"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

jueves, 12 de enero de 2017

Claves del anticapitalismo y el antimperialismo hoy


Por: Fernando Martínez Heredia


Fidel Castro Ruz, líder histórico de la Revolución Cubana, inspiración para los movimientos sociales y populares del mundo. Foto: Archivo.

El primer homenaje que recibió Fidel al morir fue una consigna de hoy, una invención de jóvenes que hizo suya todo el pueblo de Cuba: “yo soy Fidel”. Así se demostró que Fidel es del siglo XXI, y que cuando el pueblo entero se moviliza con conciencia revolucionaria es invencible.

En esos días del duelo Fidel libró su primera batalla póstuma, y volvió a mostrarle a todos, como en 1953, el camino verdadero.

Hoy, cuando vamos a compartir acerca de los caminos de las luchas –porque lo verdadero son las luchas–, es natural comenzar con la ayuda de Fidel, y emular con sus ideas y sus actos para sacarles provecho, no imitándolos, sino traduciéndolos a nuestras necesidades, situaciones y acciones.

Para sacarle provecho a Fidel, tenemos que evitar repetir una y otra vez lugares comunes y consignas. Conocer más las creaciones y las razones que lo condujeron a sus victorias, las dificultades y los reveses que Fidel enfrentó, lo que pensó sobre los problemas, sus acciones concretas, puede aportarnos mucho, y de esa manera será más grande su legado.

En el tiempo de su vida pueden distinguirse tres aspectos: Fidel, joven revolucionario; el líder de la Revolución cubana y el líder latinoamericano, del Tercer Mundo y mundial Fidel brinda un gran número de enseñanzas, tanto para el individuo como para las luchas políticas y sociales. Quisiera enumerar muy brevemente algunas de las características de su legado que me parecen importantes para nuestros objetivos:

1-Partir de lo imposible y de lo impensable, para convertirlos en posibilidades mediante la práctica consciente y organizada y el pensamiento crítico, conducir esas posibilidades actuantes hacia la victoria al mismo tiempo que se forman y educan factores humanos y sociales para poder enfrentar situaciones futuras, y mediante las luchas, los triunfos y las consolidaciones convertir las posibilidades en nuevas realidades.

2- No aceptar jamás la derrota. Fidel nunca se quedó conviviendo con la derrota, sino que peleó sin cesar contra ella. Me detengo en cinco casos importantes en su vida en que esto sucedió: 1953, 1956, 1970, el proceso de rectificación y la batalla de ideas. En 1953 respondió a la derrota del Moncada con un análisis acertado de la situación para guiar la acción. Cuando todos creían que era un iluso, se reveló como un verdadero visionario. En 1956, cuando el desastre del Granma, respondió con una formidable determinación personal y una fe inextinguible en mantener siempre la lucha elegida, por saber que era la acertada.

En 1970, comprobó que lograr el despegue económico del país era extremadamente difícil, pero entonces apeló a los protagonistas, mediante una consigna revolucionaria: “el poder del pueblo, ese sí es poder”. En1985, fue prácticamente el primero que se dio cuenta de lo que iba a hacer la URSS, que le traería a Cuba soledad, desastre económico y más grave peligro de ser víctima del imperialismo, pero su respuesta fue ratificar que el socialismo es la única solución para los pueblos, la única vía eficaz y la única bandera popular, que lo necesario es asumirlo bien y profundizarlo. Entonces movilizó al pueblo y acendró su conciencia, y sostuvo firmemente el poder revolucionario. En el 2000, ante la ofensiva mundial capitalista y los retrocesos internos de la Revolución cubana en la lucha para sobrevivir, lanzó y protagonizó la batalla de ideas, con sus acciones en defensa de la justicia social, su movilización popular permanente y su exaltación del papel de la conciencia.

No me va a dar tiempo a exponer cada punto, aunque fuera brevemente, así es que me limitaré a mencionarlos, con la intención de estimular el interés en el estudio de Fidel.

3- La determinación de luchar en todas las situaciones. Sería muy conveniente considerar como concepto a la determinación personal, en el estudio de los que se lanzan a lograr transformaciones sociales. La praxis es decisiva.

4- Organizar, fue una constante, una fiebre de Fidel. Ojalá que este sea uno de los temas principales de este taller.

5- La comunicación siempre, con cada ser humano y con las masas, en lo cotidiano y en lo trascendente, es una de las dimensiones fundamentales de su grandeza y es uno de los requisitos básicos del liderazgo.

6- Utilizar tácticas muy creativas, y estrategias impensables, y sin embargo factibles.

7- Luchar por el poder y conquistarlo. Mantener, defender y expandir el poder. Se puede discutir casi eternamente acerca el poder en términos abstractos, pero solo las prácticas revolucionarias logran convertir al poder en un problema que pueda resolverse.

8- Crear los instrumentos y los protagonistas. Tomar las instituciones para ponerlas a nuestro servicio, no para ponernos al servicio de ellas.

9- Ser más decidido, más consciente y organizado, y más agresivo que los enemigos.

10- Enseñar y aprender al mismo tiempo con los sectores del pueblo que participan o que simpatizan, y después con todo el pueblo. Avanzar hacia formas de poder popular.

11- El gran logro cubano, unir la liberación nacional a la revolución socialista.

12- Ser siempre un educador. Hacer educación a escala del pueblo. Que el pueblo se levante espiritualmente y moralmente, para que se vuelva participante consciente y capaz de todo, complejice sus ideas y sus sentimientos y enriquezca sus vidas.

13- Que la concientización esté en el centro del trabajo político, no solo para avanzar y ser mejores, sino para que la política llegue a convertirse en una propiedad de todos.

Siento que la mayor lección que le brinda Fidel a los luchadores de América Latina actual es lo que pensó y lo que hizo entre 1953 y 1962.

Puede ser muy valioso ponernos de acuerdo para estudiar, discutir y socializar ese período.

Desde hace un año estamos oyendo decir que la situación en nuestro continente se ha vuelto cada vez más difícil, por que acontecen hechos adversos a los pueblos, y por la ofensiva del imperialismo y sus cómplices de clases que son a la vez dominadas por él y dominantes en sus países. Aunque parezca que empiezo por el final, quisiera comenzar con un comentario acerca de las relaciones que existen entre dificultades y revolución.

Para los revolucionarios, y durante los procesos de revolución, hay momentos felices y procesos felices, pero en las revoluciones verdaderas no hay coyunturas fáciles. Cuando puedan parecernos fáciles es solamente porque no nos hemos dado cuenta de sus dificultades. Y es así porque estas revoluciones, a las que amamos y por las que estamos dispuestos a todo, son las iniciativas más audaces y arriesgadas de los seres humanos, que emprenden transformaciones prodigiosas liberadoras de las personas y de las relaciones sociales, a tal grado que nunca más quieran, ni puedan, volver a vivir en vidas y sociedades de dominación y de violencias y daños de unos contra otros, de individualismo y afán de lucro. Son revoluciones que pretenden ir creando personas cada vez más plenas y capaces, y realidades que contengan cada vez más libertad y justicia, donde entre todos se logre cambiar el mundo y la vida. Es decir, crear personas y realidades nuevas.

Si lo que acabo de decir le parece imposible al mundo existente y las creencias vigentes en la prehistoria de la humanidad, al sentido común y al consenso con lo esencial que mantiene a las sociedades sujetas al capitalismo, ¿cómo no va a ser sumamente difícil todo lo que hagamos y proyectemos? Si jamás las clases dominantes estarán dispuestas a admitir que se levante el pueblo y adquiera dignidad, orgullo de sí mismo y dominio de la situación, conciencia y organizaciones suyas, a su servicio y eficaces, que esté en el poder y que lo convierta en un poder popular, entonces hay que convenir en que en esas épocas todo se vuelve muy difícil para la causa del pueblo. El joven Carlos Marx avizoraba bien cuando escribió que solamente mediante la revolución podrán los dominados salir del fango en que viven metidos toda su vida, porque los cambios y la creación de nuevas sociedades exigen también liberaciones colosales de los enemigos íntimos que todos albergamos dentro. ¿Cómo no van ser tan difíciles las revoluciones de liberación?

Pero, si miramos bien y no nos dejamos desanimar, constataremos que el campo popular ya tiene mucho a su favor. Entremos con esas armas en un problema inmediato, que no es pequeño. La coyuntura actual expresa de manera escandalosa una carencia del campo popular que se ha ido acumulando en las últimas décadas, al mismo tiempo que esa carencia dejaba de ser percibida como una grave debilidad: la de un pensamiento verdaderamente propio, capaz de fundamentar su identidad en relación con su conflicto irremediable con la dominación del capitalismo, y capaz de servir para comprender las cuestiones esenciales de la época, las coyunturas, los campos sociales implicados y las fuerzas en pugna.

Un pensamiento, por consiguiente, fuerte, convincente y atractivo, al mismo tiempo que útil como instrumento movilizador y unificante de lo diverso, y como herramienta eficaz para guiar análisis y políticas acertadas que contribuyan a la actuación y a la formulación de proyectos.

Esa ausencia del desarrollo de un pensamiento poderoso del campo popular, crítico y creador, puede constatarse ante el estupor y la falta de explicaciones válidas que han abundado frente a los acontecimientos en curso en varios países latinoamericanos, que han registrado diferentes quebrantos, derrotas o retrocesos de procesos que han sido favorables a sus poblaciones y a su autonomía frente al imperialismo en lo que va de este siglo. En lugar de análisis coherentes, profundos y orientadores hemos escuchado o leído más de una vez comentarios superficiales revestidos con palabras que quisieran ser conceptos, o dogmas que quisieran cumplir funciones de interpretación.

Nada se avanza cuando se tilda de malagradecidos a sectores pobres o paupérrimos que mejoraron su alimentación y sus ingresos, y tuvieron más oportunidades de ascender uno o dos peldaños desde el fondo del terrible orden social, porque no han sido activos en defender a gobiernos que los han favorecido, o hasta les han vuelto la espalda en determinados eventos que les aportan triunfos a los reaccionarios. Y hasta se intenta explicar esos sucesos con retazos de una supuesta teoría de las clases sociales, como cuando se repite la proposición absurda de que “se convirtieron en clase media, y ahora actúan como tales”. Es preferible comenzar por ser precisos ante los hechos y partir siempre de ellos, como cuando el dirigente del Movimiento de los Sin Tierra de Brasil, Joao Pedro Stedile, dice: “Tenemos muchos retos de corto plazo para poder enfrentar a los golpistas. La clase trabajadora sigue en casa, no se movilizó. Se movilizaron los militantes, los sectores más organizados. Pero el 85 por ciento de la clase sigue viendo novelas en la televisión”.

Tampoco se va lejos cuando se elaboran y discuten explicaciones de los eventos y las situaciones políticas e ideológicas candentes de la coyuntura a base de menciones acerca del fin de ciclos de altos precios de las materias primas, ni siquiera cuando economistas capaces ofrecen datos serios y añaden el descenso de la dinámica de la economía mundial y otros factores y procesos adversos.

Simplificando un poco más, habríamos tenido unos quince años de victorias electorales, gobiernos llamados progresistas y notables logros por medidas sociales, una fuerte autonomización de gran parte del continente respecto a los dictados de Estados Unidos y avances en las relaciones bilaterales y las coordinaciones de los países de la región hacia una futura integración, solamente porque tuvimos un largo ciclo de altos precios de exportación de las materias primas, algo que es explicable por los avatares de la economía mundial. Y como ahora esta se mueve en otro sentido y bajan los precios, debe terminar el ciclo político y social, y “la derecha” debe avanzar y recuperar sin remedio la posición dominante que había perdido.

Una persona con buena memoria y escasa credulidad se preguntaría enseguida cómo fue posible que a inicios de los años setenta del siglo pasado no sucediera en la región lo mismo que a inicios de este siglo, en cuanto a elecciones victoriosas, buenas políticas sociales y más autonomía de los Estados y horizontes integracionistas. Porque en aquella coyuntura subieron mucho los precios de las materias primas y, además, en buena parte de la región se vivían aumentos más o menos grandes del sector industrial, con ayuda de aquellos redesplazamientos jubilosos del gran capital en busca de maximización de ganancias que hoy tanto disgustan a Donald Trump.

Lo que sucedió entonces fue totalmente diferente: dictaduras, represiones que llegaron hasta el genocidio, conservatización de las sociedades y otros males, que no deben ser olvidados. Por consiguiente, hay que concluir, no es verdad que a determinada situación económica le “correspondan” necesariamente ciertos hechos políticos y sociales, y no otros.

En este caso estamos ante una de las deformaciones y reduccionismos principales que ha sufrido el pensamiento revolucionario, quizás la más extendida y persistente de todas: la de atribuir una supuesta causa “económica” a todos los procesos sociales. Detrás de su aparente lógica está la cosificación de la vida espiritual y de las ideas sociales que produjo el triunfo del capitalismo, que es aceptada por aquellos que pretenden oponerse al sistema sin lograr salir de la prisión de su cultura, y la consiguiente incapacidad de comprender que son los seres humanos los protagonistas de todos los hechos sociales.

Tres procesos sucedidos dentro las últimas cuatro décadas han tenido un gran impacto y muy duraderas consecuencias para nuestro continente.

El estrepitoso final del sistema que llamaban del socialismo real y sus constelaciones políticas en el mundo, con consecuencias tan negativas en numerosos terrenos. El de la imposibilidad para la mayoría de los países del planeta de lograr el desarrollo económico autónomo de un país sin que necesariamente saliera del sistema del capitalismo. La terrible realidad fue la continuación de regímenes de explotación, opresiones y neocolonialismo, sin que fuera posible desplegar economías nacionales autónomas y capaces de crecer en beneficio del pleno empleo, más producción y productividad, servicios sociales suficientes para todos y una riqueza propia que repartir. El tercer proceso fue el de la consumación del dominio de Estados Unidos sobre casi todo nuestro continente. El capitalismo en América Latina transitó un largo camino de evoluciones neocolonializadas, sobredeterminadas por el poder de Estados Unidos, que lo dejó mucho más débil y subalterno.

Las lecciones que nos brindan esos tres procesos están claras y son sumamente valiosas. Una, todos los avances de las sociedades son reversibles, aun los que se proclamaban eternos; es imprescindible conocer qué es realmente socialismo y qué no lo es. Hay que comprender y organizar la lucha por el socialismo desde las complejidades, dificultades e insuficiencias reales, sin hacer concesiones, como procesos de liberaciones y de creaciones culturales que se vayan unificando. Dos, el capitalismo es un sistema mundial, actualmente hipercentralizado, financiarizado, parasitario y depredador, que solo puede vivir si sigue siéndolo, por lo que no va a cambiar. Las clases dominantes de la mayoría de los países necesitan subordinarse y ser cómplices de los centros imperialistas, porque no existe espacio ni tienen suficiente poder para pretender ser autónomos. La actividad consciente y organizada del pueblo, conducida por proyectos liberadores, es la única fuerza suficiente y eficaz para cambiar la situación. Para la mayoría de los países del planeta, serán los poderes y los procesos socialistas la condición necesaria para plantearse el desarrollo, y no el desarrollo la condición para plantearse el socialismo, como dijo Fidel en 1969.

Tres, Estados Unidos hace víctima a este continente tanto de su poderío como de sus debilidades, como una sobredeterminación en contra de la autonomía de los Estados, el crecimiento sano de las economías nacionales y los intentos de liberación de los pueblos. La explotación y el dominio sobre América Latina es un aspecto necesario de su sistema imperialista, y siempre actúa para impedir que esa situación cambie. Por tanto, es imprescindible que el antimperialismo forme parte inalienable de todas las políticas del campo popular y de todos los procesos sociales de cambio.

Como era de esperar, el capitalismo pasó a una ofensiva general para sacarle todo el provecho posible a aquellos eventos y procesos, y establecer el predominio planetario e incontrastado de su régimen y su cultura. El objetivo era, más allá de las represiones y las políticas antisubversivas, consolidar una nueva hegemonía que desmontara las enormes conquistas del siglo XX, manipulara las disidencias y protestas inevitables, y las identidades, impusiera el olvido de la historia de resistencias y rebeldías, y lograra generalizar el consumo de sus productos culturales y el consenso con su sistema de dominación.

Esa ofensiva no terminó, sino que se consolidó como una actividad sistemática, que sigue siéndolo hasta hoy. Es dentro de ese marco general que en cierto número de países de América Latina y el Caribe, que es la región del mundo con mayor potencial de contradicciones que pueden convertirse en acciones contra el sistema, movimientos populares combativos y victorias electorales produjeron cambios muy importantes de la situación general, a favor de sectores muy amplios de la población y de la capacidad de actuación independiente de una parte de los Estados.

La institucionalidad y las reglas políticas del juego cívico no fueron violadas para acceder y mantenerse en el gobierno, pero dentro de ese orden se han logrado reales avances, que sintetizo en seis aspectos: políticas sociales que benefician a amplios sectores necesitados; ejercicios de la ciudadanía mucho más amplios y mejores; cambios muy positivos en la institucionalidad en algunos de esos países; un rango apreciable de autonomía en el accionar internacional; más relaciones bilaterales latinoamericanas; y adelantos en las relaciones y coordinaciones de los países de la región, bajo la advocación de la necesidad de una integración continental.

No me detengo en esas nuevas realidades, que han alentado muchas motivaciones y esperanzas de avanzar hacia cambios más profundos, y han recuperado la noción del socialismo como el horizonte a conquistar, pocos años después de aquel colapso europeo que el capitalismo pretendió que fuera definitivo a escala mundial. Pero si quiero enfatizar dos cuestiones que el militante social y político debe analizar, conocer y manejar en sus prácticas. Primera, cada país tiene características, dificultades, acumulaciones históricas y condicionamientos que son específicos de él y resultan decisivos, al mismo tiempo que existen rasgos y necesidades comunes a la región que pueden ser fuente de aumento de la fuerza y el potencial de cada país, si somos capaces de desarrollar la cooperación y el internacionalismo.

Segunda, los poderes establecidos en estos países confrontan enormes limitaciones, porque tienen muy poco control de la actividad económica, y padecen la hostilidad de una parte de los propios poderes del Estado y de los medios de comunicación.

Al hacer un balance de 2016, podemos constatar lo específico de cada país. La gran victoria electoral legislativa de la reacción venezolana no consiguió deponer a Maduro, y ahora se encuentra sin fuerza, unidad ni líderes suficientes para intentarlo. Pero en Brasil una pandilla de delincuentes logró todo lo que quiso, sin que haya fuerzas populares organizadas para resistir con alguna eficacia. Los procesos de Bolivia y Ecuador se mantienen fuertes y estables ante sus situaciones específicas, y en Nicaragua el FSLN acaba de ganar otra vez las elecciones muy holgadamente. En México no es probable un triunfo de partidos opositores en 2 018, aunque el prestigio del equipo gobernante está muy deteriorado y existen manifestaciones de protesta y resistencia no articuladas.

Estas especificidades, y muchas otras de tamaño y sentido diferentes, podrían irse enumerando, pero seguiría en pie un problema de gran envergadura: Estados Unidos continúa su ofensiva general dirigida a recuperar todo el control neocolonial sobre América Latina –incluida una “ofensiva de paz” contra Cuba–, y el bloque que forma con los sectores reaccionarios y entreguistas de cada país continúa tratando de cancelar o ir debilitando los procesos de los últimos quince años de la región.

¿Será suficiente el voto, la voluntad popular expresada en las urnas, al menos para defender con éxito las políticas sociales, los funcionarios electos y la legalidad existente, y que ellos no sean burlados, quebrantados o eliminados por la reacción? ¿Podrán seguir existiendo los procesos basados en una institucionalidad sin cambios en el suelo social y político para lograr transformaciones que beneficien a la población y abran paso a sociedades más justas y mejor gobernadas? ¿O, en unos casos, esa vía solo franqueará una forma intermedia de reconstitución a mediano plazo del poder del capitalismo en la región, en apariencia más avanzada que las formas previas, pero que en realidad habría sido solamente su puesta al día, sin afectar a lo esencial del sistema de dominación? Mientras que en otros países del continente se ha permanecido bajo el control del sistema y de camarillas que detentan o administran el poder.

Nada está decidido, ni nuestros enemigos ni nosotros tenemos la victoria al alcance de la mano. Pero albergo la certeza de que las batallas ideológicas y políticas serán las que determinarán la decisión en el enfrentamiento general. Destaco tres direcciones principales para el trabajo de análisis: a) buscar con rigor y sin omisiones todos los datos y todas las percepciones y formulaciones ideológicas que tengan alguna importancia –porque tanto unos como las otras constituyen las realidades que existen–, analizarlas por partes e integralmente, encontrar y formular lo esencial y describir al menos lo secundario; b) examinar y valorar los condicionamientos que sean relevantes para nuestra actuación, institucionales, económicos, ideológicos, políticos o de otro tipo; c) analizar y conocer las identidades, motivaciones, demandas, capacidad movilizativa y grado de organización con que contamos, y lo que está a favor de nuestros adversarios en esos mismos campos, es decir, la correlación de fuerzas. E insisto en que son las actuaciones de los seres humanos la materia principal de los eventos que mañana serán históricos.

La reacción no está proponiendo ideas, está produciendo acciones. No maneja fundamentaciones acerca de la centralidad que debe tener el mercado, la reducción de las funciones del Estado, la apología de la empresa privada y la conveniencia de subordinarse a Estados Unidos. No es a través del debate de ideas que pretende fortalecer y generalizar su dominio ideológico y cultural. El anticomunismo y la defensa de los viejos valores tradicionales ya no son sus caballos de batalla, ni los viejos organismos políticos son sus instrumentos principales.

Desde hace veinte años vengo planteando que el esfuerzo principal del capitalismo actual está puesto en la guerra cultural por el dominio de la vida cotidiana, lograr que todos acepten que la única cultura posible en esa vida cotidiana es la del capitalismo, y que el sistema controle una vida cívica despojada de trascendencia y organicidad.

Lamento decir que todavía no hemos logrado derrotar esa guerra cultural.

Obvio aquí la mayor parte de lo que he expuesto acerca de sus rasgos, los factores a su favor y en contra suya, y sus condicionamientos, y comento solo lo más cercano a nuestro tema. El consumo amplio y sofisticado, que está presente en todas las áreas urbanas del mundo, pero al alcance solamente de minorías, es complementado por un complejo espiritual “democratizado” que es consumido por amplísimos sectores de población. Se tiende así a unificar en su identidad a un número de personas muy superior al de las que consumen materialmente, y lograr que acepten la hegemonía capitalista. La mayoría de los “incorporados” al modo de vida mercantil capitalista son más virtuales que reales. Pero, ¿formarán ellos parte de la base social del bloque de la contrarrevolución preventiva actual? El capitalismo alcanzaría ese objetivo si consigue que la línea divisoria principal en las sociedades se tienda entre los incorporados y los excluidos. Los primeros – los reales y los potenciales, los dueños y los servidores, los vividores y los ilusos– se alejarían de los segundos y los despreciarían, y harían causa común contra ellos cada vez que fuera necesario.

La reproducción cultural universal de su dominio le es básica al capitalismo para suplir los grados crecientes –y contradictorios– en que se ha desentendido de la reproducción de la vida de miles de millones de personas a escala mundial, y se apodera de los recursos naturales y los valores creados, a esa misma escala. Para ganar su guerra cultural, le es preciso eliminar la rebeldía y prevenir las rebeliones, homogeneizar los sentimientos y las ideas, igualar los sueños. Si las mayorías del mundo, oprimidas, explotadas o supeditadas a su dominación, no elaboran su alternativa diferente y opuesta a él, llegaremos a un consenso suicida, porque el capitalismo no dispone de un lugar futuro para nosotros.

Les he aclarado a compañeros que aprecio mucho que el capitalismo no intenta imponer un pensamiento único, como ellos afirman, sino inducir que no haya ningún pensamiento. Está en marcha un colosal proceso de desarmar los instrumentos de pensar y la costumbre humana de hacerlo, de ir erradicando las inferencias mediatas, hasta alcanzar una especie de idiotización de masas.

La situación está exigiendo revisar y analizar con profundidad y con espíritu autocrítico todos los aspectos relevantes de los procesos en curso, todas las políticas y todas las opciones. Esa actitud y las actuaciones consecuentes con ella son factibles, porque el campo popular latinoamericano posee ideales, convicciones, fuerzas reales organizadas y una cultura acumulada. Una enseñanza está muy clara: distribuir mejor la renta, aumentar la calidad de la vida de las mayorías, repartir servicios y prestaciones a los inermes es indispensable, pero no es suficiente. Alcanzar victorias electorales populares dentro del sistema capitalista, administrar mejor que sus pandillas de gobernantes, e incluso gobernar a favor del pueblo a contracorriente de su orden explotador y despiadado, es un gran avance, pero es insuficiente. Vuelve a demostrar su acierto una proposición fundamental de Carlos Marx: la centralidad de una nueva política en la actividad del movimiento de los oprimidos, para lograr vencer y para consolidar la victoria.

Estamos abocándonos a una nueva etapa de acontecimientos que pueden ser decisivos, de grandes retos y enfrentamientos, y de posibilidades de cambios sociales radicales. Es decir, una etapa en la que predominarán la praxis y el movimiento histórico, en la que los actores podrían imponerse a las circunstancias y modificarlas a fondo, una etapa en la que habrá victorias o derrotas.

Comprender las deficiencias de cada proceso es realmente importante.

Pero más aún lo es actuar. Concientizar, organizar, movilizar, utilizar las fuerzas con que se cuenta, son las palabras de orden. No se pueden aceptar expresiones de aceptación resignada o de protesta timorata: hay que revisar las vías y los medios utilizados y su alcance, sus límites y sus condicionamientos. Y hacer todo lo que sea preciso para que no sea derrotado el campo popular. La eficiencia para garantizar los derechos del pueblo y defender y guiar su camino de liberaciones debe ser la única legitimidad que se les exija a las vías y a los instrumentos. Las instituciones y las actuaciones tendrán su razón de ser en servir a las necesidades y los intereses supremos de los pueblos, a la obligación de defender lo logrado y la confianza y la esperanza de tantos millones de personas. Esa debe ser la brújula de los pueblos y de sus activistas, representantes y conductores.

En la época que comienza se está levantando una concurrencia de fuerzas muy diferentes e incluso divergentes, a quienes unirán necesidades, enemigos comunes y factores estratégicos que van más allá de sus identidades, sus demandas y sus proyectos. Y solamente tendrá probabilidades de triunfar una praxis intencionada, organizada, capaz de manejar los datos fundamentales, las valoraciones, las opciones, la pluralidad de situaciones, posiciones y objetivos, las condicionantes y las políticas que están en juego.

La radicalización de los procesos deberá ser la tendencia imprescindible para su propia sobrevivencia. Serían suicidas los retrocesos y las concesiones desarmantes frente a un enemigo que sabe ser implacable, pero lo principal es que –dado el nivel que han alcanzado la cultura política de los pueblos y las esperanzas de libertad, justicia social y bienestar para todos– los movimientos, los poderes y los líderes prestigiosos y audaces solo podrán multiplicar las fuerzas populares y tener opción de vencer si ponen la liberación efectiva de los yugos del capitalismo en la balanza de sus convocatorias a luchar.

La política revolucionaria no puede conformarse con ser alternativa.

La naturaleza del sistema lo ha situado en un callejón sin salida en general, pero su poder y sus recursos actuales le permiten un amplio arco de respuestas contra los procesos en curso, y también puede dejarle un nicho de tolerancia a algunas alternativas mientras combina la inducción y la espera hasta que se desgasten. En la medida en que vayamos obteniendo triunfos y cambios de nosotros mismos, convertiremos las alternativas en procesos de emancipación humana y social.

Mientras exista la opresión, la explotación y la dominación capitalista, no habrá soluciones ni regímenes políticos y sociales satisfactorios para las mayorías, ni serán duraderos. La liberación de los seres humanos y las sociedades es lo que abrirá las puertas a la creación de un mundo nuevo. ¿Parece demasiada ambición? Sí, naturalmente. Pero es lo único factible.

Secretario de Estado de Trump insiste en mantener bloqueo contra Cuba


Publicado en enero 12, 2017 INTERNACIONAL 


El candidato a ocupar la Secretaría de Estado, Rex Tillerson, aseguró que recomendará al presidente electo Donald Trump vetar cualquier legislación que busque levantar el bloqueo económico de Estados Unidos contra Cuba.

Tillerson anunció la víspera que el tema de la reanudación de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos está en la lista de las órdenes ejecutivas adoptadas por Barack Obama y que Trump se prepara para revisar tan pronto asuma el poder el próximo 20 de enero, destaca el diario The Washington Post.

Aseguró además que el multimillonario neoyorquino no aprobaría inmediatamente ningún proyecto de ley para levantar la prohibición de viajar a Cuba hasta que se haga esa revisión.

El propuesto para dirigir las relaciones exteriores de la nueva administración estadounidense agregó que se examinarán cuidadosamente los criterios en virtud de los cuales Cuba fue sacada de la lista de países patrocinadores del terrorismo, para determinar ‘si esa eliminación fue apropiada’.

El ex director ejecutivo de Exxon Mobile, a punto de convertirse en el nuevo Secretario de Estado, no se comprometió a mantener su posición indefinidamente, aplazando la próxima revisión para determinar la política a largo plazo de la administración de Trump hacia Cuba.

PL

Entregan Premio Nacional de Ciencias Sociales a Eusebio Leal Spengler



Entrevista a Eusebio Leal realizada por el periodista Randy Alonso para la Mesa Redonda. Foto: Roberto Garaycoa

El Premio Nacional de Ciencias Sociales de este año ha sido concedido al Dr. Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad de La Habana.

Un jurado presidido por Ana Andrea Cairo Ballester e integrado además por, Aisnara Perera Díaz, Juan Jesús Guanche Pérez, María Isabel Domínguez García y Lidia Turner Martí, entregaron el reconocimiento a Eusebio Leal por «su entendimiento de las Ciencias Sociales y las Humanidades con un carácter integral, en el que se articulan los impactos sociales, culturales y económicos y su aporte a la transformación humana y a la consolidación de la identidad nacional».

El tribunal igualmente tuvo en consideración el minucioso trabajo del Historiador «en la conservación y revitalización social de La Habana como ciudad, junto a su multiplicación al resto de las ciudades del país», así como su «labor pedagógica, no solo a través de una amplia docencia, sino también por su difusión a través de la radio y la televisión y el intercambio personal».

Eusebio Leal (La Habana, 1942) ha dedicado la mayor parte de su vida a salvaguardar los valores patrimoniales de La Habana, a recuperar los baluartes arquitectónicos de la ciudad y a realizar un trabajo de notable impacto a favor de la permanencia y solidez de la identidad nacional en sus expresiones más raigales, una obra que ha calado hondo en los habitantes de diversas regiones de la capital cubana como el conocido Centro Histórico.

Su amplia labor intelectual se recoge asimismo en varios libros publicados, en conferencias en diversos países y universidades del mundo y especialmente en la revitalización tanto arquitectónica como cultural de numerosos sitios de alto valor de la capital cubana y de otras provincias de la Isla.
Lea entrevista realizada recientemente en la Mesa Redonda al Dr. Eusebio Leal Spengler

Cuba comienza el complejo año de una transición anunciada

Distintos analistas opinan sobre el futuro de los vínculos cubano-estadounidenses.

POLÍTICA Patricia Grogg 12 enero, 2017



Miguel Díaz-Canel (centro), primer vicepresidente del Consejo de Estado, con otras dos figuras políticas de Cuba. El nombre del dirigente, de 56 años, se repite como uno de los candidatos mejor colocados para reemplazar al presidente Raúl Castro desde 2018.

Foto: Jorge Luis Baños/IPS

LA HABANA, 12 ene 2017 (IPS) - El gobierno cubano enfrenta el reto de profundizar sus reformas y extenderlas al plano político en un año en que prepara el relevo generacional de 2018, entre nuevas dificultades económicas y el probable retroceso en el deshielo con Estados Unidos.

Muchos analistas en Cuba evitan hacer conjeturas y prefieren esperar a que el nuevo presidente estadounidense, el magnate republicano Donald Trump, asuma el 20 de enero y comience a adoptar medidas, alegando que una cosa es la campaña electoral y otra gobernar.

En todo caso, cualquiera sea el rumbo de la nueva administración de Washington, tendrá su impacto en este país caribeño separado apenas 90 millas (120 kilómetros) de las cosas estadounidenses.

Esteban Morales, economista y estudioso de los vínculos cubano-estadounidenses, no cree que Trump se deje llevar por la línea de acabar con los negocios ya iniciados con Cuba. “Pero también creo que nuestro país está preparado para soportar una vuelta atrás”, dijo a IPS.

A su vez, el activista social Isbel Díaz estima que Cuba “no debería subordinar su política interna en relación al inquilino de la Casa Blanca, sea este Obama o Trump. “Si el gobierno cubano es coherente con su propio discurso de independencia, tendría que asumir ese reto”, afirmó a IPS.

La llegada de Trump a la Casa Blanca aleja las esperanzas de que el legislativo Congreso estadounidense, controlado por el Partido Republicano, ceda a las demandas del cese del embargo contra Cuba, considerado por La Habana como el principal obstáculo para su desarrollo y la plena normalización de los bilaterales.

Ese cerco económico vigente desde 1962 frena la llegada al país de inversiones extranjeras en los volúmenes que esta isla necesita (alrededor de 3.000 millones de dólares anuales), junto a causas de orden interno como las dilaciones excesivas en el proceso negociador y prejuicios que el presidente Raúl Castro ha pedido superar.

Si Trump decide vetar las directivas ejecutivas de su antecesor, el demócrata Barack Obama, que en los últimos dos años han flexibilizado las restricciones del embargo, afectará no solo a Cuba, sino también a sectores empresariales estadounidenses interesados en invertir o que ya están negociando su desembarco en el país.


Interior de un restaurante privado en el casco histórico de La Habana Vieja, en la capital de Cuba. Estos establecimientos son muy visitados por los turistas procedentes de Estados Unidos, que comenzaron a llegar masivamente al país, tras el deshielo bilateral.

Foto: Jorge Luis Baños/IPS

“No creo que Trump tenga un argumento sólido para prohibir de nuevo a las compañías aéreas que vuelen a Cuba, ni a los cruceros que arribarán este año. O que discuta con (las empresas hoteleras) Marriot y Starwood, para que salgan de Cuba (luego de ser autorizados a operar establecimientos locales)”, comentó a IPS el economista cubano Omar Everleny Pérez Villanueva.

“Pero si el nuevo mandatario estadounidense funcionara contra toda lógica, Cuba debería tener su propia lógica”, añadió este especialista, quien recomienda acelerar la aprobación de propuestas de inversiones procedentes de España, Francia, Italia, Japón, Corea del Sur, Singapur, Alemania y Holanda, entre otros.

Desde esta óptica, entre otras medidas también se debería avanzar en la descentralización de la producción, la ampliación de actividades a desempeñar por el sector privado, aumento de las cooperativas, aprobación de pequeñas y medianas empresas y que estas puedan formar alianzas con el sector estatal como proveedores.

José Gómez Barata, columnista del periódico mexicano Por Esto, sacó a relucir el poco tratado ámbito político de las transformaciones en varias de sus crónicas que circulan en Internet. En su opinión, los avances registrados bajo la administración de Obama permiten que la isla esté mejor posicionada para enfrentar cualquier alternativa.

Este analista cubano aboga por la profundización y dinamización de las transformaciones. “La extensión del ambiente de reformas a los ámbitos políticos, institucionales y jurídicos parece inaplazable. Sin ellos es difícil avanzar en la economía. Los temas constitucionales y electorales, no pueden esperar”, señala.

En un discurso ante el parlamento en septiembre, el presidente Castro reiteró la opción socialista del modelo cubano.

“No vamos ni iremos al capitalismo, eso está totalmente descartado, así lo recoge nuestra Constitución y lo mantendrá”, afirmó en la última sesión del año del parlamento local. Entre quienes suelen leer entrelíneas, esa mención alentó esperanzas de que la reforma de la Constitución no está lejana.

En su texto, vigente desde 1976, se introdujo en 2002 un artículo que declara “irrevocable” el socialismo y el sistema político y social de Cuba.


Construcción de un hotel de Sofitel, de la cadena de lujo francesa AccorHotels, que se levanta en alianza con un grupo turístico cubano en La Habana. Los analistas dudan que cadenas hoteleras estadounidenses acepten sin dar batalla el perder los atractivos acuerdos alcanzados para operar hoteles en el país

Foto: Jorge Luis Baños/IPS

El tema constitucional está sobre la mesa desde que en 2011 el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) acordó limitar a un máximo de dos períodos consecutivos la permanencia de los principales cargos estatales y gubernamentales y estableció topes de edad para ocuparlos (60 años en el comité central del PCC y 70 en cargos de dirección).

Para instituir este y otros aspectos del proceso de actualización del modelo de desarrollo se requiere modificar la Constitución mediante un referendo, aunque Castro, de 85 años, afirmó que en su caso no esperaría ese cambio para abandonar la presidencia tras cumplir en 2018 el segundo mandato, para el que fue reelecto en febrero de 2013.

Especialistas en el tema incluyen entre los cambios constitucionales que requiere la realidad actual del país y su sociedad, la separación de los poderes del Estado, con énfasis en una reestructuración y fortalecimiento del parlamento unicameral y una “inequívoca” independencia del poder judicial.

El próximo año deben llevarse a cabo elecciones generales para renovar la legislativa Asamblea Nacional y el gobernante entregaría el mando a quien ese órgano del Poder Popular designe presidente del Consejo de Estado, el máximo órgano del poder local, y cuya líder ostenta la jefatura del Estado y del gobierno.

No se descarta que Castro conserve su puesto como primer secretario del PCC.

Un fuerte “candidato” a suceder a Castro es Miguel Díaz-Canel, actual primer vicepresidente del Consejo de Estado, a quien el mandatario ha elogiado por su tenacidad y sistematicidad en el trabajo, espíritu autocrítico, su constante vinculación con el pueblo y alto sentido del trabajo colectivo.

Su actual cargo le confiere la responsabilidad de sustituir en sus funciones al presidente del Consejo de Estado en caso de ausencia, enfermedad o muerte de este. Según Castro, es una manera de preservar, sin interrupciones de ningún tipo, la continuidad y estabilidad de la nación.

Nacido el 22 de abril de 1960, comenzó su carrera política en la Unión de Jóvenes Comunistas, la continuó en el PCC y entre 2009 y 2012 fue ministro de Educación Superior. La edad promedio de los 31 miembros del actual Consejo de Estado es de 57 años y más de 60 por ciento nació después del triunfo de la Revolución.

Díaz–Canel encabeza la hornada de nuevos dirigentes cubanos que deberán ganarse las posiciones a las que ascenderán, por el desempeño que tengan en la puesta en práctica de la actualización del modelo y por la popularidad y el prestigio que alcancen ante la ciudadanía.

De acuerdo a varios analistas, no podrán gobernar Cuba como lo han hecho Fidel Castro, fallecido el pasado 25 de noviembre, y su hermano Raúl Castro, pues no tienen la legitimidad carismática ni la autoridad que les correspondió a aquellos como líderes de la generación histórica.

Este grupo tiene además el reto de propiciar “un modelo más colectivista y democrático de dirección”, “ampliar los espacios públicos de deliberación política” y una participación ciudadana más activa. Para ellos, la institucionalidad del país es crucial.

miércoles, 11 de enero de 2017

CUBA.- EU.- Senador Marco Rubio se opone a Ley de Ajuste Cubano

Por Arthur González

El senador republicano Marco Rubio, miembro de la mafia terrorista anticubana radicada en Miami, se declaró opuesto a los beneficios que otorga la Ley de Ajuste Cubano, los que consideró como “abusos en el sistema de beneficios a los refugiados cubanos”, de acuerdo a sus declaraciones el pasado 05.01.2017 a la prensa miamense.

¿Dónde estaba todos estos años el Senador que solo ahora se ha venido a dar cuenta de la farsa, desde que en 1966 la mencionada Ley fuera aprobada?

Desde sus inicios dicha Ley, que otorga beneficios extraordinarios solo a los cubanos, se diseñó con la malsana intensión de tergiversar la realidad de la Revolución cubana, como parte de la guerra psicológica creada por especialistas de la CIA para fomentar matrices de opinión en su contra, lo mismo que siguen haciendo con las campañas mediáticas sobre supuestas detenciones arbitrarias y la “represión” a los llamados “disidentes”.

El primer paso en esa dirección se llevó a cabo en enero de 1959 cuando le dieron refugio a los asesinos y ladrones del régimen de Fulgencio Batista, que huyeron de la justicia cubana con bolsas repletas de millones de dólares y les permitieron quedarse a residir en territorio de Estados Unidos, a pesar de las reclamaciones oficiales del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba.



Precisamente para ayudarlos, el Presidente Dwight Eisenhower inauguró en diciembre de 1960 el Centro de emergencia de Refugiados cubanos en Miami, dando inicio a la categoría de “refugiados” para aquellos que arribaban a los Estados Unidos, sin fundamento legal para eso.

De acuerdo con documentos desclasificados, la CIA utilizó a los llamados “exiliados” para actividades subversivas, estableciendo bases de entrenamiento militar para la invasión mercenaria por Bahía de Cochinos en abril de 1961.

Posteriormente, en 1961, el presidente John F. Kennedy, aprobó el Programa de Refugiados Cubanos (Cuban Refugee Program), destinado a facilitar la integración de los “exiliados”, con el supuesto objetivo de “ayudar a toda persona que huía del régimen y situarla en las mejores condiciones para adaptarse y disponer de un mejor nivel de vida”, además de comprometerlas con el Gobierno yanqui en sus acciones agresivas contra la Revolución.

A partir de esos beneficios ratificados y ampliados por el presidente Lyndon Johnson, el 2 de noviembre de 1966, con la firma de la Ley Pública 89-732, conocida como “Cuban Adjustment Act”, o “Ley de Ajuste Cubano”, cientos los prófugos de la justica revolucionaria lograron ajustar su estatus migratorio en Estados Unidos, a sabiendas de sus autoridades que tenían decenas de crímenes y delitos comunes en su aval como esbirros de la tiranía batistiana, o por acciones terroristas cometidas al servicio de la CIA.

Ahora medio siglo después, el senador Rubio se viene a percatar que ninguno de los cubanos que arriban a Estados Unidos, procedentes de Cuba o de cualquier país del mundo, no es un perseguido político y solo buscan favorecerse económicamente de una política fabricada para intentar lesionar la imagen y credibilidad de la Revolución, algo que nunca lograron y menos en estos momentos con la entrada a la Isla de 4 millones de visitantes anuales que pueden comprobar tales falsedades.

Como un boomerang, el engendro de Ley se les ha venido encima en momentos en que la crisis económica golpea severamente a Estados Unidos y en especial al estado de Florida, verdadero motivo por el cual Marco Rubio pretende revocar parcialmente lo estipulado en el marco legal, pero al presentar su proyecto a discusión del Congreso no le quedará más remedio que reconocer los vicios de derecho que contiene la Ley de marras.

Poco a poco se van desmoronando las políticas criminales que diseñó la Casa Blanca durante casi 60, para demonizar a la Revolución y que esas al final también dañan al pueblo norteamericano, que se ve obligado a pagar fuertes contribuciones para mantener líneas de acción, que solo tienen como resultado pérdidas económicas y políticas.

Lo mismo pasará en los próximos años con las campañas de apoyo a la contrarrevolución interna, calificada de “disidencia”, la cual le cuesta al contribuyente estadounidense no menos de 20 millones anuales, que bien pudieran ser empleados en programas de salud, educación y seguridad social, en vez de alimentar a los que en Cuba han podido vivir sin trabajar, gracias al papel teatral de “opositores” que les diseña Estados Unidos.

Esperemos por la reacción de otros integrantes de la mafia anticubana como Ileana Ros-Lehtinen y Mario Díaz-Balart, que han vivido y viven gracias a sus falsas acusaciones contra Cuba, pues reconocer que los cubanos “no huyen del comunismo” echa por tierra todo el diseño de su política anticubana y con ello peligran los millones de dólares que les permite disfrutar de una vida gracias a las artificiales acusaciones que realizan a diario contra la Revolución.

Preciso fue José Martí cuando afirmó:“De la podredumbre misma sale la luz”.

Trump reacciona a los últimos 'informes' de Inteligencia: "¿Vivimos en la Alemania nazi?"

Publicado: 11 ene 2017 12:40 GMT | Última actualización: 11 ene 2017 13:25 GMT

La cadena CNN y el portal de noticias Buzzfeed difundieron un informe no contrastado que afirma que Rusia tiene información comprometedora sobre el presidente electo de EE.UU.


Carlo AllegriReuters

"Las agencias de inteligencia nunca deberían haber permitido que esta falsa noticia 'se filtrara' al público. Un último tiro hacia mí. ¿Vivimos en la Alemania nazi?", reza el mensaje del presidente electo de EE.UU. Donald Trump en Twitter.

Minutos antes el magnate había publicado en su página oficial una nota que se refería al informe no contrastado que Buzzfeed difundió junto a la CNN sobre la existencia de datos "comprometedores" sobre él en manos de Moscú.


Intelligence agencies should never have allowed this fake news to "leak" into the public. One last shot at me.Are we living in Nazi Germany?


"Un informe pagado por opositores"

Además, Trump destaca que el documento "pagado por opositores políticos" es, según Rusia, "un montaje", además de "un absoluto sinsentido", subrayando, asimismo, que "los retorcidos oponentes" tratan de minimizar su victoria con "noticias falsas".

"Rusia nunca ha tratado de influirme. No tengo nada que ver con Rusia: ni acuerdos, ni prestamos, ni nada", ha aclarado.
"Literatura barata"

Este miércoles, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, ha señalado que el documento supone "un intento de dañar las relaciones bilaterales". "Se puede comparar la calidad de este bulo con la del informe anterior, publicado por los servicios secretos de EE.UU. sobre el intento de Rusia de influir en las elecciones estadounidenses y en inglés esto se llama 'pulp fiction' ['literatura barata']", indicó.

El documento es atribuido a un ex agente de inteligencia británica y la información, en manos de "agentes rusos", incluiría datos financieros del presidente electo y de su vida personal. Concretamente, el informe habla de un supuesto apoyo de Rusia a Trump durante más de cinco años, tiempo en el que se habría recopilado información que lo compromete, incluyendo sus supuestas citas con prostitutas.

Ambos medios, especialmente Buzzfeed, que publicó el informe completo pese a que no pudo contrastarlo, han sido fuertemente criticados por otros medios y por el portal de revelaciones WikiLeaks por el carácter dudoso de la información.

NYT: La despedida de Obama: ‘Sí, lo hicimos’

Por MARK LANDLER y MICHAEL D. SHEAR 


El presidente Barack Obama pronunció su discurso de despedida en Chicago, el martesCreditDoug Mills/The New York Times


CHICAGO — El presidente estadounidense Barack Obama pronunció un nostálgico y esperanzador discurso de despedida el martes por la noche, pero también le advirtió, tanto a la dividida nación que lideró durante ocho años como a su sucesor, no rehuir los desafíos de la desigualdad económica, las luchas raciales y la apatía de los votantes que todavía amenazan su ideal de democracia.

Obama volvió a Chicago, la ciudad que potenció su carrera política y su viaje a la Casa Blanca, cuando solo faltan 10 días para que Donald Trump tome posesión. En su último discurso ante la nación, Obama expresó su creencia de que incluso las más profundas divisiones ideológicas pueden ser superadas por una población activa y comprometida.

“Después de ocho años como su presidente, sigo creyendo eso”, le dijo Obama a una gran multitud reunida en McCormick Place, el vasto centro de convenciones que en 2012 fue el escenario donde le agradeció a sus simpatizantes al ser reelegido. “Y no solo es mi creencia. Es el corazón palpitante de nuestra idea americana: nuestro audaz experimento de autogobierno”.

Al terminar el último discurso de su notable carrera política, Obama le agradeció a su esposa, a sus hijas, a su vicepresidente y al ejército de partidarios que los ayudaron a convertirse en el primer afroamericano en la Casa Blanca.

“No voy a parar; de hecho, estaré allí con ustedes como un ciudadano más, por el resto de los días que me quedan”, prometió Obama mientras la audiencia se levantaba. Les pidió que creyeran, como lo hicieron durante su primera campaña. “Si podemos. Sí, lo hicimos. Si podemos”.

Obama instó al país a enfrentar los persistentes problemas que socavan la igualdad, la diversidad y la unidad que intentó alcanzar durante su mandato. Dijo que la desigualdad económica seguiría causando “desafección y división” y advirtió que los problemas raciales seguirían siendo una potente fuerza que dividirá a la nación, a menos que la discriminación sea atacada y eliminada.

“Pero las leyes por sí solas no serán suficientes. Los corazones deben cambiar”, le dijo a la multitud. “Cuando los grupos minoritarios expresan su descontento, no se dedican al racismo inverso o practican la corrección política; cuando protestan pacíficamente, no exigen un trato especial, sino la igualdad que le prometieron nuestros fundadores”.

El mandatario dijo que los medios de comunicación amenazaban la democracia al permitir que la gente se retirara a sus propias burbujas de conocimiento, por lo que todo el mundo tenia una versión distinta de los hechos. “Nos volvemos tan seguros en nuestras burbujas que solo aceptamos la información, verdadera o no, que se ajuste a nuestras opiniones, en lugar de basar nuestras opiniones en la evidencia que existe”, dijo.

También dijo que el orden democrático de Estados Unidos está amenazado por una sensación de apatía entre los estadounidenses que no votan o participan en la vida cívica. Instó a los miembros de ambos partidos políticos a trabajar para restablecer la confianza en las instituciones de la sociedad de manera que atraigan a más personas que se involucren en el destino del país.

“Si algo necesita arreglarse, pónganse los zapatos y organícense”, le dijo a la multitud. “Si estás decepcionado por los funcionarios electos, agarra unas planillas, busca firmas y postúlate para el cargo. Aparece. Sumérgete. Persevera. A veces ganarás. Otras veces perderás”.

Y agregó: “Pero muy a menudo, su fe en Estados Unidos -y en los estadounidenses- se verá confirmada”.

“Ustedes son los mejores partidarios y organizadores que cualquier persona podría esperar, y siempre estaré agradecido. Porque sí, ustedes cambiaron el mundo”, dijo Obama. “Esta noche dejo el escenario y soy mucho más optimista sobre este país de lo que lo era cuando empezamos”.



Barack Obama fue juramentado como el 44º Presidente de Estados Unidos en una ceremonia celebrada en Capitol Hill, Washington, el martes 20 de enero de 2009. CreditDamon Winter/The New York Times

Pero esa expresión de esperanza fue contrastada por la realidad que se desarrolla en la capital de la nación: Trump ha prometido atacar el legado de Obama, borrando el enfoque disciplinado y profesoral del actual presidente al gobernar, sustituyéndolo con un estilo ruidoso y caótico de liderazgo.

Obama dijo que se había comprometido para garantizar que Trump tuviese “la transición más suave posible”, lo que generó algunos abucheos entre la multitud. En un momento, los asistentes empezaron a cantar: “Cuatro años más”. Sin embargo, Obama los apaciguó rápidamente. “No puedo hacer eso”, dijo.

En otras partes del discurso, Obama parecía estarle hablando a Trump advirtiéndole sobre los peligros de continuar alimentando las divisiones que ayudaron a los republicanos a derrotar a Hillary Clinton durante la campaña presidencial.

“Es por eso que rechazo la discriminación contra los musulmanes estadounidenses”, dijo Obama mientras la multitud lo aplaudía. “Es por eso que no podemos retirarnos de las luchas globales -para expandir la democracia, los derechos humanos, los derechos de las mujeres, y de las comunidad LGBT. Independientemente de lo imperfectos que sean nuestros esfuerzos, no importa cuán oportuno parezca ignorar esos valores”.

Para un sucesor que a menudo ha cuestionado la realidad del cambio climático, Obama pareció decir: Tenga cuidado.

“Podemos y debemos discutir sobre el mejor enfoque de ese problema”, dijo. “Pero simplemente negarlo no solo traiciona a las generaciones futuras; traiciona el espíritu esencial de la innovación y la solución práctica de problemas que guiaron a nuestros fundadores”.

Para muchos residentes de Chicago, que abrazan a Obama como uno de los suyos, el discurso del presidente fue el final de una carrera política que habló tanto de su propia evolución, como de una comunidad y una nación que ha cambiado durante sus ocho años de gobierno.

La Casa Blanca planeó meticulosamente el evento, desde el lugar hasta el tono y la cadencia del discurso. Obama aún estaba reescribiendo el discurso el martes por la tarde, dijo uno de sus asistentes, después de haber estado despierto el lunes por la noche escribiendo más cambios.

Decenas de exbecarios de la Casa Blanca y colaboradores políticos de Obama se reunieron en Chicago para presenciar el último gran discurso de su líder, luego asistieron a fiestas y recepciones por toda la ciudad. “Cervezas y lágrimas”, fue como lo describió Ben LaBolt, exsecretario de prensa de la campaña de reelección de Obama.

martes, 10 de enero de 2017

LA NUEVA YAHOO PODRÍA LLAMARSE ALTABA Y MARISSA MAYER DIMITIRÁ DE SU CARGO COMO CEO

POR LAURA MONTERO / JANUARY 10, 2017

Tras concretarse la venta de Yahoo a Verizon por $4,800 millones de dólares, lo que quede de Yahoo se convertirá en una compañía de inversión privada propiedad de Alibaba, el gigante del comercio electrónico chino, y al parecer será bautizada como Altaba.

A semanas de cerrarse la compra, la actual CEO de Yahoo, Marissa Mayer y otros miembros del Consejo de Administración de la empresa —entre ellos, David Filo, Eddy Hartenstein, Jane Shaw y Maynard Weeb— renuncian a sus cargos.

De acuerdo con un documento enviado por Yahoo a la Comisión de Mercados y Valores de Estados Unidos (SEC), la decisión de Mayer y otros miembros de la junta de abandonar la compañía no está relacionada con ningún desacuerdo con Yahoo respecto a operaciones, políticas o prácticas.

Mayer —declaró a la revista Tech Crunch— su intención de renunciar a la compañía, una vez que la compra por Verizon se concrete. En el pasado, la ejecutiva aseguraba que no abandonaría la compañía, incluso en su perfil de Tumblr escribió: “Personalmente, estoy planeando permanecer…Amó a Yahoo. Es importante para mí ver a Yahoo en su próximo capítulo”.

Desde el anunció de compra, Yahoo ha enfrentado dos violaciones masivas de seguridad que resultaron en el hackeo de más de 1,000 millones de cuentas de correo electrónico. Esta situación, llevó a Verizon a reconsiderar el acuerdo —en especial, el costo a pagar—, y a la fecha, la empresa de telecomunicaciones no ha dado un veredicto sobre el impacto financiero de los hackeos ni su decisión final.

VENEZUELA: Bloque de la Patria introdujo recurso de nulidad contra acción inconstitucional de la AN

Prensa Mippci - 10 de ene. de 17

El diputado a la Asamblea Nacional por el Bloque de la Patria, Héctor Rodríguez, se presentó este martes en el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), para introducir un recurso de nulidad contra la “acción inconstitucional” de la AN de declarar el abandono de cargo al presidente de la República, Nicolás Maduro.

“Esas acciones representan una lógica absurda que ponen en juego la estabilidad de un país (…) Un órgano legislativo no es el responsable de valorar si le gusta o no la gestión de un mandatario, por el contrario es responsabilidad de él hacer cumplir la Constitución”, dijo.

En ese sentido, solicitó al Máximo Tribunal del país juzgar el comportamiento de los diputados por la bancada opositora y en consecuencia indique las responsabilidades correspondientes, ya que a su juicio la Asamblea Nacional “está claramente incumpliendo, violando e incitando un golpe de Estado”.

EN TIEMPOS DE RE-QUE-TÉ

Por Lorenzo Gonzalo, 9 de enero del 2017

Cuentan que, en época de la República Española, cuando los franquistas optaron por cerrar filas con el fascismo europeo y desafiar las fuerzas populares que habían llegado al Poder, a los combatientes falangistas les llamaban re-que-tés: Réquete católicos, Réquete monárquicos, Réquete fanáticos, Réquete religiosos.

Parecería ser que Estados Unidos transita por esos rumbos. No sabemos si es el final del fin o el fin del final. Si las fuerzas más conservadoras se debaten en pataleo por sobrevivir o si finalmente clavan la bandera en una plaza tomada por asalto. Si estarán al borde de consolidarse o en la cadena de desmontaje.

Este martes 10 de enero, el Senado comienza las audiencias sobre los escogidos por Donald Trump como miembros de su Gabinete. Uno de ellos es el General John Kelly, como Director de la Agencia de Seguridad de La Patria (Homeland Security). Esta agencia es la tercera en volumen de trabajadores con un total de 240,000 personas.

Kelly es opuesto a la inmigración, partidario de mano dura con las personas indocumentadas y convencido que el problema de drogas y mafias que afecta Estados Unidos está vinculado a deficiencias fronterizas. Peor aún, piensa que, aunque no hay pruebas al respecto, los contrabandistas mexicanos son una ayuda a los planes terroristas de los fanáticos islámicos.

Considera que los habitantes de Medio Oriente “nos odian, no sé por qué nos odian y no me importa saberlo, pero nos odian”. “La guerra que libramos en Medio Oriente es contra un enemigo salvaje que lanzará otro ataque como el del 11 de setiembre en cuanto tengan oportunidad”.

Otro prospecto a discutir este martes es Jeff Session para Fiscal General. Las opiniones de los más documentados acerca del Sr. Session, abogado, graduado en Alabama, es que inmediatamente luego de asumir el cargo, revertirá las medidas de Obama respecto a los indocumentados y delitos menores de droga. Volverán a llenar cárceles por puro capricho, sin abordar la problemática social que ocasiona las ofensas menores y reforzará el criterio anti inmigrante.

Session es hombre fanático que cuando se recibió de abogado dicen que sólo tenía 750 dólares en el banco. Se reían de él sus amigos por eso. A pesar de su progreso económico, su nominación como Fiscal del Distrito Sur de Alabama y los beneficios que recibió al ser electo Senador, continuó con su viejo carro, su vieja casa, su cocina desvencijada y su frugalidad extrema. Es opuesto a legalizar cualquier tipo de unión dentro del mismo sexo, a la interpretación “demasiado literal” de la Primera Enmienda que establece la separación de la Iglesia y el Estado y se opone a la Catorce, la cual establece la ciudadanía a los nacidos dentro del país.

Esta es la primera parte del gabinete que nos tocaría de ser ambos aprobados en la audiencia del martes y las probabilidades de que resulten electos es alta, dada la composición del Senado a favor de los republicanos.

Siempre que me hablan de estos hombres frugales, pundonorosos militares capaces de tomar como bandera la muerte en combate de un hijo, que generaliza culturas enfrentándolas a la suya, salgo corriendo y cierro la puerta de la casa.

No conozco un solo caso, donde el endiosamiento de una persona a cargo del Estado, la designación de monjes de convento para Administrar los asuntos públicos, donde aplican sus estrechas visiones, hayan dado un buen resultado económico para país alguno, posibilitando la mejora de los servicios sociales o levantando por otros medios la dignidad y vida ciudadana.

Puede que el fanático produzca un buen mártir, puede que cause reverencia a quienes quisieran serlo por frustraciones varias o por ocultos temores, pero bienestar material y sólidas bases para el buen desempeño de una nación, no se logra con el cayado del ovejero.

Los Re-que-tés abundan y al parecer rondan el Poder del más poderoso país del mundo.

Democracias intervenidas

David Brooks, La Jornada

En Washington hay gritos de protesta y condena, más investigaciones y un intenso debate sobre una barbaridad, algo inaceptable, algo tan terrible que la propia democracia está en riesgo: un gobierno extranjero se atrevió a lanzar una campaña de influencia para manipular el proceso político interno de Estados Unidos.

La CIA, la FBI y la Agencia de Seguridad Nacional ofrecieron briefings al presidente Barack Obama y al presidente-electo Donald Trump, presentaron sus resultados ante el Congreso y emitieron un informe al público resumiendo sus conclusiones sobre cómo el gobierno de Vladimir Putin ordenó e implementó una campaña que incluyó sembrar y difundir noticias falsas, hackear y filtrar correos electrónicos tanto de la campaña de Hillary Clinton como del Comité Nacional Demócrata, y que todo esto era, primero, para minar la confiabilidad del proceso electoral, pero al final, para beneficiar la campaña de Trump y dañar a Clinton.

Suponiendo que todo, o parte de esto, sea cierto, no deja de llamar la atención que los directores de inteligencia, sus supuestos jefes en la Casa Blanca y en el Congreso y un amplio coro de analistas e intelectuales del establishment se atrevan acusar y condenar a un gobierno extranjero de intromisión en los asuntos políticos internos de otra nación, sin reconocer que Estados Unidos lo ha hecho, y lo sigue haciendo, en todo el mundo y desde hace décadas.

Estados Unidos ha intervenido para influir en los resultados de elecciones de otros países por lo menos 81 veces entre 1946 y el año 2000, según el experto Dov Levin de la Universidad Carnegie Mellon. Eso no incluye golpes de Estado o intentos para derrocar gobiernos –los famosos cambios de régimen– sino sólo intentos directos para influir en una elección a favor de una fuerza política. Si se incluyen éstas, el número de intervenciones es mucho más alto.

Entre los ejemplos más prominentes tanto de intentos de influir sobre el resultado de una elección como en golpes de Estado está el caso de Salvador Allende en Chile, donde Estados Unidos no sólo apoyó el golpe del 11 de septiembre de 1973, sino que intervino en la contienda electoral de 1964 en la que la CIA invirtió más de 4 millones de dólares en proyectos encubiertos para prevenir su elección; algo que repitió sin éxito en 1970.

También están el derrocamiento de Mohammed Mossadegh en Irán, en 1953, para imponer al cha, fiel aliado de Washington; el caso de Jacobo Arbenz, en Guatemala, en 1954; Patrice Lumumba, del Congo, en 1961; la abierta interferencia en las elecciones de Jean-Bertrand Aristide, en Haití, y de Daniel Ortega, en Nicaragua, a principios de los 90, así como la instalación de Hamid Karzai, agente pagado de la CIA, como presidente de Afganistán después de la invasión estadunidense. Y claro, no se puede olvidar en esta lista más de medio siglo de intervenciones políticas para promover el cambio de régimen en Cuba.

Sólo en este nuevo siglo, las intervenciones incluyen el apoyo al golpe de Estado en Honduras contra Manuel Zelaya en 2009, algo justificado por Hillary Clinton cuando era secretaria de Estado en el primer periodo de Obama, el intento para prevenir la relección de Slobodan Milosevic en Serbia en 2000, el apoyo implícito de Washington del fracasado golpe de Estado contra Hugo Chávez, y múltiples acusaciones de los gobiernos de Bolivia y Ecuador, entre otros, por interferencia en los asuntos políticos internos.

Y mientras acusa a Rusia, Washington no comenta que intentó influir en la elecciones rusas en 1996 a favor de Boris Yeltsin. También apoyó a Vaclav Havel en la desaparecida Checoslovaquia y a candidatos presidenciales del Partido Laborista en Israel.

Estas prácticas tienen décadas: la primera operación de la CIA para influir en una elección fue realizada pocos meses después de su creación, en 1947, cuando apoyó a los democristianos contra una coalición de izquierda en Italia, en 1948, con éxito. Tim Weiner, periodista Premio Pulitzer y autor de la excelente historia de la CIA (Legacy of Ashes), comentó en entrevista con la radio pública WNYC que “después de su éxito en Italia, la CIA tomó esta fórmula –la cual incluía emplear millones de dólares para promover campañas de influencia– y la aplicó por todo el mundo en lugares como Guatemala, Indonesia, Vietnam del Sur, Afganistán y más”. Weiner subrayó que todo esto se hace con la aprobación de la presidencia de Estados Unidos.

Hubo incluso esfuerzos más complicados y controvertidos, como los revelados por el escándalo Irán-Contra durante el régimen de Reagan, que incluyeron operaciones encubiertas dentro de este país. Otto Reich –feroz opositor de los gobiernos revolucionarios de Cuba y Venezuela y otros regímenes de izquierda en el hemisferio– desde su Oficina de Diplomacia Pública en el Departamento de Estado supervisó un esfuerzo de propaganda política dentro de Estados Unidos logrando insertar información y lo que ahora se llaman noticias falsas en medios estadunidenses a favor de los contras nicaragüenses sin divulgar su vínculos con el gobierno estadunidense. Una investigación dentro del Departamento de Estados lo acusó de haber supervisado actividades prohibidas de propaganda encubierta.

Como reportamos hace unas semanas, Ariel Dorfman, en un artículo del New York Times titulado Ahora, Estados Unidos, ustedes saben cómo se sintieron los chilenos, recordó la intervención de Estados Unidos en Chile y comentó que era “irónico que la CIA –la misma agencia a la cual le valía nada la independencia de otras naciones– ahora está gritando foul porque sus tácticas han sido imitadas por un poderoso rival internacional”. Sin embargo, dijo que nada justifica que ciudadanos en cualquier lugar deben tener su destino manipulado por fuerzas fuera de la tierra que habitan. Pero, a la vez, señaló que Estados Unidos “no puede, en buena fe, denunciar lo que se le ha hecho a sus ciudadanos decentes hasta que esté listo para enfrentar lo que hizo tan frecuentemente a los igualmente decentes ciudadanos de otras naciones… Si hay un momento para que Estados Unidos se vea al espejo, para reconocer y rendir cuentas, ese momento es ahora”.

Trump y el infierno centroamericano

Por Joaquín Villalobos

La tarde del 14 de julio de 1969 cruzaron el cielo de San Salvador un poco más de una docena de viejos aviones de combate en formación seguidos por un grupo más numeroso de pequeñas avionetas de uso civil. Horas más tarde el gobierno militar comunicaba que tropas salvadoreñas habían cruzado la frontera e iniciado combates contra tropas hondureñas, mientras simultáneamente los aviones salvadoreños bombardeaban en tierra a los igualmente viejos aviones de la Fuerza Aérea de Honduras. A esta guerra se le conoció como “la guerra del futbol” porque los gobiernos militares utilizaron las eliminatorias del Mundial para activar un nacionalismo absurdo entre países idénticos.

Las historias de esta guerra son casi tragicómicas. La tropas de El Salvador se quedaron sin combustible y municiones a los cuatro días, las avionetas civiles fueron usadas con soldados amarrados al fuselaje y éstos lanzaban bombas con la mano para luego ametrallar con su fusil; un general se dedicó a saquear el primer pueblo que ocupó; otro general avanzó montado en un burro y se perdió con sus tropas en Honduras. Cuentan que el dictador Anastasio Somoza, de Nicaragua, llamó violentos a los militares salvadoreños por resistirse a usar la diplomacia. El Partido Comunista de El Salvador apoyó la guerra y llamó a filas pero el gobierno rechazó su “patriótico respaldo”. El gobierno hondureño organizó un cuerpo paramilitar llamado la “Mancha Brava” para perseguir a los salvadoreños y difundió la consigna “hondureño agarra un leño y mata un salvadoreño”. Los militares salvadoreños fueron jubilosos a aquella ridícula guerra para luchar contra Honduras y defender a sus hermanos campesinos, sin embargo, una década más tarde aquellos mismos militares estaban ejecutando horribles matanzas en su propio país.

Durante décadas Honduras fue la válvula de escape demográfico que protegía la estabilidad del poder oligárquico de El Salvador. Cuando por distintas razones Honduras decidió cerrar esa válvula y repatrió a más de 300 mil salvadoreños, la reacción del gobierno militar fue declararle la guerra a Honduras. Haber perdido a este país como ruta de descargo demográfico contribuyó al estallido de una guerra civil en El Salvador. Honduras cerró su frontera por 11 años a los productos salvadoreños y acabó con el Mercado Común Centroamericano, el primer proyecto de integración regional del continente.

El efecto de tapar el flujo migratorio y devolver a miles de migrantes funcionó como una bomba social y política para El Salvador. La llamada “guerra del futbol” fue un conflicto demográfico movido por los intereses económicos de las elites nacionales en ambos países. Después de esto vino un cuarto de siglo de convulsión política y violencia que incluyó una guerra civil en El Salvador, una revolución en Nicaragua, un genocidio en Guatemala, el establecimiento de bases militares norteamericanas en Honduras y la invasión a Panamá por tropas estadunidenses. Presiones demográficas, intereses de las elites locales, militarismo y cambios en las políticas de Estados Unidos se combinaron en la construcción del conflicto centroamericano; el más cruento de Latinoamérica desde la “Revolución mexicana”.

Cuando se habla de los factores que generaron el conflicto centroamericano se debate sobre tres responsables fundamentales: la “Teología de la Liberación”, la injerencia comunista cubano-soviética y las dictaduras militares que servían para sostener a regímenes de carácter oligárquico. Muy poco se habla de cómo los giros contradictorios de las políticas de Estados Unidos en el continente fueron mucho más determinantes que las ideologías o que la Unión Soviética y Cuba en la activación de las crisis internas que acabaron convertidas en guerras.

Luego de la revolución cubana, el gobierno de John Kennedy impulsó la “Alianza para el Progreso” con la idea de que debía hacerse una revolución pacífica para evitar una revolución violenta. Esta política movió a las elites gobernantes a realizar reformas en el campo social, se construyeron miles de escuelas y se propuso la realización de reformas agrarias. Con la llegada de Richard Nixon vino la “política de seguridad nacional” que echó para atrás el reformismo y se concentró en contener el comunismo, multiplicando la represión, respaldando fraudes electorales y golpes de Estado. Años más tarde el presidente James Carter impulsó la política de respeto a los “Derechos Humanos”, con lo cual la democracia como paradigma empezó a tener vigencia; en ese contexto fue derrocado el dictador Anastasio Somoza por la “Revolución Sandinista” y el tratado Torrijos-Carter acordó entregar el canal a Panamá. Entonces vino la administración de Ronald Reagan que retornó a la política de contener la expansión comunista que, conforme a sus ideas, se estaba acercando a Estados Unidos. Tropas estadunidenses invadieron la isla de Granada y nació lo que se conoció como “guerra de baja intensidad” que tuvo a Centroamérica como escenario principal.

Al analizar estos giros desde una perspectiva histórica podemos apreciar que se trató de un juego de avances y retrocesos que movió a las elites y a las sociedades de los pequeños países centroamericanos en direcciones opuestas en un período de sólo 30 años. El efecto de esto fue devastador en la activación de contradicciones tanto dentro de los gobernantes como de los gobernados. Las causas estaban presentes en las realidades de ausencia de democracia y pobreza, pero ni los teólogos, ni los comunistas, ni los cubanos tenían tanta potencia como para ser detonadores de guerras.

Imaginemos lo que puede pasar si a las primitivas elites de una pequeña nación una gran potencia le dicta un día una política reformista, al segundo día le dice que debe reprimir, al tercer día le dice de nuevo que debe hacer reformas y al cuarto día le vuelve a decir que reprima. El resultado será que esa pequeña nación se dividirá profundamente y acabará en una guerra. Los conflictos no habrían alcanzado tanta intensidad sin la profunda división entre reformismo y autoritarismo que activaron las políticas estadunidenses al interior de estos países. Las administraciones de Kennedy y Carter tuvieron razón al impulsar reformas, pero los avances que éstas provocaban hicieron que las políticas de Nixon y Reagan se convirtieran en escaladas de represión que le permitieron a las oligarquías locales acusar de comunista y eliminar a cualquier opositor, incluso a quienes venían de sus propias filas. Esto radicalizó procesos de cambio que pudieron y debieron haber sido pacíficos. Fue así como quedó instalada en la región una polarización extrema que ha derivado en ingobernabilidad.

En la actualidad la bomba demográfica ya no abarca sólo a El Salvador, sino que ha crecido y cobrado carácter regional. Guatemala tiene hoy 16 millones de habitantes, Honduras nueve y El Salvador 6.5 millones. El problema es que ninguno de estos tres Estados del llamado Triángulo Norte es capaz de generar empleos, educar, brindar servicios y proveer seguridad para sus más de 30 millones de habitantes. Los grandes vacíos en las responsabilidades de los Estados tienen relación directa con los bajos niveles de recaudación fiscal y ésta es la causa principal de la inviabilidad de estos tres países. Esto no es un asunto ideológico, la debilidad institucional le permite a los ricos del Triángulo Norte vivir como reyes en un basurero. Las llamadas “maras” son una catástrofe social sin precedentes en el continente, no es crimen organizado como el que padecen otros países. En ningún otro lugar de Latinoamérica un problema social acabó convertido en una violencia criminal masiva tan feroz, porque en ningún otro lugar tienen las elites niveles tan altos de irresponsabilidad e insensibilidad.

Las guerras de los ochenta en la región centroamericana orientaron los flujos migratorios hacia Estados Unidos y en los últimos 20 años este país ha funcionado como la principal válvula de escape a la presión demográfica centroamericana. Algo similar al papel que jugaba Honduras con El Salvador, pero con la diferencia de que aquella migración campesina dejaba un beneficio indirecto para las elites que se limitaba a reducir la conflictividad por la tierra. La migración hacia Estados Unidos les deja un beneficio directo y de alta rentabilidad. Las remesas de los migrantes están modificando el carácter de las economías de la región y convirtiendo a los propios habitantes en producto de exportación. La migración no sólo reduce las responsabilidades de las elites en la atención a la pobreza, sino que la exportación de pobres los está volviendo más ricos. Conforme a los datos, desde 1998 para El Salvador y desde 2007 para Honduras y Guatemala, los tres países han recibido más de 130 mil millones de dólares en remesas y éstas crecen más cada año. La distorsión es tal que El Salvador es considerado un país de renta media a pesar de la violencia, del desempleo y de una economía que tiene muchos años de no crecer.


Teniendo en cuenta estos 130 mil millones de dólares en remesas recibidas en menos de 20 años, la pregunta que surge es: ¿por qué estos tres países se encuentran entonces en una situación tan grave? Las remesas comenzaron como una bendición, pero se han convertido en una maldición similar al efecto de la renta del petróleo en algunos países. La diferencia es que la renta de las remesas tiene unos costos humanos dramáticos. En El Salvador es casi imposible recuperar una economía productiva y Honduras y Guatemala van por el mismo rumbo, las remesas le están quitando estímulos a la inversión productiva y generando una falsa economía de servicios y consumo que depende totalmente de la exportación de personas.

Pero lo más grave es la relación que guardan las remesas con la violencia. Si en el terreno económico generan un falso progreso, en el terreno social provocan muerte. Una vez que éstas se vuelven dominantes para la economía, abren un fatal círculo vicioso en el que conectan migración, remesas, decrecimiento económico, destrucción de familias y comunidades, violencia y desempleo. Es decir, que estos países entre peor están, mejor les va económicamente a las elites, porque reciben más remesas resultado de que más gente emigra. No hay ninguna señal de que las elites económicas y políticas de estos países quieran sacar o sepan cómo sacar a sus países de este círculo vicioso. Esto es así porque se trata de grupos primitivos, poco ilustrados, socialmente insensibles, políticamente irresponsables, con propósitos fundamentalmente extractivos y sin visión estratégica.

La tragicomedia de la “guerra del futbol” fue una muestra de la escasa calidad intelectual de estas elites, pero se pueden encontrar muchas otras tragicomedias o tragedias insólitas en cualquiera de los tres países. El último golpe de Estado al estilo de los años cincuenta ocurrió en el año 2009 en Honduras cuando los militares sacaron al presidente en pijama del país. En enero de 1981 efectivos militares guatemaltecos asaltaron la embajada de España y quemaron con lanzallamas a 34 personas. En El Salvador Roberto d’Aubuisson, fundador del partido de la derecha ARENA, decidió matar al arzobispo Romero de un balazo en el corazón en plena misa durante el sacramento de la Eucaristía. Amigos de izquierda y derecha de otros países suelen decirme: “esas oligarquías son salvajes”, en ese sentido el calificativo de “repúblicas bananeras” no es peyorativo, sino descriptivo.

Durante la administración del presidente Obama hubo muchas deportaciones, pero al mismo tiempo luchó por una ambiciosa reforma migratoria que permitiera regularizar la situación de millones de migrantes. Su política fue compasiva frente a la tragedia de quienes huyen del Triángulo Norte y simultáneamente su gobierno impulsó planes para apoyar el fortalecimiento institucional y el combate a la corrupción. Los efectos de esta política se han hecho sentir con fuerza. En Guatemala un ex presidente fue extraditado, otro se encuentra preso junto a su vicepresidente y recientemente un ex ministro murió a tiros cuando enfrentó a policías que intentaban capturarlo. En El Salvador hay un ex presidente muerto mientras era procesado, otro se encuentra asilado, uno más guarda prisión y es bastante probable que dos ex presidentes más sean investigados. En Honduras hay un presidente procesado y miembros de una de las familias más ricas del país enfrenta cargos por narcotráfico en Estados Unidos. En Guatemala hay procesos abiertos por evasión fiscal contra grupos económicos poderosos y en El Salvador se conoce que hay investigaciones de ese tipo en marcha.


Tanto en Guatemala como en Honduras se han creado organismos externos para combatir la impunidad, mientras en El Salvador la Fiscalía General y la Corte Suprema de Justicia están recibiendo un fuerte apoyo norteamericano para que puedan actuar con independencia. Juzgar cada caso es irrelevante, lo central es que estas acciones sobre toda la región permiten ver claramente la intención de combatir la corrupción para forzar a un cambio en la calidad de las elites que no tiene orientación ideológica preferente, pues en los tres países hay golpes hacia la derecha y hacia la izquierda. Puede cuestionarse la eficacia del método, pero no el propósito. Para los efectos de este artículo, lo que interesa señalar es que bajo el gobierno de Donald Trump es bastante probable que venga un cambio similar a los giros contradictorios en la política estadunidense que generaron violencia y guerras en toda la región en los años ochenta.

El presidente Trump ha planteado construir un muro que cerraría la válvula de escape a la presión demográfica de la región, al mismo tiempo ha anunciado deportaciones masivas, impuestos a las remesas y erradicación de las “maras” en Estados Unidos expulsando a sus miembros a Centroamérica. En los últimos 12 años ha habido 187 mil 951 homicidios en Guatemala, Honduras y El Salvador, una cifra que en términos comparativos supera los 220 mil muertos que Colombia ha tenido en 50 años y coloca a la región como la más violenta del planeta. Los muertos continúan aumentando junto a la población que huye de la violencia. El número de homicidios deja claro que ya no estamos frente a un fenómeno migratorio motivado por razones económicas, sino frente a refugiados y población desplazada por la violencia y esto requiere atención humanitaria.


La deportación sistemática de delincuentes fue lo que llevó a las pandillas de Los Ángeles a Centroamérica, una vez allí éstas se multiplicaron por la pobreza y se volvieron más violentas por la incapacidad de los gobiernos para detener su avance. Ahora son un poder fáctico que controla territorios y somete población. Honduras provocó una guerra civil en El Salvador cuando hizo exactamente lo que pretende hacer Trump con Centroamérica, cerrar el paso y deportar masivamente. Esta política sería dar un bandazo de consecuencias fatales para toda la región. En los años ochenta México asumió el liderazgo para hacer contrapeso a la política de Ronald Reagan hacia Centroamérica, ahora además de ocuparse de sus propios problemas con la administración Trump, tendrá que lidiar también con la tragedia humanitaria del Triángulo Norte.

Por otro lado, se perfila una política ideológica en vez de una política pragmática en la relación con los gobiernos, si esto es así la polarización en Guatemala, Honduras y El Salvador crecerá y con ello la ingobernabilidad en países que apenas están aprendiendo a tolerar el pluralismo. Las políticas de fortalecimiento institucional y de lucha contra la corrupción podrían ser abandonadas o tomar un camino ideológico apoyando a las derechas contra las izquierdas. El resultado de esto será que los procesos actuales, en vez de ayudar a la madurez de las elites, contribuirán a que se abra un ciclo de venganzas y lucha por el control político ideológico del Poder Judicial. Exactamente lo mismo que ocurrió cuando se impulsaban reformas que luego se convertían en justificación para reprimir.

Las pequeñas naciones centroamericanas sufren con sólo que Estados Unidos no las voltee a ver. La administración Trump planea darles cuatro golpes simultáneos: reducir las remesas poniéndoles impuestos, cerrar la puerta a sus desesperados migrantes, deportar a centenares de miles de trabajadores y enviar a miles de pandilleros a países que ya están derrotados por la criminalidad. Es una tormenta perfecta, obviamente estos países no van a declararle la guerra a Estados Unidos como hizo El Salvador con Honduras en 1969, tendrán que tragarse sus problemas. Lo que viene es una implosión que le dará continuidad a la tragicomedia bananera, pero ahora se mezclarán en ésta el primitivismo, el egoísmo extremo y la ignorancia de las elites locales con la impiedad, el racismo y la irresponsabilidad del liderazgo de la gran potencia del norte.


Joaquín Villalobos
Ex jefe guerrillero salvadoreño, consultor en seguridad y resolución de conflictos. Asesor del gobierno de Colombia para el proceso de paz.
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