"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Donald Trump, un buen candidato a pesar de sí mismo

Por DECLAN WALSH 


Donald Trump llegando a un evento de campaña en septiembre en Colorado CreditDamon Winter/The New York Times



“Un extranjero en Estados Unidos”, una nueva serie escrita por Declan Walsh, un corresponsal de The New York Times, aporta una mirada extranjera al proceso electoral estadounidense. El objetivo: descifrar qué está pasando y qué significan estas elecciones para nuestros lectores en distintas partes del mundo.

Las elecciones presidenciales en Estados Unidos provocan vértigo. Hay discursos de odio, tropezones y dramas en horario de máxima audiencia donde una historia lleva a la otra y la mayoría son provocadas por el candidato republicano, Donald Trump.

En ese entorno, es fácil perder el ritmo de los detalles, especialmente en lo que se refiere a Trump. Aquí tienen un resumen de las últimas semanas.

■ El fiscal general de Nueva York ha abierto una investigación en la Fundación Donald Trump. En el centro, una donación de 25.000 dólares que se hizo hace tres años en apoyo de un funcionario de Florida que valoraba presentar cargos por fraude contra Trump. No pasó nada, y el funcionario ahora apoya a Trump.

■ Los periodistas han encontrado pruebas de que Trump gastó 20.000 dólares de su fundación en una imagen de varios metros de sí mismo que terminó en uno de sus clubs de golf.

■ Hay información sobre discriminación generalizada contra personas negras en propiedad de Trump en la década de los setenta.

■ El viernes pasado, admitió finalmente que su teoría sobre que el presidente Obama nació fuera de Estados Unidos, que ha estado repitiendo durante años, es mentira. En vez de pedir disculpas, Trump dice que teorías de la conspiración como esta, fueron lanzadas por su rival, Hillary Clinton, algo que es completamente falso.

En una elección presidencial normal, estas revelaciones habrían sido suficientes para detener a un candidato. Con Trump no pasa eso.

Una encuesta de The New York Times/CBS hecha a mediados de septiembre muestra que sigue teniendo el apoyo de un 44 por ciento de posibles votantes, cerca de Clinton, que tendría el 46 por ciento

Ella sigue siendo favorita gracias a un sistema electoral que mide los resultados estado por estado. Pero quienes la apoyan siguen teniendo motivos para preocuparse. Según una sección llamada The Upshot en The New York Times, las posibilidades de ganar de Trump están en el 26 por ciento a finales de septiembre en comparación con el 10 por ciento en agosto. Otra página web seria, FiveThirtyEight, dice que tiene un 40 por ciento de posibilidades ahora, a finales de septiembre.

EL talón de Aquiles de Clinton es bien conocido: la mayoría de los estadounidenses no confían en ella. Cada transgresión, real o percibida, en su carrera política de décadas, se le pega y no la abandona.

Pero en lo que respecta a Trump, su popularidad es un misterio.


Donald Trump durante un mitin en Colorado en septiembre CreditDamon Winter/The New York Times

Trump ha estado entre los primeros en darse cuenta de su capacidad para desafiar las leyes de la gravedad en política. Ha llegado a decir: “Podría pararme en medio de la Quinta Avenida, dispararle a alguien y no perdería votantes”.

Lo digno de mencionarse ahora es cómo los votantes, después de meses de una exposición a los medios exhaustiva en las que se incluyen acusaciones de corrupción, racismo y mala fe siguen siendo inmunes a todo esto.

Muchos lectores en el extranjero solo pueden estar perplejos.

En otros países, en otras campañas, hay políticos que se han salido de la contienda por mucho menos. En 2014, la secretaria de Cultura del Reino Unido, Maria Miller, dimitió por una discrepancia de 10.000 euros en su informe anual de gastos. En 2012, Mitt Romney hizo un comentario que criticaba al 47 por ciento del electorado y eso fue un golpe serio a su campaña.

Los candidatos al congreso en Estados Unidos también han sufrido por comentarios desafortunados: en 2012, Todd Akin, que se presentaba por el Partido Republicano en Misuri, abandonó su campaña por hacer un comentario erróneo sobre “la violación legítima”.

Pero ahora, para elegir a su presidente, los votantes estadounidenses, parecen preparados para aceptar cualquier cosa que Trump haga o diga. Ha elogiado al presidente ruso, Vladimir Putin, y ha pedido quehackers extranjeros entren en los servidores de Estados Unidos.


Le gustan las teorías de la conspiración, como la que vincula al padre del senador Ted Cruz, su rival en las primarias republicanas, con el asesinato del presidente Kennedy. Su fuente, National Enquirer , conocida por sus teorías sobre los ovnis y los chismes sobre famosos.

Ha hablado del tamaño de su pene y ha sugerido que los propietarios de armas “tomen la justicia por su propia mano” si Clinton llega al poder.

Pero todo esto puede volverse contra Trump, que un día fue estrella de la televisión. Eso se demostró con el trato indigno que le dio a la familia del capitán Humayun Khan, musulmán y muerto en combate. Es cuestión de tiempo que perjudique de nuevo su campaña con comentarios de ese tipo.

Pero, por ahora, lo lleva bien. Hay protestas en sus actos electorales, en Carolina del Norte, uno de sus partidarios golpeó en la cara a una mujer de 69 años.

Uno de los problemas de esta campaña es la polarización política de los medios. Cada vez más votantes se informan a través de redes sociales, donde se refuerza lo que ya se piensa. En los medios más importantes, como Fox News, las teorías de la conspiración que una vez estuvieron limitadas a internet, ahora se hacen eco de estas ideas. La confianza de la audiencia en los medios se desploma.

Una encuesta de Gallup realizada en agosto descubrió que solo el 32 por ciento de los estadounidenses confía en la capacidad de los medios para “informar de manera, completa, justa y contrastada”, la más baja desde que en 1972 comenzase a estudiarse esto. Entre los republicanos, solo el 14 por ciento confía en los medios. Entre los demócratas, el 51 por ciento.

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