"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

miércoles, 24 de septiembre de 2014

El disparate del béisbol de EE.UU.: robar peloteros cubanos


Jesús Arboleya • 24 de septiembre, 2014

LA HABANA. Por su calidad, los peloteros cubanos se han puesto de moda en Estados Unidos y también ha sido noticia los sueldos extraordinarios que reciben al ser contratados. 

No es nada extraño, el deporte se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos del mundo y los atletas en una mercancía muy codiciada, no solo porque son el alma del espectáculo, sino porque sus figuras sirven para vender otras cosas. 

Nadie escapa a esta lógica, pero en ningún otro ámbito el mercantilismo es más descarnado que en el béisbol norteamericano. Incluso a diferencia del resto de los deportes, donde aún impera cierto nacionalismo al tratar de demostrar que sus atletas son “los mejores del mundo”, lo que interesa a los empresarios beisboleros estadounidenses es dejar claro que su campeonato es, por sí solo, la “Serie Mundial”, aunque no sean capaces de ganar un “Clásico”, a partir de sus propias figuras. 

La gran cantera de las grandes ligas norteamericanas es el llamado “draft”, una lista de los talentos jóvenes del país, que cuando pasan al profesionalismo están sujetos a una distribución equitativa entre los equipos. Cada cual va al equipo que le toque, según la ubicación de estos equipos en el campeonato nacional –el último elige primero– y el salario es el que decida el equipo. Tendrán que pasar al menos cuatro años, para que comiencen a recibir según su rendimiento y solo los extraordinarios recibirán sueldos extraordinarios. 

La otra gran cantera son los peloteros latinoamericanos. La mayoría se forman en las academias que establecen los equipos estadounidenses en estos países y, prácticamente siendo niños, firman contratos que los atan a estos equipos y también regulan su futura compensación como peloteros. El drenaje es mayúsculo, porque en la mayor parte de los casos ni siquiera existe la posibilidad de que los clubes locales reciban por la venta de sus atletas, como ocurre en el fútbol u otros deportes. 

En el caso de Cuba el negocio parece más lucrativo, porque los equipos no se gastan un centavo en la formación de los atletas y la parte cubana no recibe ningún tipo de compensación, ni está en condiciones de reclamar ante alguna instancia legal. Sin embargo, esta práctica coloca tanto a los equipos norteamericanos como a los propios jugadores cubanos a merced de los traficantes de personas que, como ha quedado demostrado en casos recientes, recurren a todo tipo de ilegalidades con tal de sacar a los atletas de Cuba y buscarles residencia en otro país, para así negociar su contrato en la liga estadounidense. 

Como no existen contratos previos con equipos norteamericanos y supuestamente radican en terceros países, los cubanos aparecen como “agentes libres”, una condición que por lo general solo obtienen los peloteros norteamericanos y latinoamericanos después de que se vencen sus contratos originales. La puja se torna entonces disparatada y esto explica algunos de los sueldos fabulosos que reciben estos atletas –y sus “representantes”– cuando su calidad despierta el interés de varios equipos, afectando al resto de los peloteros, que varias veces han reclamado al respecto. 

Aunque no todos triunfan, efectivamente son buenos peloteros. De hecho, cuando en el año 2000 se hizo un recuento histórico del siglo XX en la pelota estadounidense, uno de los factores que fue considerado como una afectación a su calidad, fue haber dejado de contar con el nutriente que significaba la pelota cubana. 

En la actualidad no existen factores objetivos que justifiquen la práctica de “llevarse” a los peloteros cubanos, poniendo incluso en peligro sus vidas y obligándolos a un romper con su país, lo cual no está en la lógica de sus aspiraciones. 

La nueva política migratoria les permite emigrar a donde deseen y regresar cuando lo estimen pertinente y se ha iniciado la práctica de buscarles contratos en el extranjero bajo la representación de entidades cubanas, sobre todo en la liga japonesa, donde también están triunfando. 

Todo esto ocurre de una manera civilizada, donde equipos y atletas se benefician con el estableciendo de retribuciones justas, en un marco de legalidad que protege a ambas partes y permite a los atletas continuar jugando en Cuba y representar a su país en las competencias internacionales. 

A nadie debe sorprender la calidad de los peloteros cubanos. Sorprende más que los hábiles empresarios norteamericanos no acaben de comprender que no es un buen negocio “robarse” a los peloteros cubanos. Pero quizá ya lo sepan, y lo que ocurre es que también son víctimas de la insensatez de la misma política que quiere venderse mediante esta práctica. 

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