"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

jueves, 10 de noviembre de 2016

TRUMP, EL PROTECCIONISTA

Jueves, 10 Noviembre 2016 
COLUMNISTAS

Jorge Núñez Sánchez - Director de la Academia de Historia de Ecuador

Donald Trump, el presidente electo de Estados Unidos, ha sido visto y caracterizado principalmente por sus posiciones racistas, sexistas y xenófobas. Menos conocidas, pero no menos ciertas, son sus posiciones económicas proteccionistas y sus ideas aislacionistas en materia internacional, que implican una vuelta al revés en la tradicional política ejercitada desde la Casa Blanca, tanto por demócratas como por republicanos. 

Trump parte de la idea fuerza de que Estados Unidos se halla en una grave crisis económica y social interna, en parte, a causa de la migración de empresas y capitales estadounidenses hacia otros países, donde pueden pagar salarios más bajos que en su propio país. 

Adicionalmente considera que buena parte de la culpa de esa crisis la tienen las políticas de libre comercio impulsadas por los propios Estados Unidos y cuya mayor expresión son los tratados suscritos con este fin, en especial el Tratado de Libre Comercio para la América del Norte (TLCAN) que mantiene con Canadá y México. Atribuye a este convenio la fuga de empresas estadounidenses hacia el vecino del sur, con ánimo de pagar salarios e impuestos más bajos, lo que, en su opinión, les permite bajar costos y competir deslealmente con las empresas que se quedaron en EE.UU. 

Frente a tal situación, propone varias medidas complementarias. La primera, denunciar y romper el TLCAN, al que califica como “el peor acuerdo comercial de la historia que haya firmado Estados Unidos”. La segunda, poner impuestos del 20 al 25 por ciento a las mercancías de bajo precio que llegan desde China y otros países del mundo, para crear un mercado interno protegido que estimule la recuperación económica y laboral de EE.UU. 

Una tercera idea suya es la de obligar legalmente a las empresas estadounidenses a repatriar capitales e invertir en su propio país, para crear empleo. Y hay una cuarta verdaderamente brutal: deportar masivamente a los trabajadores latinos indocumentados, a los que acusa de ser ‘criminales’ que roban trabajo a los habitantes WASP, es decir, a los blancos, anglosajones y protestantes.

Han sido precisamente estos planteamientos los que le han ganado el voto de muchas gentes pobres de su país y le han permitido triunfar en varios estados afectados por la crisis industrial y el desempleo, en lo que constituye una reacción popular parecida a la que aprobó el Brexit inglés. Pasemos ahora a ver el panorama de la política exterior. Siguiendo esa línea de pensamiento nacionalista y proteccionista, Trump considera que el otro gran causante de la crisis interna de Estados Unidos ha sido el derroche de recursos en aventuras militares en Medio Oriente y Asia, y el sostenimiento del enorme aparato militar de la OTAN. 

Es sabido que el presidente electo se opuso a la guerra de Irak en 2003 y que en la reciente campaña criticó duramente a las acciones intervencionistas de Hillary Clinton en Libia y Siria, mientras ejercía como Secretaria de Estado de Obama.

Ahora hay quienes piensan que Trump buscará sacar a su país de esas ‘guerras inútiles’ que ha heredado de Obama y limitará la creciente confrontación que la OTAN ha creado con Rusia en escenarios como Ucrania, los países bálticos y el mar Negro. Sin duda eso contribuiría a la paz mundial y sería una adecuada respuesta a los ataques del presidente ucraniano Poroshenko a su candidatura y un paso práctico hacia la consolidación de la mutua simpatía que une a Trump con Vladimir Putin. 

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