"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

jueves, 1 de diciembre de 2016

El “Plebiscito” más grande del mundo da la victoria a la Revolución Cubana


Caravana. Foto: Fernando Medina/ Cubahora.

Otra victoria de Fidel: Sin una convocatoria digital, sin declaraciones “a pie de urna”, ni estimados de encuestas, Cuba puede proclamar todos el plebiscito más grande del mundo, en el dolor y la energía que Fidel trasmitió a nuestro pueblo con la muerte natural; fallidos más de seiscientos atentados “cuidadosamente elaborados”, para acabar con la vida física del Comandante en Jefe Fidel Castro aún en la Sierra Maestra.

Antes de que salieran los primeros rayos del sol, y aún de madrugada filas compactas de cubanos se situaban a los lados del camino de regreso a Santiago de Cuba, de donde llegó a La Habana en 1959. Entonces en un jeep y en un camión, ahora en una urna de cedro, rumbo al patrimonial cementerio de Santa Ifigenia en la Ciudad Héroe de Santiago de Cuba.

La otra vez, en la caravana de la libertad, traía el proyecto revolucionario que había anunciado en el juicio por el asalto al Moncada y convocaba al pueblo a la plasmación y superación multiplicada de ese del programa, en medió de las más impactantes dificultades, agresiones, y bloqueo que aún persiste. Luego en tiempos ya pasados solamente gobiernos de dos países de Nuestra América fueron desobedientes a las órdenes de Washington a la OEA, y no rompieron relaciones con Cuba: México y Canadá.

Pero Fidel estaba realizando una revolución inspirada en el pensamiento de José Martí: el programa martiano enunciaba su respeto a las naciones libres de América hermana y hacia votos porque la Revolución triunfante, clarinada Cubana –decía—sea una estrella más en la conquista de los ideales latinoamericanos, latente en la sangre de nuestros pueblos y el pensamiento de los próceres… el sueño irrealizado de Martí.

Bastará ver los rostros cubanos de hoy en las caravanas, tras más de medio siglo cubano. Al igual que los de ayer, sí, pero con la experiencia de años de sacrificio, anunciados por su líder: Fidel, cuando dijo en los albores del triunfo que la lucha será más difícil , y no se equivocó, pero los logros también fueron más contundentes t trascendentales, y hoy Cuba, como el pueblo vio en la tribuna de la base del monumento en la Plaza de la Revolución, es un estrella en el mundo, no una isla menospreciada –a excepción de sus riquezas naturales y ubicación estrategia para el imperio vecino.

De todos los continentes hubo voces comprometidas y solidarias, respetuosas y admiradas por Fidel, un héroe de América, reconocido en todo el Planeta y cuando no, muy pendientes algunos de la fuerza que la caracteriza y caracterizará, junto a la pueblo.

La caravana de vuelta natural de donde salió en enero de 1959. Consumará el plebiscito singular. En el cual, como lo estamos viento en imágenes participan absolutamente todas las generaciones de cubanos, al igual que en la plaza y las interminables filas esperando horas bajo el sol para expresarle un tributo de reconocimiento y amor. Y no solo los cubanos sino personas de otros países que están en Cuba.

Para quien escribe fue particularmente emocionante ver a jóvenes fuertes, que seguramente no vinieron al mundo con bajo peso al nacer, o con hambre crónica; aún bajo el bloqueo. Algunos adornados con cadenas doradas en el cuello, aretes en las pulpas de las orejas, curiosos tatuajes “de moda”, entre los muchos que proclamaban “¡Fidel soy yo!”. Una frase que dice mucho, algo así como la “necesidad imposible” de exterminar a los cubanos todos para quebrar con la Revolución al frente de Raúl, el hermano héroe que asumió Toda la responsabilidad del asalto al Moncada cuando no tenía certeza de que Fidel estuviera muerto o quizás resistiendo (como en efecto ocurría) en algún lugar del paisaje de Santiago de Cuba. Cuando fue detenido Fidel, por el honesto y oscuro teniente Pedro Sarría Tartabull, y supo que Fidel vivía, se convirtió en el más capaz de la pléyade del líder de la generación del Centenario de José Martí.

Con entereza impresionante Raúl anunció la realidad: Fidel había muerto: aunque el enemigo proclamó muchas veces que “por temor” a una revuelta su fallecimiento, cuando ocurriera, sería ocultado. Bastó anunciarlo para unir más el pueblo cubano a la amada América Latina y abrazar a los norteamericanos buenos y a los hombres y mujeres de cualquier parte del mundo que comprenden la grandeza universal de Fidel.

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