"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

jueves, 2 de junio de 2016

Editorial de The Washington Post sobre visita de militares cubanos a EE.UU., olvida que la soberanía es intocable

Por Edmundo García
(www.latardesemueve.com / @edmundogarcia65)

El periódico The Washington Post ha sacado otro editorial cuestionando el proceso de normalización de relaciones entre Cuba y Estados Unidos; en este caso, el editorial “On U.S.-Cuba military cooperation, proceed with caution” llama a tener cuidado en el desarrollo de relaciones directas entre militares cubanos y norteamericanos, diciendo que es moralmente inaceptable y que Estados Unidos está yendo con Cuba más allá que con otros países, pues los militares estarían usurpando tareas que en otros casos se dejan en manos de civiles.

Se sugiere también la existencia de corrupción en las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), lo que demuestra una gran ignorancia de la realidad cubana. Los militares cubanos están formados en academias de nivel medio y superior donde adquieren valores a partir de un proceso pedagógico impecable que el propio presidente Raúl Castro, en su condición de Ministro de las FAR, ha seguido de cerca. No hay ni asomo de corrupción entre los militares cubanos; es un cuerpo que ha demostrado honestidad y eficacia en todas las tareas que ha asumido, ya sea la de vencer en un combate o hacer rentable un área de la economía.

El editorial de The Washington Post muestra además gran desconocimiento en la ruta que han seguido las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, donde precisamente las conversaciones en el ámbito militar son de las más estables y discretas que se han realizado. Se conoce que desde hace tiempo militares cubanos y norteamericanos se visitan a uno y otro lado de la frontera trazada en Guantánamo, donde una base naval norteamericana ocupa ilegalmente una parte del territorio cubano.

Existe también probada cooperación entre los cuerpos armados de Cuba y Estados Unidos en cuestiones de interés mutuo; como es la lucha contra el narcotráfico, la vigilancia sobre la emigración ilegal, así como un riguroso intercambio de información en control de vuelos y planes para enfrentar catástrofes naturales. En el área epidemiológica, como demostró el caso de Haití, también se han dado esfuerzos coordinados; como la facilitación de vuelos a través del espacio territorial, o el acercamiento a las misiones médicas en funciones. En esta materia, ambas partes se respetan y manejan con responsabilidad.

El mencionado editorial calumnia a algunos funcionarios cubanos que participan en las rondas de conversaciones con militares norteamericanos, señalando que antes espiaban cuando trabajaban en Estados Unidos. Como dijo en “The Real News Network” el Coronel Lawrence Wilkerson, ex jefe de despacho de Colin Powell, “Sí, los israelitas nos espían todo el tiempo”; porque el espionaje existe incluso entre países amigos; es la realidad. Aunque como dije, en el caso a que se refiere el editorial del Washington Post no es correcto este señalamiento. Y ya que hablamos de Colin Powell, es bueno recordar que fue este quien consideró que Cuba no constituía un peligro militar para Estados Unidos, en los momentos de mayor belicosidad de la derecha cubanoamericana.

Lo que especialmente le molestó a The Washington Post fue la visita realizada el pasado 21 de abril por un grupo de especialistas y militares cubanos a una base aérea en Cayo Hueso, estado de Florida, que Estados Unidos dispone para zonas de conflictos en América Latina. A algunos les molesta ese nivel de respeto hacia los oficiales cubanos.

Y les preocupa porque The Washington Post ya no es el periódico que era antes. Si alguien quiere comprobar el giro reaccionario dado por ese medio, solo tiene que fijarse en la forma en que ahora lo aclaman antiguos detractores de sus páginas, como Frank Calzón y Mauricio Claver Carone, correveidiles de la política anticubana y pro bloqueo a Cuba en Washington DC.

El rencor en The Washington Post hacia Cuba tiene que ver con varios factores. Se relaciona con un cambio general de política editorial a partir de un cambio en los dueños y accionistas. Influye además su sentido de competencia empresarial con The New York Times, que sigue una línea distinta en el tratamiento de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos; y a la cantidad de dinero que aún circula en la capital norteamericana para criticar a Cuba.

En resumen, el editorial de The Washington Post, bastante ridículo, parece que quiere elegir a los funcionarios cubanos que deben conversar con sus pares norteamericanos. Los editores del que un día fue prestigioso periódico, olvidan que la soberanía de Cuba es intocable en cualquiera de los puntos de una relación.

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