"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Nota de prensa del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba


Enviado por editor en Mié, 28/09/2016 - 22:00


Durante los días 27 y 28 de septiembre de 2016 tuvo lugar la III Ronda de Conversaciones Migratorias entre Cuba y Panamá, la cual estuvo presidida por Ulises Arranz Fernández, Subdirector de la Dirección de Asuntos Consulares y de Cubanos Residentes en el Exterior del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba y el Sr. Javier Carrillo Silvestri, Director General del Servicio Nacional de Migración del Ministerio de Seguridad Pública de Panamá.

Durante las sesiones de trabajo que se desarrollaron en un ambiente cordial y de respeto mutuo, acorde con el nivel de las relaciones bilaterales existentes, ambas delegaciones evaluaron el comportamiento del flujo migratorio entre Cuba y Panamá, así como el estado de implementación de los Acuerdos sobre intercambio de Alertas Migratorias e Información de Seguridad suscritos por las autoridades migratorias de ambos países.

Ambas partes reafirmaron la voluntad y el compromiso de sus respectivos gobiernos de realizar acciones conjuntas en aras de garantizar un flujo migratorio, regular, ordenado y seguro entre ambas naciones. Se inició la negociación de un Convenio en Materia Migratoria, como mecanismo efectivo para el control migratorio, el combate contra el tráfico de migrantes y la trata de personas y el tratamiento adecuado y de respeto a los derechos humanos de los migrantes.

La delegación cubana expresó su profunda preocupación por la persistencia por parte de los Estados Unidos de la Ley de Ajuste Cubano, la política de «pies secos-pies mojados», y el «Programa de Parole para profesionales médicos cubanos», que estimulan la emigración irregular e insegura, provocan pérdidas de vidas humanas y favorecen la comisión de delitos como el tráfico de emigrantes, la trata de personas, el fraude migratorio y el uso de la violencia, a la vez que crean problemas a otros países.

Una vez más, Cuba mantiene la disposición de recibir a todos los migrantes cubanos según la legislación migratoria vigente. (Cubaminrex)

Cuba seguirá participando en el Programa Más Médicos

Publicado en Cubadebate el 27 septiembre 2016

Médicos cubanos salen de misión. Foto: Oriol de la Cruz/ ACN.

Desde el año 2013, a solicitud del gobierno de la presidenta Dilma Rousseff y con la participación de la Organización Panamericana de la Salud, Cuba se incorporó al Programa Más Médicos. Por este programa del gobierno se han mantenido laborando durante este período en Brasil unos 11 400 médicos cubanos, los cuales han llevado servicios a 3 356 municipios, que representan el 83 por ciento de los 4 058 que participan en el programa.

Si se considera que en Brasil existen 5 570 municipios, nuestros médicos han estado presentes en dos tercios de ese país, beneficiando a 40 millones de brasileños, en particular a las familias de menos ingresos. Ello ha impactado positivamente los indicadores de salud de esa nación.

De cara al vencimiento del actual convenio y en medio de los recientes acontecimientos en Brasil, un enviado especial del gobierno cubano consultó el 30 de mayo pasado a la aún presidenta Dilma Rousseff e igualmente procedió a conocer la opinión del expresidente Luiz Inácio Lula Da Silva, un día después.

Dilma consideró que el Programa Más Médicos debía continuar porque era un patrimonio del pueblo de Brasil. Afirmó que Cuba había sido ejemplo por el trabajo de sus médicos y que agradecían infinitamente el gesto generoso de nuestro pueblo y nuestro gobierno de enviar sus médicos para atender a la población brasileña.

Lula, por su parte, aseguró que el Programa Más Médicos era una conquista ya enraizada en la cultura de Brasil y que no podía perderse, por lo que mantener el trabajo de los médicos cubanos sería un ejemplo no solo para el pueblo de Brasil, sino para el mundo.

En correspondencia, el Ministerio de Salud Pública de Cuba, comprometido con los principios solidarios y humanistas que siempre han guiado la colaboración médica de nuestro país, continuará participando en el acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud para la aplicación del Programa Más Médicos, mientras se mantengan las garantías ofrecidas por las actuales autoridades.


MINISTERIO DE SALUD PÚBLICA
La Habana, 27 de septiembre de 2016

Cuba, enemiga exclusiva de Estados Unidos

Por René Vázquez Díaz*/Foto Virgilio Ponce -Martianos-Hermes-Cubainformación.- El 14 de agosto del año pasado, el Secretario de Estado John Kerry dijo solemnemente en la reapertura de la embajada estadounidense en La Habana: “Estamos seguros de que este es el momento de acercarnos; dos pueblos ya no enemigos ni rivales, sino vecinos”.

Luego Obama fue a La Habana, donde recitó el catecismo doctrinario del capitalismo. Fue un brillante sermón politizado que, por fuerza, lo obligó a mentir. Su mentira más curiosa, que hoy se ha vuelto grotesca, fue cuando dijo en español: “Cultivo una rosa blanca”, y continuó: “José Martí hizo esta oferta de amistad y paz tanto a amigos como enemigos. Hoy, como Presidente de Estados Unidos de América yo le ofrezco al pueblo cubano el saludo de paz”.

Quedaba dicho: a partir de ahora la superpotencia que ha generado hambre, vicisitudes y muerte en el seno del pueblo cubano, nos ofrecía la paz nada menos que en nombre de Martí; ya no seríamos enemigos. Solo vecinos.

Pero ni Obama ni Kerry dijeron que seríamos buenos vecinos. Teníamos que conformarnos con una especie de vecindad sin enemistad. No estaba mal. La diminuta Cuba los había obligado a doblar la cerviz imperial y tuvieron que sentarse a negociar. Pero decir buen vecino era peligroso ya que la famosa “política del Buen Vecino” aplicada a Cuba en los años 30 fue un ejemplo escolar de dominación total: ante la situación revolucionaria que tumbó al dictador Machado, otrora buen amigo de Estados Unidos, el procónsul Sumner Welles fue enviado a Cuba junto con 29 buques de guerra para manipular, sobornar, amenazar y armar desesperadamente un muñeco de gobierno afín a Estados Unidos. La revolución del 33 quedó frustrada y dio paso al comienzo de la era que sería dominada por Batista. Luego fuimos buenos vecinos sometidos, hasta el primero de enero de 1959. Desde entonces Cuba fue la enemiga por excelencia. El año pasado los cubanos de dentro y de fuera creímos honestamente que habíamos dejado de ser enemigos.

Pero el 14 de septiembre de este año Obama echó por tierra la era imaginaria de la vecindad sin enemistad: ese día el Presidente prolongó una vez más la agresión contra Cuba, bajo la llamada Ley de Comercio con el Enemigo, un estatuto de 1917 aplicable en tiempos de guerra o de emergencia nacional. Cuba es el único país en esa lista de enemigos. Es una lista infame y, si se tiene en cuenta las declaraciones del Presidente y el Secretario de Estado, ahora también traicionera.

Esa lista de un solo país sería ridícula si no fuera porque la Ley de Comercio con el Enemigo es la que sustenta el bloqueo económico y financiero contra Cuba, que afecta a toda la población y en especial a los grupos más vulnerables. El bloqueo se aplica de manera extraterritorial en el mundo entero, contra todo individuo o entidad que haga negocios con Cuba o que facilite sus transacciones en el Mercado Mundial. Económicamente, todos pierden con el bloqueo, pero la prensa internacional finge que ya no existe.

La verdad es que el encarnizamiento contra el pueblo cubano continúa, a pesar de que Obama reconoció que ese acoso de 24 horas al día durante medio siglo fracasó en su afán de destruir a la Revolución. Y pese a las medidas insuficientes que Obama ha tomado para aliviar el asedio, lo que sigue sucediendo es lo siguiente:

El Gobierno de Estados Unidos prohíbe que sus propios ciudadanos viajen libremente a Cuba.

Prohíbe que los buques de cualquier país que atraquen en puertos cubanos toquen puertos estadounidenses durante 180 días.

Impide que Cuba importe, desde terceros países, productos que contengan más del 10 % de componentes norteamericanos.

Prohíbe que compañías estadounidenses realicen inversiones en Cuba.

Prohíbe que Cuba utilice el dólar en sus transacciones internacionales.

Persigue implacablemente a toda entidad financiera de cualquier país que haga transacciones con Cuba, imponiéndoles multas millonarias en tribunales estadounidenses.

Prohíbe las importaciones a Estados Unidos de servicios cubanos, así como de productos vitales de la economía cubana como el tabaco, el ron, productos sofisticados de la industria biotecnológica cubana e incluso prohíbe la importación de productos manufacturados en terceros países, si contienen materias primas cubanas como níquel o azúcar.

Crea obstáculos insalvables para el comercio de medicamentos y alimentos con Cuba, e incluso obstaculiza las donaciones humanitarias.

Pretende controlar totalmente el futuro político y económico de Cuba por medio de leyes estipuladas en Washington, pero que deben aplicarse en territorio cubano, como la Ley Helms-Burton y la Ley Toricelli.

¿Cómo explicar esta expresión inaudita de revanchismo primitivo contra un vecino pequeño y débil? ¿Cuál es el supuesto poderío secreto e invencible de Cuba, para que la potencia más grande de la Historia quiera aplastarla y fracase en el intento?

La Ley Internacional estipula que la población civil ha de estar protegida de los peores efectos de los conflictos entre las naciones. No obstante, las acciones agresivas de Estados Unidos, de las cuales sólo he citado algunas, imponen unas condiciones de vida deliberadamente calculadas para la eliminación física de una parte de la población. Por eso el bloqueo es una forma de genocidio silencioso.

El 26 de octubre próximo se realizará la votación anual en la ONU para exigir el levantamiento incondicional de las sanciones de Estados Unidos contra Cuba. El año pasado el aislamiento del agresor fue casi total; 191 países (de 193) votaron contra el bloqueo norteamericano. Solo Estados Unidos e Israel votaron por mantenerlo. Uno se pregunta cuándo el Estado judío votará de acuerdo a la justicia, y no por mera conveniencia.

Nota: Este art. fue publicado originalmente en Rebelión.

*René Vázquez Díaz, cubano residente en Suecia, escritor, traductor y periodista, presidente de la Asociación de Cubanos Residentes en Suecia.

Las cuatro elecciones más reñidas de la historia reciente de EE UU




Plató del primer debate entre Hillary Clinton y Donald Trump en la Universidad Hofstra en Hempstead, Nueva York (Paul J. Richards/AFP/Getty Images)

Hillary Clinton ya no lo tiene tan fácil. Se ha pasado de la victoria segura que casi todos le pronosticaban a un empate técnico. Desde la elección de George Washington en 1788, Estados Unidos ha celebrado 56 elecciones presidenciales y muchas se han decidido por un puñado de votos. Como puede que las de 2016 también acaben así, analicemos las cuatro elecciones más reñidas de la historia moderna del país.


El ya vencedor Harry Truman con el ‘Chicago Tribune’ cuyo titular reza “Dewey vence a Truman” (Mike Nelson/AFP/Getty Images)

Truman vs Dewey, 1948: la gran ‘upset’ (sorpresa)

Nadie daba un centavo por Harry Truman en 1948 y era normal. Había llegado a la Casa Blanca a la muerte de un coloso como Franklin D. Roosevelt, una figura difícil de reemplazar que había sacado al país de la Gran Depresión y lo había guiado a través de la Segunda Guerra Mundial. Truman se hizo cargo de una nación todavía en lucha y en su primera cita con las urnas, las legislativas de 1946, vio cómo su partido perdía el control de las dos cámaras del Congreso por primera vez en los últimos 18 años.

El candidato Truman era tratado con cierta condescendencia por las élites estadounidenses. Aún hoy es el último presidente que no se graduó en la Universidad y muchos se preguntaban: “¿qué puede hacer un vendedor de trajes de Missouri contra Thomas Dewey: gobernador de Nueva York, icono antimafia, el republicano favorito de todos los demócratas?”. Su partido además se presentaba dividido, con una candidatura alternativa en los estados segregacionistas del Sur y otra con un candidato más progresista que Truman. En resumen: tras 15 años con un demócrata dirigiendo el país, parecía que EE UU estaba listo para un cambio.

A todos los argumentos se sumaban además las encuestas. Los sondeos de Gallup, Roper y Crossby daban como ganador a Dewey con una cómoda ventaja de entre cinco y 15 puntos. Todos fallaron. Truman se impuso a Dewey por más de dos millones de votos y dejó una de las imágenes más icónicas de la historia de EE UU. La del presidente, pletórico, sosteniendo entre las manos un ejemplar del Chicago Tribune que anunciaba erróneamente su derrota. El titular ha pasado a la historia: “Dewey Defeats Truman”.

Es difícil no ver el paralelismo con Hillary Clinton y Donald Trump. La que llega con el cartel de segura ganadora y el candidato que viene pisándole los talones, con una campaña más audaz porque tiene menos que perder. Si Trump vence el 8 de noviembre será un choque a la altura del de 1948.


Fotos de John F. Kennedy y Richard Nixon. (Keystone/Getty Images)

Nixon vs. Kennedy, 1960: voto a voto

En el año 1960, eran los republicanos los que trataban de conservar la Casa Blanca después de ocho años de Gobierno de Dwight D. Eisenhower. Su joven vicepresidente, Richard Nixon, tenía por delante la siempre difícil tarea de oponerse al cambio. Al otro lado, el joven senador John F. Kennedy quería ser el primer presidente católico de un país fundado por protestantes. Ahora parece un detalle sin importancia pero el único que lo había intentado antes, Al Smith, había sufrido una de las peores derrotas de la historia de Estados Unidos.

La del 60 fue una campaña en la que se enfrentaron dos candidatos excepcionalmente capaces y además lo hicieron en un medio completamente nuevo: Kennedy y Nixon protagonizaron el primer debate televisado de la historia. La mínima ventaja que llevaba el demócrata se diluyó en los últimos cuando el muy popular presidente Eisenhower se involucró en la campaña, así que desde primera hora del día de las elecciones las dos campañas se prepararon para una noche larga.

En el cuartel general de los Kennedy en Hyannis Port se temieron lo peor durante buena parte de la noche pero finalmente, nada menos que en la tarde del día siguiente, el candidato demócrata pudo respirar tranquilo después de que Nixon reconociera su derrota. Había vencido por poco más de 110.000 votos entre 67 millones de papeletas, una ventaja de menos del 0,2%. Para la historia quedan serias acusaciones de fraude electoral en Texas e Illinois. Si Nixon hubiera ganado esos dos estados, Kennedy no habría sido presidente. 

Hillary Clinton se encuentra en esta campaña con muchas de las dificultades que hundieron a Nixon en 1960. Obama es inmensamente popular como lo era Eisenhower, de modo que no puede desmarcarse mucho de su antiguo jefe. A la vez, se enfrenta a un candidato claramente rupturista en un momento en el que representar al establishment no es la mejor carta de presentación ante los votantes. Esta dicotomía le costó a Nixon las elecciones, veremos si Clinton es capaz de conciliar esas dos realidades.


Jimmy Carter en una rueda de prensa tras ser elegido presidente de EE UU. (Gene Forte/AFP/Getty Images)

Ford vs. Carter, 1976: el paseo que no fue

La elección presidencial de 1976 tenía que haber sido un paseo para Jimmy Carter. Era difícil no verlo así: el país estaba aún horrorizado por el Watergate, la dimisión de Nixon y el nivel de marrullería alcanzado por su gobierno. Su sucesor, Gerald Ford, era un tipo agradable que había llegado al puesto de rebote pero que se había ganado la antipatía de una gran cantidad de votantes dándole un indulto a Nixon “por cualquier crimen que hubiera podido cometer”.

Nixon fue una gran peso en la espalda de Ford durante toda la campaña, sobre todo por las sospechas de que el indulto pudiera haber sido parte de un acuerdo para que el presidente, acosado, dimitiera. Aunque ayudó al país a superar por fin el trauma del caso Watergate, los medios fueron inmisericordes con Ford y los demócratas se lo hicieron pagar, convirtiéndolo en el primer presidente desde Abraham Lincoln en ir al Capitolio a dar explicaciones ante un comité.

Ford redondeó su desgracia con una de las peores meteduras de pata en la historia de los debates presidenciales, cuando dijo la famosa frase “no hay dominación soviética en la Europa del Este” y además trató de defenderla. Sin embargo, y a pesar de todo esto, Carter no conseguía quitárselo de encima y Ford tuvo un resultado bastante aceptable. Perdió, pero habría ganado sólo con vencer en Texas y Mississippi, dos estados que nunca han vuelto a votar por un demócrata. 

Es difícil saber, exactamente, qué impacto tuvo aquel error garrafal en el debate, lo que está claro es que muchos de los presidentes que vinieron después aprendieron del error de Ford. En lugar de negar la evidencia, muchos han preferido reconocer abiertamente cuando la han pifiado en un debate. Obama, sin ir más lejos, se refirió hace cuatro años a la “siestecita” que se había echado durante el primer debate en que Mitt Romney le pasó por encima.


El candidato republicano George W. Bush y el demócrata Al Gore durante un debate en la University of Massachusetts-Boston. (Stan Honda/AFP/Getty Images)

Bush vs. Gore, 2000: el más votado pierde

Sólo tres veces había sucedido que el candidato más votado perdiera la presidencia y la última había sido 112 años antes, pero el vicepresidente Al Gore entró en la historia tras sacar medio millón de votos más que George W. Bush y ver cómo éste se convertía en presidente. Tras ocho años de Bill Clinton, los demócratas estuvieron muy cerca de lograrlo pero chocaron con un escollo, Florida.

En la noche electoral más absurda de la historia del país, varias televisiones dieron la presidencia a Al Gore para luego echarse atrás. Al rato, el propio Gore llamó a Bush para felicitarle por su victoria pero más tarde le contactó de nuevo para retractarse. Todo mientras un ejército de abogados de ambos partido llegaba a Florida para influir en la batalla legal que iba a acabar decidiendo la presidencia. 

36 días después de que los estadounidenses votaran, la Corte Suprema decidió, en una apretadísima votación, detener el recuento en Florida y declarar como vencedor a George W. Bush. En un doloroso acto de lealtad institucional, tanto Gore como el resto de los líderes demócratas aceptaron la derrota. Los 25 votos electorales del estado empujaban a Bush a la cifra mágica de 271, sólo uno más de los necesarios para ser presidente.

En estas elecciones Florida volverá a ser clave y regresarán al estado los equipos legales de ambos partidos, listos para pelear si el resultado es tan ajustado como en 2000. Con su equilibrio entre la abundantísima población hispana y la gran cantidad de blancos que llegan desde el norte a pasar su retiro al sol, el estado del amanecer es un inmenso laboratorio del futuro político del país. De momento Trump y Clinton están empatados allí y harían bien en no olvidar las lecciones de la que hasta el día de hoy es la elección más reñida de la historia de EE UU.

Academia de Historia de Cuba se enfoca a los medios de comunicación

La sociedad, relanzada en 2010, aspira a promover un mayor y mejor tratamiento mediático de la historia nacional.
La AHC, como máxima autoridad en la investigación, estudio y promoción de la historia en el país, tiene como objetivo y misión fundamental salvaguardar el legado histórico de Cuba para proclamar la verdad de la nación y reafirmar su identidad.
La AHC, como máxima autoridad en la investigación, estudio y promoción de la historia en el país, tiene como objetivo y misión fundamental salvaguardar el legado histórico de Cuba para proclamar la verdad de la nación y reafirmar su identidad.
Foto: Jorge Luis Baños_IPS
La Habana, 28 sep.- La Academia de la Historia de Cuba (AHC) creó una comisión de divulgación y adoptó una estrategia de comunicación, para visibilizar sus acciones y promover el tratamiento de temas históricos en los medios de comunicación del país, casi todos a manos del Estado.
La estrategia comprende, entre otros pasos, continuar la grabación y salida al aire de un programa semanal en la emisora Habana Radio, elaborar y publicar el Boletín de la AHC, así como coordinar y facilitar la divulgación de las actividades con la Agencia Cubana de Noticias y otros órganos de prensa, radio, televisión y sitios web.
Propuesto en la reunión constitutiva de la comisión de divulgación, celebrada el 21 de septiembre, el plan incluye elaborar un listado de efemérides con el Instituto de Historia de Cuba y la Unión Nacional de Historiadores de Cuba para facilitarlo a la prensa, y divulgar las actividades conjuntas con la no gubernamental Unión de Escritores y Artistas de Cuba.
En un comunicado de la comisión al que la Redacción IPS Cuba tuvo acceso, trascendió que los académicos aspiran a realizar gestiones con los medios de comunicación masiva para visibilizar la AHC y coordinar programas dedicados a la vida y la obra de los historiadores César García del Pino y Jorge Ramón Ibarra Cuesta.

La academia surgió en 1910 y, tras un período de cierre que comenzó en 1960, fue relanzada en 2010, luego de que el Consejo de Estado de la República de Cuba decidió su restablecimiento con la publicación del acuerdo correspondiente y el reglamento.
Las y los profesionales pertenecientes a la AHC acordaron también preparar bases de autores y efemérides así como referencias a libros publicados para incentivar la elaboración de trabajos periodísticos.
Reanudó sus sesiones el 24 de febrero de 2011, como homenaje a quienes iniciaron la tradición en Cuba de estudiar el pasado y legar a las futuras generaciones un análisis riguroso del devenir histórico.
Según el artículo primero del acuerdo, la AHC, como máxima autoridad en la investigación, estudio y promoción de la Historia en el país, tiene como objetivo y misión fundamental salvaguardar el legado histórico de Cuba para proclamar la verdad de la nación y reafirmar su identidad.
También debe promover, cultivar y verificar el estudio de la historia nacional y universal en el país; contribuir a elevar el papel de la historia en el desarrollo de la cultura nacional; promover proyectos de investigación histórica, humanística y de ciencias sociales; y diseñar líneas de investigación en los centros de investigación, educación, divulgación y promoción.
Por otro lado, le compete a la academia estimular el estudio de la historia nacional, su adecuada divulgación y fomentar el amor a su conservación y cultivo por medios propios.
Además de asesorar al Estado cubano en esos asuntos y contribuir a la correcta interpretación de los sucesos y hechos históricos, tiene la misión de realizar publicaciones producto de investigaciones de sus miembros así como patrocinar estudios.
En el acuerdo del Consejo de Estado para refundar la AHC, se aprobó que esté integrada por veintiocho académicos de número, dentro de los que se elige un presidente, un vicepresidente, un secretario, un tesorero y un vocal, de acuerdo a los principios y requisitos establecidos.
Las y los integrantes se eligen a título personal y sin sujeción a término, con carácter de honorario y ostentan la condición de académicos.
El presidente, vicepresidente, secretario, tesorero y vocal, conforman la Junta Directiva de la Academia.
Así, el presidente, cargo que ocupa desde 2010 el investigador Eduardo Torres Cuevas, ostenta su representación legal y ejerce las funciones y obligaciones reguladas en el reglamento de la AHC. (2016)

Niño Donald, siéntese y aprenda

Por DIEGO FONSECA, New York Times


Donald Trump y Hillary Clinton el lunes en el escenario de Hofstra University CreditDoug Mills/The New York Times

No puedes ocultar quién eres.

Durante la primaria del Partido Republicano, Donald Trump fue elbully del aula. “Liar Ted!”, “Little Marco!”, “Low Energy Jeb!”. “¡Miren esa cara!”, dijo de la candidata Carly Fiorina. “¿Pueden imaginar esa, la cara de nuestro próximo presidente?”.

Trump mostró a los medios del mundo que un narcisista fanfarrón puede competir por la presidencia de la nación más poderosa del planeta sostenido por el festejo casi incondicional de una masa fervorosa. Arrastró el debate a una vocinglería propia de jovenzuelos inmaduros, una pandilla de pendencieros capaz de desafiar toda convención y norma, sentido común o derecho ajeno. Incluso ante la pobreza conceptual de sus oponentes republicanos, Trump jamás exhibió grandes ideas y prefirió provocar, mentir, insultar.

Pero, un día, conoció a la directora del instituto.

La noche del primer debate presidencial, Hillary Clinton puso en línea a Trump como una maestra encara al peor estudiante de la clase, en uno de los exámenes que determinarán si puede no ya egresar con algún honor sino al menos hacerlo con la calificación mínima.

Clinton presentó políticas en cada tema de la noche —desde comercio a raza, creación de empleo y crecimiento de la economía—, mientras Trump se refugió en la miseria de los camorreros: sacar al otro de quicio y patearlo cuando está en el piso. Trump balbuceó en comercio —en menos de cinco minutos atacó a México cinco veces y luego otras diez a China— y jamás dio precisiones sobre cómo creará empleo y atraerá millones de dólares expatriados a Estados Unidos. Fue errático en política exterior, frívolo en materia racial y peligrosamente incompetente en asuntos nucleares. Tropezó y desvarió.

Clinton pronto notó que Trump no sería mayor adversario. No iban cinco minutos y ya había sugerido que no era sino un malcriado crecido con dinero del padre interesado en beneficiar a otros tan ricos como él. Trump intentó llevar el juego al terreno del estudiante irrespetuoso dueño del aula e interrumpió a Clinton decenas de veces durante todo el debate. La mayor parte de ellas Clinton no cayó en la trampa. Mantuvo la compostura y siguió con su discurso, de modo que antes de alcanzar la cota de los diez minutos Trump bufaba y gesticulaba incómodo. Inquieto y fuera de control, mordió cada anzuelo. Su boca se frunció en una O pronunciada, como muestran los peces que respiran con problemas.

Desde el primer debate presidencial, la imagen juega un rol central en las elecciones. En 1960, un descansado, bronceado y juvenil John F. Kennedy se floreó ante un agobiado y sudoroso Richard Nixon y arrasó en la preferencia de los electores. Los debates son un delicado equilibrio entre conocimiento, composición de personaje y show, pero la integración de esa fórmula es imprecisa. Este lunes, Trump se vanaglorió de cuán rico es, una afirmación que en 2012 habría hundido aún más a Mitt Romney frente a Barack Obama.

Anoche Trump perdió tanto en compostura como en sabiduría mientras Clinton jamás abandonó el control de la sala. A medida que pasó el tiempo, la sonrisa de Clinton salió casi sin esfuerzo, relajó el cuerpo y avanzó con aplomo. En una oportunidad, ya sobre el final, Trump procuró atacarla por su aparente falta de energía para dirigir la política exterior, pero ella lo reconvino con un recorrido por su experiencia diplomática. Cuando Trump quiso argumentar ya era tarde; ella fue por todo y le recordó su rapacidad misógina. Sus críticas le resultaban inocuas.

A lo largo de la noche, Trump fue un irresponsable en sentido estricto: jamás tuvo un papel juicioso. No asumió que discriminó a afroamericanos ni a una Miss Universo, minimizó haber sido demandado y se quejó de ser auditado demasiadas veces. Un solo intercambio pudo definir su calidad moral para siempre. Clinton lo acusó de no pagar impuestos federales por años y él procuró apostillarla con engreimiento —“Eso es ser listo”—, pero ella captó la frase como las maestras que escuchan con oídos en la espalda mientras escriben en la pizarra, y le devolvió la respuesta sin siquiera mirarlo: si así es un tipo listo, entonces él no habría apoyado jamás a maestros, policías y millones de personas que dependen de esos fondos.

Trump fue menos infantil, hormonal y propenso a las bravatas que durante los debates del GOP, y aún menos que en campaña, cuando nadie puede rebatirle, pero el hombre que proclama que instaurará la ley y el orden se encontró durante todo el debate con que la ley y el orden eran encarnadas por la firmeza y aparente calma de Clinton. Trump no sabe nunca de qué habla y Clinton sabe demasiado bien qué se juega en la Casa Blanca: “Donald”, le dijo Hillary, “tú vives en tu propia realidad”.

La próxima lección para Trump será en el debate del 9 de octubre. En el primer debate la razón demócrata acorraló al delirio republicano. Las malas calificaciones de Trump podrían reflejarse en las encuestas inmediatas. Pero en una carrera donde la fe ha predominado sobre la inteligencia, es difícil saber si la lección de Clinton se traducirá en que el público hará a un lado de una vez el espíritu “yo-creo-lo-que-se-me-ocurra”.

Al final de la noche, los Clinton se abrazaban y saludaban a los asistentes al debate mientras los Trump se reunían en el escenario, sonriendo entre dientes y con cara de tragar amargura. Se fueron solos y pronto, como si entendieran que era mejor desvanecerse. Mientras lo hacían, Hillary Clinton seguía repartiendo sonrisas, pródiga y firme. La maestra resultó más inteligente, compuesta y popular que el chico que aún se cree el más listo de la clase.

Diego Fonseca es escritor argentino que actualmente vive en Phoenix y Washington. Es autor de "Hamsters" y editor de "Sam no es mi tío" y "Crecer a golpes".

martes, 27 de septiembre de 2016

Homenaje de Raúl al Gabo

El General de Ejército rindió sentido tributo al escritor colombiano Gabriel García Marquez, minutos después de concluir la ceremonia oficial de la firma del Acuerdo Final para la Paz

Yaima Puig Meneses 
27 de Septiembre del 2016 4:11:19 CDT

CARTAGENA DE INDIAS, Colombia.— A Gabriel García Márquez, “el gran ausente este día”, rindió sentido tributo el Presidente cubano, minutos después de concluir la ceremonia oficial de la firma del Acuerdo Final para la Paz.

“Este es un modesto homenaje que quisimos rendirle al Gabo, porque en los viajes que hizo a Cuba, conversaba mucho con Fidel y conmigo sobre la paz en Colombia”, declaró el General de Ejército. Recordó ante la prensa también, cuánto insistía y volvía a insistir ese entrañable amigo, sobre la necesidad de concretar un hecho como el sucedido este lunes.

Junto a la delegación cubana que asistió a esta histórica jornada, llegó Raúl al claustro de La Merced, de la Universidad de Cartagena, donde realizó un minuto de silencio, para acto seguido depositar una ofrenda floral ante el busto de bronce que recuerda al escritor de la insigne novela Cien años de Soledad, y a cuyos pies reposan parte de sus cenizas.

“Y mientras presenciaba el acto, pensaba en él”, confesó el mandatario cubano.

“Por eso, antes de partir a Cuba, quisimos hacer este homenaje; por él y por todos los caídos, de un lado y del otro”. “¡Qué viva la paz!”, dijo emocionado, consciente de que es precisamente lo que más necesita este mundo.

Transmito mi respeto, mi saludo y mi felicitación —dijo— a todo el pueblo colombiano y “le deseamos que tengan éxito en los pasos que quedan por delante”.

El estado de vigilancia en los países libres

Noam Chomsky, Alainet

En los últimos tiempos, hemos aprendido mucho sobre la naturaleza del poder del Estado y las fuerzas que impulsan sus políticas, además de aprender sobre un asunto estrechamente vinculado: el sutil y diferenciado concepto de la transparencia.

La fuente de la instrucción, por supuesto, es el conjunto de documentos referidos al sistema de vigilancia de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en inglés) dados a conocer por el valeroso luchador por la libertad, el señor Edward J. Snowden, resumidos y analizados de gran forma por su colaborador Glenn Greenwald en su nuevo libro No Place to Hide (Sin lugar donde esconderse).

Los documentos revelan un notable proyecto destinado a exponer a la vigilancia del Estado información vital acerca de toda persona que tenga la mala suerte de caer en las garras del gigante, que viene a ser, en principio, toda persona vinculada con la moderna sociedad digital.

Nada tan ambicioso fue jamás imaginado por los profetas distópicos que describieron escalofriantes sociedades totalitarias que nos esperaban.

No es un detalle menor el hecho que el proyecto sea ejecutado en uno de los países más libres del planeta y en radical violación de la Carta de Derechos de la Constitución de Estados Unidos, que protege a los ciudadanos de persecuciones y capturas sin motivo y garantiza la privacidad de sus individuos, de sus hogares, sus documentos y pertenencias.

Por mucho que los abogados del gobierno lo intenten, no hay forma de reconciliar estos principios con el asalto a la población que revelan los documentos de Snowden.

También vale la pena recordar que la defensa de los derechos fundamentales a la privacidad contribuyó a provocar la revolución de independencia de esta nación. En el siglo XVIII el tirano era el gobierno británico, que se arrogaba el derecho de inmiscuirse en el hogar y en la vida de los colonos de estas tierras. Hoy, es el propio gobierno de los propios ciudadanos estadounidenses el que se arroga este derecho.

Todavía hoy Gran Bretaña mantiene la misma postura que provocó la rebelión de los colonos, aunque a una escala menor, pues el centro del poder se ha desplazado en los asuntos internacionales. Según The Guardian y a partir de documentos suministrados por Snowden, el gobierno británico ha solicitado a la NSA analizar y retener todos los números de faxes y teléfonos celulares, mensajes de correo electrónico y direcciones IP de ciudadanos británicos que capture su red,

Sin duda los ciudadanos británicos (como otros clientes internacionales) deben estar encantados de saber que la NSA recibe o intercepta de manera rutinaria routers, servidores y otros dispositivos computacionales exportados desde Estados Unidos para poder implantar instrumentos de espionaje en sus máquinas, tal como lo informa Greenwald en su libro.

Al tiempo que el gigante satisface su curiosidad, cada cosa que cualquiera de nosotros escribe en un teclado de computadora podría estar siendo enviado en este mismo momento a las cada vez más enormes bases de datos del presidente Obama en Utah.

Por otra parte y valiéndose de otros recursos, el constitucionalista de la Casa Blanca parece decidido a demoler los fundamentos de nuestras libertades civiles, haciendo que el principio básico de presunción de inocencia, que se remonta a la Carta Magna de hace 800 años, ha sido echado al olvido desde hace mucho tiempo.

Pero esa no es la única violación a los principios éticos y legales básicos. Recientemente, el New York Times informó sobre la angustia de un juez federal que tenía que decidir si permitía o no que alimentaran por la fuerza a un prisionero español en huelga de hambre, el que protestaba de esa forma contra su encarcelamiento. No se expresó angustia alguna sobre el hecho de que ese hombre lleva 12 años preso en Guantánamo sin haber sido juzgado jamás, otra de las muchas víctimas del líder del mundo libre, quien reivindica el derecho de mantener prisioneros sin cargos y someterlos a torturas.

Estas revelaciones nos inducen a indagar más a fondo en la política del Estado y en los factores que lo impulsan. La versión habitual que recibimos es que el objetivo primario de dichas políticas es la seguridad y la defensa contra nuestros enemigos.

Esa doctrina nos obliga a formularnos algunas preguntas: ¿la seguridad de quién y la defensa contra qué enemigos? Las respuestas ya han sido remarcadas, de forma dramática, por las revelaciones de Snowden.

Las actuales políticas están pensadas para proteger la autoridad estatal y los poderes nacionales concentrados en unos pocos grupos, defendiéndolos contra un enemigo muy temido: su propia población, que, claro, puede convertirse en un gran peligro si no se controla debidamente.

Desde hace tiempo se sabe que poseer información sobre un enemigo es esencial para controlarlo. Obama tiene una serie de distinguidos predecesores en esta práctica, aunque sus propias contribuciones han llegado a niveles sin precedentes, como hoy sabemos gracias al trabajo de Snowden, Greenwald y algunos otros.

Para defenderse del enemigo interno, el poder del Estado y el poder concentrado de los grandes negocios privados, esas dos entidades deben mantenerse ocultas. Por el contrario, el enemigo debe estar completamente expuesto a la vigilancia de la autoridad del Estado.

Este principio fue lúcidamente explicado años atrás por el intelectual y especialista en políticas, el profesor Samuel P. Huntington, quien nos enseñó que el poder se mantiene fuerte cuando permanece en la sombra; expuesto a la luz, comienza a evaporarse.

El mismo Huntington lo ilustró de una forma explícita. Según él, “es posible que tengamos que vender [intervención directa o alguna otra forma de acción militar] de tal forma que se cree la impresión errónea de que estamos combatiendo a la Unión Soviética. Eso es lo que Estados Unidos ha venido haciendo desde la doctrina Truman, ya desde el principio de la Guerra Fría”.

La percepción de Huntington acerca del poder y de la política de Estado era a la vez precisa y visionaria. Cuando escribió esas palabras, en 1981, el gobierno de Ronald Reagan emprendía su guerra contra el terror, que pronto se convirtió en una guerra terrorista, asesina y brutal, primero en América Central, la que se extendió luego mucho más allá del sur de África, Asia y Medio Oriente.

Desde ese día en adelante, para exportar la violencia y la subversión al extranjero, o aplicar la represión y la violación de garantías individuales dentro de su propio país, el poder del Estado ha buscado crear la impresión errónea de que lo que estamos en realidad combatiendo es el terrorismo, aunque hay otras opciones: capos de la droga, ulemas locos empeñados en tener armas nucleares y otros ogros que, se nos dice una y otra vez, quieren atacarnos y destruirnos.

A lo largo de todo el proceso, el principio básico es el mismo. El poder no se debe exponer a la luz del día. Edward Snowden se ha convertido en el criminal más buscado por no entender esta máxima inviolable.

En pocas palabras, debe haber completa transparencia para la población pero ninguna para los poderes que deben defenderse de ese terrible enemigo interno.

Vidas públicas, vidas privadas*

Este artículo, del afamado escritor cubano, fue publicado originalmente en portugués en Folha de Sao Paulo y se reproduce en español gracias a un acuerdo con IPS Cuba.



Uno de los valores de la sociedad moderna es —o debía ser— el respeto al ámbito privado del individuo. Los intereses personales, su forma de entender diversos aspectos de la realidad y la existencia, sus gustos y fobias individuales se estimaban pertenencias arcanas que el contrato social debía proteger, siempre y cuando esas preferencias personales no resultaran lesivas al resto de los conciudadanos.

En un país como Cuba los límites de la vida privada muchas veces se permearon, por razones culturales —esa tendencia a lo gregario del cubano— y hasta por decisiones políticas que incluyeron desde la votación pública con el brazo en alto hasta la intromisión en las preferencias sexuales, las creencias religiosas, las opiniones políticas personales del individuo y que, puestas en juicio, podían decidir, por ejemplo, el desarrollo laboral o estudiantil de un ciudadano. La llamada “verificación”, que podía realizarse a partir de las opiniones de un vecino, tenía el poder de exponer asuntos estrictamente privados de una persona que se hacían públicos e influían en el destino de los individuos cuando no eran considerados “apropiados” o “admisibles” de acuerdo a ciertos códigos entre lo que no estaba, por supuesto, el Código Penal ni algún otro escrito y refrendado.

Tal vez esa experiencia me ha hecho ser un decidido defensor de los asuntos y espacios privados del ciudadano. A pesar de mi oficio, que me obliga constantemente a exponerme en público, a expresar ideas y opiniones, a ser entrevistado y criticado, he luchado por defender mi privacidad hasta donde me ha sido posible.

Noticias como la de las escuchas telefónicas realizadas por órganos de inteligencia a políticos de otros países o partidos o a simples ciudadanos, el “hackeo” de computadoras, la filtración de correos electrónicos —que todos sabemos factibles de ser revisados por otros— me resultan especialmente lesivos del que considero un derecho ciudadano inalienable a disfrutar de espacios de privacidad.

Todos esos conceptos y realidades me han empeñado más aun en intentar preservar mi privacidad. Por ello, a pesar de que soy escritor y periodista, nunca he tenido página web, el facebook que aparece en la red a mi nombre es apócrifo y jamás he manejado una cuenta de twitter. Soy, en esos sentidos, estrictamente “preinformático”. Soy un bicho raro, un anacrónico.

Mi condición, entonces, me hace reaccionar de un modo visceral cuando conozco de cómo hoy las personas hacen públicas, voluntaria y festivamente, lo que alguien como yo considera privado.

Hace poco, gracias a una amiga, pude ver la página de facebook de un antiguo compañero de estudios universitarios cuyo destino había extraviado. Con asombro pude ver y leer cómo contaba cada acontecimiento corriente de su vida —encuentros, visitas, experiencias—, cómo narraba parte de su historia familiar y… revelaba detalles de su vida sentimental y ¡sexual! En realidad, bi y homosexual (si es posible la conjunción). ¿Qué mecanismos pueden impulsar a un hombre de sesenta años a participar de esa demolición de lo privado? ¿Por qué un encuentro con una persona determinada tiene que adquirir el carácter de noticia? Es cierto que siempre ha existido la tendencia al exhibicionismo y el afán de protagonismo, pero tengo la sospecha de que hemos traspasado demasiados límites.

Sé perfectamente que hoy las redes sociales son un espacio privilegiado para la trasmisión de información, para las relaciones interpersonales, para la búsqueda de complicidades. Sé que muchos jóvenes y adolescentes han crecido y viven dentro de esa red de exhibicionismo que los atrae como una droga, los complementa como individuos. Sé, también, de cómo algunos utilizan estos medios para denigrar, espiar, atacar a otros, ocultándose tras cobardes anonimatos y seudónimos o utilizando poderes legales e ilegales. He leído cómo toda esa información que algunos ofrecen alegremente es utilizada para crear sus perfiles que no son precisamente los de facebook, sino algunos más tenebrosos y dominantes.

¿Qué es lo normal, me pregunto: tener un perfil de facebook o una cuenta en twitter o la decisión de no tenerla? ¿Es más sociable y moderno mi ex compañero de estudios o yo? No lo sé a estas alturas, la verdad. Lo que sí creo seguir sabiendo es que el derecho a la privacidad es un bien preciado, que deben respetar los poderes —que no suelen ser demasiado respetuosos— y sobretodo los individuos, comenzando por ellos mismos con respecto a sus propias vidas. El resto, como dice el viejo dicho, el resto es selva. (2016)
—

Nota:

Luego de varios meses sin escribir para La Esquina, el autor de La novela de vida, vuelve a la carga para complacer a sus lectores, con este artículo publicado originalmente en portugués para Folha de Sao Paulo.

Detienen a ex hombre de confianza de Lula y Rousseff por la corrupción en Petrobras




Antonio Palocci (al centro), quien fue ministro de Hacienda y jefe de gabinete de los ex presidentes Luiz Inacio Lula da Silva y Dilma Rousseff, respectivamente, fue aprehendido ayer en Sao Paulo como parte de la investigación Lavado Rápido sobre el desfalco a Petrobras. Más tarde fue trasladado a Curitiba, donde se le realizó un examen médico, al igual que a otros dos detenidosFoto Xinhua
Ap y Xinhua

Martes 27 de septiembre de 2016, p. 21

Sao Paulo.

Antonio Palocci, quien fue ministro de Hacienda y jefe de gabinete en los gobiernos de los ex presidentes Luiz Inacio Lula da Silva y Dilma Rousseff, fue detenido este lunes aquí por la Policía Federal, acusado de beneficiar a la constructora Odebrecht en el caso de corrupción en Petrobras.

Su abogado José Roberto Batochio dijo a los reporteros que su cliente es inocente y calificó el arresto de espectáculo.

Los investigadores señalaron que Palocci ejerció enorme influencia sobre los directivos en la constructora brasileña Odebrecht, uno de los principales participantes en la red de sobornos en Petrobras que según las autoridades alcanzó una cifra superior a los 2 mil millones de dólares durante más de una década.

La detención de Palocci en el contexto de la investigación denominadaLavado Rápido, que investiga un esquema millonario de corrupción en Petrobras, fue dada a conocer por el ministro de Justicia, Alexandre de Moraes, en la provincia de Ribeirao Preto, en el sur de Brasil.

Fiscales brasileños declararon que Palocci, quien fue uno de los coordinadores de recaudación de la campaña de Rousseff en 2010, supervisó sobornos políticos pagados por la constructora Oderbecht al menos durante dos años después de dejar el cargo.

La detención de Palocci es el último episodio de una ofensiva judicial contra Lula (2003-2010), Rousseff (2011-2016) y su izquierdista Partido de los Trabajadores (PT). El mismo Lula ha acusado que la derecha pretende impedirle participar en las elecciones presidenciales de 2018, en las que encuestas lo perfilan como favorito.

El debate Trump-Clinton; acto de tv para ver sangre o comedia



Los candidatos de los partidos Demócrata, Hillary Clinton, y Republicano, Donald Trump, abandonan el escenario tras concluir su primer debate en la Universidad Hofstra, en Long Island, Nueva York Foto: Afp

El concurso sobre quién sería el mejor comandante en jefe y cuál de estos dos integrantes del 1 por ciento más rico sería el que más beneficiaría a los más pobres acabó con Hillary Clinton acusando a Donald Trump de racismo y sexismo, y él lanzando uno de los peores insultos: que ella es sólo otra política profesional más.

Fue un espectáculo asombroso aun antes de empezar, un enfrentamiento entre la realidad y el entretenimiento, un combate entre un dueño de casinos, estrella de reality shows y el primer candidato presidencial sin previa experiencia política o militar contra una de las figuras políticas más experimentadas y representante por excelencia del establishment, quien seguramente aún no puede creer que está empatada en los sondeos con un bufón de semejante talla.

Por ello fue uno de los actos televisivos más vistos –se pronosticaban unos 100 millones de televidentes, cifra comparable con un evento como el Súpertazón–, ya que la gente lo sintonizó para ver sangre o comedia. Los análisis antes, durante y después del debate fueron como si se tratara de un campeonato de boxeo: quién dio un gancho al hígado, cuál fue la mejor combinación, cómo se portó el réferi.

El enfoque fue sobre si Trump podía presentarse más allá de un portavoz de sectores hartos con la cúpula política y económica del país y de corrientes reaccionarias y racistas y proyectar una imagen presidencial, o sea, si tenía un mínimo de conocimiento de los asuntos de Estado más importantes.

Para la candidata demócrata Hillary Clinton el enfoque fue cómo enfrentar al contrincante más inusual e impredecible en la historia política moderna y, a la vez, superar la falta de confianza popular que sigue padeciendo.

Al final de la noche no pasó nada dramático para cambiar de manera sustancial la percepción pública, aunque eso se comprobará en los próximos sondeos. Ambos compitieron sobre quién sería el comandante en jefe más feroz contra la amenaza del Estado Islámico, contra el crimen y la violencia dentro de Estados Unidos y quién generaría más prosperidad para la clase media.

México se presentó al inicio del debate, cuando les preguntaron sobre sus propuestas económicas. Trump acusó que México se está robando nuestros empleos al afirmar que el defectuoso Tratado de Libre Comercio de América del Norte tiene que ser renegociado, ya que es el peor tratado comercial jamás pactado. México y China, afirmó, están destruyendo los empleos industriales de Estados Unidos; aseguró que él pondría fin a eso y acusó a Clinton de ser la campeona de todos los acuerdos comerciales como estos. Clinton se limitó a declarar que favorecía tratados justos e inteligentes.

Batallaron sobre sus propuestas económicas. Ella dijo que sus políticas económicas sólo beneficiarán a los más ricos y que implicaban retornar a las mismas políticas que hicieron estallar la gran recesión de 2007. Él insistió en que era hora de que un empresario tomara las riendas del gobierno para finalmente poner orden y generar prosperidad en el país, algo que los políticos no saben hacer. Ella reviró: Donald, sé que vives dentro de tu propia realidad.

Se enfrentaron sobre el asunto de que Trump rehúsa difundir sus declaraciones fiscales. Él resaltó que lo haría después de concluir una auditoría, aunque las autoridades han dicho que eso no impide difundirlas. Clinton acusó que no quiere hacerlo porque tiene algo que ocultar, tal vez no es tan rico como dice, o tiene más deudas, o no ha pagado impuestos federales. Él no negó lo último. Para defenderse, dijo que estaría dispuesto a difundir su informe si ella revela los 33 mil correos electrónicos que han desaparecido de su cuenta.

En otro momento, ante una pregunta del moderador Lester Holt, de NBC News, sobre el asunto del manejo de los correos electrónicos durante su gestión como secretaria de Estado, algo que ha perseguido a la candidata a lo largo de esta contienda, Clinton reconoció otra vez que fue un error, no tengo excusas, asumo la responsabilidad. Trump la interrumpió y afirmó que fue una desgracia y que lo hizo a propósito.

El debate giró hacia el asunto de la raza y el sistema judicial. Clinton hizo énfasis en que se requiere de una reforma al sistema de justicia penal porque ahí existe un racismo sistémico, mejorar las relaciones entre comunidades y policías y poner fin a la plaga de la violencia de armas de fuego. Trump declaró: necesitamos ley y orden, sin lo cual no tendremos país. Resaltó la violencia en zonas urbanas marginadas y dijo que los afroestadunidenses y los hispanos están viviendo en el infierno en esas zonas, y por lo tanto se necesitan medidas para quitar las armas a la gente mala.

Fue en esta sección del debate cuando Clinton acusó a Trump de promover una mentira racista por cuestionar durante años si el primer presidente afroestadunidense había nacido en Estados Unidos. Recordó que en 1973, cuando Trump primero encabezó la empresa de bienes raíces de su padre, el Departamento de Justicia presentó una demanda judicial por prácticas de discriminación racial en su contra; él tiene una historia racista, aseguró. Trump intentó maniobrar, pero sólo ofreció una defensa torcida y poco coherente sobre el tema del acta de nacimiento de Barack Obama, acusando a Clinton de haber promovido esa acusación cuando hacía campaña contra Obama.

Sobre asuntos de seguridad nacional, los candidatos hablaron de la necesidad de enfrentar las ciberguerras. Trump afirmó que ahora tiene el respaldo de casi 200 generales y almirantes, así como los gremios de la Patrulla Fronteriza y los trabajadores de Migración y Aduanas. Insistió en que con Clinton y Obama Estados Unidos ha perdido el control sobre muchas cosas. Aseveró que el Isis (también conocido como Estado Islámico) fue posible por la manera en que Obama y Clinton se salieron de Irak, y que fue un error no tomar el petróleo de ese país. Clinton y el moderador subrayaron que Trump había favorecido la guerra contra Irak, pero él repetidamente dijo que eso era falso. Ambos prometieron derrotar al Isis.

Aquí entraron al terreno de quién tenía el mejor temperamento y cualidades para ser comandante en jefe. “Un hombre que puede ser provocado por un tuit no debería tener sus manos sobre los códigos nucleares”, atacó Clinton.

Trump replicó: yo tengo mucho mejor juicio que ella. Tengo mucho mejor temperamento, y aseguró que ella no tenía el aguante para ser presidenta. Agregó que ella tiene experiencia, pero es mala experiencia.

Al final, todo culminó con Clinton diciendo que Trump es sexista por haber llamado a mujeres marranas y perras. Trump indicó que en los espots publicitarios Clinton lo ha acusado de muchas cosas falsas, y que se había detenido en atacarla de la misma manera. Se quejó de que esas son cosas muy poco amables.

Ambos entraron al cuadrilátero en la Universidad Hofstra, en Long Island, Nueva York, como los candidatos más reprobados por el electorado en la historia moderna del país. En el promedio de las encuestas nacionales principales del país, calculado por RealClearPolitics, Clinton gozaba este lunes de una ventaja de 1.6 por ciento y el margen de su ventaja en los estados claves se sigue reduciendo o está anulado.

(Tomado de La Jornada)
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...