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lunes, 3 de octubre de 2016

Yarelys Barrios: duda y castigo

Julio Batista • 3 de octubre, 2016



El mes de septiembre fue escandaloso para el deporte en Cuba. Y no en el mejor sentido de la palabra. El dopaje de la discóbola Yarelys Barrios y los cargos de violación contra cinco voleibolistas cubanos, mostró una cara que, desde los años 90, el país y los fanáticos no veían.

Sin embargo, entre uno y otro caso hay diferencias notables. A los cinco jugadores se les halló culpables de los cargos en su contra, a Yarelys el Comité Olímpico Internacional (COI) la ha condenado sobre la base de una duda.

A la atleta, nacida en Pinar del Río en 1983, el contraanálisis de una muestra tomada antes de los Juegos Olímpicos de 2008 —donde obtuvo la presea de plata con disparo de 63.64 metros— arrojó niveles anormales de acetazolamida, un diurético al que es posible acceder en Cuba mediante prescripción médica.

Llamativo resulta que Barrios recibió apenas unos meses antes, en La Habana, la presea que la acredita como medallista de bronce en la cita de Londres 2012, al ser descalificada —también por doping— la rusa Darya Pishchalnikova.

Según la posología del medicamento (disponible en la base de datos farmacéuticos del país) este tiene varios usos. Los más comunes son en la eliminación de líquidos, en el tratamiento del glaucoma y también puede emplearse contra el vértigo de altura.

Dicho de esta manera, no parece una sustancia a la cual podría sacársele partido: no aumenta la masa muscular ni el rendimiento, no opera como energético, no disminuye el nerviosismo (betabloqueador) y los beneficios de emplearlo para bajar el peso corporal no se equiparan con el riesgo que se corre al usarlo.

Sin embargo, los diuréticos son sustancias penalizadas por otro motivo: su función no es dopar, sino enmascarar el uso de otras sustancias.

La explicación es simple. Los medicamentos, estimulantes o cualquier otro tipo de sustancias que ingresan al organismo tienen un tiempo de degradación natural en sangre, tras lo cual son expulsados —mayoritariamente— a través de la orina. El empleo de diuréticos aumenta la excreción de líquidos corporales, acelerando ese proceso de degradación y eliminación.

Dicho de otra manera, en el mundo del dopaje, los diuréticos vienen a ser uncleanning team.

De ello se desprende que, al hallarlos en concentraciones elevadas en las muestras de orina, el COI asuma que no se trata de una coincidencia. Para el ente rector del olimpismo a nivel planetario un pico de estas sustancias es tan probatorio, tan incriminatorio, como haber encontrado al atleta jeringuilla en mano.

Una vez entendido esto, podríamos asumir que a Barrios se le sanciona por la suposición de que esconde algo, no por la seguridad de que lo haya hecho.

Con el anuncio oficial realizado el jueves 1ero de septiembre se cerraba la investigación abierta por la Comisión Disciplinara del COI desde mayo, mes en que se le notificó a Barrios el resultado de la muestra. También se cerraba la apelación que ella misma, junto a un abogado, realizara ante dicha comisión en Lausana Suiza. Los pasajes de ambos a Europa corrieron por la Federación Nacional de Atletismo.

En Lausana poco pudo hacer Yarelys, menos su abogado. Frente a la Comisión Disciplinaria era la palabra de una atleta contra el resultado dos veces comprobado (a solicitud de la deportista) por el laboratorio antidoping.

Sin embargo, la pinareña aseguró al periódico de su provincia haberse sometido a más de un centenar de controles de este tipo realizados a lo largo de su carrera por el Laboratorio Antidoping de Cuba, así como por la IAAF y la Agencia Mundial Antidopaje (WADA por sus siglas en inglés). El resultado siempre había sido el mismo: limpia. Hasta ahora.

Según explica Adelkis Fernández González, profesora de la Universidad de las Ciencias de la Cultura Física y el Deporte (UCCFD) Manuel Fajardo, cada deportista tiene que llenar una planilla en la cual quedan recogidos todas las sustancias químicas que emplean bajo prescripción médica para el tratamiento de alguna patología. Ese documento y el uso de tales sustancias deberán estar avalados, también, por un expediente médico.

“Esa planilla debe estar en manos de la WADA cuando se compite, pues las sustancias detectadas serían comparadas, inmediatamente, con lo que ha sido declarado. Cualquier químico que no se encuentre en ese formulario desencadena una investigación por dopaje”, afirma.

También explica la profesora que resulta poco probable la explicación del vértigo de altura. A partir de la Olimpiada de México 1960 Cuba decidió que sus figuras de primer nivel realizarían entrenamientos a mayor altura para evitar las fatigas. Ello persigue aumentar las concentraciones naturales de heritropoyetina en sangre, así como el riego sanguíneo y la oxigenación mediante la hiperglobulemia.

“Si, como parte de su entrenamiento, el atleta sistemáticamente realiza ese tipo de entrenamiento, es poco frecuente que presente este padecimiento. Pero, si así fuera, ello quedaría recogido en la planilla y el expediente médico”, asegura Gonzáles Fernández.

El diurético no es en sí mismo doping. Los diuréticos, como la acetazolamida, entran dentro de la categoría de sustancia prohibida. Entonces, la única defensa posible para un atleta cuando se dan estos casos reside en la planilla y el expediente médico. Si la defensa de Barrios y su abogado hubiese probado el empleo legal del fármaco, probablemente aún tuviese su medalla.

Mas, la defensa de la cubana apenas se basa en su palabra, y en la suposición de la que la WADA manipuló mal la muestra, que hubo una contaminación. Por ello Barrios solicitó a la comisión disciplinaria que se revisara la manipulación y el transporte. Con ello no consiguió cambiar el fallo del COI.

Ahora lo más preocupante es que, junto al anuncio de que la cubana perdía la plata olímpica, el COI solicitó a la IAAF considerar posibles nuevas acciones contra Yarelys Barios a raíz de los acontecimientos.

Más revelador aún resulta que las autoridades cubanas aceptaran, sin protestar, la sanción comunicada de manera pública por el COI el 1ro de septiembre.



Cuba y el doping, una relación tensa

Quince años atrás, en La Habana abrió las puertas el Laboratorio Antidoping de Cuba, uno de los 34 avalados actualmente por la WADA y el COI en todo el mundo.

Tras el sonado escándalo que representó el positivo en la muestra tomada al saltador Javier Sotomayor en los Juegos Panamericanos de Winnipeg 1999, la máxima dirección del país se aseguraría que semejantes situaciones no se repitieran. De ahí que un país con pocos recursos mantenga uno de los sietecentros de control antidopaje certificados que existe en todo el continente americano.

Desde su acreditación en 2003 como institución capaz de realizar análisis con validez internacional, cada una de las delegaciones cubanas que ha viajado a juegos múltiples ha pasado por el estricto control de laboratorio cubano. En 13 años, nunca había sucedido que se les escapara una muestra. Asumir la culpabilidad de Barrios, deja una fisura.

Con un costo promedio de entre 150 y 200 dólares —según aseguró Rodney Montes de Oca, director del instituto a la prensa cubana— el laboratorio realiza al menos 3.000 muestras al año, que es la cifra mínima exigida por la WADA para mantener la categoría.

El especialista declaró en 2014 al diario oficial Granma, que “todos los suplementos médicos suministrados a nuestros atletas salen del propio sistema deportivo nacional. Este detalle reduce al mínimo la posibilidad de consumir algún producto alterado, que contenga cualquiera de los elementos incluidos en la lista de sustancias prohibidas”.

Para más datos, en 2016 el mismo Montes de Oca reconoció que en la Isla los casos de doping existen. También aseguró que los atletas descubiertos —en 2015 fueron siete— cumplirían una sanción de cuatro años alejados del deporte. Eso sí, el doctor lo dejó claro: el doping en Cuba se sanciona, pero no es un show mediático. Los trapos sucios se lavan en casa.

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