés por The Hill el 4 de abril de 2016. Si el texto a continuación aparece distorsionado, por favor pulse aquí para una versión sin errores de formato. Para ver la versión original en inglés, por favor pulse aquí. Si desea publicar este artículo, por favor infórmele a CEPR respondiendo a este mensaje.

Si intenta seguir las noticias en torno a la convulsión política en Brasil, puede que le sea difícil tener una idea de lo que realmente sucede. Esto es algo que ocurre a menudo cuando existe un intento de golpe en el hemisferio occidental, y en particular cuando al gobierno de Estados Unidos le interesa el resultado. Por lo general, la información acerca de dicho interés, y con frecuencia del papel de Washington, suelen ser las primeras víctimas del conflicto. (Algunos ejemplos del siglo XXI incluyen a Paraguay en 2012, Haití en 2011 y 2004,Honduras en 2009, Ecuador en 2010 y Venezuela en 2002).

En primer lugar, no hay duda de que se trata de un golpe de estado en curso. Es un intento por parte de la élite tradicional de Brasil — que incluye entre sus jugadores clave a la mayoría de los grandes medios — de revertir el resultado de las elecciones presidenciales de 2014 en Brasil. La mayor prueba de ello son las bases sobre las cuales pretenden destituir a la presidenta Dilma Rousseff, perteneciente al Partido de los Trabajadores (PT). No tiene nada que ver con corrupción o con delito grave alguno. La acusación consiste en que el gobierno utilizó dinero prestado en 2014 para aparentar que el excedente presupuestario primario se ubicaba dentro de su meta. Pero se trata de una práctica ya efectuada por otros presidentes y difícilmente constituye un delito censurable. A modo de comparación: Cuando en 2013 los republicanos en el Congreso de EE.UU. amenazaron con ‘cerrar el gobierno’ en torno al techo de la deuda, la gestión de Obama empleó una serie de trucos contables para extender la fecha límite, sobre lo cual hubo poca controversia.

Las acusaciones contra Lula son igualmente precarias, incluso si resultan ser ciertas. En especial, los acusadores no han logrado demostrar vínculo alguno con el gran escándalo de corrupción "Lava Jato" (lavado de carros) — o con cualquier otro tipo de corrupción. A Lula se le acusa de poseer una propiedad frente a la playa, de la cual él niega ser dueño, al parecer renovada por una constructora brasileña; y de recibir dinero por parte de varias empresas para sus discursos. No obstante, por encima de todo, se trata de hechos sucedidos después de que dejara la presidencia. Aunque Bernie Sanders haya puesto en entredicho, con buena razón, el hecho de que Hillary Clinton reciba millones de dólares por parte de empresas para sus intervenciones, no se trata de algo ilegal en los EE.UU. Tampoco lo es en Brasil.

El principal juez de instrucción de los casos mencionados, Sergio Moro, tuvo que disculparse ante el Tribunal Supremo por haber filtrado a la prensa las conversaciones intervenidas entre Lula y Dilma, así como entre Lula y su abogado, su esposa y sus hijos. La detención de Lula para ser interrogado, con filtraciones de información a los medios de comunicación y con la participación de 200 policías, a pesar de que Lula siempre se había sometido voluntariamente a la interrogación, tampoco dejó duda alguna acerca de la naturaleza política de la investigación. Si Moro tuviera alguna prueba que vinculara a Dilma o a Lula con verdadera corrupción, parte de ésta probablemente ya se habría dado a conocer, dado que el juez se ha dado a la tarea de filtrar conversaciones telefónicas pinchadas, de carácter personal y privado, tan solo para avergonzarlos. 

La antidemocrática y corrupta élite brasileña intenta llevar al país de vuelta a su pasado proto-democrático, cuando ésta ostentaba el veto en relación a los resultados electorales. Por desgracia, eso no fue hace tanto tiempo: La dictadura que duró hasta el año 1985 se instaló mediante un golpe respaldado por EE.UU. en 1964, con cierta semejanza a los esfuerzos actuales.

Con respecto al papel de EE.UU. hoy día: No es ningún secreto que a Washington le gustaría deshacerse de todos los gobiernos de izquierda en la región. Durante el viaje del presidente Obama a la Argentina la semana pasada, y en otras declaraciones públicas por parte de funcionarios estadounidenses, quedó claro lo felices que estaban al recibir el nuevo gobierno de derecha en ese país. Cambiaron igualmente su política, implementada en contra del gobierno anterior de izquierda, de bloquear los préstamos a Argentina por parte de prestamistas internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial. De los golpes mencionados anteriormente, en todos ellos la prueba del papel de Estados Unidos se confirma más allá de cualquier duda razonable, con la excepción de Ecuador, donde no existen pruebas contundentes. Pero ya que no ha habido prácticamente ningún golpe de Estado en este hemisferio contra un gobierno de izquierda sin cierta intervención estadounidense, no es de extrañar que muchos ecuatorianos consideran que EE.UU. también tuvo (y sigue teniendo) un papel en su caso. 

Dicha hipótesis no es descabellada en Brasil, donde Washington intervino en 2005 al apoyar un esfuerzo legislativo destinado a socavar el gobierno del Partido de los Trabajadores. Su espionaje masivo en Brasil — y en especial de Petrobras — delatado por Edward Snowden y Glenn Greenwald en 2013, también apunta en ese sentido. Tal vez sea mera casualidad que toda esa información sobre Petrobras fuera recabada por el gobierno de EE.UU. justo antes de que estallaran los escándalos en el seno de la petrolera estatal; o puede que Washington haya compartido cierta información con sus aliados en la oposición brasileña. No cabe duda de que, al igual que el presidente Mauricio Macri en la Argentina, los principales actores en este intento de golpe — gente como los ex candidatos presidenciales José Serra y Aécio Neves — son aliados del gobierno de EE.UU.

Por supuesto, aún con los medios de comunicación a la cabeza de los ataques, el gobierno del PT no se vería envuelto en tales problemas actualmente si la economía — que sufrió una contracción estimada de 3.8 por ciento el año pasado — estuviera en mejor forma. Lo cual, por desgracia, se debe principalmente a sus propios errores; comenzando por el final de 2010, cuando emprendieron una serie de recortes en la inversión pública, aumentos de las tasas de interés, y otras medidas que estancaron a la economía, seguido por medidas de austeridad aún más severas en 2015 que provocaron una recesión sin final a la vista. El paro se ha disparado, partiendo de un mínimo récord de 4,3 por ciento en diciembre de 2014 a una tasa de 8,2 por ciento en la actualidad. No tenía por qué ser así; con más de $ 360 millones de dólares en reservas de divisas, Brasil no se ve condicionada por su balanza de pagos, y por lo tanto podía recuperarse mediante políticas macroeconómicas expansivas.

Dilma y Lula están contra la pared y se enfrentan a una serie de enemigos poderosos, pero sería prematuro darlos por vencidos. Se han enfrentado batallas más duras; a diferencia de sus adversarios y de las grandes compañías de medios que apoyaron la dictadura, fueron encarcelados durante su yugo. Si son capaces de sobrevivir al actual intento de golpe, tendrán la oportunidad de recomponer la economía, y de volver a dar forma a su legado — que a fin de cuentas viene siendo sinónimo de avances considerables, tanto en lo económico como en lo social.
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