"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

domingo, 17 de noviembre de 2013

El cielo se va a caer y… el rey ya lo sabe

Magnus Carlsen derrotó por segunda ocasión consecutiva al vigente campeón Viswanathan Anand, en la sexta partida del match por la corona mundial

Abdul Nasser Thabet
abdul@juventudrebelde.cu

Muchos esperaban el desquite, ese casi mágico poder de recuperación, el auto saneamiento que ha mostrado siempre el campeón cuando algún retador le ha propinado la primera cachetada. Viswanathan Anand (2775 unidades Elo) lleva mucho tiempo en el trono del ajedrez mundial, y ya iba siendo hora de que le pasara lo que a todos los tiranos enternecidos en el poder: un golpe de estado, la toma del feudo y la instauración de una nueva monarquía. Magnus Carlsen (2870) es el elegido y ya mandó a fundir otra corona con sus dimensiones —extra grande si el tamaño de la cabeza fuese proporcional a la actividad neuronal y al talento—.

El niño prodigio volvió a desbaratar al indio este sábado durante la sexta ronda del match por el título universal, aprovechando el bajón psicológico del campeón defensor tras su derrota del viernes.

El pulso calcó los tres primeros movimientos del cuarto encuentro, por lo que el Tigre de Madrás (actual Chennai y cede de este choque de titanes) esgrimió la apertura española, con su oponente parapetado desde la rocosa defensa berlinesa, esa desde la que se mostró infranqueable el pasado miércoles.

Pero el asiático abandonó el curso que siguió hace tres días, al jugar 4.d3 en lugar de enrocarse, rehusando plantear una ofensiva temeraria, optando por un desarrollo tranquilo, sin irrumpir con los peones centrales, tal vez previendo un mal paso que pudiera costarle la cabeza.

Dicen que transcurridas las 30 primeras movidas los ordenadores más «inteligentes» enunciaban un equilibrio total. Los chances de victoria se habían evaporado para el rey, quien había perdido la iniciativa y ya apostaba claramente por el armisticio. No imaginaba la tortura que le había preparado el aspirante, un híbrido de carne y microchips capaz de sacar petróleo de un huevo. De ahí que forzara el juego hasta el lance 66 en busca de imprecisiones en el campo blanco y volviera a conseguir su objetivo.

Carlsen explicó en la conferencia de prensa —sin tapujos y «a raja tabla»— cómo explotó su ventaja psicológica tras su primera sonrisa: «He pensado en capitalizar el resultado de ayer y presionar también hoy a mi rival, que no debía estar en su mejor momento».

Quizás «Vishy» intentó aprovechar la pequeña ventaja que ofrece el primer movimiento, pero lo que tenía enfrente era un engendro de otra galaxia, una máquina hecha para razonar que ya le «cogió la baja» y no parará hasta humillarlo.

Voy a ser exacto en un dato que puede esclarecer algunas dudas: Anand no ha vencido a Carlsen en cotejos clásicos desde el 10 de diciembre de 2010 en Londres. Entonces el noruego solo tenía 20 añitos.

El marcador de la final, prevista al mejor de doce partidas, favorece ahora al escandinavo 4-2. El domingo es día de descanso, y 24 horas después acontecerá el séptimo choque, con el aspirante al mando figuras claras. El mejor trebejista del planeta solo necesita 2,5 puntos para proclamarse monarca.

¿Podrá Anand darle vuelta al pizarrón? Si existiera un trebejista sobre la faz de la Tierra capaz de lograr tamaña empresa, ese sería Vishy. Recuerden que en 2012, cuando el israelí Boris Gelfand le «rompió una pierna» en la séptima partida, el indio se la enyesó solito al devolverle el golpe un día después. Hizo lo mismo frente al búlgaro Veselin Topalov en 2010, al vencer en la segunda fecha tras caer en la primera.

Pero la distancia de Topalov y Gelfand a Carlsen supera el millón de años luz. Además, los años no pasan por gusto. ¿Qué opina usted?

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