"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

domingo, 4 de enero de 2015

El dólar no es tan fuerte como parece


El dinero es un símbolo del poder, prestigio e influencia de una nación. Como dijo Robert Mundell, “las grandes potencias tienen grandes monedas”. Desde la Segunda Guerra Mundial, el dólar ha representado el poder económico y militar de Estados Unidos. Incluso parece que ha superado esta crisis, ya que vuelve a revalorizarse. Este fortalecimiento coyuntural ha hecho que muchos piensen que el dólar ha recuperado su trono. Sin embargo, sus debilidades estructurales son mayores de lo que se cree.

La realidad es que su uso y presencia está en declive. Los números así lo demuestran. Desde hace 10 años, el billete verde está perdiendo peso en las reservas oficiales de los bancos centrales. En 2014 ha descendido hasta la barrera psicológica del 60%, el nivel más bajo desde los años noventa. En el punto álgido del poder estadounidense, a principios del siglo XXI, la tenencia de dólares llegó a superar el 70% de las reservas mundiales. Este declive hay que analizarlo con cautela. No es la primera vez que el dólar pierde brío. Ya ocurrió a finales de los años sesenta y principios de los setenta —cuando EE UU rompió con el patrón oro de Bretton Woods al ver que su balanza comercial entraba en déficit con Europa, sobre todo con Alemania— y en los años ochenta, cuando la emergencia de Japón amenazaba con ensombrecer las luces de Nueva York.

No obstante, en ambas ocasiones, el poder estadounidense se sobrepuso y el dólar se mantuvo como primus inter pares. La hegemonía del dólar se apoyó sobre los dos pilares que sustentan cualquier sistema monetario desde los orígenes del dinero. El emisor de una moneda (históricamente, un soberano) tiene que tener tanto la legitimidad como la fuerza para imponer el uso de su dinero. La utilización del monopolio de la violencia es importante para preservar el cumplimiento del orden, pero esa violencia, al igual que la emisión de moneda, no puede ser arbitraria porque, si no, el sistema se desmorona. Por eso es tan necesaria la legitimidad del emisor.

Estados Unidos mantuvo tanto el monopolio de la violencia (era el policía del mundo) como la legitimidad para usarla (la nación líder) hasta la guerra de Irak en 2003 y la crisis global de 2008. Dos duros golpes a los dos pilares que sustentan la hegemonía del dólar. Esta todavía persiste. Es por eso que cuando Lehman Brothers quebró, los inversores se refugiaron en el greenback y no en la divisa rival, el euro, una moneda que no tiene ni autoridad política centralizada ni poder militar que la ampare. Pero sí es verdad que la guerra de Irak y la Gran Recesión han dañado la imagen de Estados Unidos.

Su política militar en Oriente Próximo está siendo un fracaso. La región está envuelta en una gran inestabilidad; y con la revolución energética, es muy probable que Estados Unidos se desentienda gradualmente de los problemas de la zona.

Más trascendente es que en el pasado, cuando había desequilibrios en el sistema monetario, Estados Unidos podía exigirle a sus socios protegidos como Alemania y Japón que cambiasen sus políticas macroeconómicas (que apreciasen sus monedas, por ejemplo) para aliviar las tensiones. Eso no lo puede hacer con China, la nueva potencia emergente, ya que esta no depende de la protección militar de Estados Unidos. Más bien todo lo contrario. China considera que es una potencia económica y militar regional. Todo esto demuestra que el policía en sitios importantes como Oriente Próximo está haciendo el trabajo mal y en Asia Oriental empieza a tener serios rivales.

El poder militar y económico de Estados Unidos está debilitándose

La crisis financiera de 2008, por su parte, ha debilitado el liderazgo económico de Estados Unidos, por mucho que en Europa se piense lo contrario. Durante décadas, con la globalización del sector financiero, se habían producido numerosas crisis, pero ocurrían en la periferia. En México, Asia Oriental, Rusia, Brasil y Argentina. Esta vez, sin embargo, la crisis se originó en Wall Street, el centro del sistema. Pero quizás lo más sorprendente fue que la medicina que se utilizó para atajar la hemorragia fue la misma que durante años se consideró contraproducente. En vez de recortar en gasto público, privatizar y desregular, como el Consenso de Washington exigió a los países periféricos, Estados Unidos hizo todo lo contrario. Aplicó una política monetaria y fiscal expansiva, rescató a la banca y al sector del automóvil y restringió (modestamente) la regulación financiera.

Paradójicamente, esta política —aunque necesaria para superar la crisis— ha dañado la legitimidad de Estados Unidos en el mundo. Muchas de las élites financieras de los países emergentes consideran que Washington aplica una doble vara de medir. Esto ha hecho que las tres normas básicas que Estados Unidos ha promovido durante décadas en la gobernanza del sistema monetario internacional estén cuestionadas. Washington, apoyado por Bruselas, siempre ha defendido que el marco macroeconómico deseable era el de la apertura completa de los mercados de capitales, la libre flotación de las divisas y la independencia de los bancos centrales. Después de la crisis, estas tres normas están siendo violadas, lo que significa que Estados Unidos está perdiendo su liderazgo.

Corea del Sur y Brasil han seguido a China y aplicado de nuevo el control de capitales. En plena guerra de divisas, la intervención activa (en los BRICS) o pasiva (a través de expansión cuantitativa en Estados Unidos y Japón) en el mercado de las divisas está a la orden del día. Hasta Suiza, un país que siempre ha seguido las normas del sistema dólar a pies juntillas, no deja que el franco suizo se aprecie más de 1,20 frente al euro. Finalmente, incluso la independencia de los bancos centrales está en entredicho. Son muchos los que piensan que la Reserva Federal, el Banco de Inglaterra y el Banco de Japón actúan bajo la presión de sus soberanos para monetizar sus deudas. Hasta el Banco Central Europeo (BCE), el más independiente de los bancos centrales, mira de reojo a Berlín y París. Pese a la resistencia alemana, lo más probable es que en 2015 la Eurozona entre de lleno en la guerra de divisas con expansión cuantitativa para depreciar más el euro.

Todo esto confirma que el poder militar y económico de Estados Unidos está debilitándose, y eso se ve reflejado en la inestabilidad del sistema monetario. Esto no quiere decir que la hegemonía del dólar vaya a desaparecer. Como en otras ocasiones, el poder estadounidense se puede recuperar. Estados Unidos tiene enormes fortalezas, y si quantitative easing, un experimento arriesgado, no crea otra crisis, su credibilidad podrá recuperarse. Pero el escenario más probable es que sigamos viendo un lento declive de la hegemonía del dólar y que surjan nuevos competidores como un euro más fortalecido y el yuan chino. Para algunos, un sistema multipolar es más estable que el actual porque generaría mayor competencia y eficiencia. La historia, sin embargo, dice lo contrario. Los periodos de interregno son inestables. A no ser, claro está, que las diferentes potencias lleguen a acuerdos que satisfagan a todas las partes.

Miguel Otero Iglesias es investigador principal del Real Instituto Elcano y autor del libro: The Euro, the Dollar and the Global Financial Crisis: Currency Challenges seen from Emerging Markets (Routledge, 2014).

El gran avance con Cuba: cómo sucedió y qué sucederá después

William M. LeoGrande • 4 de enero, 2015

Durante semanas, los rumores corrían por Washington y La Habana de que estaban en trámite cambios en la política norteamericana hacia Cuba. Entonces, el 17 de diciembre, el presidente Barack Obama y el presidente Raúl Castro hicieron anuncios simultáneos acerca de un cambio radical en las relaciones entre los dos países. No solo regresarían a casa el subcontratista de la USAID Alan Gross y los tres restantes espías de los Cinco de Cuba –que era el acuerdo que la mayoría de los observadores esperaban– sino que Cuba y Estados Unidos expandirían el comercio y los viajes y restaurarían las relaciones diplomáticas totales.

Aunque el presidente Obama había dicho repetidas veces que él pensaba que la vieja política de aislamiento y hostilidad hacia La Habana ya no tenía ningún sentido, durante seis años poco hizo por cambiarla. Luego, con un anuncio dio marcha atrás a 50 años de política norteamericana y modernizó la estructura y premisas básicas de la relación. ¿Qué sucedió para que al fin se derrumbaran los obstáculos?

Primero, cambió el cálculo político. Encuestas recientes realizadas por el Atlantic Council y la Universidad Internacional de la Florida demostraron que el público en general y los cubanoamericanos en particular apoyaban la reconciliación entre Washington y La Habana. Comentarios por parte de prominentes exiliados como Alfie Fanjul y la familia Bacardí, en los que se expresaban un deseo de hacer negocios en Cuba, demostraban que incluso líderes incondicionalmente anti castristas de la comunidad estaban dispuestos a cambiar.

La declaración pública de Hillary Clinton de que el embargo debía eliminarse, y la promesa del exgobernador Charlie Crist de que iría a Cuba durante su campaña por la gubernatura indicaban que curtidos políticos reconocían el cambio de ánimo del electorado. Al analizar la evidencia, la Casa Blanca llegó a la conclusión que Cuba ya no era el tercer riel de la política floridana. Y, por supuesto, de todas maneras Obama no tiene que postularse para la reelección.

El presidente tuvo una deferencia con los demócratas de la Florida al no actuar hasta después de las elecciones parciales, lo mismo que hizo en 2010, cuando postergó hasta enero de 2011 el anuncio de regulaciones más liberales a los viajes. Pero la decisión política de hacer algo acerca de Cuba ya estaba hecha y las negociaciones con La Habana ya estaban ocurriendo.

Hace mucho tiempo, el establishment de la política exterior llegó a la conclusión de que la política de hostilidad de Washington hacia Cuba no tenía sentido, pero debido a que Cuba era un tema de poca prioridad durante el primer período de Obama, las figuras del establishment raras veces mencionaban el asunto –hasta que comenzaron a notar que la política se encontraba en estado de cambio. Cuando 44 exfuncionarios del gobierno norteamericano firmaron una carta abierta al presidente en mayo de 2014, alentándolo a profundizar el acercamiento con la Isla, los cubanólogos especularon que algo estaba sucediendo. Los extremistas que se oponían a cualquier cambio de la política norteamericana (excepto para endurecerla) también lo pensaban, porque contraatacaron con una carta de su propia gente, firmada por 17 miembros del Congreso, en la que se alentaba a Obama a mantenerse firme.

Luego la junta editorial de The New York Times tomó partido no con un editorial, sino con seis, en los que pedían cambios esenciales en la política hacia Cuba. El barraje sin precedentes de largos artículos cuidadosamente argumentados reverberó por todo el país, lo que provocó que el Washington Post y El Nuevo Herald publicaran respuestas en contra en las que se urgía a Obama a mantener en vigor la política de hostilidad. Seguramente, especulaban los rumores, el venerable New York Times no publicaría tales editoriales sin al menos hablar con funcionarios de la administración. Y seguramente no gastarían tanta tinta si la Casa Blanca enviaba señales de que la política estaba grabada en piedra. Por lo tanto, la política estaba madura para el cambio.

Con un Congreso republicano, Obama no tenía más remedio que depender de la autoridad ejecutiva para hacer la apertura hacia Cuba. Su disposición a usar esa autoridad en toda su amplitud en la reforma inmigratoria implicaba que él comprendía que cualquier logro durante los últimos dos años en el cargo deberían lograrse a pesar del Congreso, en vez de con él. Las amenazas republicanas de reclamaciones judiciales y recortes en asignaciones por la reforma inmigratoria no le impidieron contraer sus músculos ejecutivos una vez más acerca de Cuba, aunque significara echar gasolina al fuego político partidista.

Entre las iniciativas de Obama hay una directiva al secretario de Estado John Kerry para que revise la inclusión de Cuba en la lista del Departamento de Estado de países que patrocinan el terrorismo internacional. Presumiblemente, Kerry sacará a Cuba de las lista, ya que no hay una razón lógica para que aún esté en ella. Pero para eliminar a Cuba de la lista de terrorismo se requiere notificar al Congreso, lo cual dará a personajes como los senadores Bob Menéndez, Marco Rubio y Ted Cruz un foro y una oportunidad para atacar la nueva política de Obama. Durante la audiencia de confirmación de Ted Blinken, el nominado por Obama como subsecretario de Estado, Menéndez amenazó con una “respuesta muy significativa” si el presidente cambiaba la política hacia Cuba sin consultarle primero.

La otra oportunidad para que los senadores aúllen será cuando Obama nomine a nuestro nuevo embajador a Cuba. Pero incluso si Menéndez y Cruz embotellan la nominación en el Comité Senatorial de Relaciones Exteriores, no pueden impedir que el presidente restablezca por completo las relaciones diplomáticas con Cuba. El Artículo II de la Constitución concede ese poder exclusivamente al presidente.

Cuando acabé de escribir con Peter Kornbluh un libro acerca de la diplomacia secreta (Canales traseros a Cuba: la historia oculta de las negociaciones entre Washington y La Habana), me pregunté durante las semanas anteriores al histórico anuncio si ya no se estarían celebrando conversaciones secretas con Cuba. Ahora sabemos que esas conversaciones siguieron un patrón clásico: solo un puñado de funcionarios sabía de las negociaciones; las conversaciones se celebraron fuera del país para impedir que se descubrieran; y el regateo duró meses antes de que se produjera un acuerdo. Pero el alcance de los compromisos resultantes no tiene precedente en las relaciones EE.UU.-Cuba, y los negociadores de ambas partes merecen un enorme crédito por hacer que las conversaciones rindieran frutos.

En abril, los presidentes de las Américas se reunirán en Panamá en su Séptima Cumbre y por primera vez Cuba será incluida. La nueva política de Obama hacia Cuba es extraordinariamente popular en Latinoamérica, y la buena voluntad que ha engendrado rendirá mucho para revitalizar las relaciones de EE.UU. con el resto del hemisferio. La cumbre también dará a Raúl Castro y a Barack Obama una oportunidad de hablar en persona acerca de los próximos pasos en la nueva relación.

Cuando Richard Nixon fue a China en 1972, el mundo respiró con alivio porque la política de EE.UU. finalmente estaba en contacto de nuevo con la realidad. El 17 de diciembre, Barack Obama dio un paso igualmente atrevido al terminar al fin con la Guerra Fría en el Caribe. La reacción en el país y en el exterior ha sido abrumadoramente positiva, a pesar de unos pocos groseros críticos conservadores. Hay que atar muchos cabos antes de que Estados Unidos y Cuba tengan relaciones totalmente normales, pero ha comenzado un nuevo capítulo y la idea de regresar al pasado ya parece ridícula e imposible.

* William M. LeoGrande es profesor de Gobierno en la American University y coautor junto con Peter Kornbluh del reciente libro Canales traseros a Cuba: la historia oculta de las negociaciones entre Washington y La Habana.

Carlos Lechuga: Cuando Kennedy quiso levantar el bloqueo a Cuba


Es sorprendente el paso que dio (John F.) Kennedy para explorar un entendimiento con Cuba, si se toma en cuenta la situación que imperaba en esos momentos de persistencia de las acciones agresivas, pero ofreció muestras de que de alguna manera deseaba quebrar esa sólida muralla de intransigencia con la Cuba revolucionaria. Asumía un gran riesgo político y por eso las gestiones que inició estuvieron confinadas al conocimiento de un reducido grupo de sus más íntimos colaboradores, lo que indica la desconfianza que tenía…

Un elemento que quizás estuvo presente en la decisión que tomó -y todo está en el terreno de la especulación- es que superada la crisis (de Octubre) y abierto el camino para la distensión con la URSS, la situación internacional adquiriría otro colorido, aunque siempre la cuestión cubana para los EEUU presentaba características distintas a las del resto del mundo.


Lisa Howard, periodista de la cadena American Broadcasting Company (ABC).
(Un primer encuentro exploratorio se produciría entre William Attwood, adjunto al embajador norteamericano en la ONU y ex editor de Look Magazine -que había entrevistado a Fidel Castro en 1959-, y Carlos Lechuga, embajador cubano en ese organismo. La cita se desarrolló el 23 de septiembre de 1963, con resultados esperanzadores, en la casa de Lisa Howard, periodista de la cadena American Broadcasting Company -ABC-, que también había entrevistado a Fidel en La Habana, el 22 de abril de 1963.)

En la sala de la casa de Lisa Howard, entre cocteles y bocaditos, diplomáticos y periodistas, me fue presentado el embajador norteamericano (William Attwood), quien no perdió tiempo en exponer el objetivo que tenía el encuentro conmigo. Dijo que había sido autorizado por Adlai Stevenson (Embajador de EEUU en ONU) para que me hablara, y que en pocas horas volaría a Washington para pedirle autorización al Presidente, para ir a Cuba a entrevistarse con Fidel Castro e indagar la viabilidad de un acercamiento entre La Habana y Washington. Iría de incógnito y advirtió que estaba hablando a título personal, pendiente de las instrucciones que recibiera. La situación existente es anormal, dijo, y en algún momento hay que romper el hielo. Fue muy locuaz y se notaba que deseaba establecer un ambiente de franqueza para dar la certidumbre de la sinceridad de sus propósitos.

Por nuestra parte, le dijimos que también hablábamos a título personal, y que informaría a mi gobierno para conocer la decisión que tomaba con respecto a su planteamiento. Agregué que, teniendo en cuenta la situación que existía entre su país y el mío y la política agresiva que no se abatía, era sorprendente lo que me decía, y que lo escucharía con mucho interés.
Kennedy quería levantar el bloqueo

Kennedy quería negociar con Cuba, para eliminar el bloqueo. William Attwood me explicó que estaba autorizado a hablar conmigo, pues el Presidente deseaba un acercamiento con nuestro país, aunque dentro del gobierno existían sectores contrarios a un acuerdo con Cuba. Kennedy había apoyado la invasión de Playa Girón y respaldado a los terroristas, pero llegó un momento en que decidió cambiar de política.

Me pareció muy extraño, pues nos atacaba muy seguido. Por aquellos días, hizo un discurso bastante neutral en la American University, pero después fue a Berlín y pronunció uno muy agresivo mencionando a nuestro país.

En la segunda entrevista, me dijo que Robert (hermano del Presidente) estaba de acuerdo también y quedamos en confeccionar una agenda de trabajo. Eso fue en noviembre de 1963, el mes en que asesinaron a Kennedy. Después, se publicó un libro, en el cual se asegura que había dejado escrito en su mesa de trabajo que, cuando regresara de Dallas conversaría con Atwood sobre el desarrollo de las entrevistas conmigo.

Un ayudante de Kennedy -Arthur Schlezinger – que ha venido a Cuba en varias ocasiones, para reuniones sobre la Crisis de Octubre dice en uno de sus libros: “… las conversaciones de Atwood con Lechuga eran vigiladas por la CIA, pues los veían hablar a los dos en Naciones Unidas y, seguramente, no hablaban de bebidas”.

*Carlos Lechuga Hevia. Periodista y diplomático cubano. Fundador de la diplomacia revolucionaria cubana. Último Embajador de Cuba en la Organización de Estados Americanos (OEA). Representante de la Isla en la Organización de Naciones Unidas (ONU) durante la Crisis de Octubre. En 1963 fue el enlace de los contactos que Kennedy inició con el gobierno cubano, una política que tenía como objetivo la apertura de canales de comunicación entre ambos países.

Fragmentos tomados del libro de Carlos Lechuga, En el ojo de la tormenta (Ocean Press, 1995) y de la entrevista que él le concediera a Julio Batista, publicada enCubaperiodistas

VACANTE EN LA HABANA

Por Jorge Gomez Barata
 
El nombramiento de un cubanoamericano como embajador de Estados Unidos en La Habana, es una opción, aunque no una novedad. Ya hubo uno, William E. González, que desempeñó esa función entre 1913 y 1919.

Se da por hecho que el presidente Barack Obama encontrará dificultades para que el Senado, controlado por el partido Republicano, apruebe cualquier propuesta para embajador en La Habana, trámite más complejo porque el nominado deberá recibir también el visto bueno del gobierno cubano.

Por esa y otras razones, sobre todo en Miami se especula que sería bien visto que el presidente apostara por un descendiente de cubanos para el cargo. Una persona así pudiera ser representativa de la enorme e influyente colonia cubana, aceptable para Cuba y, sin traumas, pudiera pasar por el tamiz de un Senado de mayoría republicana.

El embajador González, que en 1913 fue acreditado por Estados Unidos ante el gobierno de Mario García Menocal, nació el 2 de febrero de 1866, del matrimonio formado por el cubano Ambrosio José González y la norteamericana Harriet Rutledge Elliott.

Ambrosio José González, padre del embajador William E. González, nació en 1818 en la provincia cubana de Matanzas, maestro de profesión que a mediados del siglo XIX se afilió a las ideas de la independencia de Cuba. En 1844 fue enviado por la Junta Revolucionaria de La Habana a Estados Unidos para allegar apoyos, empeño en el que no obtuvo resultados.

En esos trajines entró en contacto con Narciso López y fue atraído por las ideas anexionistas de aquel, participando en la organización y realización de la expedición del vapor Creole que llegó a Cuba el 19 de mayo de 1850, ocasión en que fue enarbolada por vez primera la actual bandera cubana. Fracasado el intento, logró reembarcarse y regresar a Estados Unidos.

Establecido en Norteamérica y compartiendo las expectativas de su pueblo, al estallar la Guerra de Secesión, González (padre) se enroló en las fuerzas de la Confederación, con las cuales combatió en varios estados, incluido La Florida, alcanzando el grado de general.

Antes de llegar a Cuba en calidad de embajador, William E. González lo hizo como parte de las tropas norteamericanas que libraron la Guerra Hispano Americana de 1895.

El primer embajador norteamericano en Cuba, lo mismo que el de Cuba en Washington, en la segunda temporada, tendrán a su cargo la enorme tarea de protagonizar el deshielo, desbrozar los caminos por donde transitarán las nuevas ideas y sus protagonistas, evadir obstáculos y no sólo aprovechar oportunidades, sino promoverlas, y de alguna manera comenzar desde cero.

Quienes en ambas orillas del estrecho de Florida resulten elegidos para esa función tendrán como hándicap una montaña de prejuicios, reservas e incluso rencores, y no pocas reclamaciones mutuas. Algunas se derivarán de hechos reales, otras de construcciones ideológicas y no pocas del desconocimiento mutuo.

Las personas que se hagan cargo de las embajadas de Estados Unidos y cuba en La Habana y Washington, respectivamente, asumirán tareas de significación histórica. Sean quienes sean: ¡Éxitos! Allá nos vemos.


La Habana, 04 de enero de 2015

La alternativa en Cuba

Por Samuel Faber

La reanudación de las relaciones entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba es una verdadera victoria, pero los trabajadores cubanos se enfrentan a la renovada liberalización económica con poca apertura política.

El 17 de diciembre de 2014, Washington y La Habana acordaron realizar un alto y cambiar las relaciones que durante más de cincuenta años estuvieron caracterizadas por los esfuerzos de Estados Unidos para derrocar al Gobierno cubano, incluyendo el apoyo de invasiones, bloqueos navales, sabotaje económico, intentos de asesinato y ataques terroristas.

El nuevo acuerdo liberó a los tres restantes miembros del grupo de “Los Cinco”, que permanecían en cárceles estadounidenses desde 1998 y, a cambio, Cuba liberó al estadounidense Alan Gross y a Rolando Sarraf Trujillo, un desconocido agente de la inteligencia estadounidense encarcelado en la Isla durante casi 20 años, además de más de 50 presos políticos cubanos. Lo más importante es la reanudación oficial de las relaciones diplomáticas y la significativa relajación de las restricciones de viajes y de remesas a Cuba.

El acuerdo abarca la normalización política, pero no la completa normalidad económica de las relaciones: que requeriría que el Congreso derogara la Ley Helms-Burton, refrendada por el presidente Clinton en 1996.

Los fracasos del pasado

Anteriormente se realizaron esfuerzos para reanudar las relaciones políticas y económicas entre los dos países desde que Estados Unidos rompió con la Isla a principios de 1961. Los más importantes fueron llevados a cabo por la Administración Carter, que prosiguiendo una iniciativa original Nixon, renovó negociaciones secretas con Castro en 1977, cuando el exilio cubano de derecha en el sur de la Florida todavía era una fuerza política insignificante.

Ambas naciones realizaron concesiones mutuas que incluían el establecimiento de relaciones diplomáticas “secciones de intereses” en Washington y en La Habana y el levantamiento de la prohibición de los viajes turísticos a la Isla, una restricción que más tarde fue reinstaurada por Reagan en 1982. A raíz de las negociaciones Carter-Castro, el líder cubano puso en libertad a la mayoría de los presos políticos, de los cuales unos mil se fueron a Estados Unidos, y en 1979, a los cubano-americanos se les permitió por primera vez visitar a sus familiares en Cuba.

Sin embargo, el restablecimiento de relaciones se detuvo. Mientras Washington tomó por sentado que la presencia de tropas estadounidenses en todo el mundo era un derecho imperial, el despliegue de fuerzas cubanas en África se convirtió en un obstáculo para la normalización de las relaciones.

Muchos en Estados Unidos culparon la participación extranjera de Castro como la razón decisiva para el fracaso de las negociaciones, tanto durante el mandato de Nixon, como el de Carter. Pero existían otros factores mucho más importantes.

Por un lado, el Gobierno de Carter estaba dividido en este asunto. El secretario de Estado, Cyrus Vance, apoyaba la reanudación de relaciones normales con Cuba, mientras Zbigniew Brzezinski, poderoso asesor de seguridad nacional de Carter, se opuso a esta movida. Pero fueron los desarrollos políticos internos en EE.UU. sin relación alguna con Cuba, lo que detuvo en última instancia el proceso.

La derecha estadounidense se estaba agitando sobre las negociaciones relacionadas con la transferencia del canal de Panamá de regreso a los panameños. En septiembre de 1977, Carter suspendió las negociaciones con Cuba hasta después de que los tratados del Canal fueran ratificados por el Senado.

La suspensión resultó ser indefinida. Ante la oposición sobre Panamá, el gobierno de Carter decidió apuntalar su flanco derecho, adoptando una postura más dura con Cuba, posición que poco después fue reforzada por el triunfo de la revolución sandinista en Nicaragua, y por el debilitamiento político de la Administración Carter como resultado de la invasión soviética a Afganistán y la crisis de los rehenes estadounidenses en Iran.

Capitalistas norteamericanos lo aprueban

¿Por qué Obama tuvo éxito donde administraciones anteriores fracasaron? Más que cualquier otra cosa, el fin de la Guerra Fría, la salida de las tropas cubanas de África, y la postura menos militante de Cuba en América Latina, a través de los años, han reducido cualitativamente la importancia de la Isla en la política exterior de Estados Unidos, como lo demuestra el hecho de que prácticamente todos los estudios estratégicos del Gobierno de Estados Unidos en las últimas dos décadas ni siquiera la mencionan.

Al mismo tiempo, sin embargo, la clase capitalista estadounidense, a excepción de su franja más derechista, ha apoyado no solo el restablecimiento de las relaciones diplomáticas, sino también la eliminación del bloqueo económico.

Esta ha sido la posición adoptada por la Cámara de Comercio estadounidense y la National Association of Manufacturers durante los últimos años, y también la posición general adoptada por la prensa económica. Columnistas de negocios han estado planteando, con más de un poco de veracidad, que la masiva inversión estadounidense y el comercio con la Isla “subvertirían” y, finalmente, derrotarían al sistema económico comunista, como ha estado sucediendo en China y en Vietnam.

Por otra parte, después de las excepciones al bloqueo económico, que permiten la exportación a Cuba de productos agrícolas y de determinadas mercancías procesadas fueran autorizadas por la Ley de Sanciones Comerciales y Fomento de las Exportaciones de 2000, empresas como Cargill, Archer Daniel Midland y Tyson Foods se involucraron en el comercio con Cuba. Después del actual acuerdo del 17 de diciembre, otras empresas, como Caterpillar y Pepsico se unieron en apoyo a esto.

Durante los últimos años, decenas de hombres de negocio y políticos, en particular del sur, del medio oeste y del suroeste han visitado la Isla y discutido con el Gobierno cubano sobre las futuras perspectivas económicas, sobre todo si se suprimía el bloqueo.

Como reflejo de la actitud de su base política empresarial, muchos políticos demócratas y republicanos, como el senador de Arizona Jeff Flake, han estado promoviendo el establecimiento de las relaciones políticas y económicas entre los dos países. Queda por ver si estas fuerzas serán lo suficientemente fuertes como para modificar, si no eliminar la Ley Helms-Burton y permitir una plena normalización de las relaciones económicas y políticas con Cuba.

El exilio está cambiando

Como el tema de Cuba perdió importancia después que finalizara la Guerra Fría, e importantes sectores empresariales han comenzado a favorecer las relaciones económicas y políticas con el país, la dirigencia derechista de los exiliados cubanos en el sur de la Florida se mantiene como la única fuerza política que defiende el bloqueo con firmeza. Su influencia política ha sido especialmente importante en un estado estrechamente dividido como la Florida, donde los cubano-estadounidenses representan alrededor del cinco por ciento del electorado.

Pero la generación conservadora del exilio de los años 60 se ha ido muriendo y ahora la creciente mayoría de los cubanos que residen en la Florida llegó a los Estados Unidos a partir de los años 80.

En contraste con los exiliados más viejos, muchas de estas personas visitan regularmente la Isla y están más preocupados por el bienestar de sus familiares cubanos que con la política del exilio. No es de extrañar, entonces, que las encuestas de opinión han mostrado que la mayoría de los cubanos y cubano-americanos que residen en la Florida están a favor de un cambio en la política estadounidense que lleve a relaciones plenas con Cuba.

Sin embargo, muchas de estas personas todavía no son ciudadanos americanos y los cubanos ricos y conservadores todavía tienen gran poder sobre los medios de comunicación y el sistema político. Los tres representantes de la Florida en el Congreso, que son de origen cubano, siguen siendo republicanos de derecha fuertemente comprometidos con el bloqueo.

El hecho de que Barack Obama, en las elecciones de 2012, ganara el 48 por ciento del voto cubano (y mayores proporciones entre los cubanos más jóvenes) es una clara indicación que las tendencias políticas entre los cubano-americanos van tomando distancia de las posiciones de derecha con respecto a Cuba.

Igualmente, como ha indicado el sociólogo cubano-estadounidense Alex Portes, los cubanos que han llegado después de 1980 provienen, generalmente, de una clase cubana modesta y difícilmente se puedan distinguir de otros inmigrantes latinoamericanos en términos socioeconómicos. En ese caso, ¿cuál será el futuro del “modelo de minoría” latinoamericano?.

El camino de China para Cuba

El Gobierno cubano, por su lado, ha tenido la intención de encontrar una manera de reanudar las relaciones diplomáticas con Estados Unidos a pesar de que esto puede, a la larga, socavar su legitimidad, ya que no podrá seguir culpando al bloqueo de la continuación de la represión política y las aflicciones económicas.

Desde que Raúl Castro asumió el poder -de manera informal en 2006 y formalmente en 2008- se ha estado moviendo hacia la adopción del modelo chino-vietnamita, es decir, un capitalismo de estado que conserva el monopolio del poder político a través del Partido Comunista, y que controla los sectores estratégicos de la economía, como la banca, mientras comparte el resto con un sector privado nacional y extranjero. Pero esto ha sido un camino contradictorio en el que el Estado ha tratado de “tener su pastel y comérselo también,” acompañando cada cambio económico con restricciones que limitan su eficacia.

A pesar del panorama color de rosa dibujado por los simpatizantes de Castro, tales como Emily Morris en la New Left Review, los resultados de las nuevas políticas su Gobierno han sido pocos e incapaces de superar definitivamente la prolongada crisis económica que se ha apoderado del país desde el colapso de la Unión Soviética. Los salarios reales de los empleados estatales, que aún constituyen la gran mayoría de la fuerza de trabajo, habían alcanzado en 2013 solo el 27 por ciento de sus niveles en 1989.

Desde 2008, los gastos en educación, salud, bienestar social y vivienda han disminuido como proporción del presupuesto del Estado y del producto interno bruto (PIB). Por otra parte, durante los últimos años el crecimiento económico ha sido bajo (1,2 por ciento en 2014) y la inversión de capital ha sido un magro 10 por ciento del PIB en comparación con el 20 por ciento promedio para América Latina.

No es de extrañar que Marino Murillo, ministro de Economía de Cuba, haya dicho que la Isla necesita al menos dos mil millones de dólares al año en inversiones para lograr un despegue económico. Esta es la clave de la buena voluntad de Castro para reanudar relaciones con su vecino del norte, especialmente a la luz de los graves problemas políticos y económicos que Venezuela (principal aliado de Cuba) y Rusia enfrentan en la actualidad, junto con la relativa disminución en el crecimiento de la economía china.

Castro no tiene nada que perder, ya que incluso si la ley Helms-Burton no se modificara o derogara, la economía cubana va a beneficiarse con la liberalización de los viajes y de las remesas decretada recientemente por Obama.

Para el líder cubano, cualquier beneficio que obtenga del acuerdo puede ser la palanca que necesita para vencer la resistencia en su propio aparato burocrático y lograr la completa aplicación del modelo chino-vietnamita.

Obama, por su lado, seguramente debe estar consciente de la oportunidad de reafirmar la influencia política de su país, así como su poder económico en Cuba, además de otros beneficios políticos reales que pueden obtener en América Latina y el resto del hemisferio sur por este nuevo acuerdo.

La alternativa en Cuba

Independientemente de las razones que han conducido a ambos gobiernos a llegar a este acuerdo, esto es un beneficio importante para el pueblo cubano.

En primer lugar, porque reconoce que el poder imperial de EE.UU. no fue capaz de obligar a la imposición de su sistema socio-económico y político, obteniendo una victoria para el principio de la autodeterminación nacional. Corresponde a los cubanos, y solamente a los cubanos, decidir el destino de su país.

En segundo lugar, porque en la práctica, se puede mejorar el nivel de vida de los isleños y ayudar en la liberalización, aunque no necesariamente la democratización de las condiciones de opresión política y explotación económica, por lo cual sería más fácil organizar y actuar para defender los intereses de forma autónoma contra el Estado y los nuevos capitalistas.

Este ha sido el caso de China, donde se producen miles de protestas cada año para proteger el nivel de vida y los derechos de la población, a pesar de la persistencia de un partido único estatal.

Contrariamente a lo que muchos liberales pensaron justo después del triunfo de la revolución cubana, la cuestión nunca fue si el fin del bloqueo llevaría a los hermanos Castro a ser más democráticos.

Esa posibilidad nunca ha existido, excepto para aquellos que creen que el establecimiento del comunismo cubano no fue más que una reacción al imperialismo estadounidense, en lugar de lo que el Che Guevara admitió era mitad el resultado de la coacción imperialista y mitad resultado del deseo de los dirigentes cubanos.

Lo que sí es real es la probabilidad de que el levantamiento del bloqueo socave el apoyo al gobierno de Castro, facilitando la resistencia y formulación de políticas alternativas a su dominio.

Es poco probable que Cuba quede libre de las garras del imperialismo yanqui, incluso aunque el bloqueo económico llegue a su fin. El poderío imperialista más “normal” experimentado en el Sur reemplazará la era más coercitiva y criminal del bloqueo, especialmente si se desarrolla una alianza exitosa entre el capital estadounidense y los capitalistas estatales nativos del emergente modelo chino-vietnamita, como sucedió en China y en Vietnam.

Incluso al nivel puramente político, existen muchos conflictos que son claramente previsibles, como por ejemplo, uno que no fue mencionado en el acuerdo entre Obama y Castro y que implica el retorno de exiliados revolucionarios, como Assata Shakur, a las carceles norteamericanas.

Con la desaparición de la generación histórica de líderes revolucionarios dentro de la próxima década, surgirá un nuevo ambiente político donde podría revivir la acción de la oposición izquierdista y dar fuerza a la izquierda naciente y crítica.

Algunos pueden decir que no hay razón de abogar por tal perspectiva, debido a que el socialismo de orientación democrática y revolucionaria no está en la agenda inmediata. Pero es esta visión política que aboga por la autogestión democrática de la sociedad cubana la que puede formar una resistencia de peso a la liberalización económica que probablemente llegue a Cuba.

Al invocar la solidaridad con los más vulnerables, y llamando a la igualdad racial, de género y de clase, un movimiento puede cimentar la unidad en contra, tanto de la antigua, como de la emergente opresión.

Samuel Farber nació y se crió en Cuba. Su último libro es Cuba Since the Revolution of 1959. A Critical Assessment (Haymarket Books)

sábado, 3 de enero de 2015

Empresario estima que unificación monetaria en Cuba se dará en el primer trimestre

El copresidente del fabricante de cigarros Brascuba cree que se trata de una movida inminente.
 
Aunque de momento no hay fecha establecida el proceso de unificación monetaria en Cuba se dará en los próximos meses, aseguró un directivo del fabricante de cigarros Brascuba a la agencia Bloomberg, especializada en temas económicos.
Alexandre Carpenter y Jorge Abrahan Malut, copresidentes de Brascuba.

Alexandre Carpenter, copresidente de Brascuba, la fusión de la brasileña Souza Cruz SA, con sede en Río de Janeiro, y la empresa estatal Tabacuba, cree que se trata de una movida inminente: “Estamos preparados y la esperamos para el primer trimestre”.

La empresa produce las marcas Popular, H. Upmann, H. Upmann Selecto, Monterrey, Vega, Hollywood, Lucky Strike, Cohíba y Cohíba Predilecto.

Carpenter considera que una moneda única favorecería la demanda interna. Algunas marcas de Brascuba como Cohíba y los cigarrillos Hollywood, al igual que otros productos como los helados Nestlé sólo pueden comprarse en CUC, por lo que el empresario estima que al unificarse la moneda, inmediatamente aumentaría el mercado potencial y se dispararía la demanda.

La contabilidad y el sistema de pagos de Brascuba ya están listos para el nuevo sistema monetario, dijo el empresario.

La empresa constructora Odebrecht SA, responsable de las obras del Puerto de Mariel y otros ambiciosos proyectos en la isla, también está lista para un peso único, afirmó a Bloomberg una fuente del emporio brasileño que solicitó no ser nombrada, pues asegura que el Gobierno mantiene la privacidad de la información para evitar una carrera por la moneda.

La unificación se ve impulsada asimismo por la caída de los suministros preferenciales del petróleo proveniente de Venezuela, que permitieron al presidente Raúl Castro mantener los subsidios a productos básicos con precios en pesos no convertibles, según Rafael Romeu, presidente de la consultora DevTech Systems y miembro de un centro de estudios de la economía cubana con sede en Washington.

Romeu cree que el Banco Central tendrá que devaluar la moneda rápidamente después de la unificación, pues no tiene suficientes reservas en dólares para respaldar la convertibilidad de la nueva moneda única.Una moneda más débil aumentará la presión sobre los precios y aumentará la inflación.

Yolanda Huerga, de Martinoticias, conversó por teléfono con varios expertos en La Habana, sobre las implicaciones de esta medida.

Los hitos económicos para el 2015

Desde las tasas de interés hasta el precio del petróleo, a continuación algunos indicadores clave de la economía global para 2015.


La gran decisión de Janet Yellen

La presidenta de la Reserva Federal de Estados Unidos, Janet Yellen, ha estado preparando el terreno para subir las tasas de interés en 2015 por primera vez en nueve años.

Los economistas estarán pendientes en particular de la reunión de junio del banco central estadounidense, que podría ser el punto de partida del aumento de las tasas de interés. Si lo logra, marcará el esperado regreso a la normalidad de la política monetaria estadounidense. Pero tanto la magnitud del alza como el momento elegido para implementarla podrían ser clave para calmar o agitar a los inversionistas.

Un factor que la Fed observará con suma atención es el desempeño del mercado laboral. El año pasado fue el mejor en generación de empleo en EE.UU. desde 1999. Si el impulso continúa durante un año más, la expansión del país norteamericano se empezará a ver como un auge.

No hay que perder de vista, sin embargo, que durante los últimos cinco años, EE.UU. ha tenido arranques falsos, cuando el crecimiento del empleo parecía adquirir dinamismo, para luego perder bríos. Igualmente, el crecimiento de los salarios sigue siendo débil.

Angustia en Europa

Los inversionistas globales temen que la crisis de la deuda europea reaparezca en cualquier momento.

El Banco Central Europeo evalúa comprar bonos soberanos para ayudar a las economías del continente en los precisos momentos en que una nueva ronda de incertidumbre ha surgido en torno a las elecciones en Grecia este mes.

Un partido izquierdista desafía al gobierno conservador y quiere frenar las medidas de austeridad del país. España también realizará elecciones en medio de un descontento generalizado de la población frente a una tasa de desempleo de 24%.

Incluso Alemania, que durante mucho tiempo ha sido el motor económico de la zona euro, tambaleó en 2014: la economía se contrajo 0,1% en el segundo trimestre y apenas creció 0,1% en el tercer trimestre.

Abeconomía, segunda parte

Japón empezó 2015 luego de haber aprobado un paquete de estímulo fiscal de US$29.000 millones.

El Banco de Japón reforzó su estrategia monetaria en octubre con la expansión de su programa de compra de bonos.

¿Tendrá más éxito la nueva fase de la política del primer ministro Shinzo Abe, conocida como Abeconomía?

La primera etapa también incluyó medidas masivas de estímulo tanto fiscal como monetario. Pero la economía de Japón sufrió de todas formas dos trimestres con un PIB en declive después de un alza del impuesto a las ventas en abril.

Los crecientes problemas de China

Después de décadas de un crecimiento que promedió 10% al año, el panorama de China se ve amenazado por deudas enormes que fueron asumidas para financiar obras de infraestructura, una población que envejece y una urbanización explosiva.

Hacer los ajustes necesarios para que una economía de 1.400 millones de personas pase a depender más del gasto interno de los consumidores (lo que según muchos observadores necesita China) y menos de las exportaciones es mucho más fácil decir que hacer.

¿Y el Dow Jones?

El Promedio Industrial Dow Jones alcanzó recientemente los 18.000 puntos, lo que constituye un alza de 170% desde los días negros de 2009.

Otro año récord podría inflar las cuentas y la confianza de los inversionistas. Pero si se comprueba que el auge bursátil que ya lleva cinco años está cerca de llegar a su fin, eso podría desinflar las esperanzas en la economía estadounidense en general.

El petróleo da y quita

El colapso de los precios de la energía ha abaratado la gasolina para los consumidores, pero amenaza el auge petrolero en algunos países, particularmente en EE.UU. La pregunta es si un menor gasto en combustible por parte de los consumidores este año compensará los daños derivados de la pérdida de producción petrolera, como menos inversión en perforaciones y posibles recortes de empleo en las empresas energéticas.

“El bloqueo no permanecerá intacto”

ARTURO LOPEZ LEVY, PROFESOR DEL CENTRO DE ESTUDIOS GLOBALES DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVA YORK

Según el experto cubano, EE.UU. necesitaba salir de “la distracción cubana” para ir a la agenda regional: cooperación con Brasil y el Mercosur, migración, energía y seguridad internacional.

Por Patricio Porta, Página 12

El reciente anuncio de restablecimiento de relaciones entre Estados Unidos y Cuba tras 53 años de vecindad turbulenta es parte del rediseño de la estrategia geopolítica del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en el último tramo de su gobierno. Así comienza la explicación de Arturo López Levy, profesor del Centro de Estudios Globales de la Universidad de Nueva York y especialista de la política estadounidense hacia Cuba y América latina. “Existía una ventana importante de oportunidad para un cambio. En primer lugar, porque tras la elección de medio término el presidente tiene mayor discrecionalidad en su política exterior, dado que no será el centro de la próxima campaña presidencial en la que no puede competir. En segundo lugar, porque el tema Cuba ganaba relieve de cara a la cumbre hemisférica de Panamá el próximo abril. Dentro de eso, era conveniente actuar temprano así se reducía el costo político de la medida tomada, sobre todo en Florida, otorgando suficiente tiempo también para que los nuevos pasos produjeran réditos a sus potenciales beneficiarios”, sostuvo el especialista en diálogo telefónico con Página/12.

El acercamiento a Cuba, entonces, responde también a un intento por modificar los términos en que la Casa Blanca aborda sus vínculos con el resto de la región. “En Washington se piensa más allá de las dos guerras heredadas de la administración Bush. Aquí toma relieve tanto el pivotear hacia Asia como la importancia de cerrar brechas en América latina a potencias alternativas como China y Rusia. Relacionado con lo anterior está la necesidad de salir de la distracción cubana e ir a los temas centrales de la agenda estratégica hemisférica en las últimas cumbres de las Américas: cooperación con Brasil y el Mercosur, migración, comercio, energía, crimen internacional, educación y seguridad pública. En ese contexto se produce la epidemia de ébola, con el consiguiente gesto de buena voluntad del gobierno cubano. Este hecho concreto pone de manifiesto el sinsentido de considerar a Cuba una amenaza a los intereses de los Estados Unidos por su accionar internacional”, destacó López Levy.

Además del propio Obama, otras figuras importantes de su gobierno y del Partido Demócrata respaldaron la iniciativa: desde el vicepresidente Joe Biden y el secretario de Estado John Kerry hasta Bill y Hillary Clinton, posible candidata presidencial para las elecciones de 2016. Ante los cambios producidos en la isla, los pretextos se iban agotando. “Desde el 2006, año en que Raúl Castro asumió interinamente la presidencia, Cuba ha emprendido reformas que flexibilizaron la dinámica económica y social del país. Ocurrieron varios factores, como la actualización de la política migratoria del gobierno, para acercarse a la diáspora cubana, y el incremento del acceso a las tecnologías de la información y las comunicaciones por parte de los ciudadanos. Una transición desde una economía de comando a una economía mixta ha ganado tracción con mayor apertura a la inversión extranjera y conexiones orgánicas por primera vez entre los sectores público y privado”, aseguró el experto cubano, quien se desempeñó como analista político del gobierno de Cuba entre 1992 y 1994 y como dirigente de la comunidad judía de la isla entre 1999 y 2001, año en que emigró a Estados Unidos.

“Obama y su equipo, que nunca aparecieron comprometidos con las políticas heredadas de Bush, llevaban un tiempo reconociendo y tanteando esas nuevas realidades, particularmente a través de la Oficina de Intereses en La Habana, que funciona casi como una embajada. Durante el período de Bush, el subsecretario de Estado para América latina, Roger Noriega, y el entonces jefe de la sección, James Cason, trataron de cerrar esa institución a través de provocaciones nada diplomáticas contra el gobierno de Cuba. La vida ha demostrado que esa oficina, como la de Cuba en Washington, abiertas durante la administración de Jimmy Carter, han sido generalmente fuerzas de estabilización y diálogo para una relación muy tirante”, prosiguió.

Por otra parte, López Levy consideró que el bloqueo no tardará en caer. “El bloqueo, al tratarse de una ley, llevará un proceso más largo para ser derogado, pero no permanecerá intacto ante la creación de nuevos segmentos sociales interesados y beneficiados por un mayor intercambio con Cuba. Grupos de agenda moral humanitaria, se coligarán con empresarios norteamericanos, y sectores pro diálogo con Cuba dentro de la comunidad cubano-americana para alentar a los legisladores a levantar las restricciones a medida que se identifiquen nuevas oportunidades de inversión y emprendimiento en Cuba. La pregunta de hoy no es si el embargo será levantado sino cuándo”, afirmó. “El aire de derrota y frustración se respira en la desesperanza de las declaraciones de los senadores Rubio, Menéndez y Cruz. El gesto de Obama ha encendido la protesta, pero en Miami, entre los grupos antinormalización predomina el llanto y la pérdida de la voluntad de vencer”, agregó.

Pese a la oposición del anticastrismo en Miami y del sector más ultraconservador del Partido Republicano, el experto de la Universidad de Nueva York subrayó que con Cuba no es un tema partidario. “Si bien históricamente el Partido Republicano ha sido más reticente a fomentar los lazos con Cuba, en ambos partidos se encuentran políticos con posiciones favorables hacia la política de cambio que ha asumido el presidente Obama. Al interior de los republicanos se ha destapado una importante polémica entre el candidato ganador de varias encuestas en eventos conservadores, el senador Rand Paul, de Kentucky, quien junto a su colega Jeff Flake han salido a defender la apertura hacia Cuba, como se espera de una posición pro negocios conservadora, y los senadores Marco Rubio y Ted Cruz, quienes junto al ex gobernador Jeb Bush se han lanzado contra la política de Obama. Entre los demócratas, la mayoría de los políticos más prominentes y sus bases son más favorables a un giro hacia Cuba, excepto por el cubano-americano Bob Menéndez, saliente presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, y la presidenta del comité nacional demócrata, la floridana Debbie Wasserman Schultz”, puntualizó López Levy.

“Aquí hay que destacar que no se trata de grupos pro Cuba o anti Cuba, sino de visiones sobre cómo promover los intereses y valores estadounidenses en Cuba y América latina. Aquellos favorables al acercamiento tratarán el tema desde un punto de vista pragmático hacia el sector empresarial y financiero. En contraste, los que se resisten a este cambio lo hacen desde una perspectiva preconcebida que percibe cualquier compromiso o diálogo con la región desde lo que Abraham Lowenthal llamó la presunción hegemónica norteamericana hacia América latina, en la que todo orden no jerárquico de subordinación a Washington es una claudicación. En el pasado han existido grupos bipartidistas en el Congreso que han trabajado en relación con Cuba desde ambas perspectivas, y es muy probable que se activen para el próximo Congreso y el siguiente, donde los demócratas debieran recuperar el control del Senado”, aclaró.

Desde su visión, Cuba y Estados Unidos están destinados a ser socios comerciales debido a su cercanía geográfica. “Cuba cuenta con recursos humanos de pericia, con una industria farmacéutica y biotecnológica que ya está insertada internacionalmente y, con las apropiadas asociaciones, puede ser competitiva incluso en el Primer Mundo, contando con medicamentos que no están disponibles en los Estados Unidos. La disponibilidad de productos como el ron y el tabaco cubanos en Estados Unidos es algo largamente ansiado por las empresas de la isla. Cuba es un importante destino turístico en la región. No existe un solo sector en la producción de bienes y servicios que los empresarios estadounidenses no tengan oportunidad de desarrollar en Cuba”, señaló el también profesor de la Universidad de Denver.

Por último, destacó que la integración de Cuba por parte de los demás países latinoamericanos fue un factor clave para que EE.UU se animara a la normalización de las relaciones con la isla. “La ausencia de Cuba en las cumbres de las Américas amenazaba con hacer desaparecer un evento que surgió a iniciativa de Washington. Obama ha escuchado de todos los mandatarios latinoamericanos el clamor por un hemisferio sin exclusiones y con una política norteamericana hacia Cuba menos unilateral y más racional. El rechazo al bloqueo casi unánime en la votación anual de la Asamblea General de las Naciones Unidas hizo que Obama reconociera que dicha política ha aislado más internacionalmente a EE.UU. que a Cuba”, señaló López Levy.

#Yotambienexijo ¿De dónde son los cantantes?

Iroel Sánchez

Leyendo la intensa cobertura que medios extranjeros acreditados en Cuba y otros como El País y The New York Times han brindado al frustrado “performance” convocado para el pasado 30 de diciembre en la Plaza de la Revolución de La Habana pareciera se trata del enfrentamiento entreuna artista que en solitario desafía un gobierno autoritario de un lado y del otro, un estado policial que aplasta una iniciativa artística a la que de manera espontánea se han sumado un grupo de “activistas” y “disidentes pacíficos” dentro de la Isla.

Sin embargo, siguiendo la huella en la web de la promocionada plataforma #Yotambienexijo aparecen elementos que esos medios no han abordado, a pesar de tener los recursos para hacerlo. Por ejemplo, si hubieran buscado un poco se hubieran percatado de que la primera persona en poner un cartel en Facebook promoviendo el “performance”, el 19 de diciembre de 2014, como puede verse aún en su biografía en esa red social, fue Elena V. Molina, encargada de “promoción, diseño y página web” del proyecto Estado de SATS, financiado desde Estados Unidos y vinculado al extremista Carlos Alberto Montaner quien estuvo preso por terrorismo en Cuba y muchos acusan de agente de la CIA. Molina, según su perfil en Facebook, opera desde Barcelona, España.


El jefe de Molina y “coordinador general” de Estado de Sats es Antonio González Rodiles, un extraño pacifista que recientemente asistió al “International Security Forum” en Halifax Canadá en compañía de halcones y represores llegados de medio mundo -la lista de asistentes al forum se puede consultar en la web. Entre ellos Rodiles escogió para retratarse al Senador estadounidense John McCain. Mc Cain es otro pacifista, creador del terrorista Estado Islámico y promotor principal de las “revoluciones de colores” en el este europeo, según demuestra el documental de Canal plus de Francia Estados Unidos a la conquista del este, en que los discípulos serbios, georgianos y ucranianos de McCain dialogan -en vísperas de su encuentro con George W. Bush- sobre la “revolución” que harían en Cuba poco después que este desatara la invasión a Irak y en Miami reclamaran “Irak now, Cuba after”.

Antonio González Rodiles junto al senador estadounidense John McCain en el “International Security Fórum” de Halifax
 

Rodiles junto a su profesor Carlos Alberto Montaner

Partidario de la pax romana, González Rodiles ha estado entre quienes desde la publicación Diario de Cuba se han declarado traicionados por la promesa del presidente Obama de trabajar por levantar el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba. Pudiera ser que espontáneamente Rodiles se haya sumado al “performance” pero según el blog Cambios en Cuba fue a la casa del “coordinador general” de Estado de Sats donde la convocante del “performance” encaminó sus pasos pocas horas después de llegar a La Habana. Cuando eso ocurrió ya Elena V. Molina llevaba más de diez días trabajando intensamente en función de la convocatoria junto a publicaciones como Diario de Cuba y otras webs que han recibido millones de dólares en fondos federales estadounidenses para la propaganda contra el gobierno cubano. Es lógica la irracionalidad propagandística con que actúan cuando sienten que se les puede acabar el negocio con un cambio en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

Como todo es tan espontáneo, no es difícil explicar la denuncia que hiciera el ingeniero Daniel Ramos, Director de Operaciones de Seguridad de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (ETECSA). Ramos dijo que “desde el pasado 21 de diciembre se ha venido produciendo envío de mensajería no deseada” llamando “a la concentración en la Plaza de la Revolución para apoyar a la provocación convocada para el día 30 de diciembre por la artista plástica Tania Bruguera”. Según Ramos, los envíos provenían “de una plataforma en el exterior nombrada Despierta Cuba” y tenían “un diseño similar a proyectos pagados por la USAID como Zunzuneo, Martí Noticias y Cuba sin Censura, cuyo único fin consiste en incitar a la subversión en la Isla”.

Seguro seguro era un invento de ETECSA, tan monopólica y gubernamental que es frente a estos pobres espontáneos que, cómo no, ponen parte de su salario para pagar la tecnología que el gobierno de los monopolios del mundo ha empleado en muchos lugares para cambiar regímenes, allí donde sus empresas controlan las telecomunicaciones y han muerto miles de personas a manos de coloridos y pacíficos “revolucionarios”, como hemos visto recientemente en Ucrania.

Pero eso no sería todo. En la madrugada del 28 para el 29 de diciembre llegaban las suplantaciones de identidad y el envío masivo de correos electrónicos desde identidades falseadas promoviendo la espontánea convocatoria, incluyendo el emblemático sitio de noticias Cubadebate. Y eso ya no me lo contaron, lo viví, porque entre las cuentas creadas y utilizadas para tal fin estaba una con mi nombre.

Y llegó el día D y la hora en que mataron a Lola. Allí estaban -por supuesto, espontáneamente- todas las cámaras de televisión, todas las agencias de prensa, todos los periodistas de medios internacionales acreditados en Cuba en busca del Maidán tropical. Las autoridades no permitieron poner en escena la “noticia”en la Plaza de la Revolución aunque sí habían ofrecido locaciones culturales que no fueron aceptadas por la convocante, incluyendo el Museo Nacional de Bellas Artes.

The New York Times se declaró “decepcionado” y el State Deparment “preocupado”: no ha habido detenidos por centenares como en las recientes manifestaciones antirracistas enEE.UU., ni balas de goma, ni una sola fotografía que documente la actuación violenta del “régimen” cubano, qué decepción.

En este mundo al revés el intolerante es el que ofreció espacios culturales de elevada jerarquía que no fueron aceptados para lo que se había definido como una obra de arte, no quien desde fuera del país sin contar con nadie, excepto con la prensa, la tecnología y la amplificación de los poderosos, decretó la apropiación de un lugar público altamente simbólico para imponer una agenda importada sin que valga la opinión de la institucionalidad nacional a la que hasta el propio gobierno de los Estados Unidos acababa de reconocer legitimidad. ¿Es ese reconocimiento lo que buscaban hacer retroceder quienes han dicho que Obama los traicionó? (Publicado en CubAhora)

Miradas: Economía Cubana 2014



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El valle de la desesperación


En 2014, la creciente desigualdad en los países avanzados recibió por fin la atención debida cuando El capital en el siglo XXI, de Thomas Piketty, se convirtió en un inesperado (y merecido) éxito de ventas. Los sospechosos habituales insisten en su lucrativa negación, pero para todos los demás es evidente que la renta y la riqueza están más concentradas en el extremo superior de lo que lo habían estado desde la Belle Époque, y que la tendencia no da muestras de remitir.

Pero esa historia trata de lo que ocurre dentro de los países, y por lo tanto, es incompleta. La verdad es que hay completar el análisis al estilo Piketty con una visión global, y yo diría que, al hacerlo, se percibe mejor lo bueno, lo malo, y lo potencialmente muy feo del mundo en que vivimos.

Así que permítanme sugerirles que echen un vistazo a un excelente gráfico del aumento de los ingresos en el mundo elaborado por Branko Milanovic, del Centro de Posgrado de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (al que me incorporaré este verano). Lo que Milanovic muestra es que el aumento de los ingresos desde la caída del Muro de Berlín ha sido una historia de "cumbres gemelas". Por supuesto, los ingresos han crecido en lo más alto a medida que las élites del mundo se hacían más y más ricas. Pero también ha habido enormes beneficios para lo que podríamos denominar la clase media mundial, formada en gran parte por las cada vez más numerosas clases medias de China e India.

Y digámoslo claramente: el aumento de las rentas en los países emergentes ha generado enormes mejoras en el bienestar humano, al sacar a cientos de millones de personas de la pobreza agobiante y darles una oportunidad de tener una vida mejor.

Las rentas de las clases trabajadoras de los países avanzados han crecido mucho más despacio e incluso han descendido

Y ahora, las malas noticias. Entre esas dos cumbres gemelas (la élite mundial cada vez más rica y la creciente clase media china) se encuentra lo que podríamos llamar el valle de la desesperación. Para la gente alrededor del percentil 20 de la distribución de la renta mundial, los ingresos han crecido, si acaso, a un ritmo lento. ¿Y quién es esa gente? Básicamente, las clases trabajadoras de los países avanzados. Y aunque los datos de Milanovic solo lleguen hasta 2008, podemos estar seguros de que, desde entonces, a ese grupo le ha ido incluso peor, hundido por los efectos del elevado desempleo, el estancamiento de los salarios y las políticas de austeridad.

Es más, el esfuerzo de los trabajadores de los países ricos es, en varios sentidos importantes, la otra cara de los ingresos por encima y por debajo de ellos. La competencia de las exportaciones de las economías emergentes sin duda ha sido un factor para el descenso de los salarios en los países más ricos, aunque no ha sido la fuerza dominante. Más importante es que el incremento de los ingresos en la cima se obtuvo en gran medida a base de exprimir a los que estaban por debajo reduciendo los salarios, recortando las prestaciones, aplastando a los sindicatos y desviando una parte cada vez mayor de los recursos nacionales a los trapicheos financieros.

Y, quizá aún más importante, los ricos ejercen una influencia enormemente desproporcionada sobre la política. Las prioridades de las élites —la preocupación obsesiva por los déficits presupuestarios, con la consiguiente supuesta necesidad de cercenar los programas públicos— han contribuido en gran medida a ahondar el valle de la desesperación.

Así que, ¿quién defiende a los que han quedado atrás en este mundo de cumbres gemelas? Se podría haber esperado que los partidos convencionales de izquierdas adoptasen una actitud populista en nombre de las clases trabajadoras de sus países. Pero, en cambio, lo que hemos visto —por parte de líderes que van desde François Hollande en Francia a Ed Miliband en Gran Bretaña, y, sí, al presidente Obama— es un torpe balbuceo. (Obama, en realidad, ha hecho mucho por los estadounidenses trabajadores, pero es manifiestamente negado a la hora de vender sus logros).

Yo diría que el problema con estos líderes convencionales es que no se atreven a desafiar las prioridades de las élites, en particular su obsesión por los déficits públicos, por miedo a que se les considere irresponsables. Y eso deja el campo libre a los líderes no convencionales —algunos de ellos seriamente alarmantes— que están dispuestos a dar solución a la indignación y la desesperación de los ciudadanos de a pie.

No es la primera vez que la mala gestión de una crisis económica por parte de las élites da pie a peligrosos populismos

Los izquierdistas griegos que podrían llegar al poder a finales de este mes son probablemente los menos peligrosos de todos, aunque sus exigencias de que se alivie la deuda y de que se ponga fin a la austeridad pueden provocar un tenso pulso con Bruselas. En otros lugares, sin embargo, observamos el ascenso de partidos nacionalistas y contrarios a los inmigrantes, como el Frente Nacional en Francia o el Partido de la Independencia de Reino Unido (UKIP, en sus siglas en inglés) en Gran Bretaña. Y hay gente todavía peor esperando entre bastidores.

Todo esto hace pensar en algunas analogías históricas desagradables. Recordemos que esta es la segunda vez que hemos experimentado una crisis financiera global seguida por una prolongada recesión en todo el mundo. Entonces, como ahora, cualquier respuesta eficaz a la crisis fue bloqueada por las élites que exigían presupuestos equilibrados y divisas estables. Y el resultado final fue dejar el poder en manos de personas, por así decirlo, no muy agradables.

No estoy insinuando que estemos al borde de repetir al pie de la letra la década de 1930, pero sí que afirmaría que los líderes políticos y de opinión tienen que afrontar el hecho de que nuestro actual sistema mundial no está funcionando bien para todos. Es fantástico para la élite y ha sido muy positivo para los países emergentes, pero el valle de la desesperación es algo muy real. Y van a pasar cosas malas si no hacemos algo al respecto. 

Paul Krugman, galardonado en 2008 con el premio del Banco de Suecia en homenaje a Alfred Nobel, es profesor de Economía de la Universidad de Princeton.

Traducción de News Clips.

Un espacio a la academia en la actualización del modelo económico cubano


Acerca del desarrollo y los caminos más acertados para lograr renovar el modelo económico cubano en las actuales condiciones, intercambió con OPCIONES el director del Centro de Estudios de la Economía Cubana, Humberto Blanco Rosales

Conversar con el Doctor Humberto Blanco Rosales, director del Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC) perteneciente a la Universidad de La Habana, resulta un buen momento para reflexionar sobre cuánto y cómo han repercutido las investigaciones de sus especialistas en el proceso de renovación emprendido en el país para actualizar el modelo de desarrollo.

Una manera de conocer el alcance de la labor científica de ese colectivo pudiera ser la fundamentación del Premio de la Academia de Ciencias de Cuba otorgado a esa institución en 2013, por sus aportes como integrante del Consejo de Ciencia y Tecnología de la Comisión de Implementación de los Lineamientos Económicos y Sociales.

En el texto de la propuesta para tan prestigioso galardón, se señala que los trabajos responden a tareas de investigación sistemáticamente desarrolladas y reflejan dominio del tema, profundidad en el análisis y un amplio manejo de informaciones y datos para sustentar las diferentes interpretaciones que se ofrece, no carentes de ángulos polémicos, pero tratados con la seriedad académica requerida.

Indica la argumentación de la Academia de Ciencias que el CEEC, al abordar un conjunto de aspectos claves en el proceso de actualización del modelo económico cubano (aunque no se agota el tema), lo hace con una perspectiva creadora y abierta al debate y aporta ideas y formulaciones originales, resultados de profundos análisis.

A ese grupo de trabajo el Centro contribuye sobre todo, con profesores e investigadores de ciencias económicas, en una interacción constante y necesaria con los decidores de políticas, en temas tan candentes y complejos como los relativos a la renovación del modelo cubano para continuar el rumbo socialista.

Se trata de una obra colectiva que no se circunscribe a un hecho o un momento, pues resulta la consumación de los 25 años de creado que cumplió el CEEC en mayo último, con resultados tan palpables, concretos y trascendentes que lo sitúan como una institución de referencia en materia económica en el país.

Desde que comenzó el proceso de discusión de los Lineamientos hasta su aprobación y puesta en marcha de forma paulatina, el aporte del Centro ha sido muy relevante y sus estudios e investigaciones tenidas en cuenta a la hora de marcar tendencias, proponer soluciones, formular criterios especializados.

Pero, según apuntó Humberto Blanco, la labor del CEEC no se puede enmarcar solo en un período o espacio, pues en este cuarto de siglo de acercamiento y análisis sistemático del desempeño de la economía cubana han sido exhaustivamente examinados sus retos, problemas y desafíos, lo mismo desde la impartición de clases de esa asignatura en las aulas universitarias, que en las múltiples conferencias, eventos y actividades en las que muestran su amplio quehacer extensionista.

Y aunque reconoce al actual como el momento de mayor interacción, intercambio e implicación de estos temas tan complejos, asegura el especialista que este no ha sido el único período de funcionamiento del centro en el que ha sobresalido por sus profundos y exhaustivos análisis, desde el debate y la polémica más constructiva y respetuosa posible, con gran sentido de su responsabilidad social.

Al abundar sobre la labor extensionista del CEEC, explicó que, a pesar de contar apenas con 18 estudiosos e investigadores, se han dedicado a ofrecer conferencias, charlas y presentaciones de sus resultados de trabajo, fuera de la UH, con una participación sistemática en actividades científicas en todo el territorio nacional y en el exterior.

Ha sido esencial el vínculo sistemático con los gobiernos y administraciones locales en municipios y provincias, con organizaciones y gremios como la ANEC en todos los niveles, las diferentes universidades e instituciones, en una multiplicidad de intercambios que les ha permitido transmitir todo el acervo investigativo del centro y, a la vez, nutrirse de las experiencias prácticas, que solo ofrece la realidad.

"Somos un centro con encargo docente y la misión también de impartir la materia Economía cubana en facultades de la Universidad de La Habana, tanto en las especialidades relacionadas con las ciencias económicas como en la de Comunicación Social", indicó Blanco.

Otra manera de acercarse a la historia del centro son las publicaciones, libros, documentos, todo fruto de una ardua labor investigativa que abarca casi todas las aristas de la economía, temas globales, sectoriales, empresariales, territoriales, estructurales y de innovación, entre otros.

Destacó el director del CEEC la gran red de colaboradores con que cuentan, entidades e instituciones científicas, académicas y de diferentes ramas, que enriquece cada análisis o trabajo investigativo.

Un resultado fehaciente de esa cooperación son los textos editados por el Centro con el sugestivo nombre de Miradas, una colección que examina los problemas y desafíos territoriales desde una perspectiva económica múltiple, que incorpora varios puntos de vista e involucra incluso a los principales actores de cada dilema.

Académicos con los pies en la tierra, muy creativos, independientes, rigurosos, ávidos siempre de interacción, anclados siempre en la realidad sin desdeñar todo el basamento científico-técnico, imprescindible en cada enfoque o análisis de un hecho, proyecto o fenómeno, en una sociedad como la cubana, perfectible como toda obra humana.

Así los caracterizan quienes los conocen bien, a sabiendas de que hoy no podrán consumarse tantas ideas, sueños y planes en la Mayor de las Antillas, sin contar con la oportuna consulta o la sabia argumentación científica y académica de los reconocidos estudiosos del CEEC.

Algo muy significativo que les ha aportado como especialistas conformar el Consejo de Ciencia y Tecnología de la Comisión de Implementación de los Lineamientos, junto a decenas de expertos de las ciencias sociales y económicas, es el lograr la elaboración de estudios mucho más prácticos y concretos sobre el acontecer socioeconómico del país, sin desdeñar conceptualizaciones y fundamentaciones de toda índole, pues se trata de investigaciones que requieren, por su alcance, de mayor profundidad, sistematicidad y rigor.

Es este también un espacio a la academia desde el debate inteligente, en el afán de que el resultado sea el mejor posible, que la propuesta sea la más concreta, teniendo en cuenta el convulso panorama mundial en que se desempeña la economía nacional, que debe y tiene que ser examinada desde esa compleja interacción y sus diferentes perspectivas y aristas.

Una agenda para el debate económico

Una breve reseña sobre las urgencias de la economía cubana en el actual contexto realizó el profesor Humberto Blanco, al señalar, entre otras prioridades, el tema de las exportaciones y su diversificación que, para su feliz desenvolvimiento, debía contar con los actores, en lo cual repercute la falta de cultura en esa materia, pues son muchos los eslabones que deben funcionar bien.

Es importante tener en cuenta que para lograr remontar el crecimiento económico que prevé una tasa de 4 % en 2015, no se puede apostar solo a la inversión extranjera o al turismo, también se deben tener en cuenta otros factores como el ahorro interno y el apoyo a las actividades generadoras de ingresos a fuerza de eficiencia como las asociadas a la biotecnología, en particular la recién creada Biocubafarma.

Entre tantos retos y prioridades sobresalen el de lograr sustituir el enfoque de verticalidad por uno de mayor horizontalidad en la interacción entre todos los agentes económicos, con algunos ya tradicionales y otros nuevos que se incorporan como las cooperativas no agropecuarias, las microempresas, los trabajadores por cuenta propia.

Mayor descentralización en la gestión empresarial (con las nuevas facultades se da más autonomía y flexibilidad a las entidades), la necesidad de subsidiar a personas y no a productos, la urgencia de cambiar la matriz energética para potenciar las fuentes renovables de energía, la reducción de las importaciones sobre todo de alimentos (este año que culmina el país destinó unos 2 000 millones de dólares por ese concepto), son algunos de los asuntos que incorporan a su agenda de trabajo.

Las transformaciones actuales y en desarrollo para actualizar el modelo económico, las tensiones que se generan en este proceso ante las probables reestructuraciones, la posibilidad de sustituir en un 40 % las importaciones con productos agroalimentarios, la economía basada en el conocimiento y el papel de la innovación, son algunos de los temas que les sirven de objeto de estudio.

En ese último punto, Blanco puntualizó que de acuerdo con la evidencia internacional, los países líderes en crecimiento económico, cuentan entre sus motores de empuje, con la innovación creadora y, en el caso de Cuba, hace falta articular mejor los sistemas productivos con las instituciones de investigación, más el financiamiento y el aporte de mejores Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TICs), unido a un marco institucional y jurídico que lo privilegie.

Son tantos los desafíos que con solo mencionar algunos la lista de temáticas por examinar aumenta: la intención de poner en igualdad de condiciones a todas las formas productivas, la creación de un mercado mayorista de insumo, la infraestructura de apoyo al sector no estatal, la aprobación de una Ley de Empresas, la unificación monetaria y cambiaria.

Algunos de estos temas se incluyen en el libro recién publicado por el CEEC,Economía cubana, transformaciones y desafíos, que consta de 14 artículos y cuyo hilo conductor son las acciones inaplazables que tienen lugar en Cuba, abordadas desde diferentes aristas y perspectivas, con sugerencias para enrumbar en las actuales circunstancias el desarrollo social y económico del país.

Entre los trabajos que aparecen en ese compendio, que se corresponden con los presentados en el más reciente Seminario Científico del Centro, celebrado en junio de 2014, se citan asuntos cardinales como los cambos estructurales que debe experimentar la economía cubana, la relación entre la competencia y el desarrollo, la incidencia actual y cambios necesarios del sistema de mercados e instituciones financieras.

También se incluyen los relativos la relanzamiento de la inversión extranjera, los rasgos estructurales del comercio exterior cubano y su desempeño reciente, evaluación de la experiencia cubana en las políticas industriales y del sector agropecuario, la infraestructura de calidad en el país, y sus vínculos con la innovación y la competitividad, la gestión y cambios en el sistema empresarial estatal, la administración de riesgos, entre otros.

No son pocas las asignaturas pendientes, los problemas por resolver, los enfoques que aportar. Pero siempre el centro estará presto a servir de academia para examinar la economía cubana a la luz de la ciencia.
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